Una noche Toledana. En España se usa para nombrar aquellas noches en las que no se puede dormir y se pasa muy mal.
La frase se originó durante el periodo en el que la peninsula Ibérica estuvo ocupada por los árabes (o moros, como se les conocía). El acontecimiento que le dio origen se ubica en el año 190 de la Hégira (sistema de referencia del calendario musulmán) a principios del siglo IX (he encontrado su conversión como 803 u 812 d. C. de nuestro calendario.
Mi propio cálculo da 806 d. C. Otros ponen que fue a finales del siglo XVIII. Bueno, más o menos para esas fechas). Y por si no tienen idea de dónde ocurrió, pues fue en la ciudad de Toledo... aunque en ese momento se llamaba Tulaytula (su nombre árabe).
La historia comienza con el gobernador de ese momento: Jusuf-ben-Amru. Este era un joven que había accedido al gobierno no tanto por sus dotes, sino porque su padre era amigo del califa de entonces Al-Hakam I y el nepotismo se ha cocido desde siempre. Jusuf utilizó su poder para oprimir al pueblo, explotándolo con elevados impuestos, abusando de sus súbditos (aparentemente le gustaba deshonrar doncellas) y deshaciéndose de cualquiera que se atreviese a cuestionar su proceder. Al principio el pueblo soportó por temor a las represalias, pero finalmente los excesos del gobernador fueron demasiado, levantándose una sublevación popular.
Los nobles de la ciudad lograron llegar ante Jusuf y trataron de hacer ver al joven lo difícil de su situación. Incluso el noble que estaba al frente de los sublevados -Muley- le ofreció la oportunidad de que huyera. Pero la soberbia de Jusuf le hizo rechazar tal posibilidad, amenazando con que si quedaba con vida regresaría para aniquilar a todos los que se le oponían. Los nobles decidieron apresar a Jusuf, pero en esos momentos el pueblo logró vencer la resistencia del palacio y entró para exigir la vida del cruel gobernante. Los nobles, para evitar verse atrapados ellos mismos en el furor de la turba, les entregaron a Jusuf, quien vio llegar su fin a manos de quienes había oprimido.
Muley asumió el gobierno provisional y le envió un mensaje al califa, contándole todo y pidiendo la instauración de un nuevo gobernador. El califa entonces decidió nombrar como nuevo gobernador... a Amru-al Lleridi, padre de Jusuf. El pueblo de Toledo debió de recibir la noticia con poquísimo entusiasmo. Sin embargo, Amru trató inmediatamente de tranquilizar a todos, pues se dijo que había pedido el puesto como un intento de enmendar los errores de su hijo y así recuperar el honor de su familia. El califa no pudo negarse ante este noble propósito (además de que Amru seguía siendo un amigo -al que se le debía favores- y Al-Hakam lo consideraba capacitado).
Amru asumió el poder e inmediatamente marcó una diferencia con el gobierno de su hijo. El nuevo gobierno era ejemplar, adoptando toda clase de medidas populares, preocupándose por los más necesitados y lo mejor: tomando todas sus decisiones únicamente después de haberlo consultado con un consejo formado por los nobles, que respondía a los intereses de la ciudad. De esta forma se ganó la aprobación del pueblo y la aristocracia.
Desafortunadamente para los toledanos, Amru parecía conocer aquella sentencia que dice: "La venganza es un plato frío". Amru no podía olvidar el triste final de su hijo y simplemente esperaba la mejor oportunidad de tomar venganza. Tal oportunidad llegó cuando el hijo del califa Abd al-Rahman II, quien se dirigía a Zaragoza, decidió pasar la noche en Toledo. Amru decidió organizar un gran banquete en su residencia (ubicada en lo que actualmente es la zona de San Cristobal), con motivo de esta distinguida visita. Por supuesto, la nobleza toledana fue también invitada.
Los nobles toledanos, que no tenían motivos de sospecha y no podían dejar de asistir a una reunión en donde estaría el futuro califa, asistieron a la fiesta con todos sus cortejos. En la residencia de Amru eran recibidos con muchas atenciones, pero inmediatamente después eran apartados a otro lugar, donde los esperaba la guardia personal del gobernador (muchos de ellos fieles sirvientes del joven Jusuf). Allí toda la nobleza toledana que había acudido a la fiesta fue decapitada, siendo sus cuerpos ocultados en un subterráneo (algunos dicen que un pozo excavado
ex profeso. Amru supervisó personalmente las ejecuciones. A la mañana siguiente los ciudadanos de Toledo despertaron con el sobrecogedor espectáculo de las cabezas de los nobles de la ciudad colgando de las almenas de las murallas de la ciudad (los cálculos ponen por encima de 400, aunque algunos lo elevan hasta 700).
Abd al-Rahman II, que había sido testigo involuntario de la masacre, no tuvo el valor de enfrentarse al vengativo Amru y simplemente partió de inmediato de Toledo, después de haber pasado lo que seguramente fue una noche bastante desagradable. Desde entonces "noche toledana" se usa para llamar a las malas noches, aunque si somos afortunados, ninguna tan mala como la de los nobles de Toledo.
Por cierto, en ninguna versión de esta leyenda encontré que pasó con Amru después de que el Califa se enterara de sus actos.
Sin embargo, hay otras versiones sobre el origen de la frase, que explicarían esta falta de reacción. En una se afirma que los nobles no fueron ejecutados como venganza, sino porque eran sospechosos de rebeldía contra el califa. De ser así, tendría sentido que Amru no enfrentara represalias. Otra versión incluso afirma que las acciones de Amru eran parte del plan del califa Al-Hakam para someter al pueblo de Toledo, famoso por su independencia. El califa habría ordenado a Amru que ganase la confianza de la ciudad, para después acabar con esta independencia de la forma más rápida y sanguinaria. Aparentemente habría tenido éxito, pues Toledo dejó de ser un problema por muchos años.
Cualquiera que fuese la razón (escojan la que más les guste), la frase ha pasado a formar parte del lenguaje español.