#1 Cuentos Cortos (El filo de una pluma)
El filo de una pluma
Pablo era un muchacho muy malcriado, sus padres siempre lo consentían en todo y por eso tenía esas raras mañas. Una de ellas era matar a cualquier tipo de ave que se posara en el árbol del patio de su casa.
Durante mucho tiempo, desde niño, había logrado matar a cientos de ellas, utilizando para su siniestro propósito, los métodos menos ortodoxos conocidos por el ser humano. Parecía gozar con cada muerte, y gozaba aún más torturando a las pequeñas criaturas del Señor hasta el último suspiro.
Los cadáveres que caían del árbol se transformaban en un festín para los insectos que alegremente vivían al piel del mismo, consumiéndolo todo hasta que no quedaba ningún hueso.
Un día de verano, una pareja de gorriones comenzó a anidar en el tronco más grande del árbol, Pablo, al darse cuenta de ello comenzó a maquinar su plan maestro, esperando pacientemente a que los huevos “dieran a luz”. Finalmente ese día llegó al fin puso en marcha su horrendo plan.
Con la ayuda de una escalera pudo llegar al nido, y justo en el momento preciso en que la pareja de gorriones estaban buscando alimento, raptó a los pequeños polluelos y se los llevó a su alcoba. Pobrecitos, eran tan feos que el solo hecho de mirarlos, a Pablo le causaban náuseas.
De pronto una chispa de genialidad diabólica brilló en la mente del muchacho.
Ató a las crías de su patas y con un hilo que llegaba casi al suelo y las lanzó por la ventana. Mientras tanto, un gato vecino al ver tan delicioso manjar no se puedo contener y se lanzó a la caza de su almuerzo. La pareja de gorriones volvió casi al mismo tiempo y al ver semejante espectáculo comenzaron un frustrado ataque para evitar que el gato se comiera a sus crías.
Pero todo fue en vano, solo se conformaron con observar el horrendo espectáculo de carnicería y muerte que el felino les estaba mostrando. Tenía la boca llena de sus pichones y alguno de ellos, que todavía estaban “algo” vivos, seguían pidiendo ayuda retorciéndose dentro de las fauces del felino.
Excitado por el espectáculo y dispuesto a matar a la pareja de gorriones que habían presenciado el show, el muchacho salió a su cacería, pero al verlo venir tan frenéticamente las aves se echaron a volar muy rápidamente lejos de su maligno alcance.
Pasaron varios días y varias noches, hasta que en una de ellas, algo insólito sucedió. Inmerso en su sueño Pablo comenzó a sentir un cosquilleo en el pecho. Al principio no le dio mayor importancia, pero con cada inhalación sentía que algo lo perforaba, como si un gigante jugara con él como si este fuera un muñeco Voodoo. De pronto se despertó y comenzó a toser, luego ese tosido se transformó en algo más ronco, luego sintió una presión abismal es su pecho, y lleno de dolor, comenzó a expulsar gargajos de sangre hacia todos lados. Muy asustado trató de pedir ayuda, pero la sangre le ahogaba los gritos, y la vida se le escapaba rápidamente, a cada segundo, en cada latido, en cada inhalación. Inmediatamente comenzaron los movimientos espasmódicos que lo hicieron retorcerse en el piso y al cabo de algunos minutos, su agonía terminó, con su boca llena de sangre, y con una expresión en la cara que describía casi artísticamente su miedo a morir.
Sus padres nunca pudieron entender lo que le había pasado, hasta que le practicaron una autopsia para determinar las causas de su muerte.
Al parecer una pluma se había introducido misteriosamente en uno de sus pulmones, y una vez allí a media que éste se contraía, el filo de la misma se lo perforó provocándole un derrame interno que terminó por ahogarlo en su propia sangre.
Pablo era un muchacho muy malcriado, sus padres siempre lo consentían en todo y por eso tenía esas raras mañas. Una de ellas era matar a cualquier tipo de ave que se posara en el árbol del patio de su casa.
Durante mucho tiempo, desde niño, había logrado matar a cientos de ellas, utilizando para su siniestro propósito, los métodos menos ortodoxos conocidos por el ser humano. Parecía gozar con cada muerte, y gozaba aún más torturando a las pequeñas criaturas del Señor hasta el último suspiro.
Los cadáveres que caían del árbol se transformaban en un festín para los insectos que alegremente vivían al piel del mismo, consumiéndolo todo hasta que no quedaba ningún hueso.
Un día de verano, una pareja de gorriones comenzó a anidar en el tronco más grande del árbol, Pablo, al darse cuenta de ello comenzó a maquinar su plan maestro, esperando pacientemente a que los huevos “dieran a luz”. Finalmente ese día llegó al fin puso en marcha su horrendo plan.
Con la ayuda de una escalera pudo llegar al nido, y justo en el momento preciso en que la pareja de gorriones estaban buscando alimento, raptó a los pequeños polluelos y se los llevó a su alcoba. Pobrecitos, eran tan feos que el solo hecho de mirarlos, a Pablo le causaban náuseas.
De pronto una chispa de genialidad diabólica brilló en la mente del muchacho.
Ató a las crías de su patas y con un hilo que llegaba casi al suelo y las lanzó por la ventana. Mientras tanto, un gato vecino al ver tan delicioso manjar no se puedo contener y se lanzó a la caza de su almuerzo. La pareja de gorriones volvió casi al mismo tiempo y al ver semejante espectáculo comenzaron un frustrado ataque para evitar que el gato se comiera a sus crías.
Pero todo fue en vano, solo se conformaron con observar el horrendo espectáculo de carnicería y muerte que el felino les estaba mostrando. Tenía la boca llena de sus pichones y alguno de ellos, que todavía estaban “algo” vivos, seguían pidiendo ayuda retorciéndose dentro de las fauces del felino.
Excitado por el espectáculo y dispuesto a matar a la pareja de gorriones que habían presenciado el show, el muchacho salió a su cacería, pero al verlo venir tan frenéticamente las aves se echaron a volar muy rápidamente lejos de su maligno alcance.
Pasaron varios días y varias noches, hasta que en una de ellas, algo insólito sucedió. Inmerso en su sueño Pablo comenzó a sentir un cosquilleo en el pecho. Al principio no le dio mayor importancia, pero con cada inhalación sentía que algo lo perforaba, como si un gigante jugara con él como si este fuera un muñeco Voodoo. De pronto se despertó y comenzó a toser, luego ese tosido se transformó en algo más ronco, luego sintió una presión abismal es su pecho, y lleno de dolor, comenzó a expulsar gargajos de sangre hacia todos lados. Muy asustado trató de pedir ayuda, pero la sangre le ahogaba los gritos, y la vida se le escapaba rápidamente, a cada segundo, en cada latido, en cada inhalación. Inmediatamente comenzaron los movimientos espasmódicos que lo hicieron retorcerse en el piso y al cabo de algunos minutos, su agonía terminó, con su boca llena de sangre, y con una expresión en la cara que describía casi artísticamente su miedo a morir.
Sus padres nunca pudieron entender lo que le había pasado, hasta que le practicaron una autopsia para determinar las causas de su muerte.
Al parecer una pluma se había introducido misteriosamente en uno de sus pulmones, y una vez allí a media que éste se contraía, el filo de la misma se lo perforó provocándole un derrame interno que terminó por ahogarlo en su propia sangre.
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