Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al genero llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII.
Por otra parte tengo la certidumbre de que existen ciertas constantes, ciertos valores que se aplican a todos los cuentos, fantásticos o realistas, dramáticos o humorísticos. Y pienso que es posible mostrar esos elementos invariables que dan a un buen cuento su atmósfera peculiar y su calidad de obra de arte.
Es un genero de tan difícil definición, tan huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos, y en ultima instancia tan secreto y replegado en sí mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario.
Los cuentos no solo deben escribirse luego de conocer sus leyes. No hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese genero tan poco encasillable. El cuento se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia.
Para entender el carácter peculiar del cuento se lo suele comparar con la novela, genero mucho más popular y sobre el cual abundan las preceptivas. Se señala, por ejemplo, que la novela se desarrolla en el papel, y por lo tanto en el tiempo de lectura, sin otros limites que el agotamiento de la materia novelada; por su parte, el cuento parte de la noción de limite. En este sentido la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un orden abierto, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación. Ciertos fotógrafos se expresan, para definir su arte, tal como podría hacerlo un cuentista. Lo definen como una aparente paradoja: la de recortar un fragmento de la realidad, fijándole determinados limites, pero de manera tal que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad mucho mas amplia como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara. Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de momentos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que del clímax de la obra; En una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, se escoge y limita una imagen o un acontecimiento que sea significativo, que no valga solo por si mismo sino que actúen en el espectador o el lector como una especie de apertura que va mas allá de foto o el cuento. En ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por nocaut.
Lo esencial del método: el cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado el tiempo, como el novelista; su único recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar condensados, sometidos a una alta presión para provocar esa apertura a que me refería antes. Un cuento no es malo por el tema, sino que hay solo un buen o mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un James o un Kafka. Un cuento es malo cuando se lo escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas.
Son fundamentales las nociones de:
a) Significación: un cuento es significativo cuando el vulgar episodio domestico por ejemplo, se convierte en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico. Cuando algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mas allá de la anécdota reseñada. Por lo tanto esa significación misteriosa no reside fundamentalmente en el tema del cuento; el tema del que saldrá un buen cuento puede tratarse de una anécdota perfectamente trivial y cotidiana; lo excepcional reside en una cualidad parecida a la del imán, un buen tema atrae todo un sistema de relaciones conexas, coagula en el autor, y más tarde en el lector, una inmensa cantidad de emociones, entrevisiones, sentimientos y hasta ideas que flotaban virtualmente en su memoria o su sensibilidad; un buen tema es como un sol, un astro en torno al cual gira un sistema planetario del que muchas veces no sé tenia conciencia hasta que el cuento, astrónomo de palabras, nos revela su existencia.
Cuando me preguntaron como distinguir entre un tema insignificante - por mas divertido o emocionante que pueda ser - y otro significativo, he respondido que el escritor es el primero en sufrir ese efecto indefinible pero avasallador de ciertos temas, y que por eso precisamente es un escritor. Así como para Marcel Proust el sabor de una magdalena mojada en el te abría bruscamente un inmenso abanico de recuerdos aparentemente olvidados, el escritor reacciona ante ciertos temas en la misma forma en que su cuento, mas tarde, hará reaccionar al lector.
Pero todo no se reduce a eso. El cuentista esta frente a su tema; para el ese tema tiene sentido, tiene significación. Y es entonces que el cuento tiene que nacer puente, pasaje, tiene que dar el salto que proyecte la significación inicial, descubierta por el autor, a ese extremo más pasivo y menos vigilante y muchas veces hasta indiferente que es el lector. Y la única forma en que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único e inolvidable. Un estilo basado en la intensidad y en la tensión.
b) Intensidad: es la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o fases de transición que la novela permite e incluso exige. Por ejemplo, prescindir de toda descripción de ambientes o estar a la tercera o cuarta frase, en el corazón del drama.
c) Extensión: es una intensidad que se ejerce en la manera con que el autor nos va acercando lentamente a lo contado. Todavía estamos muy lejos de saber lo que va a ocurrir en el cuento, y sin embargo no podemos sustraernos a su atmósfera.
O sea en la noción (b) los hechos despojados de toda preparación, saltan sobre nosotros y nos atrapan. En cambio, en los cuentos mas demorados y caudalosos - noción (c) - se siente de inmediato que los hechos en si carecen de importancia, que todo esta en la fuerza que lo desencadeno, en la malla sutil que los precedió y los acompaño. Pero tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que yo llamo el oficio de escritor. Escribir tensamente, mostrar intensamente. No hay otra manera de que un cuento sea eficaz, haga blanco en el lector y se clave en su memoria.
SOLO ESPERO CONOCER ALGUN "CUENTO " PARECIDO O "PARIR" ALGUNO, QUIZA.
QUE LOS INSPIRE CON SU M AGICA PEDAGOGIA Y A ESCRIBIR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ESTE SI QUE ERA UN BUEN AMIGO DE LA BELLEZA.














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SALUDOS, kREUZA.