#1 Ella -concurso/cuento-
Cortito, certero pero sin muchas posibilidades de triunfo 
Nada demasiado enfermito...
ELLA
Por Maximiliano Ferzzola
Todos los derechos reservados
Juan lo sabía, no pregunten como, pero Juan lo sabía todo. Sabía como funcionaba, sabía porque existía, sabía como operaba. Lo sabía todo. Sabía también que se alimentaba del rasgo más importante de las personas que morían y reflejaba ese rasgo, de alguna manera retorcida como ella, en la realidad. Pero por alguna de esas cosas de la vida, Juan le había descubierto un defecto: ella no elegía que rasgo tomar, eso ya venía impreso y le era ineludible. Pero también sabía que ella sospechaba de él, por lo que decidió andar con cuidado.
Pedro recién salía de la fiesta, borracho como siempre. Se subió al auto, a pesar de las advertencias de sus amigos, arrancó y salió arando. ¿Qué importaba? nunca le había pasado nada. Bueno, había atropellado a cinco personas, pero siempre salía ileso y como hombre adinerado que era se las arreglaba para armar alguna transa para salir sin antecedentes.
Pedro iba a 80 Km en zona residencial, pero su alucinado cerebro le pedía velocidad. Pisó el acelerador, 100, 120, 140...
Iba demasiado rápido como para ver el semáforo en rojo.
Iba demasiado rápido para ver el colectivo de la línea 24 que cruzaba.
Pedro murió y ella lo tomó.
Los accidentes aumentaron un 0,5 %
Juan había salido a hacer las compras: café, Pepsi Max, puchos. Lo de siempre.
El semáforo estaba en verde, Juan paró.
Rojo.
El muñequito blanco se ilumina, Juan cruza.
Un taxista distraído lo atropella.
-Ok, me mandó una advertencia- pensó Juan mientras la enfermera le vendaba el último rincón libre de su cuerpo- pero ¿que pretende? ¿qué solo me olvide, que se me esfume? ¿no sabe que eso es imposible?
Juan estuvo en recuperación por dos meses. Durante ese tiempo murieron:
Una modelo, una nueva moda revolucionó el lugar.
Un político, la corrupción en los centros de poder aumentó.
Una enamorada, los índices de casamientos subieron en un 0,2 %.
Un divorciado, los índices de divorcios subió en un 0,3 %.
Un pacifista, terminó una guerra.
Un nazi, la xenofobia generó violentas disputas.
En fin, los efectos eran variados y dependían de la persona que moría, ella solo los administraba. Pero Juan sabía que en el fondo era malvada. Desde que tenía conocimiento de su existencia vio que, casi imperceptiblemente, estaba llevando los acontecimientos hacía la exterminación de la raza humana. Claro, ella quería poseernos a todos.
Juan salió del hospital como nuevo y convencido de que, si quería seguir vivo, tendría que ser más cuidadoso.
Maxi, escondido entre las sombras que le ofrecía aquel callejón, se disponía a saltar sobre su décima víctima.
Apretando su cuchillo se abalanzó sobre la prostituta, pero -de la nada- cinco policías le comenzaron a disparar. Había sido una trampa.
Maxi murió y, como siempre, ella se apoderó de él.
Dos nuevos asesinos en serie se dieron a conocer.
Uno de ellos eligió una víctima al azar en aquel bar, y ¿por casualidad? ahí estaba Juan, disfrutando con un café la melodiosa música que sonaba en la Rockola.
Juan murió asesinado esa noche.
Y ahí fue cuando ella, la maldita conciencia colectiva, cometió el grave error que la condenó.
Ahora todos saben de su existencia.
FIN

Nada demasiado enfermito...

ELLA
Por Maximiliano Ferzzola
Todos los derechos reservados
Juan lo sabía, no pregunten como, pero Juan lo sabía todo. Sabía como funcionaba, sabía porque existía, sabía como operaba. Lo sabía todo. Sabía también que se alimentaba del rasgo más importante de las personas que morían y reflejaba ese rasgo, de alguna manera retorcida como ella, en la realidad. Pero por alguna de esas cosas de la vida, Juan le había descubierto un defecto: ella no elegía que rasgo tomar, eso ya venía impreso y le era ineludible. Pero también sabía que ella sospechaba de él, por lo que decidió andar con cuidado.
Pedro recién salía de la fiesta, borracho como siempre. Se subió al auto, a pesar de las advertencias de sus amigos, arrancó y salió arando. ¿Qué importaba? nunca le había pasado nada. Bueno, había atropellado a cinco personas, pero siempre salía ileso y como hombre adinerado que era se las arreglaba para armar alguna transa para salir sin antecedentes.
Pedro iba a 80 Km en zona residencial, pero su alucinado cerebro le pedía velocidad. Pisó el acelerador, 100, 120, 140...
Iba demasiado rápido como para ver el semáforo en rojo.
Iba demasiado rápido para ver el colectivo de la línea 24 que cruzaba.
Pedro murió y ella lo tomó.
Los accidentes aumentaron un 0,5 %
Juan había salido a hacer las compras: café, Pepsi Max, puchos. Lo de siempre.
El semáforo estaba en verde, Juan paró.
Rojo.
El muñequito blanco se ilumina, Juan cruza.
Un taxista distraído lo atropella.
-Ok, me mandó una advertencia- pensó Juan mientras la enfermera le vendaba el último rincón libre de su cuerpo- pero ¿que pretende? ¿qué solo me olvide, que se me esfume? ¿no sabe que eso es imposible?
Juan estuvo en recuperación por dos meses. Durante ese tiempo murieron:
Una modelo, una nueva moda revolucionó el lugar.
Un político, la corrupción en los centros de poder aumentó.
Una enamorada, los índices de casamientos subieron en un 0,2 %.
Un divorciado, los índices de divorcios subió en un 0,3 %.
Un pacifista, terminó una guerra.
Un nazi, la xenofobia generó violentas disputas.
En fin, los efectos eran variados y dependían de la persona que moría, ella solo los administraba. Pero Juan sabía que en el fondo era malvada. Desde que tenía conocimiento de su existencia vio que, casi imperceptiblemente, estaba llevando los acontecimientos hacía la exterminación de la raza humana. Claro, ella quería poseernos a todos.
Juan salió del hospital como nuevo y convencido de que, si quería seguir vivo, tendría que ser más cuidadoso.
Maxi, escondido entre las sombras que le ofrecía aquel callejón, se disponía a saltar sobre su décima víctima.
Apretando su cuchillo se abalanzó sobre la prostituta, pero -de la nada- cinco policías le comenzaron a disparar. Había sido una trampa.
Maxi murió y, como siempre, ella se apoderó de él.
Dos nuevos asesinos en serie se dieron a conocer.
Uno de ellos eligió una víctima al azar en aquel bar, y ¿por casualidad? ahí estaba Juan, disfrutando con un café la melodiosa música que sonaba en la Rockola.
Juan murió asesinado esa noche.
Y ahí fue cuando ella, la maldita conciencia colectiva, cometió el grave error que la condenó.
Ahora todos saben de su existencia.
FIN
0
eso por no dármelo a corregir, ¿ves?).