#1 Antisemitismo - Sionismo, victimizar al victimario Hoy a la mañana me encontré con este artículo que me sorprendió, de ese mismo autor.
http://prensa-hebrea.blogspot.com/20...or-marcos.html
Que me pareció demasiado belicoso, no por los orgullos que enumera, sino la parte que dice:
El texto esta escrito por un zurdo salido del centro de estudiantes del zoológico, pero lo que dice describe a la perfección a muchos usuarios.
Las mentiras de Marcos Aguinis
Por Raul Schnabel, el 9 de Octubre de 2008.
El pensamiento progresivo vigente abandona el concepto reaccionario de “raza” para avanzar hacia un ser humano universal. Hace unos años en el portal de ingreso al Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México D.F. existía una maravillosa inscripción que no logré retener con precisión, pero que en general decía que ya no existe más que una raza, la raza humana y sólo podemos hablar de grupos lingüísticos para distinguir los distintos orígenes de los pueblos.
El domingo pasado, en el diario antinacional La Nación, Marcos AGUINIS publicó un libelo titulado “Contra el odio a los judíos”. El escritor no es un hombre de escaso saber, de modo que sus omisiones o tergiversaciones le son plenamente imputables, ni siquiera atribuibles al descuido.
Postrado ante las antiguas nomenclaturas raciales, abandonadas por la antropología progresista, dice Aguinis sobre el concepto de antisemitismo:”…Su etimología remite a un hijo de Noé llamado Sem, antepasado mítico de todos los pueblos de Medio Oriente, pero se sabe que se refiere exclusivamente a los judíos…” Miente Aguinis. El Diccionario de la Real Academia dice respecto del vocablo SEMITA: “Según tradición bíblica, descendiente de SEM, dícese de los árabes, hebreos y otros pueblos”. Más amplia la Enciclopedia Gran Omeba agrega que se trata de los pueblos caucásicos: hebreos, fenicios, babilonios, asirios y árabes. Es decir aquellos que viven hoy en Palestina, Siria, Líbano, Irak y otros territorios del Medio Oriente. Pero como preferimos apartarnos del viejo concepto racial que sirviera a las peores discriminaciones, nos quedamos con la segunda conceptualización de la citada enciclopedia al referir a los grupos lingüísticos que no son indoeuropeos: acádico, canaanita, árabe y sus dialectos etíope, egipcio y copto. Como se puede ver pueblos enconados en una desigual lucha que lleva años, están englobados en el término, probablemente ya equívoco, de SEMITAS. Por lo tanto, el reclamo de la apropiación exclusiva del concepto “antisemita” para limitar a la persecución de judíos, es una vulgata que Aguinis debió superar. Pero tomar la parte de verdad que conviene ayuda a la confusión y equivale a la mentira.
En tren de confundir, disolver ideas y achatar principios – tarea encomiable si la hubo de las derechas políticas durante los 90 post modernistas del llamado pensamiento débil- dice el columnista: “En la Argentina sigue pululando el antisemitismo, ahora disfrazado indecorosamente de antisionismo, antiisraelismo, antiimperialismo e incluso antirracismo…”
En verdad si se le puede reconocer una “virtud” al fascismo es lo inconfundible de sus “principios” que, a esta altura del terrorismo ideológico, nos permite admitir como mal menor ante la labor disolvente, perversa y patológica de la ontología intentada por los “pensadores” de las usinas imperiales y dominantes.
Quienes militamos desde hace mucho tiempo en organizaciones de derechos humanos, antes de pensar, por instinto o reflejo, nos situamos en la defensa del oprimido, del excluido, del perseguido y confrontamos con el opresor, el explotador, el opresor. Nunca preguntamos el origen racial o lingüístico, aunque después pudimos observar, por ejemplo, durante la vigencia del terrorismo de estado, que la proporción de víctimas de origen judío era muy alta en orden a la población de esa comunidad. Con el tiempo pudimos conocer prácticas nazis y antijudías frecuentes por los genocidas en los Centros Clandestinos de Detención.
