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[COLUMNA] Espiando a los escritores

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¡Hola, gente! Leyendo una noticia sobre la conmemoración del fallecimiento de George Bernard Shaw encontré ...5

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    Cosmo&Lu escribió el 19/05/2008 a las 07:23 hs.
     
    #1 [COLUMNA] Espiando a los escritores
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  • #41 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, gente!

    Leyendo una noticia sobre la conmemoración del fallecimiento de George Bernard Shaw encontré algo que me causó gracia y lo quiero compartir con ustedes.

    El famoso fotógrafo Alfred Einsenstaedt quería fotografiar a George Bernard Shaw, pero alguien le había comentado que el genial escritor irlandés tenía mal genio y que no le gustaba hacerse fotos. También le habían dicho que era vegetariano, precursor del nudismo y que amaba profundamente a los animales.

    Con toda esta información Einsenstaedt compró una gran cesta de fruta y varios libros sobe nudismo. Después concertó una cita con el premio Nobel, aunque siguió preocupado pensando que quizá esto no era suficiente para ser recibido. La cesta de fruta le entusiasmó a Shaw, la conversación le ánimo mucho, pero el irlandés, que era muy listo, le dijo: “Gracias por la cesta, es magnífica, pero no hacía falta, te hubiera recibido igual”.

    Entonces comenzó una larga charla sobre vegetarianismo que terminó con esta estupenda sesión de fotos, magnífica en mi opinión. He aquí una muestra. El rostro de un hombre brillante, atípico, pionero, visionario y muy por delante de su tiempo. Este año me alojé en un hotel a un paso de la casa donde nació el famoso escritor. Un lugar que os recomiendo a todos los que visitéis Dublín.

    Estas son algunas de las citas del gran George.
    La bailarina Isadora Duncan le dijo a Bernar Shaw, “usted y yo deberíamos tener hijos: tendrían mi belleza y su inteligencia”, y él contestó que “mejor si no los tenemos, por si acaso nacen con mi belleza y su inteligencia”.

    “Los animales son mis amigos y yo no me como a mis amigos”


    “Cuando un hombre mata a un tigre lo llaman deporte, cuando un tigre mata al hombre lo llaman ferocidad.


    La fuente es del blog Entre nómadas.


    Espero les haya interesado, siempre paso por acá. Me encanta este thread.
    Besos,
    Sil



    Editado por Ladysugar - 03.11.2008 18:18 hs. | Motivo: Se me confundieron las fechas de muerte de Shaw y Pavese. ¡Estoy loca!
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  • #42 Re: Espiando a los escritores

    Gracias Sil, muy linda anécdota. A mi también me gusta mucho este tema, en cuanto pueda dejo algún aporte.
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  • #43 Re: Espiando a los escritores

    La revelación de unos poemas inéditos del escritor británico Graham Greene han confirmado que Catherine Walston, la esposa de una de las grandes fortunas de Inglaterra del siglo XX, fue no sólo su amante sino el gran amor de su vida.


    EFE Según publica hoy el rotativo "The Sunday Telegraph", Greene (1904-1991) escribió para un reducido grupo de amigos dos poemarios titulados "Después de dos años" y "Para Navidad", que incluyen varios poemas manuscritos en los que refleja su pasión por Walston.

    En los escritos, el autor de "El tercer hombre" y "El americano impasible" contrasta la naturaleza pasional de su relación con lady Walston con la más estable que mantenía con su esposa Vivien, con quien se casó en 1927 y con quien tuvo dos hijos.

    Greene y Walston iniciaron su romance en 1947, cuando el escritor tenía 42 años y la dama de alta sociedad 30.

    Se conocieron después de que Walston le escribiera una carta para explicarle que había decidido convertiste al catolicismo al leer sus novelas, aunque la relación tuvo muy poco de religioso y espiritual y mucho de pasional e intenso.

    Greene quedó atrapado por la belleza de su amante y por su disposición a experimentar sexualmente, tal y como reflejó en su novela "El fin de la aventura", que ha dado lugar a dos películas, la última protagonizada por Ralph Fiennes y Julianne Moore.

    El escritor, que tenía un apetito sexual voraz, sufría trastorno bipolar, estuvo al borde del suicidio en varias ocasiones, experimentó con las drogas y espió para el Servicio Secreto británico, encontró su contrapunto en Walston, a la que le encantaba ir contracorriente y presumía de seducir a los curas católicos.

