un abuelo puede donar a uno solo de sus nietos???

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      • 16/10/07
    #1 un abuelo puede donar a uno solo de sus nietos???

    Quiero saber para mi trabajo de derecho civil . Un abuelo tiene tres hijos y nietos y quiere donar su unica casa a uno de solo de sus nietos que es menor de edad.
    a) ¿puede donar la casa?
    b) en el caso de que pudiera como se llevariaa cabo la operacion?
    c) quienes firmarian y porque?
    gracias por ayudarme es que no tengo idea si esto puede suceder

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    2 comentarios / 28883 Visitas

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      • 16/10/07
    16/10/2007
    #2 Re: un abuelo puede donar a uno solo de sus nietos???

    creo q si puede hacerlo, o hace una transferencia de dominio, y ponerla a nombre del nieto... lo tiene q hacre un escribano

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      • 07/09/07
    17/10/2007
    #3 Re: un abuelo puede donar a uno solo de sus nietos???

    Hola..........Te comento algunas cositas referidas a esto.......
    El abuelo puede disponer de la casa en este caso a título gratuito que es una donación.........
    El problema que es como está dejando a herederos forzosos (los hijos)......fuera de lo que ellos heredarían en caso de muerte del abuelo....y lo hace a título gratuito.....(en otras palabras los deshereda)........a eso se lo llama una DONACIÓN INOFICIOSA.-
    Si los hijos de ese abuelo prestan conforidad expresa en el acto de la donación quedaría subsanado y en este caso al menor lo representarían los padres que ejercen la patria potestad......

    A continuación te dejo un link referidos a esto....... y a continuación te COPIO algo también interesante.-

    (Para recibirse de abogado HAY QUE LEER MUCHO........jajaja)

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    DONACIÓN A TERCEROS: UN TÍTULO INDUCTIVO A LA SIMULACIÓN.


    Lamentablemente, el temor, la ignorancia, la cultura e idiosincrasia que envuelve a nuestra sociedad, me obliga a titular este trabajo de ese modo, sin obviar por supuesto, que integro parte de la misma; y es por ello que pretendo aportar desde mi lugar de notario, un enfoque que contribuya a primar la verdad y transparencia sobre todos y cada uno de los negocios jurídicos que a diario se presentan, en este caso, específicamente en lo que a donación respecta.
    Para nosotros los notarios, esta figura siempre guarda algo misterioso, y aunque esté perfectamente legislada en nuestro ordenamiento, se la rehuye, y con argumentos poco convincentes. Diariamente, sabemos, se requiere la redacción de contratos que son verdaderas donaciones a terceros, pero se las “disfraza”, generalmente de compraventa, por ese temor reverencial no explicitado. En síntesis: se fuerza la voluntad de las partes sin motivo aparente y con graves ulterioridades.
    Conciente de que este terreno es sumamente controvertido, que ha sido planteado y cuestionado en numerosas jornadas, y nuestra doctrina y jurisprudencia se ha pronunciado en diversos fallos, me atrevo a incursionar en él sin menoscabar los argumentos esgrimidos por los prestigiosos juristas que todo el respeto me merecen y de los que tanto he aprendido.
    Antes de abocarme en el desarrollo y análisis que el tema amerita, me interesa recordar que la figura de la donación, así como la donación a terceros; está legislada, prevista por nuestro codificador, por lo que se trata de un contrato lícito que integra nuestro ordenamiento jurídico. El Código Civil de Velez Sarsfield lo regula debidamente en el Título VIII, Sección III, Libro II conjuntamente con otras disposiciones; por lo que negarles validez, o eludirlas infundadamente significaría una ignorancia preocupante en derecho, o afirmar que nuestro maestro Velez Sarsfield ha previsto y regulado un contrato ilícito.
    Resulta sumamente imprescindible un análisis de los artículos que regulan la donación, a fin de clarificar el campo doctrinario y jurisprudencial dado que, la confusión que reina en las distintas interpretaciones, proyecta deficiencias y contradicciones que ocasionan serios perjuicios en el marco de la realidad a la cual, el derecho, por intermedio del notario, inexorablemente debe servir.
    Dicho esto, desarrollo a continuación un breve panorama y análisis del tema que nos convoca.




