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ultimo momento , se biene la guerrilla piquetera Piqueteros argentinos se sumarían a la Milicia BolivarianaChávez dispuesto a conformar una fuerza militar multinacional. moyano ya esta reclutando gente para el ejercito piquetero, lo contrato a persico y ahora esta en negociaciones con d elia.
Emilio Persico y Luis D’Elia Los fieles guardianes de la causa K La consigna fue clara: recuperar la Plaza de Mayo y romper con el cacerolazo a favor del campo. Con ese objetivo los piqueteros Pérsico y D’Elía movilizaron a sus “soldados” para respaldar las medidas tomadas por la Presidenta. A pesar de haber sido cuestionados por sus métodos violentos, dos días después eran los primeros en subir al palco oficial del acto organizado en Parque Norte. Quiénes son y cómo piensan los hombres que lideran las fuerzas de choque en defensa de los intereses kirchneristas. Sus negocios, sus vínculos con el poder y su traumático paso por la función pública. Por Mariano Confalonieri /Pedro Ylarri
El oficialismo piquetero
El microcentro porteño era ocupado por una bulliciosa pero pacífica marcha de gente del campo que reclamaba el fin de las retenciones a las exportaciones. Repentinamente dos grupos piqueteros, al grito de “vamos a recuperar la Plaza de Mayo para el pueblo”, se abrieron camino a los golpes para pararse frente a la Casa Rosada y desataron un enfrentamiento que agravó la crisis. Uno de ellos lo lideraba el ex funcionario nacional Luis D’Elía y otro el ex vicejefe de Gabinete bonaerense, Emilio Pérsico. Los dos, viejos conocidos en esta extraña tarea de actuar como la fuerza de choque del kirchnerismo. D’Elía y Pérsico tienen cosas en común. Reconocen un origen humilde, desde la crisis de 2001 han aprendido a utilizar a una tropa de desocupados como capital político y en ocasiones no han dudado en apelar a la violencia como recurso. Los dos defienden al kirchnerismo. Los dos han incursionado en la función pública. Esta semana, en la Plaza de Mayo, ratificaron el dudoso privilegio de ser los principales guardianes de las consignas kirchneristas. Fuentes del ofcialismo aseguran que D`Elía habló con Néstor Kirchner antes de la ofensiva, aunque todo esto pasó a ser anécdota cuando ministros del Gobierno dijeron que su accionar fue “espontáneo” y dos días después se sentó con Pérsico en el palco de Parque Norte.
D’Elía. A juzgar por los comentarios de colaboradores, aliados y adversarios, Luis D’Elía es un poco de todo: audaz, polémico, especulador, duro, alcista, verborrágico y hasta tierno y protector. Sin embargo D’Elía es más que la suma de adjetivos, ya que supo transformarse en un comodín para el kirchnerismo, preparado para actuar o callar según la pretensión oficial, pero jamás dispuesto a ceder poder.
Su férrea alianza con el kirchnerismo lo llevó a hacerse acreedor de dos récords: ser el único funcionario desplazado que regresó al poder y ser capaz de responder a dos jefes tan distantes como Julio De Vido y Alberto Fernández.
Luis Angel D’Elía nació en 1957 y tiene cinco hijos. Su origen político se remonta a los 80, con su militancia en SUTEBA, la Democracia Cristiana y el Frepaso. Sus allegados lo vinculan con usurpaciones en La Matanza promovidas por la diócesis de Quilmes. D’Elía había encontrado su función: dirigir desalojos y reubicar a familias sin incidentes. Lo vincularía con el dinero y con las voluntades de gente agradecida.
En la crisis de 2001, la FTV y la CCC se transformaron en fuerzas influyentes. Tenían en conjunto 150 mil afiliados y recibían 100 mil planes trabajar, muchos de los cuales mantienen.
Tras su participación en la CTA y en la fundación de la Federación Tierra y Vivienda (FTV), con el tiempo llegó a manejar un presupuesto de 3.000 millones de pesos desde una dependencia creada a su medida: la Subsecretaría de Tierras para el Hábitat Social.
Lo hizo a través de protestas, contramarchas, declaraciones polémicas, boicots y otros hechos casi al margen de la ley. El resultado: “Un hombre con poder, casi intocable”, dijo a PERFIL un dirigente piquetero que lo conoce, y que hoy milita en el otro extremo político.
Su presencia en Plaza de Mayo esta semana no fue ocasional. Antes habían sido las protestas en rechazo a marchas convocadas por Juan Carlos Blumberg, en apoyo a Hugo Chávez, en contra de los Estados Unidos y a favor de los boicots contra Shell. La toma de la Comisaría de La Boca en 2004, cuando era diputado, sus declaraciones polémicas a favor de Irán por la causa AMIA y la irrupción del piquetero en un campo del empresario norteamericano Douglas Tompkins en Corrientes, son parte también de un prontuario nunca condenado en la práctica por los Kirchner.
Su acción rápida y expedita en la vía pública fue premiada en 2006, cuando el dirigente asumió como subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, que dependía del Ministerio de Planificación. Su respaldo a las posiciones antisemitas del gobierno de Teherán en momentos en que el Gobierno avalaba la investigación judicial que responsabilizaba a Hezbollah por el atentado de 1994 no le dejó más camino que la renuncia. Este año la dependencia se reabrió, pero esta vez bajo la órbita de Alberto Fernández. En esta ocasión su lugar fue ocupado por Rubén Pascolini, su mano derecha.