    El profesor Neil Sinyard, jefe del Departamento de Estudios Cinematográficos de la Universidad de Hull (Inglaterra) y autor del libro "Graham Greene: una vida literaria", destacó la importancia de estos poemas, que sólo ha leído hasta ahora un puñado de personas.

    "Creo que estos volúmenes van a causar un gran interés", afirmó Sinyard, quien subrayó que "ha habido siempre un intenso debate acerca de la importancia de Walston en la vida de Greene".

    "Ella es claramente la inspiración para 'El fin de la aventura', pero ¿fue ella el amor de su vida?. Estos poemas desde luego parecen sugerir que fue una relación muy apasionada e intensa", añadió.

    El profesor Sinyard recordó que Greene "pasó los últimos 30 años de su vida con Yvone Cloetta (una francesa a la que conoció en 1961 y con quien se mudó a vivir a Antibes, donde murió)" y consideró que "los poemas sugieren también que encontró en esta mujer la estabilidad que nunca logró en su relación con Catherine".

    La devoción de Greene por Walston, según sus biógrafos, terminó por cansar a la aristócrata, quien siempre rechazó la idea de divorciarse de su marido y acabó por romper la relación.

    Green combatió la pena en Vietnam, donde gestó "El americano impasible" y donde, según confesó él mismo, se hizo adicto al opio.

    Lady Walston murió en 1978 y a decir de los biógrafos de Greene fue un duro golpe para el escritor, quien recibió poco después una extraordinaria carta del marido de su amante.

    Harry Walston le decía a Greene: "no debes tener remordimientos.

    Le diste a Catherine algo que nadie más podía haberle dado, se transformó en un ser humano mucho más sensible".
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  • #44 Re: Espiando a los escritores

    Ah, pucha, con este Premio Nobel. No podía creer cuando lo leí. Ni lo de él ni lo del brujo

    Un brujo africano ofreció al premio Nobel de Literatura de origen caribeño-hindú V. S. Naipaul deshacerse de sus incómodos biógrafos, que en los últimos años le han retratado como un miserable racista que ha humillado a todas las mujeres con las que ha mantenido una relación sentimental. Quien revela el episodio del brujo es la actual esposa del Nobel, una periodista paquistaní 20 años más joven que él llamada Nadira Alvi, a la que Naipaul, de 76 años, propuso unirse en matrimonio mientras su primera mujer agonizaba y tras haberse desembarazado de su amante, a la que forzó a abortar hasta en tres ocasiones.
    Según publicó ayer el diario británico 'Sunday Times', Alvi ha narrado cómo ella y su marido aprovecharon una visita a Uganda para visitar a un conocido chamán local. También explica que sabía de este brujo porque ella se crió en Kenia y que cuando decidió ir a visitarle, en las afueras de Kampala (la capital ugandesa), su marido insistió en acompañarla.
    El curandero, escribe, «era una versión oscura de (el ministro británico de Economía) Alistair Darling, con el que guardaba un parecido extraordinario», quien preguntó a Naipaul «si quería un remedio para rejuvenecer, si había alguien que se había interpuesto en su camino o si prefería deshacerse de alguien». «Puedo pensar en muchos que se han interpuesto en el camino, empezando por esos dos horribles biógrafos», añade Alvi en referencia Paul Theroux, que fue amigo de Naipaul y que en 1999 escribió una demoledora biografía sobre el Nobel, y Patrick French, autor de otra biografía no autorizada.


    El escritor Naipul, premio Nobel de Literatura, tiene una ajetreada vida sentimental. / EFE
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  • #45 Re: Espiando a los escritores

    Gente, leí esta noticia del libro de Piccolo que se va a editar y se me ocurrió postearlo acá.
    Espero les guste, son sólo algunas "manías", pero ya quisiera leer el libro.
    Besos,
    Sil

    RITUALES DE ALGUNOS DE LOS MAS FAMOSOS LITERATOS A LA HORA DE DECIDIR SU EXPRESION


    Francesco Piccolo dio a la imprenta "Escribir es un tic", libro en el que aparecen con sus manias personajes como Marcel Proust, Thomas Mann. Franz Kafka o García Márquez. Anécdotas que parecen se producto de la imaginación.