Al mismo tiempo no se debe obviar que el Estado de Israel dispone de un poderoso ejército, de fábricas de armas diseminadas por el mundo, algunas de ellas en nuestra América (Honduras) donde se fabrican armas para los ejércitos que mataron durante décadas a nuestros pueblos. No podemos omitir la política de alianza estrecha de EEUU con el Estado de Israel, la colaboración recíproca entre la CIA y el MOSAD, aunque con una aclaración: pocos saben que frecuentemente ha sido EEUU que tuvo que frenar ofensivas planeadas por el Estado de Israel, como recientemente ocurriera cuando pretendieron atacar con armas nucleares a Irán y el Departamento de Estado tuvo que convencer a Israel que pospusiera sus pretensiones.
No podemos obviar la ocupación ilegítima de territorios palestinos, de la reiterada agresión militar a un pueblo desarmado o asimétricamente armado a modo de genocidio a cuenta gotas: las masacres de Sabra y Shatyla ya son un lejano resplandor de una política de exterminio sobre los diversos pueblos árabes desde la década de los 60. No podemos obviar la agresión al Líbano y la matanza de población civil. Todo esto no lo hicieron los judíos del mundo sino el ESTADO DE ISRAEL que responde a políticas concretas de expansión y sometimiento, planeadas y racionalmente dirigidas con el Departamento de Estado norteamericano. Por cierto que entristece que una porción significativa de la comunidad judía del mundo y de Argentina se hayan plegado en los últimos tiempos o se muestren indolentes ante esta la agresión que practica Israel desde hace décadas contrariando la Ley Mosaica, núcleo del pensamiento humanístico del pueblo judío.
Enumera Aguinis una serie de hechos que tuvieron como víctimas a personas de origen judío, todos y cada uno enteramente repudiables, por cierto y, en muchos casos debidamente juzgados. Entre esos hechos toma alguna ridícula minoría fascistoide que pretende “revisar” el Holocausto. Pero a la vez, no se hace eco de innumerables persecuciones por raza, credo o condición social que ocurren a diario en nuestras sociedades, que tiene en general por víctimas a bolivianos, peruanos o “cabecitas”. En general ciudadanos pobres con escasas posibilidades de defensa. Mucho menos se conduele Marcos Aguinis de las manifestaciones directamente nazis en Santa Cruz de la Sierra contra campesinos del altiplano boliviano, sicarios que han contado con el beneplácito de la Embajada norteamericana. Tal vez por compartir con ellos un mismo empleador.
Todos los holocaustos son afrentas para la condición humana: ninguno debe ser tratado con prioridad. Como no debe quitarse ningún estigma al crimen contra la humanidad de seis millones de judíos, no menos agraviante ha sido el genocidio de nuestros pueblos originarios de América desde 1492, la matanza de armenios, de griegos en manos de los turcos, de distintos pueblos de la ex Yugoslavia, de kurdos, de Chechenios, de Palestinos, etc., para limitarnos a una somera reseña.
El Holocausto existió. No necesitaría afirmarse un perogrullo, pero su reafirmación trae una correlativa obligación del pueblo victimizado en un tercio como dice Aguinis: su mayor compromiso con cualquier tipo de persecución ocurra donde ocurra, contra el pueblo que sea y provenga del agresor que sea. El ser judío y provenir de un pueblo que fuera perseguido a lo largo de la historia no da un Bill de impunidad para integrar una fuerza de agresión y ocupación so pretexto de auto defensa y cometer un genocidio. Esta tendencia como psicopatía social viene difundiéndose de modo sinuoso y pretende avanzar sobre cierta indefensión, porque el victimario se viste de víctima y agrede amparándose en una presunta defensa legítima.
