#1 Juan Carlos Onetti a 100 años de su nacimiento y relato inédito.
Un relato inédito para redescubrir a Onetti
La revista 'Turia' publica un cuento del escritor de culto uruguayo de cuyo nacimiento se cumplen cien años en julio
"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto". Así arranca El último viernes, relato inédito del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) que este mes publica la revista literaria Turia para conmemorar el centenario del nacimiento del autor. El texto, hallado por la hija de Onetti, cuenta la historia de un periodista (Carner) y sus rutinarias entrevistas con un policía (Miller). Fue escrito en los años cincuenta, a lápiz, en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando el autor vivía en el barrio bonaerense de San Telmo. "Este relato, ajustado a las claves de desarraigo y pesimismo que caracterizan la literatura de Onetti, no va a ser publicado en sus obras completas", señala a ELPAÍS.com por vía telefónica el director de Turia, Raúl Carlos Maícas.
Juan Carlos Onetti 1980- TIEDRA
El original del manuscrito fue donado el pasado mes de marzo por Isabel María Onetti a la Biblioteca Nacional de Uruguay. En aquella ceremonia de entrega, la hija del escritor contó que el cuaderno con el manuscrito quedó olvidado en el apartamento en el que el escritor, su esposa e Isabel María vivían en San Telmo. "En el cuaderno había también unos palotes, porque yo hice mis primeros ejercicios de escritura en sus páginas, y luego lo utilicé como diario íntimo" señaló Isabel a Montevideo.com . "Luego dejé de emplearlo como diario y lo abandoné. Pero antes extraje las hojas (escritas por mi padre) para conservarlas" agregó la hija del escritor.
Según relata en un comunicado el escritor hispanouruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el número monográfico, El último viernes demuestra que para Onetti la literatura era "mentir bien la verdad". "De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza".
Autor de obras como El pozo, Los adioses, La vida breve o El astillero, Onetti se convirtió en una figura de culto en la literatura hispanoamericana. Si bien no alcanzó la reputación universal de compatriotas como Mario Benedetti, recientemente fallecido, es el único uruguayo acreedor del Premio Cervantes. Buena parte de los miembros del club de los onettianos, en expresión de Maícas, se da cita en este número de Turia, cuya aparición se enmarca dentro de un ciclo de actos se celebran a ambos lados del Atlántico y que culminan el primero de julio, día en que nació Onetti.
En Madrid, la Casa de América acoge mañana una conferencia del escritor peruano Mario Vargas Llosa sobre la figura del autor uruguayo. Vargas Llosa publicó el año pasado un ensayo, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara) , en el que analiza en profundidad la vida, la obra y las motivaciones que subyacen al imaginario onettiano. En la Casa de América, además, se proyectará El infierno tan temido, basado en un relato de Onetti, incluido en la representación teatral La verdad de las mentiras, con Mario Vargas Llosa y la actriz Aitana Sánchez Gijón.
Comienzo de 'El último viernes', de Onetti
"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando rígidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza".
Fuente: ELPAIS.com
MONTEVIDEO
El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti imprimió un giro copernicano a la literatura latinoamericana con una escritura desabrida y escéptica, pero a la vez rebosante de humanidad y destinada a hacer de la imaginación su bandera.
El 1 de julio se cumple el centenario del nacimiento de Onetti en Montevideo, ciudad que, al igual que Madrid, donde murió en 1994, se ha volcado en homenajear a un autor que renovó la forma de escribir en español desde la pasión y con un estilo que estaba "en el límite del idioma", según señaló en una ocasión el escritor español Antonio Muñoz Molina.
Si con "El Pozo" (1939) rozó el existencialismo y se adelantó a Sartre y Camus en su desolada visión de lo cotidiano, con "La vida breve" (1950) Onetti dio ese golpe de timón que demandaba la novela hispanoamericana y que impulsó más tarde, de una u otra forma, a los autores del llamado "boom".
"Con Onetti aparecieron esas historias del novelista de la decadencia, el escritor del nihilismo. Yo creo que fue una expresión de lo que luego se llamó filosofía de la existencia", señala a Efe alguien que conoció bien al escritor, el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti.
Si bien los personajes de "El astillero", "Juntacadáveres" o "La vida breve" aparecen "atados a la decadencia, a la falta de horizontes, a los pequeños grandes odios", finalmente son siempre "redimidos de algún modo por un ramalazo de amor que aparece en su espíritu", afirma el político y ensayista.
