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[COLUMNA] Espiando a los escritores

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¡Hola, gente! Me alegro Diego que te guste, a mí me fascinó cuando lo encontré. ...6

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    Cosmo&Lu escribió hace 2 años
     
    #1 [COLUMNA] Espiando a los escritores
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  • #51 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, gente!
    Me alegro Diego que te guste, a mí me fascinó cuando lo encontré.
    Acá dejo otra nota que está buena.
    Cariños,
    Sil

    Boris Vian: el arte de hacer el amor mientras se escucha a Duke Ellington



    Empecemos por el tópico y terminemos enredándolo todo al final. Boris Vian vivió tan intensamente sus apenas 39 años de vida que pudo permitirse hacer de todo. Boris Vian fue tantas cosas que pareció disfrutar de varias vidas, entre ellas la de Vernon Sullivan, el autor norteamericano de novela negra que él fingía traducir.

    Si echamos un vistazo al índice de la biografía que sobre él escribió Noël Arnaud, 'Las vidas paralelas de Boris Vian' (Versal, 1990), descubriríamos algunas facetas insospechadas de este polifacético autor: un 'hombre-orquesta' que parece poder tocar todos los instrumentos, algunos de ellos a la vez. Boris Vian fue novelista, pero también escribió poesía, obras de teatro, crónicas para la revista 'Les temps modernes', tradujo y dio conferencias, era ingeniero (con algunos inventos de su autoría), tuvo sus más y sus menos con el mundo del cine (entre otras cosas, figurante, guionista… y una muerte mítica en la sala de cine), fue patafísico y músico, muy buen compositor de canciones y hasta de un ballet, trompetista y un largo etcétera del que es difícil otear el final. La simple enumeración de sus oficios, diversiones e intereses podría ser suficiente para completar el resto del artículo, pero hoy le sumaremos otra más a las ya de por sí múltiples vidas de Boris Vian: la de erotómano.
    'Escritos pornográficos' (Rey Lear, 2008) nos demuestra que Boris Vian era tan buen conocedor de la literatura erótica como lascivo practicante de sus húmedos principios: el libro contiene una conferencia sobre el tema, 'Utilidad de una literatura erótica', y una serie de poemas que desbordan imaginación y lascivia: un amante escribe con esperma el nombre de su amada por todos los rincones; un poema dedicado a la resistencia de la piel del glande y a la enorme variedad de vaginas que pueden encontrarse en el 'mercado de la carne'; una joven nos cuenta su encuentro sexual con un hermoso y verde pepino que le rogó no lo pelara, cortara y sazonara, sino que diera de él otro mejor uso...y así, hasta que con ganas de más, terminamos de leer el libro.
    "Macho, hembra, asno o calabaza. Esta noche daré por culo a todo"
    Algunos dirán que el señor Boris Vian es un guarro empedernido, e inevitablemente nuestras madres pensarán que los obsesos somos nosotros, pero quien conozca parte de la extensa obra del francés encontrará un mismo espíritu en estos escritos: la imperante necesidad de aprovechar y disfrutar cada instante, de agotar la vida antes de que esta acabe con nosotros. Porque Vian justifica estos temas literarios, la sexualidad y sus manifestaciones, en cuanto que la buena literatura erótica es para él la forma actual del movimiento revolucionario. Escribir poemas eróticos no es un mero entretenimiento, sino la manifestación de una necesidad por trascender ciertos límites, impuestos en forma de moral o leyes y que son perjudiciales para el desarrollo normal del hombre.

    "Leer libros eróticos, darlos a conocer y escribirlos es preparar el mundo del mañana y abrir la senda de la verdadera revolución"
    Pero la mala literatura erótica o el pseudoerotismo es tan perjudicial para estos fines como la prohibición de la misma. Las obras del marqués de Sade, por ejemplo, no sólo no le parecen eróticas, carentes de esa obscenidad ligeramente sublimada que exige el erotismo, sino que es mala literatura, y su prohibición legal podría justificarse por razones literarias y no morales. Sí, en cambio, algunos libros de Apollinaire, Paul Verlaine, Colette, Pierre Louys, y —agárrense los machos—: ¡Ernest Hemingway!
    Su poema 'No quisiera morir' , que consiste en una larga enumeración con todo lo que debería hacer antes de despedirse para el otro barrio, o afirmaciones como la siguiente, extraída del preámbulo a su novela 'La espuma de los días', ejemplifican lo dicho y nos obligan a darle la razón:
    "Sólo dos cosas son importantes: el amor, en todas sus formas, con chicas bonitas, y la música de Nueva Orleáns o de Duke Ellington. El resto debería desaparecer, pues el resto es feo [...]"
    La pasión de Boris Vian por la música jazz le habría hecho recibir la publicación de las memorias de uno de los más grandes músicos y compositores del siglo XX con nuestra misma alegría: nada tan bueno, estando vestido o desnudo, como la música de Edward Kennedy 'Duke' Ellington.




