#1 Historia de amor (cuento pal concurso)
bueno, a ver... lo dejo acá , no? mmmm ahi vá...
Historia de Amor.
Lo conocía hacía dos años gracias a la facultad. Se llamaba Martín. Ambos seguíamos psicología y terminó siendo muy amigo mío. Siempre que había que estudiar estábamos en su casa o en la mía. Sabía que tenía una afinidad especial con él, algo más... algo que no podía explicar. Pero no quise hacer mucho hincapié en ese sentimiento, nunca me fue muy bien en el amor. Así que dedicaba todo mi tiempo al estudio y al trabajo, y trataba de no pensar en eso.
Pero cuando nos reuníamos a la noche, cuando él traía el café, y se sentaba al lado mío, y la suave luz lo iluminaba, algo dentro mío se estremecía. Entonces él levantaba la vista y sonreía.
Mientras yo dudaba de mis sentimientos, él ya los había descubierto, estudiado, analizado, y estaba actuando en base a ellos. Tenía todo planeado, y yo ni me había dado cuenta. Él me estaba dejando un tiempo, ese tiempo que sabía que yo necesitaba. Mientras, se dedicaba a estar presente, a sonreírme, a mirarme fijo y así, a seducirme. Pero yo no decía nada, dejaba que el reloj tomara las riendas, dejaba que las cosas pasen, y yo sabía que no iba a avanzar, que no iba a dar el primer paso nunca. El miedo siempre me frenó. No quería exponerme, arriesgarme. No soy de esas personas impulsivas, yo siempre calculo todo, analizo, pienso, demasiado. Así que pasaban los días, los meses, y todo seguía igual, sólo que en mí algo crecía con cada encuentro.
Ese día estábamos en su casa. Él vivía solo, su trabajo se lo permitía. Teníamos que preparar Filosofía para dar un parcial y , como siempre, la preparamos juntos. Eran las tres de la mañana y hacía calor. El ventilador estaba encendido, pero era lo mismo que nada. Así que supongo que él aprovechó esa oportunidad para sacarse la remera.
-si querés sacátela vos también- me dijo divertido.
Yo me reí... –no, gracias, así estoy bien- contesté.
Me respondió con su media sonrisa, y sus pupilas me atravesaron en el silencio. Pero esta vez mis ojos se mantuvieron firmes a su desafío, y sentía cómo su mirada color miel me alborotaba el pensamiento. Su sonrisa se mantuvo firme, segura de sí misma, provocadora.Era dulce, sencilla y, sobre todo, natural. Sus expresiones siempre me parecieron un espejo de su alma.
Uno de sus rulos rubios cayó sobre su rostro, no tenía el pelo muy largo, pero tampoco muy corto. Entonces su mano fue a ponerlo nuevamente a su lugar, pero con cuidado, sin dejar de mirarme. Su mano se movía despacio, casi con temor de romper el encanto. Y de repente, luego de cumplir su misión, llegó a mí, y acarició mi mejilla.
-Tenés algo- me dijo. Y pasó varias veces su pulgar por el mismo lugar.
-¿ya está?- pregunté.
-No, esperá- entonces se acercó. – No sale- y sus labios se acercaron. Y ya casi a dos centímetros de distancia, sus ojos dejaron de mirarme por primera vez para posarse en mis labios; y éstos temblaron, quisieron decir algo... pero enmudecieron.
Y fue ahí que me besó, y yo dejé que lo haga. Una parte de mí decía que estaba mal, otra decía que no. Y fue más fuerte el deseo, el sentimiento acumulado. Lo abracé, y nos besamos profundamente. Nunca había sentido tanto en un beso. Nunca había sentido tantas cosas por una persona.
Esa noche dormimos abrazados. Esa noche lo amé, y él a mí. Esa noche empezó nuestra historia. No fue precisamente un cuento de hadas, tuvimos que enfrentar muchas cosas juntos... pero salíamos adelante, siempre. Lo que sentíamos era más fuerte.
Así duramos dos años y medio. Hasta que las cosas ya no eran iguales, y nos pedimos un tiempo. Y él se enamoró de alguien más. Entonces me dijo que me quería muchísimo, pero que ya no me amaba. Y me dolió, pero lo entendí, así que no le dije nada... y cuando lloré, fue a escondidas.
Después conocí a otro, con el que todavía estoy. Convivimos hace cinco años, y nos llevamos bien.
A Martín no volví a verlo. Pero el cariño que le guardo es profundo y sincero. Él me enseñó a amar, a querer sin importar nada, a luchar por mis sentimientos. Me enseñó a comprenderme y a aceptarme tal cual soy. Y me enseñó que no tiene nada de malo que un hombre se enamore de otro hombre, y que la valentía está en aceptarlo.
Así que señor López, no se desespere. Si usted siente una atracción por su jefe, no se reprima. Ser homosexual no es ninguna deshonra, si hasta yo, su psicólogo, lo soy.
