soñó con un mundo mejor
A Honorio Valverde lo habían convocado para ser jurado de un reputadísimo certamen literario organizado por una prestigiosa empresa de telecomunicaciones. La temática propuesta era “Amores en el ciberespacio”, y la participación estaba abierta al mundo hispanohablante de entre dieciocho y veinticinco años. La suma que le ofrecían, teniendo en cuenta su vasta carrera como profesor en Letras y Lingüista, era razonable. Además, el certamen estaba auspiciado por marcas reconocidas a nivel mundial y tener un nombre ahí, en ese margen subliminal que tiene todo evento, para Honorio era una oferta más que tentadora.
La noche en que le llegó la caja con las copias de los cuentos destinados a su crítica lectura, se alegró, sirvió whiskey, encendió la hoguera y se sentó en un sofá, a la luz de una lámpara, a leer. Las obras eran de una calidad espeluznante (eso sin mencionar el mal uso del vocabulario, la alteración y violación de la normativa clásica, la originalidad y demás). Honorio se preguntaba el porqué de esa juventud tan desprolija y malhablada, ¿qué era eso de reemplazar una palabra por un fonema? O esa manía inconcebible de suplantar fonéticamente una letra por otra. Honorio, hombre grande él y desentendido de toda tecnología y tendencia neo lingüística, suspiró apenado, dispuesto a continuar con su tarea. Iba releyendo unas líneas cuando, de pronto, como si una compensación divina, se dio cuenta de que hacía tiempo que no redescubría el verdadero valor de la buena literatura, de esos Faulkner y esos Góngora, y esos Poe, y de otros tantos que gracias al buen Dios estaban ahí para no dejarnos morir de la verdad. No era soberbia lo suyo, sino más bien una plácida sensación de que, de alguna forma, todo tenía su equilibrio, que en la literatura había madera para hacer fuego y madera para construir hogares. Y, dada esta calurosa comparación, resolvió que el ciberespacio no se prestaba mucho al logro literario y que la humanidad pasaba un poco más allá.
Se revolvió en los cojines del sofá, en el que había pasado eternas horas de la noche sumido en la lectura (y en la posterior reflexión que lo curara de cada lectura), y se durmió, y soñó. Primero entraba en una biblioteca enorme; había lomos y lomos por doquier, minuciosamente encasillados uno junto a otro. Supuso que era atardecer por la tibia luz que se colaba a través de los vitró de las ventanas altas. Había candelabros encendidos que le conferían a la biblioteca un aire sacro. Hacia uno de los lados, una puertita conducía a la sala de lectura, llena ésta de pequeños escritorios con lámparas individuales. Había madera aquí y allá, madera bien pulida en los estantes de la biblioteca principal y madera más artesanal en el piso entablado de lo que parecía ser el acceso a un sótano especial de lectura. Honorio, distraído por vaya a saber qué cosa, resolvió empezar por ver lo que había abajo. La entrada a la sala rezaba: “Amores en el ciberespacio” en un cartelito rojo, luminoso, febril. Entró con una sonrisa ingenua; en aquel sueño tan peculiar, tan Honorio, él no podía entender qué estaba pasando ni qué era bueno y qué no, sólo iba embelesado por los brillos. “Qué lindo es el amor –se dijo al tiempo que observaba una enormísima biblioteca llena de lomos blancos, indistinguibles, todos ellos con un corazoncito dibujado en donde debía decir “autor” y “obra”–. ¡Qué lindo el amor! –repitió, y las palabras hicieron eco en el vacío–. ¡Cuanta bababababa el amomomor!”. Tras este último fallido inconsciente de la lengua, intentó enfocarse en lo que tenía delante. Se acercó a un estante y tomó un libro; lo abrió y ojeó parte de su contenido:
—Te amo xo xo xo –dijo elocuentemente lanenalmibarada3452.
A lo que Conandeingenierobunge respondió:
—I sho a bos! que vas a cer esta noche? lol
—Nu se, toy re depre kiero que el mundo viva de amor L
—ai si yo tambien me pasa lo mismo, te juro…… y si comvencemos a todo el foro de llenar el mundo de libros de amor???? q onda?
