Otro desvarío de juventud.
Un nuevo (viejo) poema rescatado del olvido...

Sean criticones.



Nocturno

Las terrazas trasnochan bajo la luz de la luna.
Desde las alturas, las calles se diluyen, y una tenue oscuridad ilumina la noche de algún barrio porteño.

Ojos anónimos escudriñan la penumbra, regocijándose ante la escena;
tan sólo por el placer de contemplarla.
Se deslizan con sigilo a través de patios y balcones,
pasean sin rumbo entre las copas de los árboles...
azoteas...
cables colgantes...

Soledades. Pequeñas soledades se adivinan en cada ventana todavía encendida.
Y también, más allá, la intimidad de los amantes, delatados por cortinas apenas traslúcidas.
Cada rincón, cada sombra guarda una biblia de nuevos secretos.
Mil y una historias vividas en vela;
malgastadas en insomnios, o consumidas en pasiones.