Pero no es admisible el injusto ataque a la Radio de las Madres y, por elevación, a la propia ASOCIACIÓN MADRES DE PLAZA DE MAYO, equiparando a la entidad y otras organizaciones humanitarias al fascismo vernáculo con la siguiente afirmación en el diario antinacional La Nación:
“Estas manifestaciones de la extrema derecha tienden un abrazo fraternal a la izquierda marxista vetusta y la reaccionaria teocracia musulmana. No las une el amor, sino el espanto. La radio de las Madres, por ejemplo, tiene un programa llamado Derribando muros. Su publicidad proviene casi totalmente del Estado nacional, es decir, de los ciudadanos argentinos. Se dedica con pasión a menoscabar las relaciones de nuestro país con Israel e introducir el conflicto de Medio Oriente en América latina. Su conductor, Rabi Tilda, dijo en septiembre de 2007: “No es la primera vez que [los judíos] intentan digitar las relaciones internacionales de este país [...] con este lobby que está haciendo un sector de la comunidad judía argentina, fiel a su postura nazi y fiel a su apetito por la guerra y por la sangre”. En diciembre produjeron otra perla: “El sionismo tuvo que ver en la Segunda Guerra Mundial [...]. ¿Quiénes le vendían el acero a Hitler desde Estados Unidos? Empresas de origen judío y capitales judíos financiaron el sistema nazi sabiendo lo que iba a venir, para después llegar a lo que se formó en el 48 con el Estado de Israel”. El director de las cátedras bolivarianas de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo (que también pagamos todos) en 2007 viajó a Irán y, para refutar los avances de la justicia argentina respecto de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA, denunció que el lobby sionista “presiona a través de su embajada y de las instituciones más representativas de la comunidad judía argentina para que Irán sea acusado”. Mientras, es vergonzoso corroborar que las autoridades que deberían frenar esta diarrea de odio y distorsión hacen mutis por el foro y siguen financiando sus actividades…”.
Pues, bien. Es verdad que el conflicto real no es de judíos contra cristianos, ni de judíos contra musulmanes. El verdadero conflicto es de los estados y partes de la población del origen que sea que apoyan políticas de agresión, de aniquilamiento y de genocidio de otros pueblos que se oponen a sus afanes expansionistas y colonialistas, y bregan por su autodeterminación. Entre las cúpulas del Vaticano ultra reaccionario, la cúpula sionista y la cúpula musulmana hay una entrañable amistad y alianza política-ideológica que bendice el terrorista Bush. En suma la lucha es entre pueblos y naciones pobres, por un lado (explotados y sometidos), contra la expresión más violenta del capitalismo, por la otra parte, hoy encarnado en las principales potencias, en las que EEUU e Israel ocupan la punta de lanza, con plena independencia de individuos pertenecientes a distintos grupos lingüísticos y tradiciones. que nada tiene que ver con las políticas de dominación.
Y es entonces muy justo que una organización que ha liderado la resistencia contra la dictadura genocida y contra todo tipo de crímenes contra la humanidad vea en las actuales políticas imperiales una analogía muy estrecha con el fascismo y el nacional socialismo alemán, al menos en su metodología terrorista de estado. Los pobres del mundo somos los judíos de antes. Entonces cabe preguntar a Marcos Aguinis ¿quién prodiga el odio por el mundo? ¿Quiénes son los antisemitas?
Cuentan que no hace mucho tiempo el señor Aguinis ha sido invitado por una entidad judía de Córdoba a dar una conferencia para juntar fondos para los pobres de su comunidad. El ahora defensor incondicional de los judíos exigió una suma de dinero inalcanzable para la modesta organización que no pudo contar con su colaboración solidaria para el evento.
Entonces digamos las cosas como son. Marcos Aguinis defiende el derecho de oprimir, ocupar territorios de pueblos indefensos y proseguir la política de expansión imperial y de dominación capitalista, bajo las formas de la “democracia” a sangre y fuego como EEUU cuando invadió Afganistán e Irak para darles la “libertad y la democracia”.
Bien documentado está que Ford colaboró con el ejército alemán durante la Segunda Guerra: no es por el origen judío de Ford que deba reprocharse incoherencia. Pues donde no hay contradicción es en el interés concreto de clase: allí no hay judíos, cristianos ni musulmanes, sino sencillamente capitalistas, a veces concitados al genocidio para sostener sus privilegios.
Con su nota el señor Aguinis es también cómplice de esos crímenes contra la humanidad, y no porque no sabe, porque él sí sabe y mucho. Integre o no una agencia de inteligencia, su pensamiento es provechoso para los enemigos del género humano.
En ningún caso es posible permitir este injusto agravio a la Madres de Plaza de Mayo y, por elevación, a todo el movimiento de derechos humanos y sectores democráticos y populares de nuestra Patria que carecen de odio racial a cualquier habitante del mundo.