    'La música es mi amante' (Global Rhythm, 2009) está repleto de anécdotas y de los nombres de los jazzmen más importantes (y de muchos otros que nosotros desconocíamos hasta ahora). Estas memorias no sólo tienen el interés del personaje y de su vida, sino una virtud poco frecuente en los genios: el agradecimiento. Su peculiar 'ajuste de cuentas' es el de quien se reconoce en deuda con toda la gente que a lo largo de la vida le ha indicado el camino a seguir para poder obtener lo que buscaba. Su música se alimentó de los sonidos e ideas de la gente con la que tuvo la suerte de tropezarse. Aunque, por desgracia, el hecho de encontrarse en el momento y lugar oportunos con la gente adecuada es una idea que se repite demasiadas veces a lo largo de las memorias, y que junto a otras repeticiones lastran un poco la lectura.
    A pesar de todo, los baremos para poder medir la importancia de unas memorias han de ser distintos a los de una novela, y las citadas repeticiones que serían imperdonables en una novela, aquí se olvidan rápidamente por lo apasionante de la vida que Duke Ellington se empeña en recuperar: el ambiente de los locales nocturnos de Harlem, su propia exploración de las posibilidades de la música, los intercambios con otros músicos y las juergas que se corrían juntos. Si quieren saber cómo llegaron al mundo algunos de sus maravillosos temas —'In a sentimental mood', 'Solitude', 'Mood Indigo', 'Black and Tan Fantasy'...— no dejen de leer estas memorias.
    Bises: Global Rhythm publicará en los siguientes meses otras dos biografías, una de Charlie Parker y otra de John Coltrane. Y quizá, el día menos pensado, nos sorprendan con una sobre la faceta musical de Boris Vian.

    Por TIPOS INFAMES (SOITU.ES)*
    Actualizado 03-05-2009 16:50 CET
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  • #52 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, gente!

    Les voy a dejar algo sobre Larsson, que está de moda y por cierto empecé el primer libro de la trilogía y está muy bueno.
    Cariños,
    Sil

    Historia secreta de Stieg Larsson

    La correspondencia que el autor de la trilogía 'Millenium' mantuvo con su editora hasta días antes de morir descubre a un escritor insomne, idealista y obstinado


    JUAN DIEGO QUESADA - Madrid - 14/06/2009



    Stieg Larsson llegó sobre la una y media de la tarde al vestíbulo de la revista Expo. Era el 9 de noviembre de 2004. Larsson se acercó al ascensor y apretó insistentemente el botón. Pero estaba roto. No funcionaba. Tuvo que subir a pie los siete pisos que le separaban hasta su oficina. Llegó exhausto. Media hora más tarde sufrió un ataque al corazón. En la ambulancia, camino del hospital su corazón dejó de latir. Tenía 50 años.


