#1 Univers0 HESSE por Ramón Meseguer
por Ramón Meseguer

Las primeras palabras que Hesse hace sonar en el mundo de la Literatura las dice en el lenguaje de la lírica. Y de manera similar a Wasserman, y a Werfel, al lanzar su «quejido» lírico lanza el puñado de semillas importantes de su vida. Son los temas nucleares que se tratarán una y otra vez a lo largo de una vida, en distintas obras. Tenía Hermann Hesse 22 años cuando publicó sus Canciones Románticas.
Parece ser que sufragó los gastos de la edición, aparecida en 1899. En ese mismo año publicó una obra titulada Una hora después de la medianoche, en la que se reunían nueve trabajos en prosa.
La crítica acogió amigablemente el segundo «brote» de Hesse. Nada menos que Rilke fue uno de los que felicitó la producción del joven escritor. Desde ese momento Hesse entraba en la fama, por lo menos de los profesionales de la Literatura.
En 1901, y bajo el título Escritos y versos legados por Hermann Lauscher, y dados a la luz por Hermann Hesse, publicó nuevas poesías y prosas.
Sigue aún expandiéndose la vena lírica, con la publicación, en 1902, del libro titulado Poesías. Y por fin viene la novela: Peter Camenzind (1903).
En esta fecha Hermann Hesse se convierte en un escritor de renombre, con plena resonancia en el mundo germánico.
Análisis biográfico de Hermann Hesse
¿Por qué se hizo escritor Hermann Hesse? ¿Por qué empezó por la lírica? ¿Por qué desembocó en la novela?
Si se pudiera dar respuesta a estas preguntas tan simples (que no sencillas), significaría que disponemos de unos maravillosos detectores de la intimidad última de la persona... y de la sociedad.
Pero no nos forjemos ilusiones; el individuo sigue siendo inefable. Y demos gracias a Dios.
Sin embargo, ello en vez de desanimarnos debería entusiasmarnos. Primero porque nos garantiza el respeto radical y eterno hacia la persona humana, y segundo porque nos abre cada vez más profundos horizontes de comprensión, de intuición y de situación.
De aquí lo apasionante de recomponer (como en escenario dramático) las piezas del mundo en que (y que) vivió el autor, y adivinar por qué se planteó el problema, cómo se desarrolló la trama, qué hilos la movían... para traslucir en este trasiego de acciones y reacciones las facetas misteriosas del personaje central.
Porque es hermoso darse cuenta de que se puede captar una presencia y tener que declararla enigma. Pues no es lo mismo inefable que indescubrible.
Biografía de una problemática personal
"El lunes 2 de julio de 1877, tras un día difícil, nos obsequia Dios con su gracia, a las seis y media de la tarde: el hijo ardientemente deseado, nuestro Hermann, un niño grande, pesado, hermoso, hambriento, que gira los ojos hacia la luz. Es un tipo ejemplar de niño sano y robusto."
Éste es un párrafo entresacado del diario de la madre de Hesse.
En 1946, Hesse escribe a la hermana Adela: «La bondadosa sabiduría del abuelo, la inagotable fantasía y vitalidad de nuestra madre, la refinada capacidad de sufrimiento y sensibilidad de conciencia de mi padre nos educaron...»
En la casa paterna distintos mundos irradiaban su luz.
«Aquí se rezaba y se leía la Biblia, se estudiaba y se cultivaba la filología india, se tocaba música, se hablaba de Buda y de Lao-Tse. Venían huéspedes de diversos países... se invitaba a los pobres y se daban fiestas. Ciencia y fábula convivían...»
En sus primeros escritos tiene Hesse un párrafo significativo:
«¿De dónde les viene a las madres este fascinante y alegre arte, este espíritu plástico, el maravilloso arte de "la labia"?»
Por su parte, la madre de Hesse escribe:
«El chico tiene, para su edad, una vitalidad, una fuerza de gigante, una voluntad poderosa y una inteligencia asombrosa.»
Pero, por otra parte, en una carta del padre, fechada el 14 de noviembre de 1883, leemos:
«Hermann, que en la escuela es tenido por dechado de virtudes, a veces resulta insoportable. Por humillante que fuese para nosotros, a veces pienso seriamente si no tendríamos que internarlo en alguna institución o ponerlo en manos ajenas. Somos demasiado nerviosos, demasiado débiles para él, y el hogar, en conjunto, insuficientemente disciplinado y regulado.»
Objetivamente la circunstancia de Hermann Hesse y su personalidad innata se prestaban al conflicto. Y en mi opinión el conflicto se produjo, y hondo, en la personalidad de Hesse.
El escritor confiesa en una de sus obras:
«Desde los trece años, para mí era totalmente claro que yo tenía que ser escritor o nada.»
Hesse tuvo ese momento único, la «revelación» (fenómeno que hoy parece que hoy se puede explicar de un modo biológico, al menos parcialmente) en el que se despierta y confirma a la vez la motivación, la afinidad más profunda del alma.
A los doce años lee unos versos de Höderlin: "La Noche". El poema le produjo una profunda conmoción. Dice Hesse:
«... ¡Esto es poesía! ¡Esto es un poeta! ¡Qué hondamente sonó entonces mi oído, por primera vez, la lengua de mi madre y de mi padre...
La noche viene,
llena de estrellas, y en verdad poco preocupada por nosotros,
brilla allá la asombrosa, la extraña entre los hombres,
sobre las montañas triste y esplendente.
"Nunca más, por mucho que haya leído en mi adolescencia, me han fascinado de forma tal palabras de poeta.»
La crisis:
En otoño de 1891 Hesse es llevado al seminario de Maulbroun.
Al principio Hesse se encuentra bien, pero poco tiempo después, en una carta del 20 de marzo, escribe este párrafo:
«Estoy tan fatigado, tan sin fuerzas y abúlico... No estoy enfermo, lo que pasa es que me siento atado por una debilidad desacostumbrada y extraña..., mis pies están siempre helados mientras que la cabeza me arde por dentro.»
Hesse empieza a ensimismarse y aislarse. Pasa las vacaciones de Semana Santa en Calw y se le ve irritable, destemplado y reconcentrado. Vuelve a Maulbroun, pero su estado empeora y tiene que interrumpir los estudios en mayo. Durante esa época se desata la lucha interior en el alma de Hesse, las fuerzas contendientes son: por una parte el deseo de autoafirmación, la defensa del propio yo y la tempranamente vívida tendencia a ser escritor, y por otra la rígida tradición religiosa de la familia y todas las figuras de autoridad frente a las que se hallaba en postura inadecuada.
Hesse ha escrito acerca de aquellos años:
«A lo largo de cuatro años todo lo que se emprendió conmigo se torció: ninguna escuela quería tenerme, no hubo aprendizaje en el que aguantase largo tiempo. Cada intento que se hacía de convertirme en hombre útil resultaba un fracaso, e incluso a veces, acompañado de burla, escándalo o despido.»
Hesse sufrió una serie de crisis nerviosas, decepciones, y al final de una desilusión amorosa llegó incluso a realizar un intento de suicidio.
