#1 Cuentos cortos (¡Que no y que no!)
Acá va, con mucho por corregir, así per jodere un ratingui. 
_____ DEJO NUEVA VERSIÓN MÁS ADELANTE ____
(sino leíste esta todavía, salteala, es todavía peor que la que viene después
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¡Que no y que no!
Nadie quiso prestarme atención cuando me quejaba, cuando protestaba, cuando les advertía que si mi jefe no detenía sus miradas sugestivas, sus toqueteos supuestamente accidentales, sus avances fuera de lugar, llegaría un punto en que acabaría por ganarme la locura, y sólo Dios sabe cómo reaccionaría yo entonces. Algunos hasta se burlaban. Quisiera saber lo que piensan ahora.
Amo mi trabajo y por eso tal vez no quise denunciarlo por acoso sexual. Además, debo decir también, hubiese sido una situación demasiado incómoda. Pero nunca, y en esto podrán corroborar mis palabras cualquiera de mis colegas, nunca dejé de señalar que yo no deseaba de ningún modo responder los juegos de seducción que mi jefe intentaba entablar.
Cuando le aclaraba mi desinterés por enésima oportunidad, él lograba de algún modo que yo creyera sus disculpas y estúpidas justificaciones. "Es que soy un hombre muy solitario..." decía bajando la mirada. "Su belleza me vuelve loco", confesaba; "No sé cómo controlarme cuando usted está cerca", y entonces de nuevo "No se preocupe, ya está todo aclarado y no volverá a suceder", o "Bueno, entiendo, pero le ruego que sea la última vez". Y yo puedo, modestia aparte, hacerme cargo de que tengo un cuerpo que muchos desearían, sigo una rutina diaria de ejercicios, cuido mi cabello para que se vea siempre brillante y vivo, es decir, me gusta verme bien y que todos se fijem en mi; pero repito, jamás tuve la menor intención de seducirlo, aún sabiendo que en caso de haber respondido favorablemente a sus caprichos con seguridad me hubiese reportado grandes beneficios en lo laboral.
Tanto negarme, y aquella noche haciendo horas extras, tanta insistencia, y no, señor jefe, le ruego que se detenga, nuevamente no, por favor, tiene que entender que no soy así, aléjese, por favor guárdese las manos en los bolsillos, sus ojos señor, usted está fuera de sí, comprenda, y no quiero lastimarlo, por favor déjeme en paz, pero él insiste y me toca en la intimidad de mi entrepierna y entonces descubro que hasta mi propio cuerpo me ha traicionado y no puedo evitar sentir un deseo que me crece por dentro pero no, jamás, me niego, esto ya ha ido demasiado lejos y ahora sí quiero lastimarlo y entonces tomo la abrochadora de mi escritorio, la gran abrochadora con la que unimos las gruesas carpetas antes de enviarlas al archivo, luego es fácil dominar su cuerpo pequeño y fofo para comenzar a presionar una y otra vez la máquina contra su rostro.
Lamento lo que pasó, realmente lo lamento. Yo no tengo nada en contra de los homosexuales, creánme, pero estoy convencido de que llegado el momento cualquier hombre decente hubiese reaccionado como yo lo hice.
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_____ DEJO NUEVA VERSIÓN MÁS ADELANTE ____
(sino leíste esta todavía, salteala, es todavía peor que la que viene después
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¡Que no y que no!
Nadie quiso prestarme atención cuando me quejaba, cuando protestaba, cuando les advertía que si mi jefe no detenía sus miradas sugestivas, sus toqueteos supuestamente accidentales, sus avances fuera de lugar, llegaría un punto en que acabaría por ganarme la locura, y sólo Dios sabe cómo reaccionaría yo entonces. Algunos hasta se burlaban. Quisiera saber lo que piensan ahora.
Amo mi trabajo y por eso tal vez no quise denunciarlo por acoso sexual. Además, debo decir también, hubiese sido una situación demasiado incómoda. Pero nunca, y en esto podrán corroborar mis palabras cualquiera de mis colegas, nunca dejé de señalar que yo no deseaba de ningún modo responder los juegos de seducción que mi jefe intentaba entablar.
Cuando le aclaraba mi desinterés por enésima oportunidad, él lograba de algún modo que yo creyera sus disculpas y estúpidas justificaciones. "Es que soy un hombre muy solitario..." decía bajando la mirada. "Su belleza me vuelve loco", confesaba; "No sé cómo controlarme cuando usted está cerca", y entonces de nuevo "No se preocupe, ya está todo aclarado y no volverá a suceder", o "Bueno, entiendo, pero le ruego que sea la última vez". Y yo puedo, modestia aparte, hacerme cargo de que tengo un cuerpo que muchos desearían, sigo una rutina diaria de ejercicios, cuido mi cabello para que se vea siempre brillante y vivo, es decir, me gusta verme bien y que todos se fijem en mi; pero repito, jamás tuve la menor intención de seducirlo, aún sabiendo que en caso de haber respondido favorablemente a sus caprichos con seguridad me hubiese reportado grandes beneficios en lo laboral.
Tanto negarme, y aquella noche haciendo horas extras, tanta insistencia, y no, señor jefe, le ruego que se detenga, nuevamente no, por favor, tiene que entender que no soy así, aléjese, por favor guárdese las manos en los bolsillos, sus ojos señor, usted está fuera de sí, comprenda, y no quiero lastimarlo, por favor déjeme en paz, pero él insiste y me toca en la intimidad de mi entrepierna y entonces descubro que hasta mi propio cuerpo me ha traicionado y no puedo evitar sentir un deseo que me crece por dentro pero no, jamás, me niego, esto ya ha ido demasiado lejos y ahora sí quiero lastimarlo y entonces tomo la abrochadora de mi escritorio, la gran abrochadora con la que unimos las gruesas carpetas antes de enviarlas al archivo, luego es fácil dominar su cuerpo pequeño y fofo para comenzar a presionar una y otra vez la máquina contra su rostro.
Lamento lo que pasó, realmente lo lamento. Yo no tengo nada en contra de los homosexuales, creánme, pero estoy convencido de que llegado el momento cualquier hombre decente hubiese reaccionado como yo lo hice.
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