    Antes de que Stieg Larsson tuviera que hacer frente a este ascensor estropeado, el periodista sueco llevaba ya ocho meses sumergido en una actividad frenética con la editorial Norstedts para terminar de pulir la trilogía Millenium. Durante estos meses, escribió y revisó los manuscritos cada noche sin descanso, acompañado de una cafetera y una cajetilla de tabaco. Y mantuvo mientras tanto una vertiginosa correspondencia vía e-mail con su editora, Eva Gedin, a la que ha tenido acceso El PAÍS.
    Los e-mails descubren a un Larsson minucioso, obstinado ("me encerraré día y noche para que el libro pueda estar impreso pronto") y bromista. El escritor falleció meses antes de que los libros salieran a la venta y no pudo conocer el éxito mundial de su trilogía (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, publicados en España por Destino), que ha vendido hasta ahora 12,6 millones de ejemplares en más de 40 países.
    Al principio, la editorial Norstedts desconfiaba del título que el escritor pretendía para el primer tomo. Eva Gedin le envía un correo en el que pregunta al escritor si debe darse por vencida con el título. "Le he dado vueltas todo el verano. ¿Intentamos contraatacar con otra alternativa? Aunque me parece que acabará siendo tu elección la que gane", escribe la editora. Larsson no cede, y desde su e-mail,stieg.larsson@expo.es, le contesta: "Creo que ése está muy bien. He preguntado qué opinan algunos conocidos y dicen que es un título que da que pensar".
    Stieg Larsson, a finales de abril, está terminando de escribir la tercera parte de la saga y a la vez trabaja en la edición de las dos primeras. Quienes le conocen aseguran que por estas fechas no duerme más de tres horas, fuma tres cajetillas al día y se bebe unos 20 cafés diarios. Al igual que sus personajes, se alimenta de comida basura. Mientras, le explica a la editora cómo ha construido a los dos protagonistas, el periodista Mickael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander: "He creado personajes principales que se distingan de los arquetipos policiales al uso. Así, Blomkvist no tiene úlcera de estómago, ni problemas con el alcohol, ni ansiedad. Su cualidad más destacable es que se comporta como una fulana estereotipada (...) Lisbeth, en cambio, aporta las típicas valoraciones y cualidades masculinas".
    Casi desde el principio, Larsson recibe los elogios de los editores, que consideran que los libros están "excepcionalmente bien escritos". El 30 de abril de 2004, después de firmar el contrato, el escritor cuenta que durante el proceso de creación ha seguido una regla muy sencilla. "No he idealizado nunca delitos ni criminales, ni he tipificado a las víctimas. En el primer libro construyo una serie de asesinatos a partir de la reconstrucción de investigaciones policiales reales. La descripción de la violación de Lisbeth Salander está basada en un caso que ocurrió en Östermanlm. Y así con todo. He intentado crear víctimas de crímenes basándome en personas anónimas".
    Trotskista, periodista que se dedicó durante 30 años a investigar a la extrema derecha y las conexiones de los nazis con las empresas, Stieg Larsson deja muy claro que aborrece las injusticias. Y no está dispuesto a tolerarlas en sus libros. Odia las novelas policiacas en las que los personajes pueden comportarse de cualquier manera sin consecuencias. "Si Mickael dispara a alguien con una pistola, incluso si lo hace en defensa propia, irá a parar al Juzgado de Primera Instancia", escribe. Aunque exculpa a Lisbeth: "Ella es una excepción porque sencillamente es una sociópata con rasgos psicopáticos y no funciona como la gente normal. Ni siquiera tiene la más mínima consideración sobre lo que está bien o está mal".
    Eva Gedin le cuenta a finales de agosto que ha empezado a correr el rumor de su inminente debut literario y que las editoriales extranjeras tienen mucho interés en comprar los derechos. La editora cree que será muy divertido presumir de Millenium en las ferias de Gotemburgo y Francfort. Le cuenta además que han puesto en marcha a varios diseñadores para que trabajen en la cubierta de los libros.
    En este aspecto, Larsson es tajante: "Con las cubiertas me pasa que las amo o las odio nada más verlas, para mí no hay posturas intermedias. Las cubiertas de la serie de Hamilton, de Guillou [autor sueco de 10 novelas de espías] pertenecen al tipo que no me gusta, y lo mismo me pasa con las que se basan en figuras planas. Las portadas tienen que ser sugerentes, un poco difíciles de interpretar, quizá un detalle de una imagen mayor. Las cubiertas sexistas, por supuesto están proscritas". El escritor explica más tarde que él tiene la idea de utilizar en portada el detalle de un tatuaje o un piercing.
    En la única entrevista que Larsson hizo refiriéndose a sus libros, explicó que el personaje de Lisbeth Salander, la antiheroína favorita de los lectores, la creó a raíz de preguntarse qué habría ocurrido con Pipi Calzaslargas si se hubiese hecho mayor. El peso de esta chica menuda, de aspecto frágil, tuvo que debatirlo con la editorial. Eva Gedin, el 31 de agosto, escribe: "Hemos valorado el peso de Salander y creemos que debería estar en torno a los 42 kilos. Es una mujer obviamente delgada, pero no enfermiza. Aunque seguiré preguntando un poco más aquí y allá. Voy a ser discreta y preguntaré a las chicas bajas y delgadas", bromea la editora. Larsson, divertido, le contesta dos días después: "He estado a punto de preguntar a chicas jóvenes en el metro cuánto pesan, pero al final siempre me echo atrás. Pueden malinterpretarlo. Pero 42 kilos suena razonable".
    La feria del libro de Francfort, la más importante del sector, se iba a celebrar ese año a finales de octubre, y Larsson pregunta si para esas fechas habrá traducido algún "pedacito de prueba" de los libros. La editorial le tranquiliza: "Ningún agente-editor extranjero lo habrá podido leer antes de octubre". Gedin le pide también que reserve un par de días para revisar todo el manuscrito del primer libro.
    Y el novelista vuelve con humor al tema de la feria de Francfort: "Había oído que la feria es como un pequeño manicomio que dura un par de días. No tengo ni idea de cómo va eso de la venta de derechos en el extranjero y no pienso inmiscuirme, pero supongo que es igual de divertido que celebrar un congreso antifascista con 120 grupos de activistas en Berlín, e intentar alcanzar algún tipo de acuerdo ideológico".
    En septiembre, un tornado de grado 5 arrasa la isla de Granada, en el mar Caribe, el peor desde 1954. Deja 35 muertos y cientos de heridos. Ocurre justo en la isla donde arranca la segunda novela de Larsson y que por esos días anda revisando. "He tenido que pensar qué hago con este capítulo", escribe Larsson, e inmediatamente cuenta que trabajará en el comité de ayuda que se abra en Suecia para ayudar a la reconstrucción de la isla. En este e-mail explica que estuvo involucrado en la revolución socialista que se llevó a cabo aquí en los ochenta. Incluso se declara "un buen amigo" del asesinado primer ministro Maurice Bishop. "Pero eso ya es otra historia".
    En el último e-mail enviado desde la editorial (28 de octubre), Eva Gedin le dice que le gustaría hablar con él sobre el comienzo, donde cree que es necesario revisar algunos detalles. "Así son las cosas, nosotros los editores y redactores siempre poniendo algún pero".
    El mismo día, Larsson le responde: "No dudo que haya que ajustar alguna cosa. Así que permíteme oír tus 'peros', redactora. Besos y abrazos, Stieg".
    Aquí acaba la correspondencia.
    Nunca pudieron revisar el capítulo. El 9 de noviembre el corazón de Larsson reventó en la redacción de la revista Expo y dejó de latir más tarde en las calles de Estocolmo, en una ambulancia rumbo al hospital.