Veamos en un breve resumen todos estos avatares:
Hesse se salió del seminario de Maulbroun. A continuación tuvo una serie de fracasos, primero en el gimnasio laico de Bad Cannstatt, luego como ayudante de su padre, más tarde como aprendiz de comercio, y a continuación como mecánico de una fábrica de relojes.
Es evidente en ello, o son evidentes, los rasgos de huida, de insatisfacción, de «tanteo y desorientación» en suma.
En 1899 Hesse se establece como librero en Zurich, donde los padres habían vivido.
En 1902 escribe "Peter Camenzind". La novela, que fue un gran éxito, le permite dejar su oficio de librero. Se va a Gaienhof am Bodense y se casa con María Bernouilli, de treinta y seis años de edad.
He aquí que nos da quizá la clave de algunos aspectos de la personalidad de Hesse. Casarse con una mujer que le lleva casi diez años de edad, puede tener un significado muy profundo.
Visto en abstracto, un tipo de matrimonio de esta índole puede significar profunda insatisfacción y profunda inmadurez de carácter. Porque téngase en cuenta que en nuestra cultura la mujer madura seis o siete años antes que el hombre.
Si pasamos del plano abstracto al concreto y lo aplicamos a Hesse, veremos que la diferencia «psicológica» de edad con su mujer era de quince años.
Es verdad, sin embargo, que esto que decimos son atisbos y que solamente la adivinación profunda del decurso biográfico de Hesse nos podría decir qué es en realidad lo que pasó.
En Peter Camenzind se nos transparenta un Hesse amador de la naturaleza, enemigo de la civilización, huidor del mundo y de sus riesgos y constructor de una «realidad de ensueño».
Hay otro aspecto, quizá capa muy profunda de la obra. El hecho es que en ésta se plantea un enigma (que ya se lo planteó y «lloró» Hesse en la escuela): un árbol, una animal, una montaña tiene «historia». ¿Cómo puede ser eso?
Otro problema que se nos plantea aquí es la comparación de estas dos temáticas: el hombre huidor, ensoñador, y el enigma citado. ¿Cuál de los dos temas está hurgando más el alma de Hesse?
Tendería a afirmar que los dos están subterráneamente ligados aunque parezcan distintos.
En 1905 publica Bajo la rueda. Es una más entre las típicas novelas de «tragedia escolar». Con ello se aproximaba en cierta manera a la generación de los expresionistas que protestaban violentamente contra la generación de los «padres». La novela llegó a alcanzar una edición de 150.000 ejemplares.
Entre los años 1907, 1908 y 1912 aparecen las narraciones: Aquende, Prójimos, Atajos. Con insistencia reiterativa nos aparece en estos libros un tipo de personalidad: el doliente contemplador de colinas, montañas, nubes, las ganas de huir y las necesidad de construir un mundo «soñado».
Sigue a este «temple de ánimo» un sentimiento de soledad, que Hesse plasma en las obras Gertrud (1910) y Rosshalde (1914).
Por ese tiempo es ya un escritor famoso. Frecuentan su casa músicos, editores y escritores. La segunda novela citada refleja la problemática interna de Hesse respecto al matrimonio, los hijos, la esposa, ligados a una persona (el padre) pronto a la «huida» aislado y «muy suyo».
Hesse, que ha vivido ocho años en Gaienhof «como» un agricultor, dedicado al cultivo de verduras, flores y árboles, emprende por «intensa necesidad» un viaje a la India, donde había vivido su padre.
La India le desilusionó. En 1913 publica el libro De la India. Hesse afirma: «Hemos perdido el paraíso, y el nuevo no lo encontraremos en el ecuador, en los cálidos mares del Sur, sino en nuestro nórdico futuro».
El resultado de esta experiencia «india» queda expresado en tres obras: Siddharta, Vida india y El juego de abalorios.
Luego se va a vivir a Berna, a la casa del pintor Welbi. Publica la narración Tres historias de la vida de Knulps (1915). Y una vez más aparece el monotema: Knulp es un vagabundo, sin casa ni preocupación, «el solitario ideal», cuya vida no está ni siquiera ligeramente ensombrecida por un amigo o una querida. Knulp (¡no faltaba más!) sueña con montañas y nubes, es medio niño, medio poeta y, por lo tanto, un «amado de Dios», su «hijo» y «hermano».
La guerra del catorce le arrancó del ideal de la paz, equilibrio y amistad. Se puso, en Berna, a disposición del «Servicio de Ayuda alemán». Escribió un trabajo: ¡Oh, por favor, esos tonos no! El escrito era antibelicista y antinacionalista. Desencadenó entre los enfurecidos alemanes una ola de críticas contra Hesse.
Durante las dos guerras Hesse se dedicó a ilustrar sus libros de poemas y enviarlos a parejas de enamorados. El dinero que obtenía de ello lo daba para los «paquetes» y envíos de asistencia a la gente necesitada.
La guerra reavivó su conflicto interior, se le reprodujeron los problemas de contacto con los demás y, enfermo, empezó a analizarse.
Desde la soledad al enfrentamiento consigo mismo
Una vez Hesse escribió sobre sí mismo:
«... que desde mi época de escolar estuviese siempre condenado a la soledad, la cual acabó convirtiéndose en mi amiga. No encuentro ningún amigo, quizá porque soy demasiado orgulloso para buscarlo, y desde hace tres años estoy acostumbrado a pensar solo y a cantar solo». Desde luego la relación, la profunda relación de Hesse con los otros, con la mujer, fue un problema difícil.
Veamos. Después de su divorcio vuelve a tomar mujer en 1924, pero la ligazón solamente dura un año. En 1931 se casa una vez más. Desde entonces vive en Montagnola y trabaja ininterrumpidamente, profusamente. Pero quizá lo más significativo de todo el aspecto amoroso de la vida de Hesse es que en su obra de culminación El juego de los abalorios no aparece ninguna figura femenina. Esto, que a primera vista no tiene ninguna importancia, la adquiere enormemente cuando se ve que Hesse quiere poner en dinámica «el juego combinatorio de todos los contenidos y valores de nuestra cultura».
¿Qué papel juega, pues, la mujer?, nos hemos de preguntar. Pero la respuesta no está en la lógica de Hesse, sino en su corazón.
Hubo muchas lectoras que se lo preguntaron por escrito. Le apremiaron a que explicase por qué no había ninguna figura femenina en El juego de los abalorios. Hesse contestó que el maestro de la orden (que vive alejada del mundo) es ya tan viejo que no puede mantener contacto con mujeres.
Se ve en seguida que la respuesta es una escapada. Además, no salva la contradicción que significa querer poner en juego en una novela todos los valores de la civilización, y que se olvide de la mujer, que tan importante papel ha desempeñado en la civilización actual.
El juego de los abalorios está distribuida de la siguiente manera:
I. Una omnicomprensiva introducción.
II. Doce capítulos dedicados a los «Knecht».
III. Una especie de «obra póstuma» que consta de once poemas y tres «biografías»: «El hacedor de la lluvia», «El confesor» y «El hindú».
Hesse dijo que había pensado la biografía de Josef Knecht para el año 2400.