Pero ¿cuál es la razón del poder de D’Elía a pesar de haber cometido tantos errores? “Ser un kirchnerista de la primera hora”, contestó un dirigente. Pascolini, por su parte, reveló a PERFIL detalles que motivaron a la FTV a “apoyar a Kirchner cuando tenía dos por ciento de intención de voto”. Cuenta que el entonces gobernador de Santa Cruz fue el único que aceptó un pedido de la CTA, y que se presentó en un piquete en la ruta 3, durante la gestión de Fernando de la Rúa.
Opinan distinto desde la CTA y los grupos piqueteros. Fue para ellos la férrea oposición de D’Elía contra Eduardo Duhalde la que forjó el vínculo con Kirchner. Cada vez que el bonaerense, su esposa o los intendentes que le respondían hacían declaraciones contra el patagónico, D’Elía se encargó de atacarlos con virulencia y de vincularlos con el narcotráfico y “la vieja política”.
D’Elía sigue generando polémica, según Pascolini, porque “es una síntesis entre coraje físico y coraje psíquico, es duro con quien falta el respeto y tierno y protector con los débiles”. Los piqueteros duros no concuerdan: “Es un servidor como Moyano para la pretensión oficial de enfrentar con métodos de patota la rebelión popular”.
Al piquetero poco le gustan los perfiles. Consultado por PERFIL ironizó: “Qué querés que te diga, me levanto todas las mañanas, desayuno carne humana y al mediodía almuerzo bebés”. Fue minutos antes de defender las agresiones contra dirigentes agropecuarios, y afirmar: “Lo único que me mueve es el odio contra la puta oligarquía”.
Pérsico. Fue montonero en los 70. Fundó Quebracho en los 90. Copó las calles en 2001 reclamando trabajo y planes sociales. Y creó su propia agrupación política, el Movimiento Evita, para apoyar el proyecto kirchnerista. Miguel Angel Emilio Pérsico proviene de una familia empresaria de La Plata, que creó una famosa cadena de heladerías. Pero él eligió como destino la política.
Tiene 51 años, nueve hijos (algunos con su ex mujer, otros con su pareja actual) y resurgió como el ave Fénix gracias al conflicto del Gobierno con el campo, después de haber dilapidado buena parte del capital político construido en apenas tres años.
En 2003 intentó sin éxito armar un espacio transversal para respaldar a Kirchner. Al año siguiente, mientras el resto de los piqueteros mantenía una relación privilegiada con la Casa Rosada, Pérsico se inclinó más por ofrecer su fuerza de choque al gobernador bonaerense Felipe Solá. Y Solá compró. Decía que lo necesitaba para enfrentar al duhaldismo. “Felipe delegó en él y en Randazzo la política partidaria”, explicó a PERFIL un ex funcionario provincial.
En las legislativas, que representaron el quiebre de los K con el duhaldismo, fue decisiva la inclusión de hombres del Movimiento Evita en las listas de diputados, senadores y concejales. Los intendentes tuvieron que ceder la lapicera a regañadientes.
Tras el triunfo de 2005, Solá le ofreció a Pérsico un despacho pegado al suyo, y el cargo de vicejefe de Gabinete. Aunque con una particularidad: que no iba a tener jefe, y podría abrir la puerta del despacho del gobernador sin intermediarios. “Tenía contratos en los ministerios clave: Salud, Desarrollo Humano y Educación. Los ministros tenían que hablar con él antes que con el gobernador”, confesó a este diario un funcionario que aún tiene oficina en la Gobernación. Según cuentan en La Plata, llegó a tener más de 4 mil contratos. “Con esa cantidad podés llevar a la calle a más de diez mil personas”, indicó la misma fuente. Entonces Pérsico se convirtió en un “llenador” de actos políticos. Le sirvió a Solá para copar Mar del Plata cuando lanzó el felipismo, y al kirchnerismo para promocionar la candidatura de Cristina. Su llegada directa a la Rosada, al margen del buen trato con Kirchner, era y es con Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia. Con ese poder, llenó dos veces el Luna Park.
“El chiquitín” (como lo apodan por su estatura) encontró otra veta novedosa: formó cooperativas de desocupados y consiguió que el Gobierno las contratara para reparar veredas, hacer guardapolvos y limpiar arroyos.
Tenía concejales, diputados, senadores. Un hombre suyo, Fernando Navarro (de Lomas) presidía el bloque FPV en la Legislatura. Pero las adhesiones que conseguía Pérsico, además de no ser tan numerosas, eran caras. “El último acto que hizo Solá en la plaza San Martín le costó 100 mil pesos. Y fue organizado por el Movimiento Evita. No había en la plaza ni cinco mil personas”, contó otro ex funcionario de Felipe.
Pero después asumió Daniel Scioli y desterró al Movimiento Evita: le quitó todo tipo de contratos y no le dio cargo alguno en la administración pública. Cerca del mandatario recuerdan lo que una vez en campaña dijo el ex motonauta: “En cada puerta que abro me lo encuentro a Navarro y a Pérsico, me tienen harto”. El vacío que le provocó el gobernador lo dejó sin gente. Se alejaron Cristina Alvarez Rodríguez (actual ministra de Obras Públicas) y varios legisladores. Le cuestionaban sus modos autoritarios y su desmanejo administrativo. Los pocos que quedan junto a él, con excepción de Navarro, analizan su partida. Entre los díscolos están los diputados bonaerenses Alfredo Antonuccio y Nicolás Dalesio, la diputada nacional Adela Segarra y el funcionario K Luis Ilarregui. Aún así, y sin la simpatía de Scioli, Pérsico siempre tiene una puerta abierta en la Casa Rosada.