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[COLUMNA] Orígenes de las Frases

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Disparar con pólvora del rey. Se utiliza para señalar que alguien usa de forma abusiva ...30

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    Wallp escribió el 29/10/2007 a las 22:22 hs.
     
    #1 [COLUMNA] Orígenes de las Frases
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  • #291 Re: Orígenes de las Frases

    Disparar con pólvora del rey.
    Se utiliza para señalar que alguien usa de forma abusiva los recursos de otro(s), en virtud de que a él no le cuesta nada.

    Esta frase se emplea más en España y proviene precisamente de la historia militar de dicho país. Así, durante la época en la que reinó la Casa de Austria (la dinastía Habsburgo que dirigió el trono español entre los siglos XVI y XVII) se creó una unidad militar conocida como "tercio". Los tercios españoles lograron obtener fama por su desempeño en las batallas, llegando a formar la élite de las unidades militares y fueron fundamentales para el Imperio Español.

    Durante la Edad Media los ejercitos se formaban típicamente con el sistema de levas (reclutamiento obligatorio de la población) o el pago a mercenarios para hacer una guerra en concreto. Los tercios, por su parte, se diferencian de estos sistemas porque estaban constituidos por soldados profesionales y por voluntarios que pertenecían al cuerpo de forma permanente, por lo que siempre estaban disponibles para cualquier guerra.

    Ahora bien, uno de los rasgos que definieron la enorme eficacia de estos grupos militares fue su armamento, pues al arma blanca (la pica) se le sumaba el enorme potencial de fuego que brindaba el arcabuz y el mosquete. Una infantería pertrechada con armas de fuego compactas daba una superioridad al tercio sobre otros modelos militares de la época.

    Dado que el tercio era formado por soldados reclutados de forma voluntaria, estos recibían una paga por su servicio. El primer mes de salario se recibía por adelantado, debido a que con este dinero el soldado debía de equiparse (sobre todo si su posición socioeconómica no le permitía tener su propio equipo). Evidentemente la paga se daba en proporción a las necesidades del tipo de combatiente (piquero, arcabucero, mosquetero y, en ocasiones, artilleros y caballería), siendo mayor para quienes tenían los equipos más costosos. Así que, de forma regular, la pólvora para las armas solía ser pagada del bolsillo del soldado. Sin embargo, había ocasiones (como los asedios) en las que la pólvora usada en la batalla se obtenía de forma gratuita de los almacenes o polvorines de la artillería. En estos casos, en lugar de usar la pólvora propia se tiraba con "pólvora del rey", y al no tener ningún coste para los soldados, estos podían disparar con mucha más liberalidad que si usaban sus propios recursos.

    De allí surgió la expresión "disparar con pólvora del rey" para nombrar la actitud de aquellas personas que hacen enormes gastos o exigen grandes esfuerzos, simplemente porque todo corre a cuenta de otra persona. Como podrán imaginar, es sumamente común en el caso de los funcionarios públicos que no dudan en alzarse con enormes cantidades de dinero, dado que están bien provistos del dinero del (sufrido) pueblo.

    P.D. Entre paréntesis, la frase de "Mandar a la porra" del comentario #286 (en la página anterior de este tema), también está ligada a la historia de los tercios españoles.
    Editado por gt7h1 - 27.07.2009 23:06 hs.
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  • #292 Re: Orígenes de las Frases

    Una noche Toledana.
    En España se usa para nombrar aquellas noches en las que no se puede dormir y se pasa muy mal.

    La frase se originó durante el periodo en el que la peninsula Ibérica estuvo ocupada por los árabes (o moros, como se les conocía). El acontecimiento que le dio origen se ubica en el año 190 de la Hégira (sistema de referencia del calendario musulmán) a principios del siglo IX (he encontrado su conversión como 803 u 812 d. C. de nuestro calendario. Mi propio cálculo da 806 d. C. Otros ponen que fue a finales del siglo XVIII. Bueno, más o menos para esas fechas). Y por si no tienen idea de dónde ocurrió, pues fue en la ciudad de Toledo... aunque en ese momento se llamaba Tulaytula (su nombre árabe).

    La historia comienza con el gobernador de ese momento: Jusuf-ben-Amru. Este era un joven que había accedido al gobierno no tanto por sus dotes, sino porque su padre era amigo del califa de entonces Al-Hakam I y el nepotismo se ha cocido desde siempre. Jusuf utilizó su poder para oprimir al pueblo, explotándolo con elevados impuestos, abusando de sus súbditos (aparentemente le gustaba deshonrar doncellas) y deshaciéndose de cualquiera que se atreviese a cuestionar su proceder. Al principio el pueblo soportó por temor a las represalias, pero finalmente los excesos del gobernador fueron demasiado, levantándose una sublevación popular.

    Los nobles de la ciudad lograron llegar ante Jusuf y trataron de hacer ver al joven lo difícil de su situación. Incluso el noble que estaba al frente de los sublevados -Muley- le ofreció la oportunidad de que huyera. Pero la soberbia de Jusuf le hizo rechazar tal posibilidad, amenazando con que si quedaba con vida regresaría para aniquilar a todos los que se le oponían. Los nobles decidieron apresar a Jusuf, pero en esos momentos el pueblo logró vencer la resistencia del palacio y entró para exigir la vida del cruel gobernante. Los nobles, para evitar verse atrapados ellos mismos en el furor de la turba, les entregaron a Jusuf, quien vio llegar su fin a manos de quienes había oprimido.