Se ve, pues, una vez más lo utópico, la escapada hacia un mundo irreal.
El sufrimiento como fuente de creación
El problema, según Hesse, empezó cuando tenía trece años de edad. Se produjo un «giro» en su personalidad que lo iba a trastornar todo. Fue cuando decidió dedicarse a escribir.
No creo que el problema empezase entonces. Realmente lo que ocurrió es que «el síntoma» estalló entonces, pero seguramente llevaba fermentando varios años.
Se produjo un grave cambio en Hesse; de buen escolar pasó a «mal alumno». Esto le ocasionó problemas con los maestros y con sus padres. Dice Hesse que no veía «posibilidad de reconciliación entre el mundo y su corazón».
Anticipemos que esta situación de crisis se reprodujo cuando la guerra del 14. Bien; a Hesse le encontró el ensimismamiento. Se autoanalizó y dice sinceramente que aunque el mundo sea ingrato, no se le puede echar la culpa al mundo, ni a Dios. «La culpa está en mí -dirá-, pero es agradable la culpa».
Entre el lapso de tiempo que va de 1916 a 1917, Hesse se hizo psicoanalizar. El número de sesiones fue de setenta. Al parecer curado, reanudó sus actividades.
Publica la novela titulada Demian - Historia de una juventud, bajo el seudónimo de Emil Sinclair. La novela obtuvo el premio «Fontane». Sin embargo, un crítico -Konradi- descubrió que la obra tenía que haber sido escrita por Hesse. El asunto quedó tan patente, que Hesse lo aceptó. Le fue ratificado el premio «Fontante». La novena edición salió con el título Demian, que ya ha quedado definitivamente.
Vuelve a dedicarse otra vez a la poesía. Y además escribe Vuelta de Zaratustra. Algo se nos hace definitivamente claro aquí: la personalidad de Hesse gira alrededor de unos temas y de una actitud que no abandonará en toda su vida. (1919) - aclaracion de Oscar Portela
Se ve claro que Hesse es el escritor que quiere guiar a la juventud en el difícil paso que va de la pubertad a la juventud. La pubertad y su época precedente es un tiempo claro. En el paso de la juventud se cambia de los chicos y chicas «claros», «limpios», a los muchachotes y «mozanconas».
Según Hesse, los años de juventud son en sí peligrosos, pero «sanos».
Pero analicemos el «cómo» del paso, del cambio que nos expone Hesse. Para el novelista, el joven busca el «camino»«saliendo» de la casa paterna hacia los secretos del sexo. Pero estos caminos son (¿cómo diríamos?) demoníacos y una vez que han marcado su «huella» en la conciencia, no la dejan libre nunca más.
Es evidente que aquí aparece un claro factor religiosos desventuradamente enfocado. Y es ello lo que me obliga a hacer hincapié en que la problemática de Hesse es muy anterior al «giro» dado a los trece años y mucho más trascendente que un simple problema, o si se quiere, «vivencia traumatizante».
Yo interpreto que sexo, pubertad, huida, «esclavitud de la conciencia», son síntomas y nos son causas. No son lo etiológico del problema.
Lo que sí queda claro es que, aparte de las «fijaciones» y «traumas» que haya en las primeras fases de la constitución del yo, el paso de la pubertad a la juventud, aun siendo peligrosos porque es una época de fácil resbalón y conflicto, no es en sí un camino que una vez recorrido esclaviza la conciencia.
Hay un segundo argumento que destroza la subjetiva interpretación de Hesse, y es que hay jóvenes que, por circunstancias sociales, han sido compañeros de mozancones y han tenido comercio con mozanconas, y a pesar de todo su vida posterior ha sido sana.
Volviendo a Hesse: desde su primera obra el problema de la pubertad le ocupa, le preocupa y es motivo de lucha.
El juego de los abalorios
En medio de la guerra, el 29 de abril de 1942 Hesse dio remate a El juego de los abalorios. El famoso editor Peter Suhrkamp se esforzó baldíamente en editar la obra, que permaneció inédita en Berlín durante siete meses.
Se publicó por primera vez en Suiza y solamente algunos ejemplares que se transmitieron de mano en mano, como algo precioso, lograron cruzar las fronteras.
Hesse «rememoró» en 1955, en una carta de Rudolf Pannwitz, algunas cosas acerca del «nacimiento» de la obra:
«La imagen que encendió en mí la primera chispa fue la reencarnación como expresión de lo estable en lo fluyente, en una palabra: como expresión de la continuidad de la tradición y de la vida del espíritu.
Cierto día, antes de que intentase la redacción de obra alguna, tuve la visión de un "transcurrir la vida" individual, pero supratemporal.
"Imaginé un hombre que a través de varios "renacimientos" vive las grandes épocas de la Historia humana... Vinieron años dolientes tras una crisis grave, años que coincidieron con los de la recuperación y renovación de la alegría de vivir en aquella Europa y aquella Alemania agotadas por la guerra mundial... En medio de estas amenazas y peligros para la existencia espiritual y psíquica de un escritor de lengua alemana, me agarré al medio de la salvación de todos los artistas: la producción. Y reemprendí el viejo plan, que sufrió una fuerte transformación bajo la presión de aquellos momentos.
Tenía que (a pesar de la mala estampa que ofrecía el tiempo aquel) hacer visible el reino del espíritu y del alma, mostrándolos como existentes e insuperables.
"Así fue como mi obra se transformó en utopía, la imagen fue proyectada hacia el futuro, y el desgraciado presente trasladado a un pasado ya superado. Y para sorpresa mía surgió como por sí mismo el mundo castálico. No necesitó ser pensado y construido. Sin que yo lo supiese, hacía largo tiempo que se había preformado en mí".
"Con ello encontré para mí el espacio para respirar.»
Hesse lo que pretendía sobre todo, con su obra, era contraponer a un mundo que se desintegra en la anarquía, una provincia donde reina la mesura, el orden espiritual, la educación y el respeto.
Hesse quería estructurar «panoramas normativos» y Castalia debería representar un panorama de esta índole para un mundo que había perdido su dignidad.
Aunque esta provincia se haya proyectado para un futuro, no es un «lugar futuro» ni una profecía o un postulado utópico, sino una idea cuyo «interior» no posee realidad ligada a ningún tiempo determinado y representa una posibilidad de vida espiritual.
El juego de los abalorios lleva el subtítulo de «Ensayo de descripción de la vida del maestro José Knecht, unido a todos los escritos legados por Knecht».
La vida de la obra transcurre en un tiempo posterior a nuestro presente en algunos siglos. En ella describe la vida de Castalia.
Se han superado el siglo XIX y el XX, con su individualismo sin autoridad, con sus guerras y con su decadencia moral.
Desesperados por el ocaso de la cultura, se junta un grupo de hombres para permanecer fieles al «espíritu», para servir a los altos valores de la tradición y para construir un «nuevo mundo de formación de hombres».
Ello da origen a una especie de orden laica que vive bajo estricta disciplina, renuncia a los éxitos «externos», a la creación artística y se dedica especialmente al cultivo de la música, de la matemática y de la filología. Se persigue como fin una gran síntesis de todas las ciencias y de todas las culturas.
