#1 Capítulo 5: “El comienzo del fin”
Capítulo 5: “El comienzo del fin”
En la oscuridad, Dark se hallaba bien, no sabía si podían encontrarlo pero no tenía miedo, de alguna forma recordaba lo que era el miedo, pero sentía esa sensación como muy lejana, estaba muy despierto, el poco sueño que tenía un rato atrás ya se había dispersado, y sentía lo mismo que con el miedo, creía que no volvería sentirlo.
Corría por la oscuridad, no sabía que tan lejos podía estar, hasta que se cruzó con una ruta, observó el camino y buscó con la mirada los pequeños carteles que indican el kilometraje, observó uno hacia su izquierda, pudo leer:
Km 120.
Observó ahora hacia su derecha y el cartel decía:
Km 121.
Su vista estaba muy agudizada, un kilómetro separaba ambos carteles, y él podía ver los dos. Calculó que no lo habrían llevado mas allá de su provincia, así que decidió ir hacia donde disminuían los kilómetros, la ruta lo llevaría hacia la capital, no podría estar a mas de 140 km de su casa, no se sentía en absoluto agotado por lo que empezó a correr a todo lo que podía por la ruta.
En unas dos horas ya se encontraba entrando a los suburbios, sabía que aún le faltaban unos cuantos kilómetros pero empezaba a amanecer, y el sol lo mataría. Además sentía hambre, no quería matar a otra persona, pero no podía soportarlo. Debía esconderse, se metió en un pasillo, que parecía desolado, era angosto y a sus costados había puertas de casas muy pobres, caminó por el pasillo hasta llegar a una que parecía abandonada, empujó la puerta de forma que casi la tira abajo, era una pequeña habitación, una cocina deshecha con una garrafa se encontraba en un costado, junto a una puerta entreabierta que dejaba ver a un sucio baño del otro lado, en frente suyo había una mesa de madera medio destruida con una sola silla, más atrás una cama, y en ella un bulto cubierto apenas por una miserable manta agujereada.
En la casa de al lado se escuchó un golpe fuerte en una puerta.
- José, escuché algo al lado. Levantate, andá a ver.
- ¿Para qué? Debe ser ese viejo loco que se mamó de nuevo. Dejame dormir tranquilo.
El viejo vio la figura de Dark, recortándose en la oscuridad, intentó moverse pero sus cansados huesos no le permitían huir, y su ronca garganta no le dejaba gritar. Al ver el resplandor rojo de los ojos de Dark, creyó ver a quien venía a buscarlo para acabar con su miserable vida.
- Ya llegaste a buscarme puta muerte, está bien, llevame ya estoy listo, estoy harto de esta vida de mierda.
Dark, no dijo una palabra y se abalanzó sobre el cuerpo del viejo, al clavarle los colmillos el viejo no gritó, se resignó a morir de una vez por todas.
Dark pasó el día en ese lugar, clavó la espada en el pecho del anciano para que no reviviera, para que su alma por fin descansara, no sabía si iba a revivir, pero prefirió estar seguro.
El resto del día lo pasó pensando, no sabía que haría, armó con unas telas una funda para ocultar la espada y espero a que se volviera a hacer de noche, después iría hasta su barrio de nuevo.
Al anochecer esperó a no sentir ningún ruido en el pasillo, para que nadie lo viera salir de esa casa. Cuando estuvo seguro salió y recorrió el pasillo en sentido a la calle, todavía no estaba del todo oscuro, pero el sol ya se había ocultado y no podía dañarlo.
Pensó en que no lo convenía ir a su barrio, allí todos eran vampiros, y de seguro estarían buscándolo, era muy peligroso ir ahora, decidió ir hasta la casa de un amigo, podía confiar en él y conseguiría lo que estaba buscando.
Recorrió, los suburbios caminando a paso rápido, no quería que nadie lo molestara, al verlo correr, con sus botas y su campera de cuero no lo confundirían con alguien haciendo deportes.
Luego de andar un largo rato llegó a una casa en una calle angosta, se acercó a la puerta y dio un solo golpe en ella.
Desde adentro se escuchó un grito.
- ¿Quién es?
- Abrí Lagarto.
La puerta se abrió bruscamente y un hombre flaco medianamente alto se asomó por ella con cara de sorpresa, estaba vestido con unos jeans rotos, una remera y zapatillas deportivas.
- Dark, no puede ser, se dijo que estabas muerto.
- Parece que no, dejáme pasar rápido, no puedo dejar que me vean.
- Entrá, entrá.
Una vez adentro, la casa era un verdadero caos, las cosas estaban desordenadas había una computadora encendida en una esquina, un sillón grande estaba al frente de ella, y a su derecha una mesa móvil, con un vaso y una botella de vodka casi llena encima.
