Originalmente publicado por
chaval
San Martin era considerado por el imperio de ese momento un subversivo, al igual que el Che y al igual que el Che no asesino civiles y lucho contra imperialistas.
San Martín era un SOLDADO, había formado parte honrosamente del ejército español:
"San Martín, formado en el Regimiento de Murcia en el sur de España, pronto tuvo sus bautismos de "fuego" y "sangre" en Orán, norte de Africa; fue tomado prisionero por los ingleses en una batalla naval en el Mediterráneo entre las naves de guerra "Dorotea" y "Lion"; y más tarde luchó en el Rosellón, en Portugal y finalmente en el guerra por la independencia de España contra las huestes invasoras de Napoleón. Fue en esta guerra en la que participó destacadamente en salidas, encuentros, combates y la gran batalla de Bailén -primera derrota sufrida por las siempre victoriosas tropas del emperador francés, en esta ocasión comendadas por el general Pierre Antoine Dupont - y recibió, como premios una medalla de oro y el ascenso a teniente coronel, con el cual se retiró para regresar a su tierra natal, donde dicho grado de inmediato le fue reconocido por el primer triunvirato (16-III-1813)."
Cuando decide volver a nuestra tierra, lo hace para sumarse a la tarea de la emancipación.
Su estricta formación militar y su sentido del honor le impidieron atacar a la población civil. Para España, las Provincias Unidas del Río de la Plata eran un grupo de insurrectos, pero eso era lógico para ellos. Por ese motivo, San Martín insistió tanto para que se declarara la Independencia, porque sabía que ese era el primer paso para que la comunidad de las naciones nos considerara como algo más que un grupo de alzados contra España. Y eso ocurrió, a partir de la Independencia, distintos gobiernos comenzaron a reconocer como legítimo al gobierno patrio, lo que junto a la lucha por ser libres nos permitió, 8 años más tarde, en 1824, en Ayacucho, poner fin a esa sangrienta guerra de emancipación.
El "Che", en cambio, era un fracasado, que buscó en distintos lugares dónde desarrollar su resentimiento y su odio, en Colombia como en Cuba o en África o en Bolivia. Sanguinario como pocos, disfrutaba con la muerte de sus enemigos:
“La cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la
“galera de la muerte”, donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos “el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón, atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible."
Además, las propiedades que les quitó a los capitalistas se las dio a los burócratas del partido, copiando lo que pasaba en la Rusia soviética. Él mismo vivió en una lujosa residencia, a la que transformó muy pronto en un basural, porque era muy sucio, como todos los que conocen su vida lo saben.
Ahora bien, en Bolivia, el pueblo le dio la espalda: "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto" escribió en su diario. Y así le llegó su fin, rogando que no lo mataran porque valía más vivo que muerto.
Es una ofensa a la memoria de un hombre de honor como el Gral. San Martín, compararlo con el "carnicero de La Cabaña", donde se dedicó a matar a compatriotas, muchos de ellos, que lo habían acompañado en la lucha contra Batista, el pelele de los Estados Unidos. Porque la caída de Batista fue gestada por los yanquis, apoyada por la prensa norteamericana, y luego ¡sorpresa!, resulta que Fidel se había hecho marxista. Ellos lo alimentaron. El burdel yanqui se transformó en la colonia soviética.