Dolorosa espera (reflexión)

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      • 16/03/02
    31/07/2002
    #1 Dolorosa espera (reflexión)

    Escribí esta reflexión hace un tiempo, pensando en lo que nos hace el Amor, en la dolorosa circunstancia de la espera amorosa, y recordando el libor de Roland Barthes "Fragmentos de un discurso amoroso". Así que en realidad escribo para que opinen sobre el tema.


    Dolorosa espera

    Desde los portales de esta inmensa ciudad, a la que llegué sin pretenderlo, esperando encontrar otras respuestas pero siempre están las mismas, silenciosas tardías, pero, por sobre todo, dolorosas, aquí te espero anhelante, buscando tu recuerdo que se ha vuelto efímero como tu llegada que se vuelve cada vez más intangible y lejana, como si nunca hubiera sido más que un sueño, una alucinación de mi cabeza, una idea descabellada que me enloquece a cada paso, a cada segundo de esta terrible espera que se prolonga interminable en el infinito. Dónde estarás, te necesito y no te encuentro, de alguna forma te perdí, perdimos este instante en que mi Amor es puro fuego, un deseo incontenible, un caudal sin esclusas que lo frenen salvo por tu ausencia infinita que se extiende lentamente.

    Me enamoraste en el peor momento de mi vida, cuando sólo quería saltar de cama en cama sin preocuparme de los sentimientos de los otros. Sólo gozar de cuerpos sin rostro, que no dejan huella en mi consciencia. Sólo sentir el roce de la piel sin nombres que recordar, sin estas esperas angustiantes de amante loca que desea tu cuerpo contra el mío, que imagina el instante de tus besos, cuando tu lengua lame la punta de mi oreja y me electriza. Espero tu susurro en mis oídos, te espero, te espero, te espero... porque tu presencia trae el olvido de mi pasado nefasto, de mi presente inquietante, de mi futuro incierto.

    Dónde estás que te necesito, te necesito para borrar este país que me duele, que me masacra con sus mentiras, sus respuestas falsas, su pobreza naturalizada por tantas mezquindades.
    Pero no estás, no estás, ya te convertís en recuerdo de una noche. Sé que tengo que dejarte, salir por estas puertas, tomar mis alas de Icaro y volar hasta el próximo puerto, hacia otras latitudes. Nada será igual, no voy a cumplir mis sueños, mi Libertad se queda en tu sexo, aferrándose en tu ombligo.

    Recojo los últimos escombros de tu abrazo, las pequeñas migajas que marcaste en mi piel como nadie antes. Tengo que partir pero tu sabor de ser mi tierra, mi razón, me retienen y sin embargo sé que ya no sos mío, si alguna vez lo fuiste. Y de pronto tu rostro aparece en la esquina y todo se nubla, todo se enciende y corro como niña y te suplico. Nunca más, nunca más, nunca más.

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    2 comentarios / 4940 Visitas

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      • 18/04/02
    01/08/2002
    #2

    Podríamos decir que inaugurás nuevo género: el Hard Cuore.
    No es sencillo pararse a comentar una carta de semejante intensidad.
    Vos pedías opinión "sobre este tema". ¿Sobre cual de tantos temas que atraviesan esta "espera"? ¿Sobre la espera, sobre la distancia, sobre el llegar tarde a lo que hasta hace un rato estuvo pero al no haber estado uno donde uno estaba se lo perdió? ¿Sobre el texto (me gusta llamarlo carta)? ¿Sobre la distancia del tiempo o del espacio? ¿Sobre la necesidad de "ir" (navegar es preciso, vivir no es preciso)? ¿El dolor, el placer, la extraña combinación de ambos? ¿La necesidad, la esterilidad de lo que se necesita y no está, y no va a estar, y por eso se hace tan imperioso? ¿La resaca no de una noche sino de una época, que se hace maravillosa en cuanto se acaba esa resaca, pero mientras inquieta punzante y dolorosa?

    "Nunca más, nunca más, nunca más." suplica la niña en la mujer que sabe que lo único que no existe es "nunca más".

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      • 16/03/02
    02/08/2002
    #3

    Sobre todo. Es opinar sobre todo. Sobre la espera y sobre el dolor de la espera, sobre el placer de el dolor de la espera. Sobre la incetidumbre y en el fondo saber lo que debe hacerse, pero no. Uno se aferra a esa luz que proyecta débilmente la llegada, el fin de la espera.