Dark se acercó, agarró la botella y le dio un gran sorbo tomando la mitad de su contenido.
- Necesitaba esta mierda, parece que hiciera un siglo desde que no tomo.
- ¿Qué pasó, Dark?. Se dijo que estabas muerto por la peste, en el círculo se comentaba que te habían atrapado. Que estarías preso por lo del ministerio.
- Lagarto, sabés que nunca me atraparían, todavía les falta mucho de computación para atraparme.
- Pero Dark, hace tres días que no aparecés en la red. Creí que te habías retirado de nuevo como cuando vivías con tu chica.
- ¿Qué sabés de ella?
- Nada, ¿No vivía en tu barrio?, No estaba en la lista de muertos que dieron.
- ¿Dieron la lista de los que se curaron?
- No, dieron una lista de muertos, y dijeron que los demás estaban curados. Vos estabas en la lista de muertos.
- Hijos de puta.
- ¿En qué te metiste está vez Dark?
- En algo muy groso, hasta para vos.
- ¿Me estás jodiendo?
- No, es mejor que no sepas nada.
- Está bien, pero no puedo creer que sea algo demasiado para mí. ¿A que viniste?
- Necesito un favor. ¿Todavía podes conseguir fierros?
- Fierros, máquinas, ruedas, lo que necesites.
- Bien, para mañana, conseguime un par de 45, cuatro cargadores, y varias cajas de balas, pero sobrecargadas y de punta hueca.
- ¿Qué vas a hacer? ¿Cazar elefantes?
- No importa, vos conseguímelas, además necesito una buena funda para esta espada, con correa a la espalda, un casco completo, con visera a prueba de rayos UV, pero de posta, tiene que ser a prueba de UV en serio, y un par de guantes de cuero cerrados.
- Listo no es problema. Para mañana al mediodía te tengo todo. Si querés quedate acá, si necesitás usar la red mi máquina es tuya.
- Gracias, una cosa más, yo estoy muerto, no me viste, ni siquiera para los del círculo.
- OK. Te voy a preparar todo desde ahora, usá cualquier nick si necesitás la máquina, sabés que mi IP es inrastreable. Al mediodía vuelvo con todo.
Dark , se sentó delante de la computadora, se tiró en el sillón volvió a agarrar la botella y la vació de un sorbo.
Estuvo unas horas revisando en la computadora entrando en máquinas del gobierno y la policía, sabía que tenían que ser de los vampiros.
- Hijo de puta, con razón no te gané ni un wargame, si no te podía rastrear yo, estos estúpidos no verían esta máquina ni si tuvieran a Black Dead, convertido en vampiro y buscándola, por algo este hijo de puta siempre se escapaba.
No pudo encontrar nada sobre ella, no había ninguna lista en la que figurara. Se dio por vencido, y se tiró a dormir, aunque no lo necesitaba sabía que los vampiros lo podían hacer, Markus se lo había dicho, y no quería pensar más, los recuerdos de ella lo estaban volviendo loco.
Lo despertó Lagarto de una patada que lo hizo saltar del sillón al piso.
- Vaya parece que los reflejos te funcionan mejor que nunca.
- La puta que te parió Lagarto, ¿Conseguiste todo?
- Por supuesto, ¿Quién te pensás que soy?
- ¿Qué hora es?
- Las 6 de la mañana, esperá que abro la ventana.
- NO!!!!. Dejala cerrada. Me pueden ver.
- Está bien. Calmate. No hay nadie en la calle son las seis de la matina.
- ¿No dijiste al mediodía?
- Si, para el mediodía te tengo todo, me faltan las balas, como las pediste no son tan fáciles de conseguir. Te traje esto por si lo querías.
- Está bien.
Dark, miró hacia la puerta y miró el casco, este era completamente negro. A esas horas no debía haber nadie por la calle, fue hasta la mesa donde estaban las cosas y se puso el casco primero, luego los guantes, se cerró la campera y se colgó la espada de la espalda, y se dirigió hasta la puerta.
- ¿Qué hacés?, No irás a salir así.
- No preguntes. Más tarde vuelvo.
- Bueno, como quieras, yo voy a dormir un par de horas.
Dark salió a la calle, y empezó a correr hacia su barrio, igual si alguien lo veía ya iba a sospechar de él por andar caminando con el casco puesto. Por suerte no había nadie en la calle.
Al llegar hasta el barrio, fue hasta donde había dejado atada su moto. La encontró exactamente como la había dejado, abrió el cierre del bolsillo de la campera, y sacó las llaves que todavía estaban allí. Desencadenó la rueda de la moto y volvió a enroscar la cadena en el respaldo del asiento. Se sentó en la moto, descorrió la patada del arranque y la arrancó. La Harley se encontraba en perfectas condiciones.