FIN.
ya ta :P
jejejeeejejej
Historia de Amor.
Lo conocía hacía dos años gracias a la facultad. Se llamaba Martín. Ambos seguíamos psicología y terminó siendo muy amigo mío. Siempre que había que estudiar estábamos en su casa o en la mía. Sabía que tenía una afinidad especial con él, algo más... algo que no podía explicar. Pero no quise hacer mucho hincapié en ese sentimiento, nunca me fue muy bien en el amor. Así que dedicaba todo mi tiempo al estudio y al trabajo, y trataba de no pensar en eso.
Pero cuando nos reuníamos a la noche, cuando él traía el café, y se sentaba al lado mío, y la suave luz lo iluminaba, algo dentro mío se estremecía. Entonces él levantaba la vista y sonreía.
Mientras yo dudaba de mis sentimientos, él ya los había descubierto, estudiado, analizado, y estaba actuando en base a ellos. Tenía todo planeado, y yo ni me había dado cuenta. Él me estaba dejando un tiempo, ese tiempo que sabía que yo necesitaba. Mientras, se dedicaba a estar presente, a sonreírme, a mirarme fijo y así, a seducirme. Pero yo no decía nada, dejaba que el reloj tomara las riendas, dejaba que las cosas pasen, y yo sabía que no iba a avanzar, que no iba a dar el primer paso nunca. El miedo siempre me frenó. No quería exponerme, arriesgarme. No soy de esas personas impulsivas, yo siempre calculo todo, analizo, pienso, demasiado. Así que pasaban los días, los meses, y todo seguía igual, sólo que en mí algo crecía con cada encuentro.
Ese día estábamos en su casa. Él vivía solo, su trabajo se lo permitía. Teníamos que preparar Filosofía para dar un parcial y , como siempre, la preparamos juntos. Eran las tres de la mañana y hacía calor. El ventilador estaba encendido, pero era lo mismo que nada. Así que supongo que él aprovechó esa oportunidad para sacarse la remera.
-si querés sacátela vos también- me dijo divertido.
Yo me reí... –no, gracias, así estoy bien- contesté.
Me respondió con su media sonrisa, y sus pupilas me atravesaron en el silencio. Pero esta vez mis ojos se mantuvieron firmes a su desafío, y sentía cómo su mirada color miel me alborotaba el pensamiento. Su sonrisa se mantuvo firme, segura de sí misma, provocadora.Era dulce, sencilla y, sobre todo, natural. Sus expresiones siempre me parecieron un espejo de su alma.
Uno de sus rulos rubios cayó sobre su rostro, no tenía el pelo muy largo, pero tampoco muy corto. Entonces su mano fue a ponerlo nuevamente a su lugar, pero con cuidado, sin dejar de mirarme. Su mano se movía despacio, casi con temor de romper el encanto. Y de repente, luego de cumplir su misión, llegó a mí, y acarició mi mejilla.
-Tenés algo- me dijo. Y pasó varias veces su pulgar por el mismo lugar.
-¿ya está?- pregunté.
-No, esperá- entonces se acercó. – No sale- y sus labios se acercaron. Y ya casi a dos centímetros de distancia, sus ojos dejaron de mirarme por primera vez para posarse en mis labios; y éstos temblaron, quisieron decir algo... pero enmudecieron.
Y fue ahí que me besó, y yo dejé que lo haga. Una parte de mí decía que estaba mal, otra decía que no. Y fue más fuerte el deseo, el sentimiento acumulado. Lo abracé, y nos besamos profundamente. Nunca había sentido tanto en un beso. Nunca había sentido tantas cosas por una persona.
Esa noche dormimos abrazados. Esa noche lo amé, y él a mí. Esa noche empezó nuestra historia. No fue precisamente un cuento de hadas, tuvimos que enfrentar muchas cosas juntos... pero salíamos adelante, siempre. Lo que sentíamos era más fuerte.
Así duramos dos años y medio. Hasta que las cosas ya no eran iguales, y nos pedimos un tiempo. Y él se enamoró de alguien más. Entonces me dijo que me quería muchísimo, pero que ya no me amaba. Y me dolió, pero lo entendí, así que no le dije nada... y cuando lloré, fue a escondidas.
Después conocí a otro, con el que todavía estoy. Convivimos hace cinco años, y nos llevamos bien.
A Martín no volví a verlo. Pero el cariño que le guardo es profundo y sincero. Él me enseñó a amar, a querer sin importar nada, a luchar por mis sentimientos. Me enseñó a comprenderme y a aceptarme tal cual soy. Y me enseñó que no tiene nada de malo que un hombre se enamore de otro hombre, y que la valentía está en aceptarlo.
Así que señor López, no se desespere. Si usted siente una atracción por su jefe, no se reprima. Ser homosexual no es ninguna deshonra, si hasta yo, su psicólogo, lo soy.
FIN.
ya ta :P
jejejeeejejej
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