    Una marca millonaria llamada Larsson

    - La publicación de la serie Millenium se ha llevado a cabo en 40 países. Las ventas superan los 12 millones de ejemplares.
    - En España, entre el primer y segundo tomo, se han vendido 1.500.000 de libros.
    - Para la tercera entrega, que sale a la venta el próximo día 18, la editorial Destino ha previsto una primera tirada de 500.000 ejemplares.
    - La película basada en el primer tomo, Los hombres que no amaban a las mujeres, fue la segunda más vista en España durante su estreno hace dos semanas y han ido a verla hasta ahora más de medio millón de espectadores.

    Fuente: ELPAIS.com
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  • #53 Re: Espiando a los escritores

    ¡Hola, gente!

    Les dejo dos articulos para conocer un poco más a Juan Carlos Onetti y Henri Michaux.
    Espero les gusten.
    Cariños,
    Sil

    Onetti y la pintura, dos compañeros insospechados

    La pasión de Juan Carlos Onetti por la pintura "es una sorpresa insospechada" que ofrece algunas de las claves para entender su formación como escritor, destacaron hoy dos de los principales expertos en el autor uruguayo en el marco de las celebraciones del centenario de su nacimiento.

    "Tres nombres son los que sobresalen en esta pasión de Onetti por la pintura: Henri "El Aduanero" Rousseau, Paul Cézanne y Paul Gauguin", aseveró Hugo Verani, autor del libro "Juan Carlos Onetti. Cartas de un joven escritor", que recoge la correspondencia entre el artífice de "El pozo" y el pintor uruguayo Julio Payró.

    Ya en los primeros textos de Onetti se descubre "una intención de conectar las artes visuales con la literatura", afirmó por su parte el profesor Juan Fló, para quien esa "sobreabundancia de elementos visuales" se convierte después en un elemento más de sus cuentos y novelas.

    Estos dos especialistas participaron hoy en la segunda de las mesas redondas organizadas por el Centro Cultural de España en Montevideo para conmemorar el centenario del nacimiento del escritor el 1 de julio.
    "Con la realidad, el artista no hace nada", de ahí que Onetti coincidiera con esos grandes pintores en que "hay que salirse de esa realidad", dijo Fló.