    Las costumbres cotidianas que terminaron convirtiéndose en una especie de ritual que dio origen a grandes obras de la literatura universal son rastreadas por el escritor italiano Francesco Piccolo en su libro "Escribir es un tic", que reúne manías de autores como Marcel Proust, Thomas Mann, Franz Kafka o Mark Twain, entre otros.

    Así como la Historia tiene su intrahistoria, como definió alguna vez Miguel de Unamuno a la vida cotidiana de la gente común que transcurre al margen de los grandes hechos, los escritores tienen también hábitos consolidados que se vuelven imprescindibles a la hora de sentarse a escribir.
    "Escribir es un tic", editado por el sello Paidós, trabaja sobre esta consigna pero se permite ir más allá: ¿Cuestión de disciplina o cuestión de inspiración? ¿Escribir es reescribir? ¿Por qué escriben los escritores? ¿Es la escritura un oficio solitario? ¿Qué horas son las más propicias para buscar la inspiración? ¿Quién es el escritor más extravagante en cuanto a ritos?

    CIERTOS METODOS

    La obra reúne jugosas anécdotas sobre los métodos y las manías de escritores de todos los tiempos y nacionalidades, de Honoré Balzac a Ken Follett, de Francisco de Quevedo a Martin Amis, de Charles Dickens a Michael Crichton, de Juan Ramón Jiménez a Isabel Allende, de Thomas Mann a John Grisham, de Marcel Proust a Miguel Delibes, de T.S. Eliot a Umberto Eco, y de Benito Pérez Galdós a William Faulkner.
    El libro, según plantea Piccolo en el prólogo, nació de un deseo íntimo: "Sentía la necesidad de reunir una documentación práctica para mostrar que el oficio de escribir tiene sus reglas y no se parece en nada a esa imaginería de colegial tan falsa".
    Se le atribuye al compositor Ludwig van Beethoven la frase "el genio se compone de un dos por ciento de talento y un 98 por ciento de perseverante aplicación", que habría oficiado como respuesta categórica ante la pregunta de una mujer sobre la naturaleza de su talento musical.
    "No es talento, señora. Tampoco magia. Usted puede ser tan buena como yo: todo lo que tiene que hacer es sentarse al piano y estudiar ocho horas diarias durante cuarenta años", habría contestado en aquel entonces el genial músico.

    RICA RECOPILACION

    En sintonía con esta idea, Piccolo recopila costumbres, manías y supersticiones de los escritores a la hora de escribir, como si conocer en detalle los hábitos y las técnicas de trabajo permitiera explicar los alcances de la creación literaria.
    "Escribir es un tic" evoca, por ejemplo, que el belga George Simenon usaba siempre la misma camisa o que Gabriel García Márquez suele escribir hasta que el agente literario le imprime el manuscrito a la fuerza: "Un libro no se termina, se abandona", ha explicado varias veces el autor de "Cien años de soledad".
    García Márquez señala que su maestro fue Hemingway ¿Qué aprendió de él? "El descubrimiento de que el trabajo de todos los días sólo debe interrumpirse cuando ya sabes cómo reanudarlo al día siguiente. No creo que se haya dado nunca un consejo mejor para escribir. Es el remedio absoluto contra el fantasma más temido por los escritores: la agonía matutina ante el papel en blanco".
    Hay escritores que necesitan silencio y soledad para concentrarse, como es el caso de León Tolstoi, y algunos como Jean Paul Sartre y Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que escribían en un café, rodeados de gente. A otros, como a la francesa Marguerite Duras, les bastó con tener al lado una botella de whisky.

    LOS HORARIOS

    Los hay noctámbulos, como Marcel Proust, que escribía sólo de noche y en la cama, o mañaneros como Paul Valery que lo hacía sólo de 4 a 7 de la mañana. Otros multifacéticos, como Alberto Moravia, que dedicaba las mañanas a sus actividades literarias y las tardes a trabajar como periodista.
    El escritor italiano Claudio Magris prefiere la soledad más urbana: "En casa no puedo escribir, necesito aislamiento, y la cafetería es un aislamiento especial, es el sitio donde la soledad se verifica en medio de los demás".
    Por su parte, al crítico Harold Bloom le ocurre algo parecido, pero en su casa: "Puedo escribir donde sea, incluso en la cocina mientras preparan la cena. Mejor aún si la vida sigue su curso a mi alrededor, sin mí".