—Empesemos! XD hagamos el new amor! enseñemoles a nuestros hijos la nueva literatura, la nueva poesía, los nuevos valores humanosss…!!! Basta de esos viejos aburridos!!!! hay q kemarlos a todos para q en las eskuelas no nos jodan masss!
—Seeee de unaaa…
Fuera del sueño a Honorio le dio un grave retorcijón, pero no lo sintió. Ya dentro, cerró el libro con una sonrisa y al borde de las lágrimas. Sentía que no podía leer más, que era tanta poesía junta que Tennyson estaría revolcándose de alegría entre sus cenizas. Una tibia corazonada le decía que esos chicos trabajaban para que el mundo rebalsara de dulzura y que la misión era justa y digna; así de embobado estaba Honorio en su sueño. Meneó la cabeza, comprensivo, y apoyó un dedo sobre el siguiente lomo a examinar; de pronto un estruendo a sus espaldas lo sobresaltó. El ruido provenía de la biblioteca alta. Subió los escalones hasta allí y observó con pavor lo que estaba ocurriendo: los enormes pilares que sostenían a los antiguos maestros se desmoronaban; caían libros como pájaros muertos: algunos boca abajo, otros boca arriba, como agonizando en un último grito. Los candelabros temblaban ruidosamente y cedían. Entonces Honorio volvió en sí e intentó correr hacia la puerta de salida; trotó hasta mitad del salón, pero fue inútil ya que el peso de los enormes tomos le obstruía el paso y lo sofocaba en un ruidoso Armagedón. Delante de sus ojos pudo ver un ejemplar abierto en el que se leían algunas líneas que supo adjudicarle a Benedetti:
“los recientes acechos se organizan,
Honorio, revuelto de tripas y de ideas, como pudo se abrió paso hacia la salida. Desde la puerta echó una última ojeada al interior y vio brillar con colores estridentes el interior del sótano del “new amor, new literatura, new valores en los cuales basar la poesía del futuro”; parecía arder en un anaranjado que de a ratos se volvía de un rojizo alarmante. Honorio miró la pila de libros de la gran biblioteca y suspiró angustiado, como quien descubre que fue hacedor de una traición que desconocía. Salió del recinto y despertó.
La pesadilla le había dejado la mente en ascuas. Sudaba violentamente. Se incorporó en el sillón y alcanzó el vaso de whiskey; lo bebió de un trago. Como si recién se acordara de una urgencia, volvió la cabeza hacia el promontorio de cuentos. Los tomó entre sus manos y comenzó a pasarlos ávidamente, leyendo pequeños pasajes de cada uno: “ke haces? / to bien / t amo / shau / asi conclulle la istoria / apuró el pazo y le grito sorra!...”. Recordó el sueño, recordó el “mundo mejor” que creen estar inventando los cibernautas enamorados; también recordó las citas y fue ahí cuando tomó la pila de copias, ya sin importar lo que dijeran en el certamen ni la multa que le correspondiera, y la arrojó al fuego.
Entrada la madrugada hizo algunos llamados (a varios abogados y otros profesionales que hay que tener a mano en esos casos, explicándoles el porqué de su decisión de abandonar el certamen y que éste se declarase nulo por deserción de jurado); luego de los llamados terminó la botella de Red Label y leyó buena poesía, y aprobó el lenguaje, la melodía, la delicadeza, el trabajo duro del artista, y al dormir volvió a la biblioteca.
No le llamó la atención que el sótano del ciberespacio estuviera bloqueado con maderas; aunque sí le alarmó que dijera: en reparación. Pero ya era otra cosa, ya podía quedarse tranquilo allí dentro apilando tomos hasta despertar, poniendo a los grandes donde debían ir. Avanzó hacia el centro de la sala y, con curiosidad, tomó el libro de Benedetti del que había leído las citas. Lo cerró. La portada rezaba: “Gracias por el fuego”.