    En su disertación, Hugo Verani dejó hablar a Onetti en una de estas cartas a la hora de expresar la importancia que tuvo para él la pintura.
    "Siempre he sacado poca o ninguna utilidad de mis lecturas sobre técnicas y problemas literarios: casi todo lo que he aprendido de la divina habilidad de combinar frases y palabras ha sido en críticas de pintura", decía Onetti en esa misiva fechada en 1937 y dirigida a su gran amigo Payró.

    La adhesión de Onetti a la pintura de Cézanne o Gauguin se basaba, explicó Verani, en esa capacidad de "trasponer la vida diaria, cotidiana" a un mundo "imaginario", pero que es "reconocible e inmediato".
    Según este doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Wisconsin, Onetti quedó sorprendido por la capacidad de Gauguin para plasmar "dramas interiores" en sus figuras.

    De Cézanne asumió ese "aspecto inacabado de los lienzos" que llevó a su narrativa, repleta de "huecos" y detalles escamoteados que, para Verani, "aseguran la complicidad del lector".
    Así lo afirmaba Onetti en su carta número 48, recogida en esta recopilación: "SIEMPRE HAY ALGO que no se dice", con las mayúsculas incluidas, en el sentido de que, finalmente, "el significado profundo de las acciones humanas, no se puede comunicar", según Verani.

    El experto añadió que Onetti aplicaba en sus novelas aspectos muy claros de la pintura postimpresionista, como la multiplicad de los planos narrativos (que obtiene también del cine, otro arte muy amado por el autor de "El astillero") que transformaba con su escritura en la "simultaneidad de tramas paralelas".

    Ese amor por la pintura también se reflejó en la riqueza de las descripciones de gestos y ademanes de los personajes de Onetti, y en la capacidad para "pintar" con sus frases las atmósferas más densas, que también obtuvo de su lectura de autores como James Joyce o Marcel Proust, con los que llegó al fondo de la materia.
    "Hay una zona, en el espíritu, pongamos, que se llama arte y que no es la realidad: una zona donde el hombre alcanza a tocar el misterio, el infinito, Dios, el Cosmos, la esencia, el alma de la creación, allá en los cielos y en la cosa más humilde y doméstica", decía el propio Onetti en una de estas cartas a Payró.

    Fuente: adn. es

    La última visita a Henri Michaux

    La última vez que vi a Henri Michaux fue el martes 14 de agosto de 1984, en
    la avenue du Suffren, donde vivía solo. Su sirvienta española estaba de vacaciones, una bomba había explotado en el edificio de enfrente rompiendo los vidrios de sus ventanas y había estado enfermo durante los últimos tiempos, pero era el mismo Henri Michaux que mi esposa Betty y yo habíamos conocido diecisiete años atrás, cuando traduje su poema “Hacia la completud”. De inmediato nos preguntó si no lo veíamos más viejo y desmejorado, porque su salud no era buena y esa noche no había dormido, teniendo que rehacer hasta la madrugada un texto suyo que en una trituradora de papel (paper shredder) había destruido por error. Sin embargo, comenzamos a hablar de Jorge Luis Borges (traductor al castellano de su libro Un bárbaro en Asia) y de cómo la ceguera del escritor argentino, a quien había conocido en Buenos Aires, había impedido siempre un diálogo más amistoso, ya que cada vez que se reencontraban era necesario reconocerse mediante identificaciones verbales, además de que por esa misma causa Borges hablaba continuamente sin oír a los otros. En un momento dado, nos confió que era candidato al Premio Nobel de 1984 y nos consultó si debería aceptarlo o no, en caso de recibirlo; sobre qué hacer con el dinero, si donarlo o conservarlo; ya que si lo donaba la gente iba a decir: “Michaux es rico” y si no lo hacía: “Michaux es avaro”.

    En el curso de la conversación, se disculpó a menudo por no poder invitarnos a comer, ya que no podía ir solo de compras y no sabía cocinar, prometiéndonos que la próxima ocasión si lo haría; por otra parte, había reducido su alimentación casi a lo mínimo. En 1967 habíamos ido juntos a un restaurant próximo a Notre Dame, fue allá donde durante la plática de pronto llamó la atención sobre un hombre que caminaba en medio de la calle, diciéndonos: “Va a acabar mal, está muy confiado... Es bueno que las drogas estén prohibidas, no son buenas para todos y a la mayor parte de la gente la destruyen”.