    EL RITMO VITAL

    Kafka confesaba que el ritmo de su vida estaba organizado exclusivamente con visitas a escribir: "Si experimenta cambios, lo hace para adaptarse lo mejor posible al escritor, porque el tiempo es corto, las fuerzas son escasas, la oficina es un espanto, la habitación es ruidosa, y hay que salir del paso con artificios, cuando no se puede hacer con una buena vida recta".
    Mark Twain, con precisión obsesiva, llevaba la cuenta de las palabras que había escrito durante el día: "en sus manuscritos se pueden ver pequeños números escritos a lápiz cada equis páginas", consigna Piccolo.
    Entre las manías, las hay también de carácter supersticioso: Hemingway cuando escribía, llevaba como amuleto en el bolsillo derecho "una castaña de Indias y una pata de conejo raída, con los huesos y los tendones relucientes de tanto sobarlos".
    El libro está dividido en capítulos que dan cuenta de los distintos pliegues del oficio de la escritura: los primeros abarcan cuestiones más metódicas -la diferencia entre oficio y expresión, ejemplos de corrección, rutinas y disciplina- y los últimos reflejan, por el contrario, los matices que convierten a la literatura en una disciplina imposible de encasillar.
    Finalmente, y luego de pasear al lector por anécdotas, citas y viñetas, una cosa está clara para Piccolo: no importa cómo, pero lo importante es escribir, porque escribir es un tic.

    Fuente: Diario La Prensa (Argentina) Ese momento de decisión 14.12.2008
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  • #46 Re: Espiando a los escritores