    PLANTEAMIENTO DEL TEMA


    En nuestro C.C, cuando se regula el contrato de donación, hay una sección atinente al régimen sucesorio. Allí nuestro codificador instituyó una categoría de herederos, llamados “legítimos”, “forzosos”, que son aquellos que tienen una porción asegurada del acervo hereditario y que siempre se les debe respetar, no puede ser dejada de lado ni siquiera por voluntad del causante; llamada “legítima”(art.3591). Así, se ordena reducir “las disposiciones testamentarias que mengüen la legítima de los herederos legítimos”.
    Ahora bien, una persona puede donar bienes; los donatarios pueden transferir dichos bienes a terceros; ¿qué ocurrirá cuando fallece el donante si alguna donación afectó la legítima del heredero?. ¿Podrá éste demandar del tercero la restitución del bien a la masa a efectos de cobrar su diferencia con dicho bien o con el producto de la realización del mismo? ¿ son o no títulos perfectos los que tengan como antecedente mediato o inmediato una donación?. Para hacer un correcto análisis debemos conjugar y detenernos en los artículos 3477, 3955 y 1051.
    Debido a que la igualdad entre los coherederos forzosos y la intangibilidad de la legítima pueden verse afectadas no solo por voluntad del causante sino por enajenaciones gratuitas hechas en vida por él, donaciones; el art.3477 reza: “Los ascendientes y descendientes, sean unos y otros legítimos o naturales, que hubieren aceptado la herencia con beneficio de inventario o sin él, deben reunir a la masa hereditaria los valores dados en vida por el difunto. Dichos valores deben computarse al tiempo de la apertura de la sucesión, sea que existan o no en poder del heredero. Tratándose de créditos o sumas de dinero, los jueces pueden determinar un equitativo reajuste según las circunstancias del caso.” Este artículo prevé el caso entre coherederos, y confiere la acción de colación entre ellos, a los valores dados en vida por el causante. Es indudable que esta acción tiene un carácter personal y que ella no puede ser intentada contra los sucesivos adquirentes del bien donado.

    EL POLEMICO Y CONTROVERTIDO ARTÍCULO 3955.
    Ahora bien, lo que originó las controversias y planteamientos, fue la redacción poco feliz del art. 3955 donde aquí se refiere a terceros adquirentes de un bien donado; y reza: “ La acción de reivindicación que compete al heredero legítimo, contra los terceros adquirentes de inmuebles comprendidos en una donación, sujeta a reducción por comprender parte de la legítima del heredero, no es prescriptible sino desde la muerte del donante”. Y es con éste artículo de redacción oscura y ambigua que se suscitan las distintas interpretaciones y controversias en torno a la terminología empleada.
    El término que originó esta cuestión fue la utilización de la palabra “reivindicación”, en el artículo trascripto con anterioridad. El primer interrogante que se plantea es si el legitimario cuya legítima ha sido vulnerada tiene acción para reclamar la restitución del inmueble en especie o si su reclamo se limita al valor en que la misma ha sido disminuida; es decir, la acción que confiere el 3.955 ¿es o no de reivindicación? Se discutió si el heredero preterido es titular de una acción real en defensa de su legítima para “reivindicar” literalmente el inmueble que en su momento fue donado; o si el heredero preterido tiene una acción personal. La respuesta es de vital importancia ya que hace a la perfección del título; es decir, si el inmueble debe ser reintegrado en especie, el título que emane de la donación no será hábil para circular en nuestro tráfico jurídico, nadie compraría con semejante alea. Por el contrario, si el reintegro fuere en valor, el inmueble no es reivindicable y por tanto, el título perfecto; circunstancia de vital importancia para los terceros con quienes el titular de dominio pudiere constituir hipoteca, usufructo, o cualquier otro derecho real o más aún, trasmitirles el dominio.
    La teoría que sostiene que se trata de una acción real, reipersecutoria sobre la cosa (la cual no comparto, siguiendo a prestigiosos juristas), lo hace en base a los siguientes argumentos:
    - Negarle el carácter de reipersecutorio a la acción de reducción, le facilita el camino al donante y donatario para burlar los derechos de los herederos forzosos: basta al donatario enajenar el inmueble e insolventarse para que el heredero preterido quede desprotegido.
    - El artículo 3.955 habla siempre de “reivindicación”; por lo que la misma norma prevé el carácter reipersecutorio.
    - La acción necesariamente es reivindicatoria por que sino, la legítima ya no sería inviolable.
    Esta conclusión constituye un absurdo jurídico y desde el mismo, remontaré hasta lograr la solución justa.
    Ahora, ya que el fundamento que tienen los partidarios de la reducción como acción reipersecutoria es este artículo oscuro y confuso, se demostrará que cae el único argumento normativo que respalda aquella teoría; y por qué comparto la teoría de que se trata de una acción personal. Reitero sin desmerecer y con absoluto respeto por las opiniones vertidas por excelentes profesionales del derecho.