En la oscuridad, Dark se hallaba bien, no sabía si podían encontrarlo pero no tenía miedo, de alguna forma recordaba lo que era el miedo, pero sentía esa sensación como muy lejana, estaba muy despierto, el poco sueño que tenía un rato atrás ya se había dispersado, y sentía lo mismo que con el miedo, creía que no volvería sentirlo.
Corría por la oscuridad, no sabía que tan lejos podía estar, hasta que se cruzó con una ruta, observó el camino y buscó con la mirada los pequeños carteles que indican el kilometraje, observó uno hacia su izquierda, pudo leer:
Km 120.
Observó ahora hacia su derecha y el cartel decía:
Km 121.
Su vista estaba muy agudizada, un kilómetro separaba ambos carteles, y él podía ver los dos. Calculó que no lo habrían llevado mas allá de su provincia, así que decidió ir hacia donde disminuían los kilómetros, la ruta lo llevaría hacia la capital, no podría estar a mas de 140 km de su casa, no se sentía en absoluto agotado por lo que empezó a correr a todo lo que podía por la ruta.
En unas dos horas ya se encontraba entrando a los suburbios, sabía que aún le faltaban unos cuantos kilómetros pero empezaba a amanecer, y el sol lo mataría. Además sentía hambre, no quería matar a otra persona, pero no podía soportarlo. Debía esconderse, se metió en un pasillo, que parecía desolado, era angosto y a sus costados había puertas de casas muy pobres, caminó por el pasillo hasta llegar a una que parecía abandonada, empujó la puerta de forma que casi la tira abajo, era una pequeña habitación, una cocina deshecha con una garrafa se encontraba en un costado, junto a una puerta entreabierta que dejaba ver a un sucio baño del otro lado, en frente suyo había una mesa de madera medio destruida con una sola silla, más atrás una cama, y en ella un bulto cubierto apenas por una miserable manta agujereada.
En la casa de al lado se escuchó un golpe fuerte en una puerta.
- José, escuché algo al lado. Levantate, andá a ver.
- ¿Para qué? Debe ser ese viejo loco que se mamó de nuevo. Dejame dormir tranquilo.
El viejo vio la figura de Dark, recortándose en la oscuridad, intentó moverse pero sus cansados huesos no le permitían huir, y su ronca garganta no le dejaba gritar. Al ver el resplandor rojo de los ojos de Dark, creyó ver a quien venía a buscarlo para acabar con su miserable vida.
- Ya llegaste a buscarme puta muerte, está bien, llevame ya estoy listo, estoy harto de esta vida de mierda.
Dark, no dijo una palabra y se abalanzó sobre el cuerpo del viejo, al clavarle los colmillos el viejo no gritó, se resignó a morir de una vez por todas.
Dark pasó el día en ese lugar, clavó la espada en el pecho del anciano para que no reviviera, para que su alma por fin descansara, no sabía si iba a revivir, pero prefirió estar seguro.
El resto del día lo pasó pensando, no sabía que haría, armó con unas telas una funda para ocultar la espada y espero a que se volviera a hacer de noche, después iría hasta su barrio de nuevo.
Al anochecer esperó a no sentir ningún ruido en el pasillo, para que nadie lo viera salir de esa casa. Cuando estuvo seguro salió y recorrió el pasillo en sentido a la calle, todavía no estaba del todo oscuro, pero el sol ya se había ocultado y no podía dañarlo.
Pensó en que no lo convenía ir a su barrio, allí todos eran vampiros, y de seguro estarían buscándolo, era muy peligroso ir ahora, decidió ir hasta la casa de un amigo, podía confiar en él y conseguiría lo que estaba buscando.
Recorrió, los suburbios caminando a paso rápido, no quería que nadie lo molestara, al verlo correr, con sus botas y su campera de cuero no lo confundirían con alguien haciendo deportes.
Luego de andar un largo rato llegó a una casa en una calle angosta, se acercó a la puerta y dio un solo golpe en ella.
Desde adentro se escuchó un grito.
- ¿Quién es?
- Abrí Lagarto.
La puerta se abrió bruscamente y un hombre flaco medianamente alto se asomó por ella con cara de sorpresa, estaba vestido con unos jeans rotos, una remera y zapatillas deportivas.
- Dark, no puede ser, se dijo que estabas muerto.
- Parece que no, dejáme pasar rápido, no puedo dejar que me vean.
- Entrá, entrá.
Una vez adentro, la casa era un verdadero caos, las cosas estaban desordenadas había una computadora encendida en una esquina, un sillón grande estaba al frente de ella, y a su derecha una mesa móvil, con un vaso y una botella de vodka casi llena encima.
Dark se acercó, agarró la botella y le dio un gran sorbo tomando la mitad de su contenido.