    Curiosidades de escritos y escritores



    Que los que se dedican a escribir no están demasiado bien de la cabeza es algo de sobras conocido, pero estas curiosidades que con el tiempo un servidor ha ido conociendo sobre escritores, la letra y cosas afines no resultan tan del dominio público.
    He aquí algunas de esas cosas relacionadas con la palabra y los que la plasman sobre el papel que me han hecho arquear más de dos veces las cejas...
    • En el año 485 A.C. el dramaturgo Esquilo murió cuando un águila dejó caer una tortuga viva sobre él, confundiendo su calva cabeza con una piedra.
    En serio que me he pasado un rato pensando qué se puede añadir a esto y sólo consigo cara de tonto, porque de hecho había emigrado al campo a causa de que le vaticinaron que moriría al caerle una casa encima. Puede que la tortuga y su casa a cuestas sean candidatos irónicos a hacer verdad la predicción... pero esa no es la única muerte rara entre los escritores griegos...
    • En el 270 A.C. el poeta y filólogo Filetas aparentemente murió de insomnio por dar vueltas y vueltas de manera obsesiva a la paradoja del mentiroso.
    Que no es ni más ni menos que la célebre "esta frase es mentira".
    • Todavía se discute de qué murió realmente Edgar Allan Poe a sus 40 años.
    Los candidatos para este caso digno de House son el alcohol, las drogas, el cólera, la rabia, la tuberculosis, una enfermedad coronaria, infarto cerebral, suicidio o incluso otros agentes causantes...
    • J.D. Salinger el célebre autor de El Guardián entre el Centeno vive lo más aislado que puede y aspira a retirarse de la sociedad.
    No ha dado ninguna entrevista desde 1.980 y no aparece en público ni publica nada nuevo desde 1.965. De hecho a mediados de los 90 una pequeña editorial anunció la publicación de un nuevo trabajo suyo y por el revuelo que armó Salinger echó para atrás el trato. Una cita famosa suya habla de que "los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor son su segunda propiedad más valiosa". Franz Douskey, otro escritor amante de la soledad y vecino cercano de Salinger en los 70 y 80 daba pistas falsas a turistas que buscaban el hogar de Salinger y los enviaba a otras ciudades cercanas a través de caminos sucios y embarrados.
    • El Doctor Seuss, célebre autor anglosajón de libros para niños ("Cómo el Grinch robó la Navidad" famoso aquí por una película de Jim Carrey) escribió "Huevos verdes con jamón" tras ser retado por su editor a que no podía escribir un libro con menos de cincuenta palabras diferentes.
    No sé muy bien en qué conversación puede surgir un reto así, como tampoco es seguro al 100% (pero bastante probable) lo siguiente:
    • Baum, autor de "El maravilloso Mago de Oz", se inspiró para poner el nombre al país de Oz en... el cajón de un archivador cuya etiqueta de ordenación alfabética indicaba "O-Z".
    Sí es anticlimático y más con el encendido debate sobre el origen del nombre. La seguridad no es total debido a que especialmente sus descendientes han comentado que tiene otros orígenes, pero el propio Baum dijo una vez "tengo un pequeño archivador en mi escritorio, justo enfrente de mí, estaba pensando sobre el título [...] y vi que el primer cajón estaba etiquetado 'A-G', el segundo 'H-N' y el último 'O-Z' y así surgió"
    • Aparentemente el genial Oscar Wilde se despidió de este 'Mondo Cane' con una copa de champán en su lecho y pronunciando "Muero como he vivido, más allá de mis sueños"
    A la altura sin duda de su "No tengo que declarar nada excepto mi genio" cuando pasó la aduana de Nueva York.
    • El famoso poema "Desiderata" (ojo, el enlace es una vídeo composición con altas dosis de azúcar) que seguro hemos visto más de una vez en algún póster no se encontró por casualidad en una iglesia en el siglo XVII.
    Esa leyenda urbana es falsa, lo escribió Max Ehrmann en 1.927
    • El escritor más prolífico de la historia es escritora, Mary Faulkner, sudafricana con 904 libros de nada a sus espaldas
    Así lo atestigua el libro Guinnes de los Records, sin embargo no viene mal comentar que el actual gobernante de Corea del Norte, Kim Jong Il, según su gloriosa biografía oficial se graduó en la universidad Kim Sung Il habiendo escrito 1.500 libros y seis óperas. Una de tantas cualidades superhumanas del mesiánico líder norcoreano...
    • Se ha estimado que la máquina de escribir fue inventada unas 52 veces en múltiples y extraños prototipos durante el proceso mediante el cual pensadores e inventores finalmente dieron con un diseño utilizable y que funcionara bien.
    Al igual que la bombilla y otros inventos, no se puede decir con certeza quién es el padre de la invención. En 1.714 Henry Mill obtuvo una patente en Gran Bretaña y Pelegrino Turri (el que inventó el papel de calco) también se cuenta entre sus posibles padres. La finalidad principal de estos prototipos en su origen era facilitar que los ciegos pudieran escribir.
    • Los escritores "malditos" William Burroughs y Charles Bukowski, famosos por sus excesos con toda clase de drogas, alcohol y otras prácticas de riesgo murieron relativamente ancianos, a los 83 y 73 años respectivamente, aunque uno hubiera apostado en vida a que no soplaban el medio siglo.
    El primero de complicaciones tras un infarto, el segundo de leucemia. Yo, no sé si llegaré a tanto con mucho menos a mis espaldas...

    Fuente: www.hojaenblanco.com

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  • #47 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, gente!

    Dejo algo de Cortázar, espero les interese. A mí me gustó, es saber algo más de él.
    Cariños,
    Sil

    Las cartas de Cortázar a una amiga boliviana revelan su lado más personal

    Lorena Arroyo
    EFE


    Una veintena de cartas enviadas por el escritor argentino Julio Cortázar a Rosario Santos, una amiga boliviana, revelan el lado más personal de uno de los grandes genios de la Literatura latinoamericana.
    Nacido en Bruselas en 1914 de padres argentinos, el autor de "Rayuela", fallecido hace 25 años en París, relata a su amiga en esas misivas sus preocupaciones personales, le recomienda lecturas, le da consejos personales y reflexiona sobre asuntos políticos.

    La destinataria de las cartas, la "bolivianita", como se refiere a ella Cortázar, es Rosario Santos, una mujer casi octogenaria pero de aspecto y espíritu joven, que ha dedicado gran parte de su vida a la promoción de la literatura latinoamericana en Estados Unidos.

    Desde París, Nairobi o Mallorca, Rosario recibió entre 1974 y hasta la muerte del escritor, el 12 de febrero de 1984, una veintena de cartas de Julio, su amigo y consejero.
    "Era una persona sumamente sencilla y humana, muy dispuesta a escuchar y muy profunda en sus apreciaciones y en todo lo que pasaba alrededor", afirmó a Efe Rosario en su casa del tranquilo barrio de Sopocachi, en la ciudad de La Paz.