En medio de la existencia de esta exclusiva y espiritual orden, ésta, el Juego de los abalorios, es un «juego» (La palabra juego (Spiel) en alemán no tiene solamente un significado lúdico, sino también de «desempeño de un papel», de «representación».) que se expresa con una especie de lenguaje secreto de un gran nivel de elaboración, con reglas propias y gramática propia.
El juego es un juego con todos los contenidos y valores de nuestra cultura.
El juego exige largos años de adiestramiento; solamente algunos alcanzan la máxima perfección; solamente uno puede ser «maestro del juego de los abalorios».
La orden de los de Castalia permanece con jerarquía propia, aislada en medio del Estado; sin embargo, es reconocida por éste y sostenida en su aspecto material. Como correspondencia a esta ayuda del Estado surgen las escuelas de la élite, que están abiertas a los hijos mejor capacitados del país.
José Knecht, prodigiosamente dotado para la música, tras exámenes especiales, a la edad de doce años es aceptado en una de dichas escuelas para la élite. Tras los años de enseñanza en los que se manifiesta como uno de los mejores alumnos, ingresa en la orden.
Como inmediatamente entra a formar parte del círculo de la verdadera élite, es enviado al monasterio «Mariafels» para que estreche al máximo la ligazón con la orden de los benedictinos. Allí conoce al padre Jacobus (gran historiador), y a través de él, la esencia del mundo histórico y de la realidad. Al regreso del monasterio es elegido «maestro del juego», máximo grado de la Jerarquía espiritual, y se acredita como magnífico pedagogo y sobresaliente maestro del «juego». Pero este hombre, en un tiempo apasionado del mundo castálico, aprende con los años que Castalia tampoco significa un valor absoluto, sino que está sometida al «aparecer» histórico, y por lo tanto sometida a lo transitorio.
Aprende a ver que lo conseguido está condenado a morir si pierde la capacidad de devenir y cambiar.
Por todo ello decide abandonar la orden, cuyas posibilidades ha agotado y delimitado. Abandona su cargo, entra en la vida del mundo y se hace maestro del hijo del amigo con el que juntamente estudiaron en la escuela de élite, y que desde hace tiempo se dedica a la política.
Pero apenas ha empezado su nueva dedicación halla la muerte al bañarse en un lago de montaña.
Pero una síntesis dinámica donde lo «agónico» surge de la misma dinamicidad y de la misma agonía personal de Hermann Hesse.
Es palmario que una síntesis tal encierra series y series de temas casi inacables. Se pues hacer una «selección», que siempre resultará una «elección», pues en definitiva una obra de sincretismo antropológico, filosófico, cultural, pedagógico, etc., exige para comentario una obra más amplia que la misma novela: lo que en ésta es simbólico, en el comentario tendría que ser explanación. Uno de los temas centrales es el «tipo» de hombres que viven esta utopía. Son hombres que luchan «ascéticamente» por el orden, la norma, la razón, la ley, la mesura. Dan al mundo maestros, libros y métodos. Son eficientes en cuanto «inspectores» de la mesura y del peso espirituales. Con todo ello le prestan al Estado un servicio grande y necesario.
Segundo tema podría ser «espíritu y verdad». Para alcanzarlos hay que dedicarse a la meditación, ejercicio psíquico a través del cual la persona individual queda neutralizada y su alma, gracias a la ensimismación, interioriza su participación a la «unidad de la vida» .
Tercer tema a tratar puede ser la «Heiterkeit» (En la traducción española de la obra Aufbau der Person, del famoso psicólogo alemán Lersch, el profesor Sarró incluye un apéndice en que la palabra «Heiterkeit» es traducida por «ánimo alegre»). La suprema y más hermosa actitud que puede adquirirse gracias al «juego» es el ánimo alegre. Aquí conviene citar textualmente al autor:
«Aunque incluso pueblos enteros y lenguas diversas busquen fundamentar la hondura del mundo en mitos, cosmogonías, religiones, lo último y máximo que pueden alcanzar es este "ánimo alegre"».
Un cuarto tema es el «transceder», el pasar de etapa en etapa, de espacio en espacio, de ritmo en ritmo.
Salta a los ojos que en "El juego de los abalorios" se reitera y condensa la temática y la problemática de Hesse.
Respecto al tema de las «etapas» y del «trascender» hay una poesía de Hesse (Ignoro si existe traducción castellana. La que hago aquí es completamente literal. En alemán esta poesía tiene su rima y su ritmo), escrita en 1941, que arroja luz sobre un amplio aspecto de la obra del novelista:
Como toda floración marchita, y toda juventud
con la edad decae, así florece cada etapa de la vida,
florece cada sabiduría y cada virtud
a su tiempo, y no debe durar eternamente.
El corazón, a cada llamada de la vida,
debe estar presto a la despedida y recomienzo,
para entregarse con valor, sin luto,
a otras nuevas ligazones.
Cada comenzar está lleno de un encanto
que nos protege y nos ayuda a vivir.
Hemos de atravesar alegres espacio tras espacio,
no depender de hogar alguno,
el espíritu del mundo no quiere atarnos ni angostarnos,
quiere levantarnos peldaño tras peldaño, ampliarnos.
Apenas nos aclimatamos a un círculo de vida,
y nos acostumbramos confiadamente, cuando ya amenaza el adormecimiento,
solamente el que está preparado al rompimiento y al viaje puede escapar del paralizador acostumbrarse.
Quizá todavía la hora de la muerte
nos envíe espacios nuevos,
nunca tendrá fin en nosotros la llamada de la vida...
¡Bien, pues, corazón, despiértate y sana!
El juego de los abalorios ha tenido, en opinión de los críticos alemanes, una extraordinaria y duradera repercusión. Digo «en opinión de los críticos alemanes», porque en el mundo que podríamos llamar «latino» o «mediterráneo» ha sido otro tipo de novela el que ha influido.
De todos modos, lo que sí es cierto es que la obra ha provocado muchos «combates espirituales» en el mundo germánico.
No es de extrañar, porque siendo una novela tan polifacética fácilmente se presta a la controversia, pues, en definitiva, cada crítico proyectará (en mayor o menor grado) su personalidad según ésta se vea afectada por un conjunto de facetas de la polivalente obra. Digamos, finalmente, que el afán fundamental de Hesse, al escribirla, era hacer plásticas, patentes, las fuerzas que en medio del caos crean el orden.
(aporte de Oscar Portela para psicofxp)
-----Agregado el 6/8/2009 a las 11 : 01 : 44-----
HERMAN HESSE Y LA" VUELTA DE ZARATUSTRA"
Vuelve a dedicarse otra vez a la poesía. Y además escribe Vuelta de Zaratustra. Algo se nos hace definitivamente claro aquí: la personalidad de Hesse gira alrededor de unos temas y de una actitud que no abandonará en toda su vida. (1919) - aclaracion de Oscar Portela
HERMANN HESSE Y EL JUEGO DE LOS ABALORIOS

Las primeras palabras que Hesse hace sonar en el mundo de la Literatura las dice en el lenguaje de la lírica. Y de manera similar a Wasserman, y a Werfel, al lanzar su «quejido» lírico lanza el puñado de semillas importantes de su vida. Son los temas nucleares que se tratarán una y otra vez a lo largo de una vida, en distintas obras. Tenía Hermann Hesse 22 años cuando publicó sus Canciones Románticas.