    Asimismo, frente a él, recordó a los Michaux de encuentros sucesivos. Nos había dicho que los domingos descansaba: no escribía, no dibujaba, no contestaba el teléfono, leía un poco; que había venido a México, a Tabasco y Yucatán, sin llegar al D. F. a causa de la altura, y la mayor sorpresa del viaje había sido su descubrimiento de la belleza de las negras, a su paso por Miami; que había estado en Urbino, en la Galleria Nazionale delle Marche, para ver “La historiadle judío y la hostia” de Paolo Uccello, pintor que le gustaba mucho pero cuyo cuadro le había decepcionado por no ser más que una ilustración de un prejuicio vulgar de la época; que René Char era “el más griego de los poetas franceses”, de Francis Ponge, que detestaba a Michaux.

    El 3 de octubre de 1968, lo veo claramente, había venido por la tarde a vernos al Gran Hotel des Balcons, donde Betty y yo nos quedábamos en París, para darnos la noticia de lo que había pasado en México. Había visto el encabezado en un Paris Soir sobre la matanza de Tlatelolco. Juntos caminamos por el Boulevard Saint Germain, sin que él fuera reconocido por nadie. Sabido era que no se dejaba retratar y eso permitía que fuera por las calles de manera anónima, casual. En un café nos sentamos a platicar y poco después se despidió. Nosotros salíamos para Nueva York, en el France al día siguiente.

    Con Henri Michaux se atravesaban países, se viajaba por el tiempo, lo mismo se evocaban poetas de la dinastía Tang que místicos como Ruysbroeck y San Juan de la Cruz, se hablaba tanto de Heráclito como del Tao Te King, de los indios (de la India) y de los indios mexicanos, en sus supervivencias mágicas y rituales por encima de los siglos. Porque él quería estar más allá de su temporalidad, no estar aprisionado en la imagen, en el cuerpo de Henri Michaux, para vivir en el espacio de adentro de su propio ser. Y para serlo, no había nada mejor que el conocimiento por los abismos, la poesía. Una poesía que estaba tanto en las palabras como en las figuras y movimientos de sus dibujos, unas y otros expresiones visuales de sí mismo, hombre siempre en camino hacia la completud. Una completud a la que no había llegado, pues al preguntarle mi esposa Betty si creía que la había alcanzado diecisiete arlos después de haber escrito el poema, contestó que no, que aún no. Ignorantes él y nosotros de que dos meses después iba a viajar hacia ella, libre de palabras y movimientos, de razones y deseos. Como cuando se despierta de un sueño que mientras se veía se pensaba que era real, así quedan en mis manos como prueba verídica de mis contactos con Michaux, que ahora parecen soñados, unas cuantas cartas con su letra menuda, ininteligible, unos cuantos dibujos y, sobre todo, sus libros, donde está de cuerpo entero su ser escrito, que ahora ha tomado el lugar del otro, del material, del humano, del efímero.

    “La fortuna una vez más, la fortuna de lengua de aceite, habiendo lavado mis heridas, infortuna como un cabello que se trenza con las sienes, habiéndome tomado y habiéndome unido indisolublemente a ella, de golpe, mientras me empapaba de alegría, de golpe la Muerte vino y dijo: “Es tiempo. Ven”. La Muerte, para siempre jamás la Muerte ahora.” (“Canto de Muerte”).
    Homero Aridjis

    Testamento místico

    En el momento de morir, Budha dijo a sus discípulos:
    De ahora en adelante sean su propia luz; su propio refugio.
    No busquen otro refugio.
    No busquen más refugio que ustedes mismos.
    No se inquieten por la manera de pensar de los demás.
    Manténganse en su propia isla.
    Unidos a la contemplación.

    Un barbare en Asie
    Henri Michaux

    Fuente: no la sé, lo tenía en papel y lo transcribí. Tendría que buscar en internet y editar para no romper regla alguna de psico.
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  • #54 Re: Espiando a los escritores

    Hola Sil: gracias por tus aportes, siempre interesantes
    Saludos
    Ángela
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  • #55 Re: Espiando a los escritores

    Ángela, no tienes nada que agradecer y ¡qué bueno que te sumes!
    Lili no está entrando al foro (Cosmo&Lu) y creí que sólo Diegotico y yo leíamos esto...jajajajaja
    A mí me encanta este thread, por si no lo notaste.
    Cariños,
    Sil
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  • #56 Re: Espiando a los escritores

    Yo soy la agradecida, es muy interesante .Pronto voy a dejar algún aporte mio.
    Saludos
    Ángela
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