- Necesitaba esta mierda, parece que hiciera un siglo desde que no tomo.
- ¿Qué pasó, Dark?. Se dijo que estabas muerto por la peste, en el círculo se comentaba que te habían atrapado. Que estarías preso por lo del ministerio.
- Lagarto, sabés que nunca me atraparían, todavía les falta mucho de computación para atraparme.
- Pero Dark, hace tres días que no aparecés en la red. Creí que te habías retirado de nuevo como cuando vivías con tu chica.
- ¿Qué sabés de ella?
- Nada, ¿No vivía en tu barrio?, No estaba en la lista de muertos que dieron.
- ¿Dieron la lista de los que se curaron?
- No, dieron una lista de muertos, y dijeron que los demás estaban curados. Vos estabas en la lista de muertos.
- Hijos de puta.
- ¿En qué te metiste está vez Dark?
- En algo muy groso, hasta para vos.
- ¿Me estás jodiendo?
- No, es mejor que no sepas nada.
- Está bien, pero no puedo creer que sea algo demasiado para mí. ¿A que viniste?
- Necesito un favor. ¿Todavía podes conseguir fierros?
- Fierros, máquinas, ruedas, lo que necesites.
- Bien, para mañana, conseguime un par de 45, cuatro cargadores, y varias cajas de balas, pero sobrecargadas y de punta hueca.
- ¿Qué vas a hacer? ¿Cazar elefantes?
- No importa, vos conseguímelas, además necesito una buena funda para esta espada, con correa a la espalda, un casco completo, con visera a prueba de rayos UV, pero de posta, tiene que ser a prueba de UV en serio, y un par de guantes de cuero cerrados.
- Listo no es problema. Para mañana al mediodía te tengo todo. Si querés quedate acá, si necesitás usar la red mi máquina es tuya.
- Gracias, una cosa más, yo estoy muerto, no me viste, ni siquiera para los del círculo.
- OK. Te voy a preparar todo desde ahora, usá cualquier nick si necesitás la máquina, sabés que mi IP es inrastreable. Al mediodía vuelvo con todo.
Dark , se sentó delante de la computadora, se tiró en el sillón volvió a agarrar la botella y la vació de un sorbo.
Estuvo unas horas revisando en la computadora entrando en máquinas del gobierno y la policía, sabía que tenían que ser de los vampiros.
- Hijo de puta, con razón no te gané ni un wargame, si no te podía rastrear yo, estos estúpidos no verían esta máquina ni si tuvieran a Black Dead, convertido en vampiro y buscándola, por algo este hijo de puta siempre se escapaba.
No pudo encontrar nada sobre ella, no había ninguna lista en la que figurara. Se dio por vencido, y se tiró a dormir, aunque no lo necesitaba sabía que los vampiros lo podían hacer, Markus se lo había dicho, y no quería pensar más, los recuerdos de ella lo estaban volviendo loco.
Lo despertó Lagarto de una patada que lo hizo saltar del sillón al piso.
- Vaya parece que los reflejos te funcionan mejor que nunca.
- La puta que te parió Lagarto, ¿Conseguiste todo?
- Por supuesto, ¿Quién te pensás que soy?
- ¿Qué hora es?
- Las 6 de la mañana, esperá que abro la ventana.
- NO!!!!. Dejala cerrada. Me pueden ver.
- Está bien. Calmate. No hay nadie en la calle son las seis de la matina.
- ¿No dijiste al mediodía?
- Si, para el mediodía te tengo todo, me faltan las balas, como las pediste no son tan fáciles de conseguir. Te traje esto por si lo querías.
- Está bien.
Dark, miró hacia la puerta y miró el casco, este era completamente negro. A esas horas no debía haber nadie por la calle, fue hasta la mesa donde estaban las cosas y se puso el casco primero, luego los guantes, se cerró la campera y se colgó la espada de la espalda, y se dirigió hasta la puerta.
- ¿Qué hacés?, No irás a salir así.
- No preguntes. Más tarde vuelvo.
- Bueno, como quieras, yo voy a dormir un par de horas.
Dark salió a la calle, y empezó a correr hacia su barrio, igual si alguien lo veía ya iba a sospechar de él por andar caminando con el casco puesto. Por suerte no había nadie en la calle.
Al llegar hasta el barrio, fue hasta donde había dejado atada su moto. La encontró exactamente como la había dejado, abrió el cierre del bolsillo de la campera, y sacó las llaves que todavía estaban allí. Desencadenó la rueda de la moto y volvió a enroscar la cadena en el respaldo del asiento. Se sentó en la moto, descorrió la patada del arranque y la arrancó. La Harley se encontraba en perfectas condiciones.
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) pero dado todos los elogios recibidos veo que conseguí una historia entretenida trataré de mantener el nivel,