    Esta mujer tenía 44 años cuando conoció a Cortázar en mayo de 1974. Ella trabajaba entonces en el Centro de Relaciones Interamericanas en Nueva York que, en su vertiente literaria, tenía por objeto aproximar a los escritores hispanos a EEUU en la época del llamado 'boom latinoamericano'.
    El escritor llegó a Nueva York para participar en una conferencia y Rosario Santos fue la encargada de recibirle en el aeropuerto.

    "Nos preocupamos porque Julio no salía y pensábamos que había perdido el avión (...) pero es que lo habían detenido en inmigración para hacerle preguntas porque era conocido por su intensa actividad política" en relación con Latinoamérica, explicó.

    "Nos caímos muy bien y esa misma noche me dijo que quería conocer los lugares del jazz en Nueva York y estuvimos ahí conversando. Fue un encuentro muy espontáneo, de un entendimiento y de una amistad que se extendió por diez años", relató Rosario.

    Desde aquel encuentro hasta dos meses antes de la muerte del autor, se vieron varias veces: en Fráncfort en la feria del libro de 1975; en París y cuando el escritor daba conferencias en Estados Unidos donde, recuerda la editora, "Julio tenía una calada muy fuerte".
    Pero principalmente en aquellos años se estableció entre ellos una intensa amistad por correspondencia.

    Veinticinco años después de la muerte de este icono literario, Rosario Santos ha accedido a sacar a la luz algunos fragmentos de esas cartas que guarda como un tesoro junto a sus fotografías con el propio Cortázar y con otros grandes nombres de las letras hispanas como Octavio Paz, Jorge Luis Borges o Juan Rulfo.

    Las preocupaciones más vitales e incluso íntimas del autor de "Historias de cronopios y famas", sus inquietudes políticas y reflexiones literarias son sólo algunos de temas que marcaron esa relación epistolar.

    Por ejemplo, un año después de su primer encuentro, Cortázar, en una carta desde París, comparte con Rosario que antes de dormir se imaginaba "algo así como una gran playa del tiempo" en la que se instalaría con sus libros y discos sin "obligaciones inmediatas".

    "Y volvería a vivir por un momento, como muchas veces viví en mi juventud, saboreando el instante puro, sin que estuviera contaminado, como ahora, por el futuro y sus exigencias. Pero esos son sueños de pequeño burgués como dirían mis compañeros de luchas...", añade el fragmento de la misiva.

    "Es triste que vivamos en una época en que se tiene poco tiempo para leer de corrido libros muy extensos (...) Habría que inventar pedazos de tiempo libre para que uno pudiera comprar al mismo tiempo que un libro. El vendedor entregaría el libro y el tiempo necesario para leerlo", escribió en noviembre de 1976 desde Nairobi.

    Otra de las constantes de Cortázar en estas cartas es su fuerte compromiso político contra las dictaduras militares, como las de Augusto Pinochet en Chile y Jorge Videla en Argentina.
    "Lo malo es que los Videla y los Pinochet, 'inter alia', me siguen obligando a dedicar la mayoría de mi tiempo a actividades para las que, desde luego, no nací, pero que debo asumir", confesó a Rosario en una carta firmada en julio de 1979 y fechada en Mallorca.

    "No sé exactamente qué es lo que le impulsó a abrir su mente, su corazón y sus ojos a lo que estaba pasando en América Latina. Pero dedicó muchísimo tiempo de su vida" a la defensa de los derechos humanos, explicó la editora que recuerda cómo Cortázar apoyó especialmente la Revolución Sandinista de Nicaragua.

    "Julio nos impactó y su pensamiento ayudó a entender mejor la literatura y a comprender los problemas que estaban surgiendo en nuestros países", concluyó.
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  • #48 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, compañer@s!

