#36 Re: Espiando a los escritores
Berta, la otra Fuentes.
Gerardo León </I>
El Universal
Jueves 21 de septiembre de 2006
La gran cantidad de objetos en la residencia de la restauradora de arte y escritora de novelas, Berta Fuentes, se equipara con la suma de recuerdos que han quedado ligados a cada uno de aquéllos.
Puntual, bien peinada y luciendo un elegante conjunto de saco verde, blusa blanca de holanes y pantalón beige, nos recibió con la mejor de sus sonrisas.
La hermana del celebrado escritor Carlos Fuentes nos hizo pasar entre los ladridos de Bella</B>, una cocker pinta de largas orejas y buena actitud, que es su compañía. y luego comenzó a describirnos su refugio.
"Este es uno de mis espacios preferidos -dijo, de pie frente a una pared donde principia la sala-. Aquí tengo mis cuadros de Tamayo, Cuevas, Corzas, Montenegro, Gironella, Coronel y muchos otros que ya murieron y que fueron mis grandes amigos. En su mayoría murieron por causa del alcoholismo", agrega Berta, orgullosa de su colección.
En ese instante descuelga una pintura de dimensiones pequeñas con la imagen de un rostro y que lleva una dedicatoria en el reverso.
Sólo pudimos observar una parte de esa dedicatoria, ya que de inmediato, la dueña de tan importante pieza volvió a colocarla en su lugar.
La frase era parte de un poema: "Melancolía, última instancia del hablar y la expresión...".
Ante ese despliegue de arte y color, la señora Fuentes dice: "No se puede tener un artista o un cuadro favorito. Hay demasiados y es imposible elegir sólo uno. Mi casa está llena de ellos; de hecho, a veces pienso que este espacio parece un burdel por todo lo que hay dentro", y suelta una gran carcajada.
Soberbios interiores
Bajo la colección de obra plástica aparece una cómoda que llama la atención por su especial cuidado y elegancia.
"Es alemana, del siglo XVI. Me encantan las antigüedades y cada una de las que ves aquí las fui obteniendo en países que he recorrido a lo largo de mi vida y también en el famoso mercado de La Lagunilla."
Sobre la cómoda aparecen más de 20 portarretratos con fotografías de familia. Entre ellas, algunas de su padre, Rafael Fuentes, quien fuera embajador de México en Holanda, Panamá, Portugal e Italia.
"Ser hija de un embajador me costaba un poco de trabajo. Mi madre decía que tenía que lucir siempre como las demás hijas de los embajadores y las princesas; pero en realidad, a mí no me interesaba eso.
"Recuerdo que cuando vivíamos en otros países, en las fiestas o en las reuniones debía lidiar con todas esas jóvenes de alcurnia; me tocaban la piel, porque les asombraba que fuera morena, pero siempre me consideré diferente a todas. Incluso, una vez mi padre me quería regalar un costoso abrigo de visón para estar a tono, pero lo rechacé y preferí irme de viaje a El Cairo", narra Berta, mientras camina por un reducido pasillo flanqueado por cientos de piezas que apenas permiten el paso.
Nos conduce de regreso al área del acceso principal, donde se encuentra un recibidor con un boceto francés pintado en tela.
"Este me lo regalaron; no sé ni quién lo pintó, pero se trata de una obra única. Es un boceto de la pintura plasmada en el techo de la Ópera de París. En su parte de abajo tenía dos bayonetazos que probablemente se los hicieron en la Revolución Francesa y fue restaurado para que quedara intacto", describe.
Regresamos a otra pequeña sala de estar, en donde se ubica un mueble holandés y otro inglés (herencia de su madre, Berta Macías de Fuentes), este último es tipo escritorio, de madera de caoba con marquetería, y fue fabricado en el siglo XVII. A su costado se ubican dos sillas antiguas de madera con tapicería de terciopelo color rojo.
"Todos los muebles llegaron de países húmedos y comenzaron a dañarse al adaptarlos al clima de México, por lo que tuve que restaurar algunas de sus partes", dice nuestra entrevistada.
En esta misma área luce como detalle particular un candil de principios del siglo XX que convive con una original silla de tapicería a rayas, cuyo diseño tiene su historia: "Se le llama la silla de la nana y data del siglo XIX. Este tipo de sillas eran creadas para que las nanas pudieran alimentar cómodamente a los bebés, gracias a su gran respaldo y a sus brazos acolchados y separados a una distancia considerable, que brindaban confort mientras se cargaba al niño".
Frente a este mueble se aprecian otras interesantes antigüedades, como un mantel árabe bordado a mano que cubre una mesa redonda; una mesa de centro con superficie de mármol y otra mesita de fotos familiares con la realeza.
En una de ellas aparecen, de nuevo los padres de la restauradora y escritora saludando a la reina Sofía y al rey Juan Carlos.
Sobre una vieja mesa de madera observamos un candelabro que, nos dice Berta Fuentes, pertenece a la época de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).
Al lado, una fotografía de su hermano, el literato de fama mundial, de quien Berta se dijo decidida a no hablar. Apenas expresó: "En esta foto Carlos tiene cara de terror. Ha pasado por momentos difíciles; hace ya tiempo que vive en Londres".
Recuerdos de guerrillera
En su colección de fotografías, nos llamó la atención una en particular en la que Berta aparece cantando con un grupo de músicos populares.
