Rock- Sentido Común
-
Rock
Imprecisiones sobre el sentido común
Suele hablarse del sentido común como si existiera, indefectiblemente, una regla que lo determinara. Pero eso, claro, no lo explica. Entonces, vale preguntarse: ¿existe el sentido común? Y, en tal caso: ¿qué sería? Ni siquiera Emile Cioran, que casi siempre tiene una explicación para los distintos fracasos del pensamiento, llegó a uno de esos filosos silogismos sobre el tema, ante los que uno no sabe si reír o llorar (en ambos casos, desesperadamente), sobre el más común de los sentidos.
Ahora bien. A partir de ese "sentido común", cualquiera (vale decir: la gran mayoría de la gente) podría afirmar que el rock no está prohibido. De hecho, se realizan grandes y promocionados festivales, se editan discos homenaje, los rockeros cantan tango, tienen novias famosas, vuelven a llenar estadios una y otra vez. Y todo eso es verdad.
Pero también hay una realidad que no forma parte de ese "sentido común". Hay músicos que no tienen sponsors ni se promocionan a través de afiches llamativos ni salen en las revistas del corazón al lado de sus parejas famosas. Sin embargo, sostienen todo ese otro mundo de flashes y cámaras. Es más: esos famosos, alguna vez, pasaron por esos lugares que hoy... no existen. Y allí es donde el sentido común sufre un traspié. El esquema cambió. Valga un ejemplo: si un deporte -cualquiera que sea- no cuenta con divisiones inferiores, no tiene futuro.
¿Qué futuro tiene hoy el rock?
* * *
Ese esquema cambió hace poco más de un año y medio. La tragedia de Cromagnon fue decisiva, pero en lugar de intentar buscar respuestas y justicia, lo que se decidió en primer lugar fue impedir por todos los medios que la expresión cultural por excelencia de los jóvenes de esta ciudad contara con espacios para desarrollar y mostrar su propuesta. Y todo sigue igual.
Se cierran los lugares y no hay caso: para seguir abiertos tienen que cambiar su naturaleza. Y eso quiere decir, simplemente, que no pueden tocar bandas.
Todavía no existe una reglamentación que permita habilitar clubes, sociedades de fomento, pequeñas salas o bares culturales de una manera distinta de la que se utiliza para los grandes teatros o estadios. Sin reglamentación, no habrá habilitación alguna, pero cuesta creer que mantenerse en esa tesitura es una solución al problema de la seguridad. Difícilmente prohibir, aunque sea en forma enmascarada con la excusa de esas exigencias que intenten evitar una tragedia, sea una solución.
Hoy se homenajea a ese rock que alguna vez fue una alternativa que muchos miraban con desconfianza y/o desdén desde espacios oficiales.
El martes próximo, desde las 18, frente a la sede del Gobierno porteño, músicos, managers, plomos, sonidistas, iluminadores y gente ligada a esas pequeñas producciones convocan a firmar un petitorio para que esa realidad empiece a cambiar. No se pide ningún subsidio ni padrinazgo ni nada demasiado costoso. Se trata, simplemente, de que los músicos tengan lugares donde mostrar su música. Poder ejercer la libertad. ¿Será necesario pedir, también, algo de sentido común? -
viejo... trata de resumirlo. con solo ver lo extenso que es tu articulo ya me duelen los ojos (y empiezo a bostezar). esta bueno plantear dudas existensiales... pero cortitas y al pie. ya ni se de lo que estaba hablando... ´ta madre. fin del mensaje.