    Sigo con este thread que me encanta. Este es un artículo que se publicó en ElPAIS.com de hoy. Me pareció interesante.
    Cariños,
    Sil

    “Los escritores no son faraones, ni hay nada en sus tumbas. Ya han sido”

    La casa de Kafka en Praga era en realidad un cuartito, yo lo visité, y me asombró que un escritor tan grande pudiese caber dentro de una habitación tan pequeña. Ya decía Randy Newman que la gente pequeña tiene manos pequeñas, pies pequeños, corazones pequeños y, en fin, vidas pequeñas. Por otro lado, uno no se imagina a Kafka a la puerta de una villa frente al lago Como, rodeado de perros afganos. Los escritores no tienen más importancia que su escritura y, al parecer, sus huesos. La muerte despliega, tarde, un extraño entusiasmo por unos seres invisibles que no reclaman nada de sus patrias y cuyas patrias, a cambio, y con educación exquisita, ignoran. Los escritores pueden suicidarse, internarse en un manicomio o morir de viejos con las pantuflas puestas, pero en general viven sin hacer ruido y sólo son obligados a regresar a la casa de lo común cuando ya no pueden defenderse. Entonces aparecen las placas en las fachadas de los inmuebles que habitaron, las banderas sobre sus féretros, y se les obliga a aceptar (por fin, con todos los gastos pagados) un billete de vuelta desde cualquiera de sus múltiples exilios.

    Virginia Wolf tenía la mala costumbre de meterse en los ríos con los bolsillos llenos de piedras. Allá ella. La literatura no pide permiso para ser, ni para dejar de ser. Pero en algún lugar se guarda la camisa blanca de Larra como un tesoro. A Borges también querían darle el último paseo para obligarle a desfilar de abanderado de alguna de esas patrias que no son la casa de ningún escritor vivo o muerto. Las palabras se juntan para salvar su propia vida, y así la literatura se convierte en su propio asunto, y para serlo deserta voluntariamente de todo lo demás, incluida la madre que nos parió. Las últimas novelas de Beckett pasan por encima de los nombres evitándolos como si fueran fantasmas. La literatura rusa, en cambio, le regala a cada personaje tres nombres, que es como borrarlos todos.

    Dicen que Thomas Pynchon se encontró con Thomas Pynchon en Central Park y ni lo saludó. Me consta que Salinger quemó su propia casa para librarse de ella y tal vez de todos sus libros. Cuando muere un escritor sólo puede ser reclamado por un lector, aquel que, según Borges, es el hombre destinado a sus símbolos. Dublín recuerda a Joyce puntualmente, pero en realidad es Joyce quien se ha bebido a Dublín. Los escritores mueren mal porque viven mal, o no mueren porque no han vivido. Lo que se ha escrito le pertenece a un escritor y a su señora, es decir, su lector, la vecindad no tiene nada que reclamarle a quien no ha pedido nada. A quien no ha causado modificaciones apreciables en la fachada.
    En las pequeñas habitaciones en las que se escribe no cabe más que uno. En las ventanas, casi nunca hay flores.

    A Edgar Allan Poe lo acusaron de ser discípulo de los románticos alemanes y contestó: “El horror no llega de Alemania, llega del alma”.
    Un escritor es una causa de a uno, sin más himno que su propio murmullo. Los escritores no son faraones, ni hay nada en sus tumbas. Ya han sido. La infancia de Benet ya tiene dueño, el padre de Rulfo ya ha hablado. Cuando vuelvas a Viena, no preguntes por mí. La arrogancia de añadirse a lo que ya se ha escrito se castiga con la muerte y el silencio. Y está bien que así sea. No despertemos después a la serpiente. Entre nosotros, los escritores, nos caemos bien, porque tenemos un miedo parecido, porque también hemos llamado a un río Misisipi, sabiendo que exagerábamos. No pretendemos amontonar mucha más simpatía, pero podemos pedir, que no exigir, que dejen nuestros huesos tranquilos.

    El billete más bonito que he visto tenía la cara de Saint-Exupéry, pero no era más que dinero, creo recordar que veinte francos.
    El avión de Exupéry todavía vuela, y sus restos mortales aún no los ha encontrado nadie.

    Por Ray Loriga.
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  • #49 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, gente!