Es el mismo "humanismo" que ve en el fondo de la obra de Onetti el catedrático de literatura y director de Cultura del Gobierno uruguayo, Hugo Achugar, para quien, con sólo 30 años, Onetti fue capaz de dar la vuelta al panorama literario de su época.
La publicación de "El pozo", explica a Efe Achugar, supuso "un antes y un después", que se reafirmó con la publicación de "La vida breve", once años después.
"Se convirtió en un escritor de escritores", añade, para subrayar el peso que tuvo en los autores del "boom", como el colombiano Gabriel García Márquez, el peruano Mario Vargas Llosa o el chileno José Donoso.
La experiencia fue una buena fuente para esa materia literaria; Juan Carlos Onetti nunca terminó unos estudios superiores, pero desde muy joven amó la escritura y tendió hacia ella como única alternativa a la existencia gris.
Para sobrevivir desempeñó muchos trabajos, pero fue finalmente el periodismo, en Uruguay y en Argentina, se convirtió en el mal menor.
Como le citara en una entrevista muchos años más tarde su cuarta esposa -y compañera hasta el final de sus días-, Dorothea "Dolly" Muhr, el periodismo era "el oficio más soportable" para un escritor.
La factura de ambos soportes de escritura, los artículos y las novelas, era, sin embargo, bien distinta; según explica Mario Vargas Llosa, "para los periódicos (Onetti) buscaba las palabras. Las de los cuentos y las novelas le asaltaban".
El escritor peruano define a "La vida breve" en su reciente libro sobre Onetti "El viaje a la ficción" como "la primera novela moderna" en lengua castellana, donde "es el primero en aplicar la revolución formal de la narrativa", la que en la novela europea y norteamericana habían llevado a cabo su admirado Faulkner, Proust, Joyce, Kafka o Mann.
Es en "La vida breve" donde inicia el ciclo de "Santa María", esa ciudad imaginaria a mitad de camino de Buenos Aires y Montevideo, pero sin ser ninguna de ellas, donde viven, traicionan y desesperan los personajes (Larsen, Brausen, Díaz Grey...)que se reiteran en toda su obra narrativa, una de las huellas que le dejara Faulkner.
A esa obra le siguen otras de brillo similar, como "El astillero" (1961) y "Juntacadáveres" (1964), donde el estilo de Onetti crece entre prostíbulos, sórdidos personajes y derrotas sin esperanzas, y Santa María deviene en territorio de leyenda, como el Macondo de García Márquez o la Yoknapatawpha de Faulkner.
La vida de Onetti, y la difusión de su obra, da un giro de 180 grados con la instauración de la dictadura en Uruguay en 1973.
En 1974, el escritor es encarcelado durante tres meses por el formar parte de un jurado que premió un cuento condenado por el régimen como pornográfico y subversivo.
Onetti aprovecha una invitación a un simposio en Madrid para quedarse, ya hasta su muerte, en España.
Aquí publicará en 1979 otra novela clave, "Dejemos hablar al viento", un broche de oro más en su currículum y que contribuirá a que un año más tarde sea recompensado con el Premio Cervantes.
Al retornar la democracia a Uruguay, en 1985, el primer presidente constitucional, Sanguinetti, le invita a regresar, pero Onetti ya no se ve ni con las ganas ni con las fuerzas para hacerlo.
Es entonces cuando se recluye en su piso de la madrileña Avenida de América, cada vez más aficionado al whisky, el tabaco y las novelas negras, pero con la energía precisa para seguir escribiendo: "Cuando entonces" (1987) y "Cuando ya no importe" (1993).
El 30 de mayo de 1994 muere en una clínica madrileña, dejando bien claro que no quería exequia alguna y renegando de que le recordaran por esa "entrega visceral" a la literatura, como le atribuyó Vargas Llosa, "que se llevaba a cabo en la soledad y sin esperar otra recompensa que saber que escribiendo le sacaba la vuelta a la puta vida".
Fuente: LosTiempos.com
Juan Carlos Onetti "no hubiera vivido si no hubiera escrito" y "no pudo existir cuando vio que no iba a poder seguir escribiendo", dijo ayer la historiadora María Angélica Petit en la presentación del libro "Onetti: la novela total", escrito junto a su esposo, el también ensayista Omar Prego.