    La teoría expuesta, procura defender los legítimos derechos del heredero preterido eludiendo la interpretación de todo el articulado del Código. Esta corriente prácticamente obliga a instrumentar la donación como una venta (distorsionando la voluntad del donante y la realidad fáctica), dejando como consecuencia de esto mucho más desprotegido el heredero ya que de esta forma ni siquiera tendrá una acción personal; le quedaría al heredero como recurso, probar la simulación, con todas las dificultades que sabemos acarrea.
    Asimismo, si se tratase de una típica acción reivindicatoria, recordemos el artículo 2.762 del código civil “no son reivindicables los bienes que no sean cosas”, quedaría desprotegido el heredero preterido cuando la donación fuese de otros bienes que no sean cosas, por ejemplo derechos hipotecarios entre otros.
    Si analizamos el art. 2.789 del C.C cuando se refiere a la procedencia de la acción de reivindicación reza: “si el título del reivindicante que probase su derecho a poseer la cosa, fuese posterior a la posesión que tiene el demandado, aunque éste no presente título alguno, no es suficiente para fundar la demanda”. Está claro que el que demanda por reducción, tiene un título conferido por ley, desde el momento de la muerte del donante, que es posterior a la posesión que ejerce el donatario, o los terceros adquirentes del bien, que reciben la posesión de esta último. Si fuere una verdadera acción de reivindicación, para ser coherentes los que se fundan en la interpretación literal del art. 3.955, deberían interpretar del mismo modo el art. 2.789 que por cierto es contundente, y verán por qué no se trata de una acción reivindicatoria.
    Finalmente, cabe cuestionarnos cómo funcionaría la reivindicación en el caso regulado por el artículo 1.832 inciso 2 del Código Civil que establece: “la reducción de las donaciones solo puede ser demandada... si las donaciones fuesen gratuitas y no cuando fuesen remuneratorias o con cargo, salvo en la parte que fueren gratuitas...” Realmente no es imaginable una reivindicación parcial y parece más prudente pensar que el espíritu del legislador se refería a valores y no a la cosa misma. El mismo problema de reivindicación parcial surgiría si el valor del inmueble donado excediera el valor de la legítima y el heredero preterido solo pudiera reclamar parte de él.
    Es evidente que, cuando los conceptos se estructuran confusamente, los efectos que proyectan sólo acarrean confusión.
    La acción de reivindicación que el código la regula en su art. 2758 establece lo siguiente: “la acción de reivindicación es una acción que nace del dominio que cada uno tiene de cosas particulares, por la cual el propietario que ha perdido la posesión la reclama y la reivindica, contra aquel que se encuentra en posesión de ella”.
    Con este concepto vertido, vamos a comparar esta acción, con la pretendida que resulta del artículo 3955:
    - La acción de reivindicacióndel art. 2758 es ejercida por el titular de dominio, en cambio la del 3955 no es ejercida por el titular de dominio sino por el heredero legitimario, quien justamente la ejerce contra el titular de dominio.
    - La acción de reivindicación del art. 2758 se ejerce contra aquel que se encuentra en posesión de la cosa; la del art. 3.955 se ejerce contra los terceros adquirentes de inmuebles comprendidos en una donación sujeta a reducción, es decir, contra los sucesores del donatario, a título particular. ¿Qué acción de reivindicación es esta del art. 3.955 que se ejerce contra los terceros adquirentes y no contra los que poseen por otro título, por ejemplo usurpación?

