#1 Primaveras de contrabando
Primaveras de contrabando
“La pucha”, perdí el boleto, ya veo que si sube el vigilante me hace un escándalo; y para colmo la ventanilla de adelante esta abierta un poquito, corre viento y quema; algo, si respiras bastante. Mejor me acomodo el cuello de la campera hasta la nariz, y me acurruco en el asiento, duro, de plástico tirando a frio; total no falta mucho para la parada, me quedo quieto, con las palmas sobre las rodillas, sin que se vea por debajo de las muñecas, haciendo dos bollitos.
“Susy dijo: Hola, me llamo Susana, y tu nombre es? … ”.
Viajan chicas lindas hoy, abrigadas, con mueca de sueño en la mirada y bufanda a la altura de la boca; han de resguardar, la tibiez, como un abrazo en afecto, del beso en la mejilla de alguna despedida. ¿Será así?, ¿será así con Susy también?, ¿me tocará usar bufanda?, pero no hay bufanda que alcance para tamaña sonrisa, ni siquiera esta campera, y me pongo en evidencia frente a las chicas lindas.
“Susy dijo: Rubia, delgada, dieciocho años … ”.
¡La parada!, “permiso”, mejor hago equilibrio, con la suela al piso, no da agarrar el caño, frio, por la mano, y para no andar mostrando por debajo de las muñecas, pero más que nada por la mano. Timbre, puerta con ruido, la vereda esta dura, la carpeta con escarcha y la birome en cualquier lado.
“Susy dijo: Te amo, sabias? y vos? … ”.
“¿Quiroga?”. “Presente”, ¿todavía este gil no me tiene registrado?, sigo de invisible, y para Laurita también. Pero me acuerdo la temporada después de lo de Mariel, del hospital, como me rescataba verla a Laurita por acá, mi colchón emocional, amortiguando la caída. El resto del tiempo estaba de cotillón, relleno, amenizando la pena con la seguridad de verla a ella al otro día, entre las ocho y la hora que se iba, sentada dos bancos por delante mío, con sus remeras claritas, y sobre la espalda dibujada en relieve la línea del corpiño, un horizonte hipnótico, con su pelo, negro, danzante, largo, entre sus hombros flacos y el aroma a menta, tan deseables, tan deseable.
“Susy dijo: Ya vamos a estar juntos, esperame … ”.
Pero eso fue con las hojas secas, antes de Susy, antes de que el destino gritara ¡revancha¡ y nos conociéramos, a la distancia, si, pero ¿qué importa?, yo la espero, si fui capaz de tanto por Mariel, si casi tiro todo por Mariel, hasta el antepenúltimo aliento; ¿Por qué no esperarla a Susy?, dos gotas de rio en inevitable dirección de fundirse en algún mar. Además es perfecta, no entiendo como la pude ganar, pero ella vé más allá, alma pura, transparente, nuestro idioma es la esencia.
“Susy dijo: Intimamos? … ”.
“Chau Laura”. “Chau Pablo, que la pases bien”, Pablo Quiroga, extraño ser, no sé que tiene, pero se sale de lo normal. Cuando le busco sus ojos, le escapa a los míos; ha de seguir en sus conflictos, en aquellos con los que apenas se arrastraba antes de este frio y las últimas hojas secas. Y pensar, que a veces lo recuerdo en sueños de pupilas ausentes, en mi encierro, de cuarto y de lagrimas; a la espera de algo más que esto, algo más de lo cotidiano, sobrado de posturas, vidriera y mesitas de té. Si, a veces pienso en Pablo Quiroga, con su mano en la mía, yendo hacia algún otro verano.
“Susy dijo: Nunca amé a alguien como a vos … ”.
“La pucha”, mediodía y sigue el frio en continuado; me agarra en la parada y con la campera baja. Me pareció notar que Laurita tenía los ojos más tristes que de costumbre, problemas con su chico tal vez, algún tiempo atrás pude balbucear alguna maldición al respecto, pero ya no, solo espero por tener noticias de Susy. ¡Mirá vos!, las chicas lindas vuelven sin bufanda.
“Susy dijo: Te necesito … ”.
