#1 ¿Alguna vez recuerdas Las Vigías?
Quienes pareciesen engañar al tiempo y permanecen aún en este espacio, saben bien que fue este foro una cuna para mí. En aquellas épocas, los hoy moderadores no eran más que almas en busca del alimento primordial: la palabra. Pues bien, quizás víctima del azar, aunque no es de engañar mi parecer, me encuentran hoy regresando al seno materno. Cual hijo pródigo perdido en brazos del mundo, he decidido por un factor u otro, remitirme al origen. No prometo hacer de mi reciente llegada una estadía, dado que mi inspiración consume más de un día y quizás cientas de noches en busca de poder elaborar una idea concreta y luego hacer de ella una articulación de signos linguísticos escritos.
Pero en fin, aquí tienen una nueva entrega de una historia que resurgió en cuanto la creí olvidada...con falacias propias de un aprendiz, no son más que migajas para quienes con exquisito paladar, suelen saborear grandes autores.
Como siempre, sus más sinceras críticas serán siempre bienvenidas. Sin más palabras, los dejo con el fragmento que hoy me convoca:
¿Alguna vez recuerdas Las Vigías? ¿Has visto acaso en sueños su magnificencia, heredera digna de quien entonces era reina? Pues bien, es allí de donde debemos partir entonces. Sepultada por recuerdos se encuentra hoy la ciudad cuya exquisita arquitectura se delata en cada detalle; rodeando la plaza principal, recortes de la tragedia en su más fina expresión traen a la memoria fragmentos de una época dorada. Lejos aún, por encima de las ruinas de la antigua catedral, se alza aquella que en un tiempo fue gloriosa. ¡Ah, tan inmaculada se la ve, tan llena de esplendor! Su corazón como una roca no tiene lugar para los sentimientos humanos ahora y sin embargo hay algo en ella que mantiene la esperanza de quienes todavía la visitan. A su lado sus más fieles confidentes, traviesas cual mariposas, revolotean en torno a quienes año tras año, recorren desiertos donde el frío talla esculturas de hombres sólo para alcanzar el altar de la dama de hielo; y al llegar, la dulce súplica de la diosa, el encanto de su voz rogando libertad, introduce al frenesí a quien haya osado oír el llamado.
No es sino cada noche, a la hora en que los guardianes de la certeza desvanecen, que se torna cortesano el escogido de consorte. Expresión más que sublime del hechizo esclavizante se hace carne en el tejido pretencioso de un violín; pasión, y deseo, son hilados magistralmente en una sinfonía que bordea la locura. Sobre el final de la obra, vueltas y vueltas en torno a la gran sala confunden y seducen al reciente aprendiz de su arte, al tiempo que el error deja de cumplir su rol para hacer del baile la máxima estrella. Es allí, en el compás del olvido, donde todo rostro se esfuma desplazando a la memoria.
Éste que acaban de leer es al momento el inicio de una posible historia, si bien mis manos volverán a dar vida a los dictámenes de mi mente, esa agonía quizás se prolongue meses, pido por lo tanto paciencia, virtud irrenunciable de quien se dice un caballero de letras.
Hasta entonces, mis más cordiales saludos.
Pero en fin, aquí tienen una nueva entrega de una historia que resurgió en cuanto la creí olvidada...con falacias propias de un aprendiz, no son más que migajas para quienes con exquisito paladar, suelen saborear grandes autores.
Como siempre, sus más sinceras críticas serán siempre bienvenidas. Sin más palabras, los dejo con el fragmento que hoy me convoca:
¿Alguna vez recuerdas Las Vigías? ¿Has visto acaso en sueños su magnificencia, heredera digna de quien entonces era reina? Pues bien, es allí de donde debemos partir entonces. Sepultada por recuerdos se encuentra hoy la ciudad cuya exquisita arquitectura se delata en cada detalle; rodeando la plaza principal, recortes de la tragedia en su más fina expresión traen a la memoria fragmentos de una época dorada. Lejos aún, por encima de las ruinas de la antigua catedral, se alza aquella que en un tiempo fue gloriosa. ¡Ah, tan inmaculada se la ve, tan llena de esplendor! Su corazón como una roca no tiene lugar para los sentimientos humanos ahora y sin embargo hay algo en ella que mantiene la esperanza de quienes todavía la visitan. A su lado sus más fieles confidentes, traviesas cual mariposas, revolotean en torno a quienes año tras año, recorren desiertos donde el frío talla esculturas de hombres sólo para alcanzar el altar de la dama de hielo; y al llegar, la dulce súplica de la diosa, el encanto de su voz rogando libertad, introduce al frenesí a quien haya osado oír el llamado.
No es sino cada noche, a la hora en que los guardianes de la certeza desvanecen, que se torna cortesano el escogido de consorte. Expresión más que sublime del hechizo esclavizante se hace carne en el tejido pretencioso de un violín; pasión, y deseo, son hilados magistralmente en una sinfonía que bordea la locura. Sobre el final de la obra, vueltas y vueltas en torno a la gran sala confunden y seducen al reciente aprendiz de su arte, al tiempo que el error deja de cumplir su rol para hacer del baile la máxima estrella. Es allí, en el compás del olvido, donde todo rostro se esfuma desplazando a la memoria.
Éste que acaban de leer es al momento el inicio de una posible historia, si bien mis manos volverán a dar vida a los dictámenes de mi mente, esa agonía quizás se prolongue meses, pido por lo tanto paciencia, virtud irrenunciable de quien se dice un caballero de letras.
Hasta entonces, mis más cordiales saludos.