    Finalmente, tomando un ejemplo de la R.N. 827 donde también se expuso el debate acerca del tipo de acción que compete, vemos como resulta absurdo e ilógico pretender que la acción de reducción tenga carácter real: Juan dona a Pedro un terreno. Pedro edifica en él un edificio de sesenta unidades que afecta al régimen de propiedad horizontal y vende. Los subadquirentes, a su vez, realizan actos diversos: algunos venden, otros hipotecan, constituyen usufructos, bien de familia, locan, etcétera. Treinta años después fallece Juan, y diecinueve años luego de la muerte de Juan, un heredero forzoso de éste inicia acción de reivindicación por haberse violado su legítima. No creemos que sea menester extendernos más en el ejemplo para advertir lo injusto de la situación; obvio resulta que debe hallarse un medio más armónico de solucionar el conflicto.
    Si reproduje muchas teorías y conceptos; no ha sido por un impulso de erudición enciclopédica, sino para que cada profesional estudie y analice cada aspecto, para obtener distintas posturas y superar las discrepancias unificando criterios.


    ACCIÓN QUE COMPETE AL HEREDERO PRETERIDO


    A esta altura, no hay reivindicación, pero entonces ¿qué acción queda para el heredero forzoso en defensa de la legítima?
    Tiene distintas posibilidades. Partiendo de la norma del artículo 3.955 y aplicándola en el sentido dado, al heredero cuya legítima se ha afectado por una donación inoficiosa, tendrá una acción contra el donatario para que le restituya el valor en que aquélla ha sido disminuida.
    Obviamente que esta acción continuará a los sucesores universales del donatario y a los que fueren a título gratuito.
    Esta situación se aplica en la adquisición a título gratuito, pero, ¿qué ocurre si se tratase de un adquirente a título oneroso?. En este caso nuestro codificador lo reguló perfectamente en nuestro artículo 1.051 que dispone: “Todos los derechos reales y personales trasmitidos a terceros sobre un inmueble por una persona que ha llegado a ser propietario en virtud del acto anulado, quedan sin ningún valor y pueden ser reclamados directamente del poseedor actual, salvo los derechos de los terceros adquirentes de buena fe a título oneroso, sea con el acto nulo o anulable”.
    En nuestro articulado del código civil se advierte con claridad, la protección ante todo para el tercer adquirente a título oneroso y de buena fe, ya que ellos representan el interés general y la seguridad de las relaciones jurídicas y el tráfico comercial. Podemos afirmar que existe en nuestro código la teoría de la apariencia jurídica algunos ejemplos son los art. 1051, 1938, 1967 (mandato aparente), 960 y 966 (simulación), art. 970 (fraude), art. 3429 y 3430 (heredero aparente) etc. y es lógico que se defienda la apariencia jurídica, de lo contrario se obstaculizaría el tráfico jurídico y desprotegeríamos por completo al adquirente que confió y actuó en base a una realidad, claro está que en cada caso en particular se exige como requisito esencial la buena fe. Spota textualmente sintetiza así: “ La buena fe y el título oneroso constituyen obstáculos insalvables a la aplicación de la eficacia reipersecutoria de la declaración de nulidad del pertinente acto jurídico”.
    Entonces, para que el heredero preterido pueda atacar el título de un tercer adquirente cuyo título antecesor fue una donación, es necesario entonces que halla sido adquirente a título gratuito o haya tenido mala fe al momento de la realización del acto.
    En lo que respecta a la mala fe, es indispensable para atacar el título que el tercer adquirente haya obrado de esa manera. No olvidemos que la misma, no se presume, por lo que el heredero preterido debe probar que éste tercero sabía que la donación afectaba ostensiblemente sus derechos. El período de prescripción de la acción será de veinte años a contar de la fecha de la adquisición por el subadquirente de que se trate, conforme las reglas usuales sobre el estudio de títulos. No es posible decir que existe mala fe en el donatario o en el tercer adquirente por el solo hecho de la existencia de una donación en los antecedentes del titulo. La mala fe del tercero sólo resultaría del conocimiento de la inoficiosidad y esta sólo se conoce a la muerte del donante cuando se comparen los derechos de los herederos forzosos, con su patrimonio. No es posible pedir al tercer adquirente que investigue todos estos extremos antes de comprar o aceptar una donación ni tampoco se le puede exigir que prevea a futuro las operaciones a realizar por el donante, en caso que este estuviera aún con vida. Conceptuar de mala fe al tercer adquirente por el solo hecho de la donación en los antecedentes, significaría que nadie podría adquirir ese inmueble por unos cuantos años luego de la muerte del donante y también paralizaríamos el bien en una total incongruencia con el régimen del código civil en lo que atañe al trafico jurídico.