La escritora María Angélica Petit (d), coautora junto a Omar Prego Gadea (i) del libro "Onetti: La Novela Total" durante la presentación de la obra en el Centro Cultural de España en Montevideo (Uruguay).
La presentación de esta obra, de la editorial Planeta, tuvo lugar en el Centro Cultural de España en Montevideo, en el marco de los actos organizados por esta institución con ocasión del centenario del nacimiento del escritor uruguayo, que se cumple el próximo 1 de julio.
Prego y Petit reclamaron "la relectura del maestro", con mayor razón en este centenario de su nacimiento en Montevideo, y a fin de participar "de su pasión" y "su humor", según subrayaron.
La génesis del ensayo, como explicaron los autores, se remonta a 1977 y en ella se refleja una amistad que empezó mucho antes y que, durante tres décadas, unió a este matrimonio de intelectuales con el gran escritor uruguayo.
Esa "cercanía", más "la lectura y relectura" de la obra de Onetti, explicó Petit, les permitió sumergirse en la esencia del escritor, sin olvidar el contexto de Uruguay, de la narrativa latinoamericana en la que tanto influyó, y de su exilio en 1975 a España, donde ya residiría hasta el fin de sus días, en 1994.
Onetti era "un ser extraño, tan misterioso y, sin embargo, al cual se podía llegar con mucho afecto y una amistad que no alteraba el tiempo", explicó Prego.
Este crítico y periodista es autor de seis novelas y otros ensayos, entre ellos "Onetti. Perfil de un solitario", reeditado hace un par de meses también en el marco del "Año Onetti", con el que Uruguay conmemora al que fuera uno de sus más importantes escritores.
Petit recordó los orígenes periodísticos de Onetti, cuando trabajaba para el semanario Marcha, de Montevideo, donde demostró "la pasión" que después caracterizaría a toda su obra novelística.
Esa pasión y el compromiso de Onetti alcanzan a sus lectores, explicó por su parte Prego, para quien esa es una de las claves del éxito de su literatura, a pesar de los "claroscuros" que la envuelven.
Su primer contacto con Onetti fue al leer "El pozo" (1939), libro que le acompañó una noche en la que no pudo dormir hasta terminarlo, "cuando estaba saliendo el sol".
"Fue algo fulminante, como cuando te ves atrapado y te cae algo encima de lo cual no te puedes defender y de lo que después ya no me defendería más", recordó.
Prego destacó la magia de "esa forma de narrar, de contar; esa forma misteriosa de ir armando una historia y, de algún modo, comprometiendo al lector a colaborar en la construcción de eso que está leyendo".
De esta forma, en la narrativa de Onetti, "el lector también, de alguna manera, se convierte en escritor".
En "El pozo", según Petit, "la soledad existencial del hombre en la urbe se solidifica para convertirse en el cimiento de toda una obra literaria".
"Cada vez que lo releo descubro algo nuevo'", reiteró Omar Prego.
Los autores de "Onetti: la novela total" recordaron las claves del novelista en "La vida breve" (1950), "El astillero" (1961) y "Juntacadáveres" (1964), algunos de los libros en los que aparece, casi como un personaje más, la imaginaria y mítica ciudad de Santa María, a la que su ensayo dedica una de sus partes más importantes.
Prego señaló también como "algunos elementos de los tangos (sobre todo de Gardel) están presentes en la escritura de Onetti", quizá por esa nostalgia que se llevó al exilio en España, después de que en 1974 fuera encarcelado por la dictadura uruguaya durante tres meses.
Esa es una de las marcas de Onetti, refirió Prego, el tema "del exilio, el de la salida de alguien que se va, que se despide de su gente y se va a probar suerte, a probar vida y que años después vuelve, fracasado, en busca del paraíso perdido y se pasea por su barrio, buscando amigos y a ese amor que tampoco existe y que si existe es una ruina".
Todos estos "fueron elementos que Onetti maneja muy bien" en toda su novelística que es preciso, insistió, "leer y volver a leer".
Para María Angélica Petit, la de Onetti, precisamente, "se trata de una obra que consideramos es la novela total de un autor cuya lectura jamás se puede detener en el tiempo".
