Leonardo Bergara apareció con vida y confirmó: "Eran todos policías"
"Lo único que queremos es que tu hermano nos devuelva la guita", le dijeron al secuestrado. Berazategui, zona liberada. Las curiosas escuchas telefónicas en poder del Gobierno. El empresario declaró por más de cinco horas. Fotogalería.

Desde que lo chuparon, el 22 de diciembre, Leonardo Bergara supo que estaba en manos de una banda de policías. Lo primero que escuchó de boca de uno de sus captores fue contundente: “No te preocupes, no te vamos a matar: esto es para que tu hermano nos devuelva lo que se quedó”. Tras aparecer magullado y sucio en la vivienda de un policía de El Pato, el secuestrado declaró durante más de cinco horas en la fiscalía federal de Quilmes: “Eran todos policías”, dijo. Su testimonio alimentó las sospechas que ayer ventilaban desde el gobierno provincial: que todo comenzó con un negocio de contrabando de productos electrónicos por un millón de dólares que hizo Gustavo Bergara –el hermano que estuvo al frente de la negociación– con un socio inversor de lo más mafioso de la Policía de la Provincia de la zona de Berazategui. “Se habría quedado con algo, y como no pagó, le secuestraron a Leonardo”, explicó una alta fuente a Crítica de la Argentina. Un detalle que avala esa idea es la grabación de la última prueba de vida. Después de hablar del Rally París-Dakar, Leonardo le dijo a Gustavo: “¡No seas hijo de puta! ¡Pagá! Voy a laburar toda la vida gratis para devolver lo que ponés”.
Treinta horas después de que Gustavo Bergara dejara en un médano del balneario La Frontera una bolsa con 200 mil dólares y joyas para los secuestradores, Leonardo apareció encadenado en una casa en construcción del barrio agrícola El Pato, a la altura del kilómetro 41 de la ruta 2. Había sido trasladado hasta ese sitio por sus secuestradores, que no debieron andar mucho: Bergara pasó los 33 días en cautiverio en la zona de Berazategui, la jurisdicción que ahora está en el centro de todas las sospechas, contó un investigador. La fuente también destacó que Gustavo Bergara vive a cincuenta metros de la comisaría de Quilmes.
Todos los sospechosos del caso que están en la mira de la fiscal Silvia Cavallo, si no revistan en dependencias policiales de Berazategui, lo hacen en algunas de Quilmes, al lado, en la misma zona sur. Incluso quienes pasaron a ocupar puestos cercanos a la jefatura en La Plata, pasaron por Berazategui y allí hicieron sus primeras armas y negocios. Esa es la trama oscura que comienza a revelarse tras la liberación del “chancho” –como se le dice en la jerga al secuestrado–: múltiples negocios ilegales que se cruzan y se complementan para multiplicar las ganancias, en una provincia en la que el poder político no logra ningún control sobre la corrupción policial. Así, al menos, piensan los investigadores, que ven en este secuestro una punta del iceberg de otros delitos combinados. La territorialidad es tan evidente que en su declaración Bergara aseguró que durante los 33 días de encierro estuvo en ocho lugares diferentes, todos en la misma jurisdicción.
Ayer fueron dos policías bonaerenses los que llegaron a la pieza en la que estaba Bergara alertados por un llamado al 911 que dio la dirección exacta: 535, entre 635 y 636. Los oficiales de la DDI de Quilmes son de los pocos que gozan de la confianza de la Justicia. La fiscal Cavallo notó la complicidad de los azules en el secuestro desde principios de enero, cuando en un llamado uno de los captores le dijo, entre otras cosas, al oficial Víctor Ariel Vega: “¿Qué le damos de comer al chancho?”. No fue comida lo que le faltó a Bergara en su cautiverio. Lo trataron bien, dijo, en el corto diálogo que tuvo con periodistas cuando llegó a su casa. Bergara aclaró –hablando por una mirilla del portón– que nunca leyó el diario con noticias del día, como se suponía, sino que repetía lo que alguien le soplaba porque en realidad siempre estuvo encapuchado, con los ojos vendados. Es por eso que Leonardo perdió las pestañas al sacarse las cintas de embalaje con las que le habían sellado la vista.
Los policías y la fiscal Caballo se encontraron con una casita pintada de rosa en construcción. La puerta estaba cerrada con una cadena y un candado. Los policías sabían que la propiedad era del jefe de calle del destacamento El Pato, el suboficial Jorge López. Lo mandaron a llamar. López, junto a un vecino que hizo de testigo y un albañil que llegó para trabajar en la construcción, rompió el candado. Al entrar encontraron a Bergara encadenado, con una barba de 33 días y desesperado. Apenas unos minutos después el gobernador Daniel Scioli, habló con Bergara por teléfono.
“Daniel, fue el día más difícil”, fue lo primero que le dijo. Scioli explicó que “cuando lo trasladaban de un lugar a otro, pensaba que era para ponerlo en libertad y se encontró de golpe, encerrado y encadenado de vuelta y fue el día en que pasaron un montón de cosas por su cabeza”. El policía López, y hasta los albañiles de su casita, terminaron presos (ver página 6). Es extraño –mucho de lo ocurrido lo es–, pero el viernes la zona de El Pato había sido “peinada” aunque no se tocó la casucha de López, por eso algunos pesquisas pensaban ayer que al brigada de calle le habían hecho una cama.
El día había sido difícil también para Scioli, que ayer se abstuvo de salir a festejar la liberación ante los medios como hizo antes en otros casos. Desde el riñón de su equipo hicieron trascender que existe fuerte interna familiar –se divulgaron frases polémicas grabadas por la SIDE– y un supuesto origen espurio de la riqueza de los Bergara. Pero nadie quiso hablar de la hipótesis según la cual el secuestro no sólo fue un vuelto para la familia, sino para el propio gobernador y su ministro de Seguridad, Carlos Stornelli. “Leonardo además piensa que querían armar un quilombo para que alguien cayera. El tiro podría ser contra Scioli o Stornelli”, dijo un vocero. El caso parece apenas comenzar con la aparición con vida del secuestrado. Ahora el iceberg azul podría emerger. Nadie sabe a cuántos puede hundir.
http://www.criticadigital.com.ar/ind...nota&nid=17688
Consideren este hecho, entre tantos otros, los que viven pidiendo más policia en la calle.