Parece ser que sufragó los gastos de la edición, aparecida en 1899. En ese mismo año publicó una obra titulada Una hora después de la medianoche, en la que se reunían nueve trabajos en prosa.
La crítica acogió amigablemente el segundo «brote» de Hesse. Nada menos que Rilke fue uno de los que felicitó la producción del joven escritor. Desde ese momento Hesse entraba en la fama, por lo menos de los profesionales de la Literatura.
En 1901, y bajo el título Escritos y versos legados por Hermann Lauscher, y dados a la luz por Hermann Hesse, publicó nuevas poesías y prosas.
Sigue aún expandiéndose la vena lírica, con la publicación, en 1902, del libro titulado Poesías. Y por fin viene la novela: Peter Camenzind (1903).
En esta fecha Hermann Hesse se convierte en un escritor de renombre, con plena resonancia en el mundo germánico.
Análisis biográfico de Hermann Hesse
¿Por qué se hizo escritor Hermann Hesse? ¿Por qué empezó por la lírica? ¿Por qué desembocó en la novela?
Si se pudiera dar respuesta a estas preguntas tan simples (que no sencillas), significaría que disponemos de unos maravillosos detectores de la intimidad última de la persona... y de la sociedad.
Pero no nos forjemos ilusiones; el individuo sigue siendo inefable. Y demos gracias a Dios.
Sin embargo, ello en vez de desanimarnos debería entusiasmarnos. Primero porque nos garantiza el respeto radical y eterno hacia la persona humana, y segundo porque nos abre cada vez más profundos horizontes de comprensión, de intuición y de situación.
De aquí lo apasionante de recomponer (como en escenario dramático) las piezas del mundo en que (y que) vivió el autor, y adivinar por qué se planteó el problema, cómo se desarrolló la trama, qué hilos la movían... para traslucir en este trasiego de acciones y reacciones las facetas misteriosas del personaje central.
Porque es hermoso darse cuenta de que se puede captar una presencia y tener que declararla enigma. Pues no es lo mismo inefable que indescubrible.
Biografía de una problemática personal
"El lunes 2 de julio de 1877, tras un día difícil, nos obsequia Dios con su gracia, a las seis y media de la tarde: el hijo ardientemente deseado, nuestro Hermann, un niño grande, pesado, hermoso, hambriento, que gira los ojos hacia la luz. Es un tipo ejemplar de niño sano y robusto."
Éste es un párrafo entresacado del diario de la madre de Hesse.
En 1946, Hesse escribe a la hermana Adela: «La bondadosa sabiduría del abuelo, la inagotable fantasía y vitalidad de nuestra madre, la refinada capacidad de sufrimiento y sensibilidad de conciencia de mi padre nos educaron...»
En la casa paterna distintos mundos irradiaban su luz.
«Aquí se rezaba y se leía la Biblia, se estudiaba y se cultivaba la filología india, se tocaba música, se hablaba de Buda y de Lao-Tse. Venían huéspedes de diversos países... se invitaba a los pobres y se daban fiestas. Ciencia y fábula convivían...»
En sus primeros escritos tiene Hesse un párrafo significativo:
«¿De dónde les viene a las madres este fascinante y alegre arte, este espíritu plástico, el maravilloso arte de "la labia"?»
Por su parte, la madre de Hesse escribe:
«El chico tiene, para su edad, una vitalidad, una fuerza de gigante, una voluntad poderosa y una inteligencia asombrosa.»
Pero, por otra parte, en una carta del padre, fechada el 14 de noviembre de 1883, leemos:
«Hermann, que en la escuela es tenido por dechado de virtudes, a veces resulta insoportable. Por humillante que fuese para nosotros, a veces pienso seriamente si no tendríamos que internarlo en alguna institución o ponerlo en manos ajenas. Somos demasiado nerviosos, demasiado débiles para él, y el hogar, en conjunto, insuficientemente disciplinado y regulado.»
Objetivamente la circunstancia de Hermann Hesse y su personalidad innata se prestaban al conflicto. Y en mi opinión el conflicto se produjo, y hondo, en la personalidad de Hesse.
El escritor confiesa en una de sus obras:
«Desde los trece años, para mí era totalmente claro que yo tenía que ser escritor o nada.»
Hesse tuvo ese momento único, la «revelación» (fenómeno que hoy parece que hoy se puede explicar de un modo biológico, al menos parcialmente) en el que se despierta y confirma a la vez la motivación, la afinidad más profunda del alma.
A los doce años lee unos versos de Höderlin: "La Noche". El poema le produjo una profunda conmoción. Dice Hesse:
«... ¡Esto es poesía! ¡Esto es un poeta! ¡Qué hondamente sonó entonces mi oído, por primera vez, la lengua de mi madre y de mi padre...
La noche viene,
llena de estrellas, y en verdad poco preocupada por nosotros,
brilla allá la asombrosa, la extraña entre los hombres,
sobre las montañas triste y esplendente.
"Nunca más, por mucho que haya leído en mi adolescencia, me han fascinado de forma tal palabras de poeta.»
La crisis:
En otoño de 1891 Hesse es llevado al seminario de Maulbroun.
Al principio Hesse se encuentra bien, pero poco tiempo después, en una carta del 20 de marzo, escribe este párrafo:
«Estoy tan fatigado, tan sin fuerzas y abúlico... No estoy enfermo, lo que pasa es que me siento atado por una debilidad desacostumbrada y extraña..., mis pies están siempre helados mientras que la cabeza me arde por dentro.»
Hesse empieza a ensimismarse y aislarse. Pasa las vacaciones de Semana Santa en Calw y se le ve irritable, destemplado y reconcentrado. Vuelve a Maulbroun, pero su estado empeora y tiene que interrumpir los estudios en mayo. Durante esa época se desata la lucha interior en el alma de Hesse, las fuerzas contendientes son: por una parte el deseo de autoafirmación, la defensa del propio yo y la tempranamente vívida tendencia a ser escritor, y por otra la rígida tradición religiosa de la familia y todas las figuras de autoridad frente a las que se hallaba en postura inadecuada.
Hesse ha escrito acerca de aquellos años:
«A lo largo de cuatro años todo lo que se emprendió conmigo se torció: ninguna escuela quería tenerme, no hubo aprendizaje en el que aguantase largo tiempo. Cada intento que se hacía de convertirme en hombre útil resultaba un fracaso, e incluso a veces, acompañado de burla, escándalo o despido.»
Hesse sufrió una serie de crisis nerviosas, decepciones, y al final de una desilusión amorosa llegó incluso a realizar un intento de suicidio.
Veamos en un breve resumen todos estos avatares:
Hesse se salió del seminario de Maulbroun. A continuación tuvo una serie de fracasos, primero en el gimnasio laico de Bad Cannstatt, luego como ayudante de su padre, más tarde como aprendiz de comercio, y a continuación como mecánico de una fábrica de relojes.