¡Ay Pablito!, ¡Ay! Vos que te sabés tan frágil, vos que sentiste la caricia del dolor más concreto; preferís la evasión, el camino dulce de la brevedad, el estandarte de autoengaño que llevan en lo alto los sin fortuna. Caíste como semilla y caerás como flor, al final, tan solo, caerás; ¿pero y en el camino Pablito?, ¿en el camino que?, recorré el sendero, y buscá aquel de más altura; renegá en deparar de los paréntesis de alegría ordinaria, de las primaveras de contrabando. En tu corazón sigue aún fresca la última mano que la tragedia te vejó, está fresca, y para la próxima mano hacen falta varios cielos más, varios soles más; retumban en voces las advertencias: no dejes que la sombra ajena se aproxime; está fresca, la última mano aún está fresca. Pero en tu boca hoy reina la nausea, y después, el vomito, el vomito de palabras sobre el mañana; pero Pablito, ¿te reconocés vos en aquel mañana?, ¿ves que hay debajo de tus muñecas en aquel mañana?, porque no hay mañana que no sea reflejo del ayer, y el ayer es jueves, es noche, es Mariel saliendo de tu puerta, son tus lagrimas, es abandono, es el debajo de tus muñecas, es filo, es tu madre entrando, es hospital, es lucha. ¡Ay Pablito!, ¡Ay!
“Susy dijo: Te mentí … ”, “Susy dijo: No soy quién decía ser … ”, “Susy dijo: Mi marido me descubrió … ”, “Susy dijo: La vida es injusta conmigo … ”, “Susy dijo: Tengo derecho a ser feliz … ”, “Susy dijo: Tengo derecho a evadirme … ”, “Susy dijo: No soy una mala persona … ”, “Susy dijo: Soy mucho mayor que vos … ”, “Susy dijo: Tengo hijos … ”, “Susy dijo: No estoy loca … ”, “Susy dijo: No sabés nada de la vida … ”, “Susy dijo: No me importa … ”.
Dos bancos más atrás, lo voy a extrañar horrores, ahora se hace notar la ausencia de su melodía entre las pausas de las voces y sobre el sonido de la birome en el papel, su sombra inquieta formándose por la luz de los ventanales del fondo, ya no va a seguir más. Dicen que era de prever, que no era la primera vez, que para hacerse una idea solamente alcanzaba con observar debajo de sus muñecas, y no sus ojos, como los buscaba yo.
“Naty dijo: Hola, me llamo Natalia, y tu nombre es? … ”.
“La pucha”, perdí el boleto, ya veo que si sube el vigilante me hace un escándalo; y para colmo la ventanilla de adelante esta abierta un poquito, corre viento y quema; algo, si respiras bastante. Mejor me acomodo el cuello de la campera hasta la nariz, y me acurruco en el asiento, duro, de plástico tirando a frio; total no falta mucho para la parada, me quedo quieto, con las palmas sobre las rodillas, sin que se vea por debajo de las muñecas, haciendo dos bollitos.
“Susy dijo: Hola, me llamo Susana, y tu nombre es? … ”.
Viajan chicas lindas hoy, abrigadas, con mueca de sueño en la mirada y bufanda a la altura de la boca; han de resguardar, la tibiez, como un abrazo en afecto, del beso en la mejilla de alguna despedida. ¿Será así?, ¿será así con Susy también?, ¿me tocará usar bufanda?, pero no hay bufanda que alcance para tamaña sonrisa, ni siquiera esta campera, y me pongo en evidencia frente a las chicas lindas.
“Susy dijo: Rubia, delgada, dieciocho años … ”.
¡La parada!, “permiso”, mejor hago equilibrio, con la suela al piso, no da agarrar el caño, frio, por la mano, y para no andar mostrando por debajo de las muñecas, pero más que nada por la mano. Timbre, puerta con ruido, la vereda esta dura, la carpeta con escarcha y la birome en cualquier lado.
“Susy dijo: Te amo, sabias? y vos? … ”.
“¿Quiroga?”. “Presente”, ¿todavía este gil no me tiene registrado?, sigo de invisible, y para Laurita también. Pero me acuerdo la temporada después de lo de Mariel, del hospital, como me rescataba verla a Laurita por acá, mi colchón emocional, amortiguando la caída. El resto del tiempo estaba de cotillón, relleno, amenizando la pena con la seguridad de verla a ella al otro día, entre las ocho y la hora que se iba, sentada dos bancos por delante mío, con sus remeras claritas, y sobre la espalda dibujada en relieve la línea del corpiño, un horizonte hipnótico, con su pelo, negro, danzante, largo, entre sus hombros flacos y el aroma a menta, tan deseables, tan deseable.
“Susy dijo: Ya vamos a estar juntos, esperame … ”.