    Ya no sé si a alguien le interesa este thread, pero yo lo continúo igual. A mí me encanta.
    Les dejo algo de Camilo José Cela.
    Cariños,
    Sil

    Cela y su máquina de escribir con mantón de manila


    Cela en albornoz en una fotografía tomada en 1992 | Larry Mangino

    Laura Jurado | Palma
    Actualizado sábado 28/02/2009 11:46 horas

    Decía Mabel Dodero –su secretaria durante treinta años– que había otro Cela detrás de la fachada del personaje. Que le pasaba como a los grandes genios, como a Dalí, y que al ego silencioso de todo escritor unía el provocador de su persona. Su faceta mediática llenaba páginas pero su vertiente hogareña continuaba siendo una desconocida. El congreso internacional 1959, de Collioure a Formentor intentó desvelar los detalles del Cela mallorquín. "La primera vez que llegó a Mallorca se alojó en el Hotel Maricel", recordaba el editor Pere Serra. Era 1954 y Cela tardaría aún un año más en instalarse definitivamente en la isla.

    Cargaba ya, a partes iguales, con su reconocimiento como escritor y su fama de mala uva.
    "Criticaba la mala situación de la novela española y se enfurecía cuando le preguntaban por los premios literarios. No sólo no creía en ellos sino que además le enfurecía su partidismo. Con su obra era modesto, no se consideraba pionero de nada: «El tremendismo es una palabra para sacristanes", le aseguraba a Serra en una entrevista.

    Mallorca se convirtió para él en un oasis perfecto para el trabajo. Hasta finales de los 80 –cuando decidió abandonar la isla– desarrolló aquí la mayor parte de su producción novelística. Aunque no puede hablarse de un refugio para la inspiración: "No creía en las musas, sólo en el trabajo y en la tarea constante de enfrentarse al folio en blanco", aseguraba su colaboradora, Mercedes Juan. Pese a que su hijo –Camilo Cela Conde– asegura que no pisó nunca la cocina, su definición del oficio de escritor era el símil de un cocinero: "Escribir es como hacer chocolate, remover y remover a fuego lento".

    Cuando cursaba quinto de Filología Hispánica Mercedes entró a trabajar en la biblioteca de Cela. Una sala de su casa palmesana repleta de libros "acumulados sin mucho orden" y donde los manuscritos de las nuevas obras se guardaban en armarios cerrados como caja fuerte. "Escribía a mano, con una pluma que mojaba directamente en un tintero mientras se limpiaba los dedos con un trapo", recuerda. Tampoco ella podía utilizar otro método para su trabajo: "No había ordenadores y Cela no quería que hubiera ese tipo de aparatos. Me dijo que si quería utilizar una máquina de escribir tenía que taparla con un mantón de manila".

    Entre las tareas de Mercedes estaba la de hacer fichas de todos los personajes de los nuevos manuscritos del escritor. Sólo en Mazurca para dos muertos sumaba 472, de los que perdía la cuenta y a los que mataba varias veces a lo largo del relato. Para bautizarlos guardaba en su biblioteca una colección de esquelas con nombres peculiares.

    Visitas sí, pero sin niños

    Al Cela casero le gustaba tener invitados para cenar cada noche aunque le horrorizaban las visitas de los niños. Perfecto Cuadrado, catedrático de Filología Portuguesa y Gallega de la UIB– recordó al Cela profesor. Que impartía clases en una etapa muy aleccionadora para él en la que "los alumnos estaban oficialmente sublevados" y en las que formulaba "ejemplos de muy dudosa ejemplaridad".

    Entre sus amigos mallorquines estaban los representantes de la burguesía más cercana a Europa. "Decía que era amigo de médicos y arrieros aunque no de curas ni enterradores", recordaba ayer el presidente de la Real Academia de Medicina de Baleares y médico de Cela, Alfonso Ballesteros. Un afecto que tenía predilección por los médicos rurales ya que de los de ciudad decía que "elegían queridas muy llamativas". Su vinculación con el gremio le llevó a ser el primer miembro de Honor del Colegio Oficial de Médicos "eximido de ser médico".

    Su carácter huraño se proyectaba también –quizá con mayor motivo– en los doctores. Llegó a autodiagnosticar su principal mal como cachitis: "Una inflamación en las nalgas que afecta a ciclistas, jinetes y escritores". Para Perfecto Cuadrado su antipatía era sólo marketiniano, producto del "personaje que le defendía en continuos ataques preventinvos".

    Fuente: elmundo.es
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  • #50 Re: Espiando a los escritores

    No dejen que se muera este thread, es super interesante. Gracias, Silvia, por tus aportes.

    Saludos!!
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