Las prohibiciones son convencionalismos sociales que suelen resultar lógicos para algunas personas por parecer adecuados a los tiempos en que se vive.
Pero cuando uno estudia la prehistórica relación del hombre con las drogas (se encontraron semillas de cannabis en tumbas neanderthal) y las diferentes medidas adoptadas sobre su consumo a través del tiempo, acaba por darse cuenta del completo disparate de prohibir una hierba, un vegetal.
Pocos saben que en los lejanos tiempos de la conquista y principios del virreinato, por estas tierras estaba prohibida la
yerba mate. Sí, el mate, leyeron bien, era obra de Satanás y envilecía a quienes la consumían.
Seguramente esta ley fue inspirada por intereses relacionados con el consumo de infusiones foráneas, como todo lo que nos fue impuesto culturalmente ayer y siempre.
Así pues a alguien en los EEUU se le ocurrió que consumir marihuana era entrar al infierno y decidió prohibirla.
Una pena muy grande que ningún jurisconsulto local haya tenido la valentía moral y la honestidad intelectual de adentrarse en los fundamentos de la prohibición allí mismo en los EEUU.
Simplemente copiamos (como casi todo al respecto) ese
status legal y lo adoptamos como propio.
El día que en EEUU se despenalice el consumo, al día siguiente lo imitan acá... no antes, aunque amaguen con querer hacerlo.
Y si ellos lo deciden por algo será, no?

entonces ya nadie recordará un siglo de persecución oscurantista y alpedista.
Consumir cannabis con moderación es prácticamente inocuo, el exceso es malo como tantísimos excesos, por eso coincido con la necesidad de INFORMAR, no de prohibir.