    Entonces, solamente podemos afirmar que la mala fe del tercer adquirente estaría centrada en este caso particular en la apariencia manifiesta que la donación afecta los derechos de la legítima de los presuntos herederos conocidos. Como se puede advertir son requisitos que se exigen para atacar cualquier clase de título, (art.962 del C.C.) por lo que no se pone en inferioridad de condiciones a la donación respecto por ejemplo a una venta, cesión, etcétera.
    En cuanto a los recaudos tomados por el comprador, siendo la donación un contrato lícito, se exigirá la misma diligencia que se requiere para cualquier otro contrato.
    Desarrollada en algunos aspectos la temática que nos convoca, ya en nuestro ámbito notarial, se nos presenta la siguiente realidad:
    Nuestros requirentes concurren a nuestra notaría, presentándonos el caso de la donación con cualquiera de sus variantes; corresponde explicarles los inconvenientes que puede acarrearles el otorgamiento de estos contratos, especialmente cuando son efectuados a favor de terceros, ya que, aún enrolados en la posición favorable, no podemos dejar de explicarles que al vender, el escribano de su comprador puede, aún sin razón, observar su titulo. Como en tantos otros asuntos, por un lado va el sentido común, la impresión inmediata que cualquier persona tiene acerca de un contrato que, con razón entiende lícito, legal y por otro los conceptos, las teorías e interpretaciones que contrarían todo.
    Entonces, si bien es cierto que es posible realizar ese negocio jurídico y que es sumamente legítimo, válido y eficaz; sí podemos explicarle a nuestro requirente que va a comprar el inmueble que tiene como título antecesor una donación a tercero, que, fundado en el artículo 1425 del Código Civil, solo puede suspender el pago del precio si tuviese “motivos fundados” de ser molestado por cualquier acción real, a menos que el vendedor le afiance su restitución. Nos detenemos en “motivos fundados”, es decir que no basta cualquier hecho eventual, probable que se imagine el comprador etc., sino que se debe tratar de hechos ciertos, verídicos y comprobados que justifiquen tal negativa porque, de lo contrario, todos los negocios jurídicos serían siempre dudosos, ya que en todos ellos puede presentarse cualquier vicisitud, probabilidad o contingencia como por ejemplo alguna simulación, aseveración de datos personales como ciertos pero que no son los reales, etcétera, de esta manera, nosotros, notarios en lugar de rechazar rotundamente el caso, lo asesoramos al cliente y estudiamos la operación tomando los recaudos como si fuese cualquier de los tantos negocios que se nos presentan a diario.
    Por todo lo expuesto precedentemente y considerando la magnitud de los intereses en juego, es que considero necesario se actúe con suma prudencia al momento de instrumentar el negocio jurídico, a fin de que éste refleje fielmente la intención de las partes y no otra, teniendo presente las graves consecuencias que ocasionamos cuando esto no sucede y que más adelante advertiré.
    Antes de finalizar este trabajo considero apropiado transcribir textualmente las conclusiones referidas a este tema, expuestas en la XX Jornadas notariales llevadas a cabo en junio/ julio 1.976:
    La XX Jornada Notarial declara que:
    -De la coordinación armónica de las normas relativas a la acción de reducción y a la de reivindicación, y en particular, de lo establecido en los artículos 3.955, 3.477, 2.777 al 2.779 y 3.538, resulta que la acción de reducción no tiene carácter reipersecutorio.
    Por tanto, son perfectos los títulos que tengan origen en donaciones, sean a herederos forzosos o a terceros, aún cuando fueren inoficiosas; todo ello sin perjuicio de la acción, que por reclamo del valor en que se ha visto menguada la legítima, le cabe al legitimario contra el donatario, sus sucesores universales y los singulares de mala fe, atento lo prescripto en los artículos 3270 y 1051.
    Ya expuesto un panorama general respecto a las donaciones y sus diferentes matices, finalizo el presente trabajo con una conclusión alusiva que modestamente pueda sumarse a las ya vertidas por nuestros prestigiosos juristas.