Fuente: informativostelecinco.com
Juan Carlos Onetti tenía muy claro qué significa ser escritor: "alguien que siente la necesidad de escribir y que escribe porque siente esa pasión", dice Hortensia Campanella, experta en el autor de "El pozo" y una de las promotoras de las actividades que celebran el centenario de su nacimiento.
La directora del Centro Cultural de España en Montevideo (CCE), Hortensia Campanella, durante una entrevista acerca de la vida y obra del escritor Juan Carlos Onetti.
Campanella, directora del Centro Cultural de España en Montevideo, mantuvo una gran amistad el escritor uruguayo y eso se advierte en el entusiasmo con el que lo recuerda, "un clásico, uno de los grandes de la lengua en español", que "creó un mundo completamente original", comenta.
En entrevista con Efe, Campanella, también autora de la última biografía sobre otro de los grandes de las letras uruguayas y latinoamericanas, Mario Benedetti, derriba algunos de los tópicos y mitos tejidos en torno a Onetti, quien la próxima semana, el 1 de julio, habría cumplido cien años.
Onetti (Montevideo 1909-Madrid 1994) en realidad "era muy consecuente", la "pose" de escepticismo y despecho hacia todo lo que no fuera su mundo interior "tenía que ver con una concepción muy seria de lo que es la literatura y lo que es ser escritor".
"Él decía: 'escribo porque siento necesidad. Para mí escribir es vivir', y en ese sentido lo que estaba alrededor, lo que podía ser cierto desprecio con todo lo que tiene que ver con el mundo editorial, etc., estaba en consonancia", explica.
Aunque en la intimidad, destaca Campanella, él "decía que escribía para sí mismo", que "no le importaban las críticas" y "las leía para burlarse", en realidad, adoraba "que la gente lo leyera".
Campanella es la editora de las Obras Completas de Juan Carlos Onetti, publicada por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, cuyos dos primeros tomos, que reúnen las novelas del escritor, ya salieron al público y cuyo tercer volumen ve la luz en coincidencia con la celebración del centenario.
En este tercer tomo se incluyen los artículos publicados en la prensa, textos variados y cuentos, entre los que se incluyen varios inéditos como "El último viernes", cuyo manuscrito fue donado recientemente a la Biblioteca Nacional de Montevideo por María Isabel Onetti, la hija del autor de "Cuando no importe".
En la tercera parte de las obras completas de Onetti se puede percibir, señala Campanella, su reflexión sobre la sociedad y sus problemas, y al leerla se derriba el mito de que en sus últimos años en España fue un hombre amargado y encerrado en sí mismo.
"Era una persona muy interesada por lo que pasaba alrededor. Hablaba de política española al detalle, de los chismes, las opiniones", y leía diariamente los diarios, tanto españoles como uruguayos, y alguno que otro francés, como Le Monde, destaca la especialista.
No obstante, sonríe Campanella, también es cierta esa afición suya a las novelas policiacas, incluso "las malísimas que Dolly (Dorothea Muhr, su cuarta esposa y con quien se exilió en España, en 1975, huyendo de la dictadura en su país) le compraba por kilos en la Cuesta del Mollano", una calle madrileña famosa por sus puestos de libros usados.
La directora del Centro Cultural de España recuerda al escritor leyendo novelas negras tumbado en la cama, fumando y apoyado en un codo.
"Según leía, rompía las páginas y las tiraba a la papelera" que tenía junto a él, con total parsimonia y circunspección, rememora Campanella.
Onetti "era una persona muy lúcida intelectualmente" y lo fue "hasta el final", agrega la experta.
"Siempre me revelo contra ese tópico de que estuvo cuatro años en la cama, que no es cierto. Sí lo es que dos años antes, más o menos, tuvo un percance de salud complicado, una mala inyección y una infección que le hizo mucho daño en una pierna y estuvieron a punto de cortársela", explica.
Para sanar "estuvo un tiempo ingresado y desde ese momento se quedó cada vez más" en la casa, pero antes no era así, reitera Campanella.
"En 1993 y parte de 1994 fue cayendo en una cierta depresión, de la cual salía y venía", entonces "sí se quedaba dentro de la cama", pero "no cuando no estaba deprimido". Entonces, "era el Onetti normal que yo conocí en 1978", el "humorista" e "irónico", insiste la autora.