Es evidente en ello, o son evidentes, los rasgos de huida, de insatisfacción, de «tanteo y desorientación» en suma.
En 1899 Hesse se establece como librero en Zurich, donde los padres habían vivido.
En 1902 escribe "Peter Camenzind". La novela, que fue un gran éxito, le permite dejar su oficio de librero. Se va a Gaienhof am Bodense y se casa con María Bernouilli, de treinta y seis años de edad.
He aquí que nos da quizá la clave de algunos aspectos de la personalidad de Hesse. Casarse con una mujer que le lleva casi diez años de edad, puede tener un significado muy profundo.
Visto en abstracto, un tipo de matrimonio de esta índole puede significar profunda insatisfacción y profunda inmadurez de carácter. Porque téngase en cuenta que en nuestra cultura la mujer madura seis o siete años antes que el hombre.
Si pasamos del plano abstracto al concreto y lo aplicamos a Hesse, veremos que la diferencia «psicológica» de edad con su mujer era de quince años.
Es verdad, sin embargo, que esto que decimos son atisbos y que solamente la adivinación profunda del decurso biográfico de Hesse nos podría decir qué es en realidad lo que pasó.
En Peter Camenzind se nos transparenta un Hesse amador de la naturaleza, enemigo de la civilización, huidor del mundo y de sus riesgos y constructor de una «realidad de ensueño».
Hay otro aspecto, quizá capa muy profunda de la obra. El hecho es que en ésta se plantea un enigma (que ya se lo planteó y «lloró» Hesse en la escuela): un árbol, una animal, una montaña tiene «historia». ¿Cómo puede ser eso?
Otro problema que se nos plantea aquí es la comparación de estas dos temáticas: el hombre huidor, ensoñador, y el enigma citado. ¿Cuál de los dos temas está hurgando más el alma de Hesse?
Tendería a afirmar que los dos están subterráneamente ligados aunque parezcan distintos.
En 1905 publica Bajo la rueda. Es una más entre las típicas novelas de «tragedia escolar». Con ello se aproximaba en cierta manera a la generación de los expresionistas que protestaban violentamente contra la generación de los «padres». La novela llegó a alcanzar una edición de 150.000 ejemplares.
Entre los años 1907, 1908 y 1912 aparecen las narraciones: Aquende, Prójimos, Atajos. Con insistencia reiterativa nos aparece en estos libros un tipo de personalidad: el doliente contemplador de colinas, montañas, nubes, las ganas de huir y las necesidad de construir un mundo «soñado».
Sigue a este «temple de ánimo» un sentimiento de soledad, que Hesse plasma en las obras Gertrud (1910) y Rosshalde (1914).
Por ese tiempo es ya un escritor famoso. Frecuentan su casa músicos, editores y escritores. La segunda novela citada refleja la problemática interna de Hesse respecto al matrimonio, los hijos, la esposa, ligados a una persona (el padre) pronto a la «huida» aislado y «muy suyo».
Hesse, que ha vivido ocho años en Gaienhof «como» un agricultor, dedicado al cultivo de verduras, flores y árboles, emprende por «intensa necesidad» un viaje a la India, donde había vivido su padre.
La India le desilusionó. En 1913 publica el libro De la India. Hesse afirma: «Hemos perdido el paraíso, y el nuevo no lo encontraremos en el ecuador, en los cálidos mares del Sur, sino en nuestro nórdico futuro».
El resultado de esta experiencia «india» queda expresado en tres obras: Siddharta, Vida india y El juego de abalorios.
Luego se va a vivir a Berna, a la casa del pintor Welbi. Publica la narración Tres historias de la vida de Knulps (1915). Y una vez más aparece el monotema: Knulp es un vagabundo, sin casa ni preocupación, «el solitario ideal», cuya vida no está ni siquiera ligeramente ensombrecida por un amigo o una querida. Knulp (¡no faltaba más!) sueña con montañas y nubes, es medio niño, medio poeta y, por lo tanto, un «amado de Dios», su «hijo» y «hermano».
La guerra del catorce le arrancó del ideal de la paz, equilibrio y amistad. Se puso, en Berna, a disposición del «Servicio de Ayuda alemán». Escribió un trabajo: ¡Oh, por favor, esos tonos no! El escrito era antibelicista y antinacionalista. Desencadenó entre los enfurecidos alemanes una ola de críticas contra Hesse.
Durante las dos guerras Hesse se dedicó a ilustrar sus libros de poemas y enviarlos a parejas de enamorados. El dinero que obtenía de ello lo daba para los «paquetes» y envíos de asistencia a la gente necesitada.
La guerra reavivó su conflicto interior, se le reprodujeron los problemas de contacto con los demás y, enfermo, empezó a analizarse.
Desde la soledad al enfrentamiento consigo mismo
Una vez Hesse escribió sobre sí mismo:
«... que desde mi época de escolar estuviese siempre condenado a la soledad, la cual acabó convirtiéndose en mi amiga. No encuentro ningún amigo, quizá porque soy demasiado orgulloso para buscarlo, y desde hace tres años estoy acostumbrado a pensar solo y a cantar solo». Desde luego la relación, la profunda relación de Hesse con los otros, con la mujer, fue un problema difícil.
Veamos. Después de su divorcio vuelve a tomar mujer en 1924, pero la ligazón solamente dura un año. En 1931 se casa una vez más. Desde entonces vive en Montagnola y trabaja ininterrumpidamente, profusamente. Pero quizá lo más significativo de todo el aspecto amoroso de la vida de Hesse es que en su obra de culminación El juego de los abalorios no aparece ninguna figura femenina. Esto, que a primera vista no tiene ninguna importancia, la adquiere enormemente cuando se ve que Hesse quiere poner en dinámica «el juego combinatorio de todos los contenidos y valores de nuestra cultura».
¿Qué papel juega, pues, la mujer?, nos hemos de preguntar. Pero la respuesta no está en la lógica de Hesse, sino en su corazón.
Hubo muchas lectoras que se lo preguntaron por escrito. Le apremiaron a que explicase por qué no había ninguna figura femenina en El juego de los abalorios. Hesse contestó que el maestro de la orden (que vive alejada del mundo) es ya tan viejo que no puede mantener contacto con mujeres.
Se ve en seguida que la respuesta es una escapada. Además, no salva la contradicción que significa querer poner en juego en una novela todos los valores de la civilización, y que se olvide de la mujer, que tan importante papel ha desempeñado en la civilización actual.
El juego de los abalorios está distribuida de la siguiente manera:
I. Una omnicomprensiva introducción.
II. Doce capítulos dedicados a los «Knecht».
III. Una especie de «obra póstuma» que consta de once poemas y tres «biografías»: «El hacedor de la lluvia», «El confesor» y «El hindú».
Hesse dijo que había pensado la biografía de Josef Knecht para el año 2400.
Se ve, pues, una vez más lo utópico, la escapada hacia un mundo irreal.