Pero eso fue con las hojas secas, antes de Susy, antes de que el destino gritara ¡revancha¡ y nos conociéramos, a la distancia, si, pero ¿qué importa?, yo la espero, si fui capaz de tanto por Mariel, si casi tiro todo por Mariel, hasta el antepenúltimo aliento; ¿Por qué no esperarla a Susy?, dos gotas de rio en inevitable dirección de fundirse en algún mar. Además es perfecta, no entiendo como la pude ganar, pero ella vé más allá, alma pura, transparente, nuestro idioma es la esencia.
“Susy dijo: Intimamos? … ”.
“Chau Laura”. “Chau Pablo, que la pases bien”, Pablo Quiroga, extraño ser, no sé que tiene, pero se sale de lo normal. Cuando le busco sus ojos, le escapa a los míos; ha de seguir en sus conflictos, en aquellos con los que apenas se arrastraba antes de este frio y las últimas hojas secas. Y pensar, que a veces lo recuerdo en sueños de pupilas ausentes, en mi encierro, de cuarto y de lagrimas; a la espera de algo más que esto, algo más de lo cotidiano, sobrado de posturas, vidriera y mesitas de té. Si, a veces pienso en Pablo Quiroga, con su mano en la mía, yendo hacia algún otro verano.
“Susy dijo: Nunca amé a alguien como a vos … ”.
“La pucha”, mediodía y sigue el frio en continuado; me agarra en la parada y con la campera baja. Me pareció notar que Laurita tenía los ojos más tristes que de costumbre, problemas con su chico tal vez, algún tiempo atrás pude balbucear alguna maldición al respecto, pero ya no, solo espero por tener noticias de Susy. ¡Mirá vos!, las chicas lindas vuelven sin bufanda.
“Susy dijo: Te necesito … ”.
¡Ay Pablito!, ¡Ay! Vos que te sabés tan frágil, vos que sentiste la caricia del dolor más concreto; preferís la evasión, el camino dulce de la brevedad, el estandarte de autoengaño que llevan en lo alto los sin fortuna. Caíste como semilla y caerás como flor, al final, tan solo, caerás; ¿pero y en el camino Pablito?, ¿en el camino que?, recorré el sendero, y buscá aquel de más altura; renegá en deparar de los paréntesis de alegría ordinaria, de las primaveras de contrabando. En tu corazón sigue aún fresca la última mano que la tragedia te vejó, está fresca, y para la próxima mano hacen falta varios cielos más, varios soles más; retumban en voces las advertencias: no dejes que la sombra ajena se aproxime; está fresca, la última mano aún está fresca. Pero en tu boca hoy reina la nausea, y después, el vomito, el vomito de palabras sobre el mañana; pero Pablito, ¿te reconocés vos en aquel mañana?, ¿ves que hay debajo de tus muñecas en aquel mañana?, porque no hay mañana que no sea reflejo del ayer, y el ayer es jueves, es noche, es Mariel saliendo de tu puerta, son tus lagrimas, es abandono, es el debajo de tus muñecas, es filo, es tu madre entrando, es hospital, es lucha. ¡Ay Pablito!, ¡Ay!
“Susy dijo: Te mentí … ”, “Susy dijo: No soy quién decía ser … ”, “Susy dijo: Mi marido me descubrió … ”, “Susy dijo: La vida es injusta conmigo … ”, “Susy dijo: Tengo derecho a ser feliz … ”, “Susy dijo: Tengo derecho a evadirme … ”, “Susy dijo: No soy una mala persona … ”, “Susy dijo: Soy mucho mayor que vos … ”, “Susy dijo: Tengo hijos … ”, “Susy dijo: No estoy loca … ”, “Susy dijo: No sabés nada de la vida … ”, “Susy dijo: No me importa … ”.
Dos bancos más atrás, lo voy a extrañar horrores, ahora se hace notar la ausencia de su melodía entre las pausas de las voces y sobre el sonido de la birome en el papel, su sombra inquieta formándose por la luz de los ventanales del fondo, ya no va a seguir más. Dicen que era de prever, que no era la primera vez, que para hacerse una idea solamente alcanzaba con observar debajo de sus muñecas, y no sus ojos, como los buscaba yo.
“Naty dijo: Hola, me llamo Natalia, y tu nombre es? … ”.
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Muchas gracias a vos, Apolo, genial que te haya gustado. Y si, Cortazar siempre está, además puede ser que por elevación tenga cosas de los "dialogos" de Señorita Cora o del intercalado de cronologias de Todos los fuegos el fuego; la verdad que me divertí bastante con este cuentito. Un abrazo y muchos exitos. 