Fuente: informativostelecinco.com
La revista 'Turia' publica un cuento del escritor de culto uruguayo de cuyo nacimiento se cumplen cien años en julio
"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto". Así arranca El último viernes, relato inédito del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) que este mes publica la revista literaria Turia para conmemorar el centenario del nacimiento del autor. El texto, hallado por la hija de Onetti, cuenta la historia de un periodista (Carner) y sus rutinarias entrevistas con un policía (Miller). Fue escrito en los años cincuenta, a lápiz, en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando el autor vivía en el barrio bonaerense de San Telmo. "Este relato, ajustado a las claves de desarraigo y pesimismo que caracterizan la literatura de Onetti, no va a ser publicado en sus obras completas", señala a ELPAÍS.com por vía telefónica el director de Turia, Raúl Carlos Maícas.
Juan Carlos Onetti 1980- TIEDRA
El original del manuscrito fue donado el pasado mes de marzo por Isabel María Onetti a la Biblioteca Nacional de Uruguay. En aquella ceremonia de entrega, la hija del escritor contó que el cuaderno con el manuscrito quedó olvidado en el apartamento en el que el escritor, su esposa e Isabel María vivían en San Telmo. "En el cuaderno había también unos palotes, porque yo hice mis primeros ejercicios de escritura en sus páginas, y luego lo utilicé como diario íntimo" señaló Isabel a Montevideo.com . "Luego dejé de emplearlo como diario y lo abandoné. Pero antes extraje las hojas (escritas por mi padre) para conservarlas" agregó la hija del escritor.
Según relata en un comunicado el escritor hispanouruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el número monográfico, El último viernes demuestra que para Onetti la literatura era "mentir bien la verdad". "De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza".
Autor de obras como El pozo, Los adioses, La vida breve o El astillero, Onetti se convirtió en una figura de culto en la literatura hispanoamericana. Si bien no alcanzó la reputación universal de compatriotas como Mario Benedetti, recientemente fallecido, es el único uruguayo acreedor del Premio Cervantes. Buena parte de los miembros del club de los onettianos, en expresión de Maícas, se da cita en este número de Turia, cuya aparición se enmarca dentro de un ciclo de actos se celebran a ambos lados del Atlántico y que culminan el primero de julio, día en que nació Onetti.
En Madrid, la Casa de América acoge mañana una conferencia del escritor peruano Mario Vargas Llosa sobre la figura del autor uruguayo. Vargas Llosa publicó el año pasado un ensayo, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara) , en el que analiza en profundidad la vida, la obra y las motivaciones que subyacen al imaginario onettiano. En la Casa de América, además, se proyectará El infierno tan temido, basado en un relato de Onetti, incluido en la representación teatral La verdad de las mentiras, con Mario Vargas Llosa y la actriz Aitana Sánchez Gijón.
Comienzo de 'El último viernes', de Onetti
"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando rígidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza".
Fuente: ELPAIS.com
Cien años de un "maldito" que le dio la vuelta a la literatura iberoamericana
MONTEVIDEO
El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti imprimió un giro copernicano a la literatura latinoamericana con una escritura desabrida y escéptica, pero a la vez rebosante de humanidad y destinada a hacer de la imaginación su bandera.
El 1 de julio se cumple el centenario del nacimiento de Onetti en Montevideo, ciudad que, al igual que Madrid, donde murió en 1994, se ha volcado en homenajear a un autor que renovó la forma de escribir en español desde la pasión y con un estilo que estaba "en el límite del idioma", según señaló en una ocasión el escritor español Antonio Muñoz Molina.
Si con "El Pozo" (1939) rozó el existencialismo y se adelantó a Sartre y Camus en su desolada visión de lo cotidiano, con "La vida breve" (1950) Onetti dio ese golpe de timón que demandaba la novela hispanoamericana y que impulsó más tarde, de una u otra forma, a los autores del llamado "boom".
"Con Onetti aparecieron esas historias del novelista de la decadencia, el escritor del nihilismo. Yo creo que fue una expresión de lo que luego se llamó filosofía de la existencia", señala a Efe alguien que conoció bien al escritor, el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti.
Si bien los personajes de "El astillero", "Juntacadáveres" o "La vida breve" aparecen "atados a la decadencia, a la falta de horizontes, a los pequeños grandes odios", finalmente son siempre "redimidos de algún modo por un ramalazo de amor que aparece en su espíritu", afirma el político y ensayista.
