Me parece interesante tu criterio. Ahora, para ser honesto, debería aplicarse a todos. Así, algunos, que atacan a cualquiera sin elementos objetivos, tendrían que callarse la boca.
Ahí va lo de FALSO MÉDICO, pero hay mucho más;
Enrique Ros, en su libro "Castro y las Guerrillas en Latinoamerica" dice:
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Solo se sabe que este hombre que ha permanecido durante ocho meses cotinuos fuera de Argentina, totalmente aislado, separado de la universidad, que en su recorrido por seis paises no llevo con el un simple libro de texto y que, por su ausencia, no pudo haber asistido a un solo dia de clases en la Faculad de Medicina, aprueba en 45 dias después, el examen de Clínica Pediatrica, y a los pocos dias, ya en noviembre, el gran ausente aprueba tres materias, Clinica Oftalmológica, Clinica Urológica y Clinica Dermatosifilografica.
Pagina 240. Estas tres por "promoción", sistema que requería la concurrencia a clases por 30 horas (Resolucion del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Medicas, del 29 de marzo de 1950).
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Eso es poco. En diciembre, en menos de 22 dias lectivos aprueba once materias...... Once materias en 22 dias lectivos.
Quince la mitad de los cursos necesarios para adquirir el doctorado examinados y aprobados en apenas tres meses, sin haber asistido a clases, ni a practicas en todo el año con la probable excepción de las ultimas semanas.
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Hemos visto que en 22 dias lectivos este ausente estudiante estudiante aprobó once materias. Su padre Ernesto Guevara Lynch,menciona la existencia de un legajo del Ministerio de Educación en el que se hace constar,que la Facultad de Medicina ha otorgado un "Diploma de Médico a favor de Ernesto Guevara el 12 de Junio de 1953", en cuyo legajo se menciona que la ultima asignatura aprobada por Guevara fue la de Clinica Neurologica en Abril de 1953.
El plan de estudios y lo referente al ordenamiento de asignaturas y régimen de exámenes y promociones de la Facultad de Medicina esta contenido en la Resolucion del H Consejo Directivo de dicha facultad de fecha 29 de Marzo de 1950 (Expediente U-5.113/50) (VER ANEXO A)
Hubiese sido en flagrante violación de las regulaciones de la propia Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires que se le hubiese conferido tal titulo ya que de acuerdo a la Resolución arriba mencionada ese otorgamiento estaría en total incumplimiento de lo dispuesto por varios de los artículos que regulan todo lo " referente al ordenamiento de asignaturas y régimen de exámenes y promociones de Medicina."
Al respecto, hay otro libro de José Luis Fernández, titulado
¿Che Guevara Medico o Impostor?
Frases del Che: "No hace falta hacer muchas averiguaciones para fusilar a uno. Lo que hay que saber es si es necesario fusilarlo. Nada más. Debe dársele al reo la posibilidad de hacer sus descargos antes de fusilarlo. Y esto quiere decir, entiéndeme bien, que siempre debe fusilarse al reo, sin importar cuáles hayan sido sus descargos. No hay que equivocarse en esto. Nuestra misión no consiste en dar garantías procesales a nadie, sino en hacer la revolución, y debemos empezar por las garantías procesales mismas". Fernando Díaz de Villanueva Del libro "Biografía del Ché", de José Vilasuso
"En enero de mil novecientos cincuenta y nueve trabajé a las órdenes del conocido dirigente en la Comisión Depuradora, Columna Ciro Redondo, fortaleza de La Cabaña. Recién graduado de abogado y con el entusiasmo propio de quien ve a su generación subir al poder. Formé parte del cuerpo instructor de expedientes por delitos cometidos durante el gobierno anterior, asesinatos, malversaciones, torturas, delaciones, etc. Por mi escritorio pasaron expedientes de acusados como el comandante Alberto Boix Coma, quien reportaba los partes de guerra gubernamentales y Otto Meruelo, periodista. La mayoría de los encartados eran militares de baja graduación, y políticos sin relieve ni carisma. Por su parte, los testigos fueron jóvenes fogosos, revanchistas, ilusos o pícaros deseosos de ganar méritos revolucionarios. Recuerdo a un teniente apellidado Llivre, de acento oriental, que me azuzaba. "Hay que dar el chou, traer de testigos a revolucionarios de verdad, que se paren ante el tribunal y pidan a gritos; justicia, justicia, paredón, esbirros.. Esto mueve a la gente." El entonces comisionado por Marianao, una vez nos axhortó,
"A éstos hay que arrancarles la cabeza, a todos."