El sufrimiento como fuente de creación
El problema, según Hesse, empezó cuando tenía trece años de edad. Se produjo un «giro» en su personalidad que lo iba a trastornar todo. Fue cuando decidió dedicarse a escribir.
No creo que el problema empezase entonces. Realmente lo que ocurrió es que «el síntoma» estalló entonces, pero seguramente llevaba fermentando varios años.
Se produjo un grave cambio en Hesse; de buen escolar pasó a «mal alumno». Esto le ocasionó problemas con los maestros y con sus padres. Dice Hesse que no veía «posibilidad de reconciliación entre el mundo y su corazón».
Anticipemos que esta situación de crisis se reprodujo cuando la guerra del 14. Bien; a Hesse le encontró el ensimismamiento. Se autoanalizó y dice sinceramente que aunque el mundo sea ingrato, no se le puede echar la culpa al mundo, ni a Dios. «La culpa está en mí -dirá-, pero es agradable la culpa».
Entre el lapso de tiempo que va de 1916 a 1917, Hesse se hizo psicoanalizar. El número de sesiones fue de setenta. Al parecer curado, reanudó sus actividades.
Publica la novela titulada Demian - Historia de una juventud, bajo el seudónimo de Emil Sinclair. La novela obtuvo el premio «Fontane». Sin embargo, un crítico -Konradi- descubrió que la obra tenía que haber sido escrita por Hesse. El asunto quedó tan patente, que Hesse lo aceptó. Le fue ratificado el premio «Fontante». La novena edición salió con el título Demian, que ya ha quedado definitivamente.
Vuelve a dedicarse otra vez a la poesía. Y además escribe Vuelta de Zaratustra. Algo se nos hace definitivamente claro aquí: la personalidad de Hesse gira alrededor de unos temas y de una actitud que no abandonará en toda su vida. (1919) - aclaracion de Oscar Portela
Se ve claro que Hesse es el escritor que quiere guiar a la juventud en el difícil paso que va de la pubertad a la juventud. La pubertad y su época precedente es un tiempo claro. En el paso de la juventud se cambia de los chicos y chicas «claros», «limpios», a los muchachotes y «mozanconas».
Según Hesse, los años de juventud son en sí peligrosos, pero «sanos».
Pero analicemos el «cómo» del paso, del cambio que nos expone Hesse. Para el novelista, el joven busca el «camino»«saliendo» de la casa paterna hacia los secretos del sexo. Pero estos caminos son (¿cómo diríamos?) demoníacos y una vez que han marcado su «huella» en la conciencia, no la dejan libre nunca más.
Es evidente que aquí aparece un claro factor religiosos desventuradamente enfocado. Y es ello lo que me obliga a hacer hincapié en que la problemática de Hesse es muy anterior al «giro» dado a los trece años y mucho más trascendente que un simple problema, o si se quiere, «vivencia traumatizante».
Yo interpreto que sexo, pubertad, huida, «esclavitud de la conciencia», son síntomas y nos son causas. No son lo etiológico del problema.
Lo que sí queda claro es que, aparte de las «fijaciones» y «traumas» que haya en las primeras fases de la constitución del yo, el paso de la pubertad a la juventud, aun siendo peligrosos porque es una época de fácil resbalón y conflicto, no es en sí un camino que una vez recorrido esclaviza la conciencia.
Hay un segundo argumento que destroza la subjetiva interpretación de Hesse, y es que hay jóvenes que, por circunstancias sociales, han sido compañeros de mozancones y han tenido comercio con mozanconas, y a pesar de todo su vida posterior ha sido sana.
Volviendo a Hesse: desde su primera obra el problema de la pubertad le ocupa, le preocupa y es motivo de lucha.
El juego de los abalorios
En medio de la guerra, el 29 de abril de 1942 Hesse dio remate a El juego de los abalorios. El famoso editor Peter Suhrkamp se esforzó baldíamente en editar la obra, que permaneció inédita en Berlín durante siete meses.
Se publicó por primera vez en Suiza y solamente algunos ejemplares que se transmitieron de mano en mano, como algo precioso, lograron cruzar las fronteras.
Hesse «rememoró» en 1955, en una carta de Rudolf Pannwitz, algunas cosas acerca del «nacimiento» de la obra:
«La imagen que encendió en mí la primera chispa fue la reencarnación como expresión de lo estable en lo fluyente, en una palabra: como expresión de la continuidad de la tradición y de la vida del espíritu.
Cierto día, antes de que intentase la redacción de obra alguna, tuve la visión de un "transcurrir la vida" individual, pero supratemporal.
"Imaginé un hombre que a través de varios "renacimientos" vive las grandes épocas de la Historia humana... Vinieron años dolientes tras una crisis grave, años que coincidieron con los de la recuperación y renovación de la alegría de vivir en aquella Europa y aquella Alemania agotadas por la guerra mundial... En medio de estas amenazas y peligros para la existencia espiritual y psíquica de un escritor de lengua alemana, me agarré al medio de la salvación de todos los artistas: la producción. Y reemprendí el viejo plan, que sufrió una fuerte transformación bajo la presión de aquellos momentos.
Tenía que (a pesar de la mala estampa que ofrecía el tiempo aquel) hacer visible el reino del espíritu y del alma, mostrándolos como existentes e insuperables.
"Así fue como mi obra se transformó en utopía, la imagen fue proyectada hacia el futuro, y el desgraciado presente trasladado a un pasado ya superado. Y para sorpresa mía surgió como por sí mismo el mundo castálico. No necesitó ser pensado y construido. Sin que yo lo supiese, hacía largo tiempo que se había preformado en mí".
"Con ello encontré para mí el espacio para respirar.»
Hesse lo que pretendía sobre todo, con su obra, era contraponer a un mundo que se desintegra en la anarquía, una provincia donde reina la mesura, el orden espiritual, la educación y el respeto.
Hesse quería estructurar «panoramas normativos» y Castalia debería representar un panorama de esta índole para un mundo que había perdido su dignidad.
Aunque esta provincia se haya proyectado para un futuro, no es un «lugar futuro» ni una profecía o un postulado utópico, sino una idea cuyo «interior» no posee realidad ligada a ningún tiempo determinado y representa una posibilidad de vida espiritual.
El juego de los abalorios lleva el subtítulo de «Ensayo de descripción de la vida del maestro José Knecht, unido a todos los escritos legados por Knecht».
La vida de la obra transcurre en un tiempo posterior a nuestro presente en algunos siglos. En ella describe la vida de Castalia.
Se han superado el siglo XIX y el XX, con su individualismo sin autoridad, con sus guerras y con su decadencia moral.
Desesperados por el ocaso de la cultura, se junta un grupo de hombres para permanecer fieles al «espíritu», para servir a los altos valores de la tradición y para construir un «nuevo mundo de formación de hombres».
Ello da origen a una especie de orden laica que vive bajo estricta disciplina, renuncia a los éxitos «externos», a la creación artística y se dedica especialmente al cultivo de la música, de la matemática y de la filología. Se persigue como fin una gran síntesis de todas las ciencias y de todas las culturas.