Es el mismo "humanismo" que ve en el fondo de la obra de Onetti el catedrático de literatura y director de Cultura del Gobierno uruguayo, Hugo Achugar, para quien, con sólo 30 años, Onetti fue capaz de dar la vuelta al panorama literario de su época.
La publicación de "El pozo", explica a Efe Achugar, supuso "un antes y un después", que se reafirmó con la publicación de "La vida breve", once años después.
"Se convirtió en un escritor de escritores", añade, para subrayar el peso que tuvo en los autores del "boom", como el colombiano Gabriel García Márquez, el peruano Mario Vargas Llosa o el chileno José Donoso.
La experiencia fue una buena fuente para esa materia literaria; Juan Carlos Onetti nunca terminó unos estudios superiores, pero desde muy joven amó la escritura y tendió hacia ella como única alternativa a la existencia gris.
Para sobrevivir desempeñó muchos trabajos, pero fue finalmente el periodismo, en Uruguay y en Argentina, se convirtió en el mal menor.
Como le citara en una entrevista muchos años más tarde su cuarta esposa -y compañera hasta el final de sus días-, Dorothea "Dolly" Muhr, el periodismo era "el oficio más soportable" para un escritor.
La factura de ambos soportes de escritura, los artículos y las novelas, era, sin embargo, bien distinta; según explica Mario Vargas Llosa, "para los periódicos (Onetti) buscaba las palabras. Las de los cuentos y las novelas le asaltaban".
El escritor peruano define a "La vida breve" en su reciente libro sobre Onetti "El viaje a la ficción" como "la primera novela moderna" en lengua castellana, donde "es el primero en aplicar la revolución formal de la narrativa", la que en la novela europea y norteamericana habían llevado a cabo su admirado Faulkner, Proust, Joyce, Kafka o Mann.
Es en "La vida breve" donde inicia el ciclo de "Santa María", esa ciudad imaginaria a mitad de camino de Buenos Aires y Montevideo, pero sin ser ninguna de ellas, donde viven, traicionan y desesperan los personajes (Larsen, Brausen, Díaz Grey...)que se reiteran en toda su obra narrativa, una de las huellas que le dejara Faulkner.
A esa obra le siguen otras de brillo similar, como "El astillero" (1961) y "Juntacadáveres" (1964), donde el estilo de Onetti crece entre prostíbulos, sórdidos personajes y derrotas sin esperanzas, y Santa María deviene en territorio de leyenda, como el Macondo de García Márquez o la Yoknapatawpha de Faulkner.
La vida de Onetti, y la difusión de su obra, da un giro de 180 grados con la instauración de la dictadura en Uruguay en 1973.
En 1974, el escritor es encarcelado durante tres meses por el formar parte de un jurado que premió un cuento condenado por el régimen como pornográfico y subversivo.
Onetti aprovecha una invitación a un simposio en Madrid para quedarse, ya hasta su muerte, en España.
Aquí publicará en 1979 otra novela clave, "Dejemos hablar al viento", un broche de oro más en su currículum y que contribuirá a que un año más tarde sea recompensado con el Premio Cervantes.
Al retornar la democracia a Uruguay, en 1985, el primer presidente constitucional, Sanguinetti, le invita a regresar, pero Onetti ya no se ve ni con las ganas ni con las fuerzas para hacerlo.
Es entonces cuando se recluye en su piso de la madrileña Avenida de América, cada vez más aficionado al whisky, el tabaco y las novelas negras, pero con la energía precisa para seguir escribiendo: "Cuando entonces" (1987) y "Cuando ya no importe" (1993).
El 30 de mayo de 1994 muere en una clínica madrileña, dejando bien claro que no quería exequia alguna y renegando de que le recordaran por esa "entrega visceral" a la literatura, como le atribuyó Vargas Llosa, "que se llevaba a cabo en la soledad y sin esperar otra recompensa que saber que escribiendo le sacaba la vuelta a la puta vida".
Fuente: LosTiempos.com
Un nuevo ensayo sobre Onetti reclama la relectura de su obra en su centenario
Juan Carlos Onetti "no hubiera vivido si no hubiera escrito" y "no pudo existir cuando vio que no iba a poder seguir escribiendo", dijo ayer la historiadora María Angélica Petit en la presentación del libro "Onetti: la novela total", escrito junto a su esposo, el también ensayista Omar Prego.