De inicio componíamos los tribunales letrados civiles y militares, bajo la dirección del capitán Mike Duque Estrada y los tenientes, Sotolongo, Estevez, Rivero que terminó loco y los fiscales Tony Suárez de la Fuente, Pelayito apellidado "paredón o charco de sangre," entre otros, quienes en su casi totalidad desertamos a causa de los excesos a la vista.
Posteriormente aforados sin instrucción legal, ocuparon nuestros puestos. Hubo familiares de víctimas del anterior régimen a quienes cupo juzgar a los victimarios. Entre ellos, el capitán Oscar Alvarado, cuyo hijo Oscarito, fuera horriblemente ultimado por paramilitares. Pero Alvarado dejó un rastro de cordura y equidistancia a la hora de dictar sentencias. El primer procesado que tuve ante mis ojos se llamaba Ariel Lima, exrevolucionario pasado al bando gubernamental, su suerte estaba echada; vestía de preso, lo vi esposado y los dientes le temblaban. De acuerdo a la ley de la Sierra, se juzgaban hechos sin consideración de principios jurídicos generales. El derecho de Habeas Corpus había sido suprimido. Las declaraciones del oficial investigador constituían pruebas irrefutables. El abogado defensor limitaba su acción a admitir las acusaciones aunque invocando la generosidad del gobierno, solicitaba una disminución de la condena.
Por aquellos días Guevara era visible con su boina negra, tabaco ladeado, rostro cantinflesco, y brazo en cabestrillo. Estaba sumamente delgado y en el hablar pausado y frío, dejaba entrever su "posse" de eminencia gris y total sujección a la teoría marxista. En su despacho, se reunían numerosas personas discutiendo acaloradamente sobre la marcha del proceso revolucionario. Sin embargo, su conversación solía cargarse de ironía, nunca mostró alteración de temperamento y tampoco atendía criterios dispares. A más de un colega lo amonestó en privado, en público a todos: su consigna era de dominio público. "No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción. Es una pandilla de crimnales, asesinos. Además, recuerden que hay un tribunal de Apelación.
El tribunal nunca declaró con lugar un recurso, confirmaba las sentencias de oficio y lo presidía el comandante Ernesto Guevara Serna.
Las ejecuciones tenían lugar de madrugada. Una vez dictada la sentencia, los familiares y allegados estallaban en llantos de horror, súplicas de piedad para sus hijos, esposos etc. La desesperación y el terror cundían por la sala. A numerosas mujeres hubo que sacarlas a la fuerza del recinto. El siguiente paso era la capilla ardiente donde por última vez se abrazaban unidos por el dolor. Aquellos abrazos por minutos parecían preludiar un largo viaje. Al quedarse solos hubo quien se resistió hasta el instante de la descarga, otros iban anonadados, trémulos, abismados; un policía como última merced solicitó que le dejaran orinar, varios sentenciados ese día conocieron qué era un sacerdote, más de uno murió proclamando "soy inocente." Un bravo capitán dirigió su propia ejecución. Presenciar aquella carnicería a manos de bisoños y lombrosianos, fue un trauma que me acompañará hasta la tumba y tengo por misión divulgar hasta la tumba, a los cuatro vientos. Durante aquellas horas los muros del imponente castillo medieval recogieron los ecos de las marchas en pelotón, rastrillar de los fusiles, voces de mando, el retumbar de las descargas, los aullidos lastimeros de los moribundos, el vocinglerío de oficiales y guardias al ultimarlos. El silencio macabro cuando todo se había consumado.
Frente al paredón huellado por las balas, atados al poste, quedaban los cuerpos agonizantes, tintos en sangre y paralizados en posiciones indescritibles; manos crispadas, expresiones adoloridas, de asombro, quijadas desencajadas, un hueco donde antes hubo un ojo. Parte de los cadáveres con la cabeza destrozada y sesos al aire a causa del tiro de gracia.
De lunes a sábado se fusilaban entre uno y siete prisioneros por jornada; fluctuando el número conforme a las protestas diplomáticas e internacionales. Las penas capitales estaban reservadas a Fidel, Raúl, Ché y en casos menores al tribunal o al Partido Comunista. Cada integrante de pelotón cobraba quince pesos por ejecución y era considerado combatiente. A los oficiales les correspondían veinticinco. En la provincia de Oriente se aplicaron penas máximas sumarísima y profusamente; pero no poseo cifras confiables. Presumo que algunos cálculos son exagerados. Aunque en total en La Cabaña,
hasta el mes de junio de aquel año, debieron fusilarse no menos de seiscientos reos, más un número indefinido de condenas a prisión, producto de una lucha en que murieron unas cuatro mil personas entre ambos bandos. "