Publicado por Yandros
Vamos Max!!! Necesitamos de tu lenguaje pervertido, de tus frases obsenas y tus ideas morbosas!!!
Gracias por la critica, Yan (a proposito... ¿EL CAOS VOLVERA? Es que no ves la tv vos? EL CAOS ES! Sali a reinar, chabon!)
Si, entiendo lo que queres decir, y lo que dice el resto de la muchachada. Igual, tienen que saber que NO me gusta desperdiciar ideas. Y si vas caminando por la calle, y se te ocurre algo, nada mejor que volcarlo en un papel y sacarsela de encima. Algo catartico. Como la mayoria de los foristas se deben de haber dado cuenta, mis cuentos se basan (en su mayoria) en ellas. Tengo bastantes limitaciones con el idioma y lo compenso con un buen contenido y, a veces, un buen manejo de palabras cotidianas y comunes.
Por ejemplo...
DE CÓMO DOS MINUTOS CASI ME HACEN PERDER LA VIDA
(Y de cómo por un segundo me salvé)
El tiempo... el tiempo... ese ser que solo existe en nuestras mentes ¡Y como me atormenta!
Segundos, minutos, horas... personificaciones de algo inexistente e intangible que regula nuestras vidas. Invenciones del hombre y castradores a su vez. Organizadores de nuestra rutina autómata, entes que no son tales más que en nuestra imaginación que vencen la voluntad humana reprimiendo nuestras acciones.
No es mi estomago el que me dicta cuando comer, sino las agujas del reloj cuando marcan las doce. No es mi cansancio quien me dice cuando dormir sino la presión de que debo descansar ocho horas para el próximo día.
El tiempo tan inflexible pero tan elástico. Las horas se hacen eternas cuando esperamos que llegue el momento exacto para salir de nuestra cárcel diaria que algunos se empeñan en llamar trabajo, y cuando ese momento llega... todo se acelera y sin darnos cuenta ¡ya estamos en la cama! Otro día perdido.
Sí, soy un obsesivo. Si los minutos se inventaron es para que los obedezcamos. El tiempo es mi cruz, solo soy su subordinado, el ordena yo obedezco. Por eso mi rutina diaria esta rigurosamente planeada, minuto por minuto.
Pero un día se me ocurrió algo totalmente ilógico e irracional. Salir de mi casa, rumbo al trabajo, 9:32 en vez de 9:30 como lo hacía todos los días.
¡Que imbécil fui por solo pensarlo! Pero más imbécil fui por esperar sentado al pie de la cama que el reloj marcará el dos al final.
¡Dos minutos tarde! sí, yo era todo un rebelde, ya no. No después de lo que me pasó.
En fin... cuando atrasado salí a la calle, el diariero ya no estaba abriendo el puestito sino vendiendo un Clarín; el linyera que dormía en la esquina ya no estaba; no me crucé con la rubia con la que siempre comparto una picara sonrisa y lo peor de todo, el 24 ya había pasado. La parada estaba vacía, así que ese día fui el primero de la fila y no el tercero como siempre. Quince minutos de espera y un chofer, al que no conocía, me abre la puerta ante la señal.
-Setenta- le tuve que gruñir, el otro ya sabía.
Llegué al trabajo con 17 minutos de atraso. Pero a mi me pagan por trabajar 8 horas y no 7 horas 43 minutos. Así que, en vez de irme 18:30, lo hice a las 18:47. Por supuesto, la persona que me dejaba de pasada en la facultad ya se había ido. Y todo un mundo de posibilidades se abrió ante mi.
¿Qué debía hacer? ¿Tomarme el 39 que me dejaba a 10 cuadras de la facu? Los colectivos son demasiado lentos y 10 cuadras, calculando por cada 45 segundos por cada una... serían 450 segundos. No, demasiado. ¿Me tomó el 93 hasta congreso y camino 5 cuadras hasta la estación del subte que me lleva directo? O ¿tomo la línea del subte B, que está a una cuadra de donde me deja el 93, hago combinación con el otro subte y de ahí derecho? Me ahorraría de caminar cuatro cuadras, o sea, me ahorraría algo así como 18 segundos, sí esta era la opción más recomendable.
Todo este proceso me consumió 6 minutos de indecisión, 23 minutos de atraso.
Salí de la estación de subte a las 20:23 y a esa hora ya debería estar escuchando la insoportable clase de Producción Cinematográfica. Apure el paso y distraído, pensando si seguía derecho o doblaba para ahorrar tiempo, cruce la calle y un automovilista, que parecía tan atrasado como yo, me aplastó el pie con la rueda. Me salvé por un segundo, un segundo más y muerto estaría ahora.
Una vez en el hospital, con el pie enyesado y luego de minutos incalculables, le pregunté a la enfermera:
-Disculpe... ¿qué hora es...? A las 23 Hs tengo que estar en casa... como todas las noches ¿vió? Sino mañana... ¿quién me levanta?
FIN
Este es mio, tambien, y me gusta! que tanto