La escritora María Angélica Petit (d), coautora junto a Omar Prego Gadea (i) del libro "Onetti: La Novela Total" durante la presentación de la obra en el Centro Cultural de España en Montevideo (Uruguay). La presentación de esta obra, de la editorial Planeta, tuvo lugar en el Centro Cultural de España en Montevideo, en el marco de los actos organizados por esta institución con ocasión del centenario del nacimiento del escritor uruguayo, que se cumple el próximo 1 de julio.
Prego y Petit reclamaron "la relectura del maestro", con mayor razón en este centenario de su nacimiento en Montevideo, y a fin de participar "de su pasión" y "su humor", según subrayaron.
La génesis del ensayo, como explicaron los autores, se remonta a 1977 y en ella se refleja una amistad que empezó mucho antes y que, durante tres décadas, unió a este matrimonio de intelectuales con el gran escritor uruguayo.
Esa "cercanía", más "la lectura y relectura" de la obra de Onetti, explicó Petit, les permitió sumergirse en la esencia del escritor, sin olvidar el contexto de Uruguay, de la narrativa latinoamericana en la que tanto influyó, y de su exilio en 1975 a España, donde ya residiría hasta el fin de sus días, en 1994.
Onetti era "un ser extraño, tan misterioso y, sin embargo, al cual se podía llegar con mucho afecto y una amistad que no alteraba el tiempo", explicó Prego.
Este crítico y periodista es autor de seis novelas y otros ensayos, entre ellos "Onetti. Perfil de un solitario", reeditado hace un par de meses también en el marco del "Año Onetti", con el que Uruguay conmemora al que fuera uno de sus más importantes escritores.
Petit recordó los orígenes periodísticos de Onetti, cuando trabajaba para el semanario Marcha, de Montevideo, donde demostró "la pasión" que después caracterizaría a toda su obra novelística.
Esa pasión y el compromiso de Onetti alcanzan a sus lectores, explicó por su parte Prego, para quien esa es una de las claves del éxito de su literatura, a pesar de los "claroscuros" que la envuelven.
Su primer contacto con Onetti fue al leer "El pozo" (1939), libro que le acompañó una noche en la que no pudo dormir hasta terminarlo, "cuando estaba saliendo el sol".
"Fue algo fulminante, como cuando te ves atrapado y te cae algo encima de lo cual no te puedes defender y de lo que después ya no me defendería más", recordó.
Prego destacó la magia de "esa forma de narrar, de contar; esa forma misteriosa de ir armando una historia y, de algún modo, comprometiendo al lector a colaborar en la construcción de eso que está leyendo".
De esta forma, en la narrativa de Onetti, "el lector también, de alguna manera, se convierte en escritor".
En "El pozo", según Petit, "la soledad existencial del hombre en la urbe se solidifica para convertirse en el cimiento de toda una obra literaria".
"Cada vez que lo releo descubro algo nuevo'", reiteró Omar Prego.
Los autores de "Onetti: la novela total" recordaron las claves del novelista en "La vida breve" (1950), "El astillero" (1961) y "Juntacadáveres" (1964), algunos de los libros en los que aparece, casi como un personaje más, la imaginaria y mítica ciudad de Santa María, a la que su ensayo dedica una de sus partes más importantes.
Prego señaló también como "algunos elementos de los tangos (sobre todo de Gardel) están presentes en la escritura de Onetti", quizá por esa nostalgia que se llevó al exilio en España, después de que en 1974 fuera encarcelado por la dictadura uruguaya durante tres meses.
Esa es una de las marcas de Onetti, refirió Prego, el tema "del exilio, el de la salida de alguien que se va, que se despide de su gente y se va a probar suerte, a probar vida y que años después vuelve, fracasado, en busca del paraíso perdido y se pasea por su barrio, buscando amigos y a ese amor que tampoco existe y que si existe es una ruina".
Todos estos "fueron elementos que Onetti maneja muy bien" en toda su novelística que es preciso, insistió, "leer y volver a leer".
Para María Angélica Petit, la de Onetti, precisamente, "se trata de una obra que consideramos es la novela total de un autor cuya lectura jamás se puede detener en el tiempo".