En medio de la existencia de esta exclusiva y espiritual orden, ésta, el Juego de los abalorios, es un «juego» (La palabra juego (Spiel) en alemán no tiene solamente un significado lúdico, sino también de «desempeño de un papel», de «representación».) que se expresa con una especie de lenguaje secreto de un gran nivel de elaboración, con reglas propias y gramática propia.
El juego es un juego con todos los contenidos y valores de nuestra cultura.
El juego exige largos años de adiestramiento; solamente algunos alcanzan la máxima perfección; solamente uno puede ser «maestro del juego de los abalorios».
La orden de los de Castalia permanece con jerarquía propia, aislada en medio del Estado; sin embargo, es reconocida por éste y sostenida en su aspecto material. Como correspondencia a esta ayuda del Estado surgen las escuelas de la élite, que están abiertas a los hijos mejor capacitados del país.
José Knecht, prodigiosamente dotado para la música, tras exámenes especiales, a la edad de doce años es aceptado en una de dichas escuelas para la élite. Tras los años de enseñanza en los que se manifiesta como uno de los mejores alumnos, ingresa en la orden.
Como inmediatamente entra a formar parte del círculo de la verdadera élite, es enviado al monasterio «Mariafels» para que estreche al máximo la ligazón con la orden de los benedictinos. Allí conoce al padre Jacobus (gran historiador), y a través de él, la esencia del mundo histórico y de la realidad. Al regreso del monasterio es elegido «maestro del juego», máximo grado de la Jerarquía espiritual, y se acredita como magnífico pedagogo y sobresaliente maestro del «juego». Pero este hombre, en un tiempo apasionado del mundo castálico, aprende con los años que Castalia tampoco significa un valor absoluto, sino que está sometida al «aparecer» histórico, y por lo tanto sometida a lo transitorio.
Aprende a ver que lo conseguido está condenado a morir si pierde la capacidad de devenir y cambiar.
Por todo ello decide abandonar la orden, cuyas posibilidades ha agotado y delimitado. Abandona su cargo, entra en la vida del mundo y se hace maestro del hijo del amigo con el que juntamente estudiaron en la escuela de élite, y que desde hace tiempo se dedica a la política.
Pero apenas ha empezado su nueva dedicación halla la muerte al bañarse en un lago de montaña.
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La obra pretende ser una síntesis omnicomprensiva de los valores que todas las culturas han aportado a la mente de Hermann Hesse. No olvidemos algo obvio: es una síntesis subjetiva y por lo tanto selectiva. Pero una síntesis dinámica donde lo «agónico» surge de la misma dinamicidad y de la misma agonía personal de Hermann Hesse.
Es palmario que una síntesis tal encierra series y series de temas casi inacables. Se pues hacer una «selección», que siempre resultará una «elección», pues en definitiva una obra de sincretismo antropológico, filosófico, cultural, pedagógico, etc., exige para comentario una obra más amplia que la misma novela: lo que en ésta es simbólico, en el comentario tendría que ser explanación. Uno de los temas centrales es el «tipo» de hombres que viven esta utopía. Son hombres que luchan «ascéticamente» por el orden, la norma, la razón, la ley, la mesura. Dan al mundo maestros, libros y métodos. Son eficientes en cuanto «inspectores» de la mesura y del peso espirituales. Con todo ello le prestan al Estado un servicio grande y necesario.
Segundo tema podría ser «espíritu y verdad». Para alcanzarlos hay que dedicarse a la meditación, ejercicio psíquico a través del cual la persona individual queda neutralizada y su alma, gracias a la ensimismación, interioriza su participación a la «unidad de la vida» .
Tercer tema a tratar puede ser la «Heiterkeit» (En la traducción española de la obra Aufbau der Person, del famoso psicólogo alemán Lersch, el profesor Sarró incluye un apéndice en que la palabra «Heiterkeit» es traducida por «ánimo alegre»). La suprema y más hermosa actitud que puede adquirirse gracias al «juego» es el ánimo alegre. Aquí conviene citar textualmente al autor:
«Aunque incluso pueblos enteros y lenguas diversas busquen fundamentar la hondura del mundo en mitos, cosmogonías, religiones, lo último y máximo que pueden alcanzar es este "ánimo alegre"».
Un cuarto tema es el «transceder», el pasar de etapa en etapa, de espacio en espacio, de ritmo en ritmo.
Salta a los ojos que en "El juego de los abalorios" se reitera y condensa la temática y la problemática de Hesse.
Respecto al tema de las «etapas» y del «trascender» hay una poesía de Hesse (Ignoro si existe traducción castellana. La que hago aquí es completamente literal. En alemán esta poesía tiene su rima y su ritmo), escrita en 1941, que arroja luz sobre un amplio aspecto de la obra del novelista:
Como toda floración marchita, y toda juventud
con la edad decae, así florece cada etapa de la vida,
florece cada sabiduría y cada virtud
a su tiempo, y no debe durar eternamente.
El corazón, a cada llamada de la vida,
debe estar presto a la despedida y recomienzo,
para entregarse con valor, sin luto,
a otras nuevas ligazones.
Cada comenzar está lleno de un encanto
que nos protege y nos ayuda a vivir.
Hemos de atravesar alegres espacio tras espacio,
no depender de hogar alguno,
el espíritu del mundo no quiere atarnos ni angostarnos,
quiere levantarnos peldaño tras peldaño, ampliarnos.
Apenas nos aclimatamos a un círculo de vida,
y nos acostumbramos confiadamente, cuando ya amenaza el adormecimiento,
solamente el que está preparado al rompimiento y al viaje puede escapar del paralizador acostumbrarse.
Quizá todavía la hora de la muerte
nos envíe espacios nuevos,
nunca tendrá fin en nosotros la llamada de la vida...
¡Bien, pues, corazón, despiértate y sana!
El juego de los abalorios ha tenido, en opinión de los críticos alemanes, una extraordinaria y duradera repercusión. Digo «en opinión de los críticos alemanes», porque en el mundo que podríamos llamar «latino» o «mediterráneo» ha sido otro tipo de novela el que ha influido.
De todos modos, lo que sí es cierto es que la obra ha provocado muchos «combates espirituales» en el mundo germánico.
No es de extrañar, porque siendo una novela tan polifacética fácilmente se presta a la controversia, pues, en definitiva, cada crítico proyectará (en mayor o menor grado) su personalidad según ésta se vea afectada por un conjunto de facetas de la polivalente obra. Digamos, finalmente, que el afán fundamental de Hesse, al escribirla, era hacer plásticas, patentes, las fuerzas que en medio del caos crean el orden.
(aporte de Oscar Portela para psicofxp)

-----Agregado el 6/8/2009 a las 11 : 01 : 44-----
HERMAN HESSE Y LA" VUELTA DE ZARATUSTRA"
Vuelve a dedicarse otra vez a la poesía. Y además escribe Vuelta de Zaratustra. Algo se nos hace definitivamente claro aquí: la personalidad de Hesse gira alrededor de unos temas y de una actitud que no abandonará en toda su vida. (1919) - aclaracion de Oscar Portela
Editado por oski2 - 06.08.2009 23:05 hs. | Motivo: Mensajes unidos automáticamente
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