Según nos enteramos, esa imagen corresponde a una de sus más arriesgadas y controvertidas historias, que incluso narra en su primer libro, Cúcuta.</B>
"En esta fotografía estoy cantando ranchero en uno de los campos petroleros de Mene-grande, en Venezuela, aledaños a la localidad de Cúcuta, Colombia, donde viví un tiempo y fui guerrillera a escondidas de mi marido, un ingeniero que trabajaba en una empresa petrolera holandesa y que me llevó allá en los años 50.
Fue poco antes de que se derrocara la dictadura del venezolano Pérez Jiménez, al mismo tiempo que la de Batista en Cuba. Yo estaba en casa muy aburrida, así que me salía a los campos, donde me encontraba campesinos y guerrilleros con los que hice buenas migas".
Dice que ayudó a los más necesitados. "Conocí a un comandante que me ayudó a involucrarme en la lucha contra la dictadura venezolana y comencé a ayudar a la gente pobre. Y como yo tenía pasaporte diplomático, tras una serie de peripecias y de complicidades que no vienen al caso, logré sacar de Venezuela a más de 50 prisioneros políticos, en total, que se hallaban en campos de tortura, para pasarlos a Colombia. Recuerdo que los metía en la cajuela de mi coche... siempre estuve en riesgo de que me mataran", narra.
Berta asegura que odia las dictaduras y que en su próximo libro, Cleotilde</B>, también proyecta su rechazo a la opresión.
La mesa de las bodas
Los portarretratos están por doquier, y podríamos afirmar que superan los 100.
En otro vuelve a aparecer su padre, esta vez bailando muy abrazado con Dolores del Río.
"Mi padre coqueteaba mucho con Dolores; aquí baila con ella muy pegadito. Al lado estoy yo con Marcelo Mastroianni, y es que ¿a quién no le gustaba Mastroianni? era un galanazo", enfatiza nuestra anfitriona.
Hay otros más sobre un mesa de estilo art nouveau (principios del siglo XX) que ha sido muy útil para la familia Fuentes, sobre todo para los enlaces matrimoniales, desde hace muchos años.
La mesa es de superficie curva, al igual que las patas; éstas, con aplicaciones inspiradas en la naturaleza.
"Frente a esta mesa nos hemos casado todos. Incluso mi hija Zélica, que fue la boda más reciente en la familia", comenta Berta.
Su nuevo libro
Berta Fuentes está por terminar su segundo libro, titulado Cleotilde</B>, en el que se ve a sí misma como una mujer que va recorriendo el mundo y viviendo aventuras.
"La heroína es una joven de cierto estrato social, inquieta, que va por Europa buscando situaciones más allá del arte y de la cultura, y otras cosas que no encontraba en México.
"Narro algunas interesantes historias de gitanos, experiencias propias y otras de mi imaginación." En la actualidad, ella no restaura ya mucho arte; se ha cansado de eso, pero a lo largo de su trayectoria en esa profesión, restauró obras de importantes muralistas, como "Las llamas", de Rufino Tamayo, que se ubica en el Club de Industriales de la ciudad de México, y "El infinito", del mismo autor, que se admira en el Hotel Camino Real
Hermana de Carlos Fuentes escribe una novela para despertar a las jóvenes mexicanas
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EFE
Actualizado 10-08-2008 00:57 CET
México.- La mexicana Berta Fuentes, hermana del escritor Carlos Fuentes, acaba de lanzar su segunda novela, una historia de aventuras ambientada en Europa, con la que busca sacudir las conciencias, sobre todo de las jóvenes, para que rompan con estructuras matriarcales de su país.
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(EFE)
La mexicana Berta Fuentes pretende con su segunda novela sacudir las conciencias de las jóvenes, para que rompan con estructuras matriarcales de su país.
"Claveles de abril" (Martínez Roca, 2008) es el título del libro de esta autora de 75 años, que ambienta una parte de su historia en la Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1975 en Portugal.
En entrevista con Efe Fuentes detalló que vivió temporadas largas en Portugal, donde su padre, el diplomático Rafael Fuentes Boettiger, fue embajador, y adonde fue a verle varias veces desde Italia, donde estudió en los años sesenta.
La vida allí le permitió "absorber el carácter, el modo de ser, las 'saudades' (tristezas)" de un país menos conocido que otros de Europa, más alejado que otros de la modernidad, pero "especial" para ella, según afirmó.
En la novela, la protagonista, Clotilde, viaja por Europa en un afán por descubrir por sí misma el mundo, y choca con mentalidades y comportamientos que contrastan con los del México de la clase pudiente a la que pertenecía.
Parte de "Claveles de abril" transcurre en el Portugal del dictador Antonio de Oliveira Salazar, y de su sucesor, Marcelo Caetano, quien caería en la Revolución de los Claveles de 1974.
La novela, una obra "personal" de la autora, relata las peripecias de una mujer "que no aguanta el 'embudo' de la vida de los cincuenta en contra de las mujeres" en México, y decide abrirse camino fuera del país.
En aquellos años "no se podía estudiar, ir a la universidad, ni nada", únicamente se preparaba a la mujer para "cocinar, hacer ramos de flores y eso, para conseguirse un buen marido", apuntó.
La protagonista se enfrenta a un entorno "muy difícil", donde no hay "los mimos" que dispensaba México a las mujeres de aquella época, y vive aventuras complejas por su falta de experiencia, que va superando como puede.
Para Fuentes, la sociedad mexicana actual aún limita bastante las posibilidades de desarrollo de la mujer por la herencia de un "matriarcado" heredado de tiempos de la conquista española.
El libro está escrito adrede con sencillez para "que las jóvenes y la gente lo lean" y se abran nuevos horizontes, apunta Berta Fuentes, quien se confiesa admiradora de las mujeres de comportamiento liberal