Fuente: informativostelecinco.com
Más allá del mito, Onetti era un escritor apasionado, defiende una experta
Juan Carlos Onetti tenía muy claro qué significa ser escritor: "alguien que siente la necesidad de escribir y que escribe porque siente esa pasión", dice Hortensia Campanella, experta en el autor de "El pozo" y una de las promotoras de las actividades que celebran el centenario de su nacimiento.
La directora del Centro Cultural de España en Montevideo (CCE), Hortensia Campanella, durante una entrevista acerca de la vida y obra del escritor Juan Carlos Onetti. Campanella, directora del Centro Cultural de España en Montevideo, mantuvo una gran amistad el escritor uruguayo y eso se advierte en el entusiasmo con el que lo recuerda, "un clásico, uno de los grandes de la lengua en español", que "creó un mundo completamente original", comenta.
En entrevista con Efe, Campanella, también autora de la última biografía sobre otro de los grandes de las letras uruguayas y latinoamericanas, Mario Benedetti, derriba algunos de los tópicos y mitos tejidos en torno a Onetti, quien la próxima semana, el 1 de julio, habría cumplido cien años.
Onetti (Montevideo 1909-Madrid 1994) en realidad "era muy consecuente", la "pose" de escepticismo y despecho hacia todo lo que no fuera su mundo interior "tenía que ver con una concepción muy seria de lo que es la literatura y lo que es ser escritor".
"Él decía: 'escribo porque siento necesidad. Para mí escribir es vivir', y en ese sentido lo que estaba alrededor, lo que podía ser cierto desprecio con todo lo que tiene que ver con el mundo editorial, etc., estaba en consonancia", explica.
Aunque en la intimidad, destaca Campanella, él "decía que escribía para sí mismo", que "no le importaban las críticas" y "las leía para burlarse", en realidad, adoraba "que la gente lo leyera".
Campanella es la editora de las Obras Completas de Juan Carlos Onetti, publicada por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, cuyos dos primeros tomos, que reúnen las novelas del escritor, ya salieron al público y cuyo tercer volumen ve la luz en coincidencia con la celebración del centenario.
En este tercer tomo se incluyen los artículos publicados en la prensa, textos variados y cuentos, entre los que se incluyen varios inéditos como "El último viernes", cuyo manuscrito fue donado recientemente a la Biblioteca Nacional de Montevideo por María Isabel Onetti, la hija del autor de "Cuando no importe".
En la tercera parte de las obras completas de Onetti se puede percibir, señala Campanella, su reflexión sobre la sociedad y sus problemas, y al leerla se derriba el mito de que en sus últimos años en España fue un hombre amargado y encerrado en sí mismo.
"Era una persona muy interesada por lo que pasaba alrededor. Hablaba de política española al detalle, de los chismes, las opiniones", y leía diariamente los diarios, tanto españoles como uruguayos, y alguno que otro francés, como Le Monde, destaca la especialista.
No obstante, sonríe Campanella, también es cierta esa afición suya a las novelas policiacas, incluso "las malísimas que Dolly (Dorothea Muhr, su cuarta esposa y con quien se exilió en España, en 1975, huyendo de la dictadura en su país) le compraba por kilos en la Cuesta del Mollano", una calle madrileña famosa por sus puestos de libros usados.
La directora del Centro Cultural de España recuerda al escritor leyendo novelas negras tumbado en la cama, fumando y apoyado en un codo.
"Según leía, rompía las páginas y las tiraba a la papelera" que tenía junto a él, con total parsimonia y circunspección, rememora Campanella.
Onetti "era una persona muy lúcida intelectualmente" y lo fue "hasta el final", agrega la experta.
"Siempre me revelo contra ese tópico de que estuvo cuatro años en la cama, que no es cierto. Sí lo es que dos años antes, más o menos, tuvo un percance de salud complicado, una mala inyección y una infección que le hizo mucho daño en una pierna y estuvieron a punto de cortársela", explica.
Para sanar "estuvo un tiempo ingresado y desde ese momento se quedó cada vez más" en la casa, pero antes no era así, reitera Campanella.
"En 1993 y parte de 1994 fue cayendo en una cierta depresión, de la cual salía y venía", entonces "sí se quedaba dentro de la cama", pero "no cuando no estaba deprimido". Entonces, "era el Onetti normal que yo conocí en 1978", el "humorista" e "irónico", insiste la autora.
Fuente: informativostelecinco.com
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