    CONCLUSIÓN


    En primer lugar me gustaría recordar que nosotros como notarios tenemos el deber y la obligación de ejercer dignamente nuestra profesión, con total transparencia, sin faltar a la verdad en ningún momento.
    Somos depositarios de la fe pública y en honor a nuestro juramento, es que debemos asesorar a nuestros requirentes, con un criterio sumamente ético y jurídico.
    Teniendo presente y considerando que el contrato de donación está previsto y regulado por nuestro codificador, de ningún modo ilícito; entendemos que puede instrumentarse perfectamente, como cualquiera de los tantos allí regulados.
    El solo hecho que se origine, no podría presumir de que es nulo u observable, reitero, sería tan grave como pensar que nuestro codificador ha previsto un contrato ilícito. Es absurdo pensar que se legisló un contrato que de nacimiento es imperfecto.
    Son notables los perjuicios que se ocasiona a requirentes y a terceros cuando no hacemos coincidir la realidad misma con el negocio jurídico que se plasma en el protocolo. Entre ellos, Llorens menciona:
    - La total desprotección del heredero preterido, que difícilmente probará esa simulación quedando entonces, carente de toda acción, real y personal, contra el donatario.
    - La total desprotección del donante que carece de la acción de revocación prevista en el artículo 1.858 del C.C. y sus concordantes.
    - La transformación de bienes propios en gananciales cuando el donatario es casado, hecho que altera el orden público que impera en la materia y modifica también el derecho sucesorio en caso de fallecimiento del beneficiario.
    - Los resultados de orden fiscal: fundamentalmente, los vinculados con la justificación del origen del dinero utilizados para la supuesta compra.
    Está visto el perjuicio que representa una simulación y el daño que podemos ocasionar debido a temores o prejuicios infundados.
    Nosotros para ejercer la función pública notarial, tenemos el deber y la obligación de estar capacitándonos incansablemente, no podemos detenernos y el reclamo de constante actualización está marcado por los permanentes cursos de capacitación y perfeccionamiento. La capacitación en necesaria por respeto a los ciudadanos que son los beneficiarios o perjudicados de nuestro proceder y por respeto al estado mismo, que no puede ni debe expender la fe pública como una mercadería o una gracia del Señor.
    Sólo así podremos brindar a nuestros requirentes plena seguridad en cada acto que nos confían; revitalizando de esta manera y poniendo de pie la envestidura de notario, el prestigio, respeto y crédito que la sociedad nos merece.
    Ya para concluir, considerando las conclusiones de las jornadas nacionales expuestas precedentemente lo suficientemente claras y precisas en lo que a donación respecta.
    Procuremos erradicar definitivamente el miedo por el miedo mismo, por ignorancia y brindarle a nuestro requirente asesoramiento, fundamento, seguridad, y trasparencia.
    SI SE TRATA DE UNA DONACIÓN, INSTRUMENTARLA COMO TAL: SI SE TRATA DE UNA VENTA, PROCEDER DE LA MISMA MANERA.
    Si logramos concientizarnos entre nosotros, profesionales del derecho, lo trascendental que es la correcta y verdadera instrumentación del negocio jurídico que se nos requiere, el objetivo del presente trabajo se habrá cumplido.

































    BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

    - CÓDIGO CIVIL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
    - DI CASTELNUOVO, Gastón R..Donación a Terceros, mayo 2.002, pág.8, 10, 25.
    - REVISTA NOTARIAL Nº 827 XX Jornada Notarial Bonaerense, jun/jul. 1.976, pág. 699, 716.
    - LLORENS, Luis Rogelio. Usufructo y Donaciones como Negocios Jurídicos Familiares, nov. 1.990, pág. 99,100/1/2, 111, 116, 118.
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