    Muley asumió el gobierno provisional y le envió un mensaje al califa, contándole todo y pidiendo la instauración de un nuevo gobernador. El califa entonces decidió nombrar como nuevo gobernador... a Amru-al Lleridi, padre de Jusuf. El pueblo de Toledo debió de recibir la noticia con poquísimo entusiasmo. Sin embargo, Amru trató inmediatamente de tranquilizar a todos, pues se dijo que había pedido el puesto como un intento de enmendar los errores de su hijo y así recuperar el honor de su familia. El califa no pudo negarse ante este noble propósito (además de que Amru seguía siendo un amigo -al que se le debía favores- y Al-Hakam lo consideraba capacitado).

    Amru asumió el poder e inmediatamente marcó una diferencia con el gobierno de su hijo. El nuevo gobierno era ejemplar, adoptando toda clase de medidas populares, preocupándose por los más necesitados y lo mejor: tomando todas sus decisiones únicamente después de haberlo consultado con un consejo formado por los nobles, que respondía a los intereses de la ciudad. De esta forma se ganó la aprobación del pueblo y la aristocracia.

    Desafortunadamente para los toledanos, Amru parecía conocer aquella sentencia que dice: "La venganza es un plato frío". Amru no podía olvidar el triste final de su hijo y simplemente esperaba la mejor oportunidad de tomar venganza. Tal oportunidad llegó cuando el hijo del califa Abd al-Rahman II, quien se dirigía a Zaragoza, decidió pasar la noche en Toledo. Amru decidió organizar un gran banquete en su residencia (ubicada en lo que actualmente es la zona de San Cristobal), con motivo de esta distinguida visita. Por supuesto, la nobleza toledana fue también invitada.

    Los nobles toledanos, que no tenían motivos de sospecha y no podían dejar de asistir a una reunión en donde estaría el futuro califa, asistieron a la fiesta con todos sus cortejos. En la residencia de Amru eran recibidos con muchas atenciones, pero inmediatamente después eran apartados a otro lugar, donde los esperaba la guardia personal del gobernador (muchos de ellos fieles sirvientes del joven Jusuf). Allí toda la nobleza toledana que había acudido a la fiesta fue decapitada, siendo sus cuerpos ocultados en un subterráneo (algunos dicen que un pozo excavado ex profeso. Amru supervisó personalmente las ejecuciones. A la mañana siguiente los ciudadanos de Toledo despertaron con el sobrecogedor espectáculo de las cabezas de los nobles de la ciudad colgando de las almenas de las murallas de la ciudad (los cálculos ponen por encima de 400, aunque algunos lo elevan hasta 700).

    Abd al-Rahman II, que había sido testigo involuntario de la masacre, no tuvo el valor de enfrentarse al vengativo Amru y simplemente partió de inmediato de Toledo, después de haber pasado lo que seguramente fue una noche bastante desagradable. Desde entonces "noche toledana" se usa para llamar a las malas noches, aunque si somos afortunados, ninguna tan mala como la de los nobles de Toledo.

    Por cierto, en ninguna versión de esta leyenda encontré que pasó con Amru después de que el Califa se enterara de sus actos.

    Sin embargo, hay otras versiones sobre el origen de la frase, que explicarían esta falta de reacción. En una se afirma que los nobles no fueron ejecutados como venganza, sino porque eran sospechosos de rebeldía contra el califa. De ser así, tendría sentido que Amru no enfrentara represalias. Otra versión incluso afirma que las acciones de Amru eran parte del plan del califa Al-Hakam para someter al pueblo de Toledo, famoso por su independencia. El califa habría ordenado a Amru que ganase la confianza de la ciudad, para después acabar con esta independencia de la forma más rápida y sanguinaria. Aparentemente habría tenido éxito, pues Toledo dejó de ser un problema por muchos años.

    Cualquiera que fuese la razón (escojan la que más les guste), la frase ha pasado a formar parte del lenguaje español.
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  • #293 Re: Orígenes de las Frases

    Pasar la noche en blanco
    No pudo dormir en toda la noche



    Cuando una persona es incapaz de conciliar el sueño por algún motivo, se dice que "ha pasado la noche en blanco". Antiguamente, los aspirantes a caballeros, tenían que hacer la velada de las armas que les honrarían como tales, llevando como atuendo una vestimenta blanca que simbolizara la pureza espiritual. El color de las ropas, y lo largo que se hacia la noche de espera, dieron lugar a este dicho.

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  • #294 Re: Orígenes de las Frases

    Irse a la quinta del ñato
    Morir, terminar en el cementerio.

    Hay muchas versiones sobre el origen de la frase, que es un típico argentinismo. Algunos creen que viene del lunfardo de comienzos del siglo XX, otros, del habla gauchesca que queda fijada literariamente con el "Martín Fierro" de José Hernández, en la década de 1870. El ñato es la calavera de huesos desnudos, ya sin nariz. La quinta es el cementerio.
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