#1 7 de Trébol (Cuento Corto)
Hola tanto tiempo.. hace poco estuve leyendo los comentarios sobre mis cuentos y les agradezco mucho a todos. Les mando este cuentido que, creo, inaugura el subject.
7 de trébol
Otra víctima, otra pobre víctima. Esta vez es una muchacha de 25 años aproximadamente, tez blanca y ojos azules. La pobre ni siquiera se la vio venir. En su expresión todavía se ve la mueca, una sensación de terror que tuvo al verse a si misma apuñalada, al ver que la sangre salía a borbotones, al ver que sus entrañas se le caían por la misma herida, mientras ella todavía estaba viva.
Cuanto dolor y sufrimiento ha tenido la pobre criatura. Al tomarle sus frías y pálidas manos todavía se sienten sus dedos atrofiados que están contraídos al máximo, como si hasta el último momento se estuviera querido aferrar a la vida. Sus brazos y piernas también presentan contracciones musculares, que son claro indicio de su lucha ante la muerte, hasta sus últimos latidos.
Sus grandes ojos azules, están casi salidos de sus órbitas por la presión ejercida sobre su garganta. Fue tanto el dolor y la asfixia, que sus globos oculares se oscurecieron hasta el punto de derramarse.
En el suelo todavía están su uñas, clavadas en el piso, llenas de sangre. Tanta fuerza hizo la pobre, que se las arrancó casi sin darse cuenta.
Al mirar con más detenimiento su garganta veo que en el fondo se encuentran algunos de sus dientes, que por el primer golpe que recibió con un martillo, fueron a parar allí, acumulándose y mezclándose con su propia sangre, formando así un gran tapón que agudizó aún más su cuadro de asfixia.
Pobre criatura, jamás en sus 25 años de vida pudo imaginarse que algún día iba a terminar así; desgarrada, desangrada y torturada. Una víctima de la locura en que vivimos.
Como siempre esta allí junto al cadáver, como un testigo mudo de la masacre, la intolerancia, la envidia y la tortura, el 7 de trébol.
No tengo mas palabras para decir, no tengo mas sentimientos que expresar, no puedo decir mas. La escena esta repleta de sangre, sudor y lágrimas, la función ha terminado, los actores se han retirado, el telón se ha bajado. Ya no hay nada mas que ver. Una vez más, y como tantas otras veces, acomodo el 7 de trébol, limpio mi puñal, guardo mi martillo y me marcho, hasta que la próxima función comience, en este morboso teatro llamado “Vida”.
7 de trébol
Otra víctima, otra pobre víctima. Esta vez es una muchacha de 25 años aproximadamente, tez blanca y ojos azules. La pobre ni siquiera se la vio venir. En su expresión todavía se ve la mueca, una sensación de terror que tuvo al verse a si misma apuñalada, al ver que la sangre salía a borbotones, al ver que sus entrañas se le caían por la misma herida, mientras ella todavía estaba viva.
Cuanto dolor y sufrimiento ha tenido la pobre criatura. Al tomarle sus frías y pálidas manos todavía se sienten sus dedos atrofiados que están contraídos al máximo, como si hasta el último momento se estuviera querido aferrar a la vida. Sus brazos y piernas también presentan contracciones musculares, que son claro indicio de su lucha ante la muerte, hasta sus últimos latidos.
Sus grandes ojos azules, están casi salidos de sus órbitas por la presión ejercida sobre su garganta. Fue tanto el dolor y la asfixia, que sus globos oculares se oscurecieron hasta el punto de derramarse.
En el suelo todavía están su uñas, clavadas en el piso, llenas de sangre. Tanta fuerza hizo la pobre, que se las arrancó casi sin darse cuenta.
Al mirar con más detenimiento su garganta veo que en el fondo se encuentran algunos de sus dientes, que por el primer golpe que recibió con un martillo, fueron a parar allí, acumulándose y mezclándose con su propia sangre, formando así un gran tapón que agudizó aún más su cuadro de asfixia.
Pobre criatura, jamás en sus 25 años de vida pudo imaginarse que algún día iba a terminar así; desgarrada, desangrada y torturada. Una víctima de la locura en que vivimos.
Como siempre esta allí junto al cadáver, como un testigo mudo de la masacre, la intolerancia, la envidia y la tortura, el 7 de trébol.
No tengo mas palabras para decir, no tengo mas sentimientos que expresar, no puedo decir mas. La escena esta repleta de sangre, sudor y lágrimas, la función ha terminado, los actores se han retirado, el telón se ha bajado. Ya no hay nada mas que ver. Una vez más, y como tantas otras veces, acomodo el 7 de trébol, limpio mi puñal, guardo mi martillo y me marcho, hasta que la próxima función comience, en este morboso teatro llamado “Vida”.
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