Las personas viven, habitualmente viven sin demasiada conciencia de cómo viven, de por qué viven, sin tener claros los grandes propósitos de su vida. En síntesis, las personas no viven una vida emanada de la razón, aunque esto no quiere decir que sean irracionales. En principio las personas se guían por preferencias en su vivir, especialmente aquellas personas poco refinadas. No está mal, introducir el cálculo en la vida implica temor, pues se calcula para obtener el máximo de placer y evitar el dolor. En realidad, el cálculo entra para evitar el dolor, fundamentalmente. En realidad la conciencia es conciencia del dolor, una persona se va volviendo consciente a través del dolor. Una persona es precavida cuando debe evitar cometer equivocaciones que le provoquen dolor.

Así como la autoconciencia surge como consecuencia del dolor y de la evitación del dolor, la autoconciencia filosófica, también. Se dice habitualmente que las personas se preguntan de dónde vienen, a dónde van, cuál es el sentido de sus vidas. No es cierto, estas preguntas se realizan verdaderamente sólo cuando el dolor vuelve autoconscientes a las personas.

El dolor convierte a la vida en problema, y cuando se tiene un problema es necesario representarlo para resolverlo; el problema del SER nace como un error de representación.

Al ser seres hablantes y otorgar sentido a nuestra experiencia desde el habla, no nos percatamos de cómo el habla distorsiona nuestra experiencia. ¿Qué es pensar? Hasta no hace mucho hubiera dicho que pensar es hablar con uno mismo, pero no es así. Pensar es consultar nuestras sensaciones acerca de las cosas. Nuestra aproximación a las cosas se da por sensaciones, por sentimientos, por nuestro sentido de uno mismo.

El sentido de uno mismo consiste en la captación organísmica de nuestra vida. Para poder pensar es necesario primero sentirnos, porque pensar es en buena medida convertir nuestro sentir en palabras. Los analíticos no pueden darse cuenta de que existe una función total de nuestro organismo para captar las cosas. La intuición, o mal llamada intuición, no es otra cosa que esto: captar totalidades desde nuestro organismo.

Si le preguntan a alguien cómo se siente, ¿qué hace? Consultar su cuerpo, sentirlo, y expresar el sentir.

Cuando debemos resolver un problema del tipo definir qué es la ética, consultamos nuestro sentido de uno mismo, ese sentido total que nos da la sensación de la ética, y luego intentamos expresar que sentimos por ética, qué entendemos por ética.

El SER de las cosas no es otra cosa que aquello que sentimos son esas cosas.

Captar racionalmente es captar secuencialmente en la modalidad del lenguaje, que para representar algo debe emplear palabras una después de la otra para representar algo. ¿Cómo pueden representar una pintura en palabras? Una pintura es una representación analógica, es una representación total. Mientras no se percaten de los problemas del lenguaje para representar las cosas, no se darán cuenta de la imposibilidad de emplear el lenguaje en la representación de las esencias, especialmente de esencias que requieran de infinidad de notas en su representación.

Ese es el problema del lenguaje, puede representar sólo unas pocas notas de las cosas, si las personas quieren atenerse al lenguaje para comprender, terminan empobreciendo la realidad. Ni hablar cuando una palabra quiere representar infinidad de cosas.

¿Qué es el hombre? Una vieja definición dice que es un animal racional. Como todos sabemos qué es un hombre, entendemos qué quiere decir esta definición, que el hombre participa de la esencia del animal y que lo que lo distingue es el uso de la razón en mayor medida que el animal inferior, porque los animales parecen ser racionales. También se dice que el hombre es un ser social; etc. Las definiciones de este tipo pueden ser entendidas por quienes ya saben qué es el hombre y sólo se pretende destacar algún rasgo distintivo. Pero si alguien no supiera qué es el hombre, difícilmente podría saberlo con esta definición. Pero si queremos saber cómo es Juan, cómo lo definimos. Nuevamente debemos recurrir a una reducción, elegir un conjunto de notas características de Juan, y con esas pocas notas representarlo, de cualquier manera, esas notas estarán colocadas en forma secuencial. Ese es el motivo por el cual se emplea la biografía como representación, pues se traza la personalidad como un desarrollo secuencial. Sin embargo, el habla no puede representar en forma analógica nada, no puede dar una imagen total e inmediata, pero la pintura sí puede. Sin embargo, cuando alguien intenta decir cómo es Juan, parte de lo que siente acerca de él, eso que siente es una totalidad, sentimos a alguien como una totalidad, aquí y ahora. Desde esa totalidad sentida vamos describiendo la esencia de Juan, hacemos elecciones de las mejores notas para dar cuenta de la sensación de Juan.

El problema es que las personas no se dan cuenta de este proceso, y sólo ven la explicación verbal, y creen que así es cómo pensamos, que así es el ser de las cosas. También, están los otros, los que sólo atienden a los sentimientos y creen que ellos son el acceso a la realidad, que son infalibles. Así, justifican la existencia de dios, porque lo sienten, sin saber que es posible cultivar el sentimiento de cualquier cosa. Si alguien se encierra en un cuarto a meditar en dios, si se lleva la biblia y repite partes una y otra vez, al poco tiempo se tendrá la sensación de dios, se lo verá, etc. Sólo podemos percibir como totalidades, sentir las cosas, pero también podemos sentir cosas que no existen.

La prosa conceptual no puede representar el ser de las cosas (porque el ser es analógico, contiene infinidad de notas constitutivas), en cambio la poesía con el empleo de imágenes y juegos de sentido, sí es más apta para representar el ser de las esencias. Nadie reconoce en las descripciones filosóficas al amor, en cambio en la poesía sí pueden reconocerlo.

Querer representar el ser de las cosas a través del habla es imposible, porque el ser de las cosas está constituido por infinidad de notas. El habla sólo puede representar el ser de las esencias que contienen un número finito de notas, como el ser de un triángulo, un cuadrado, una mesa si se dice que es una tabla con patas para sostener cosas.

No se puede definir las esencias complejas con palabras, pero se pueden decir cosas, el problema que se toman esas cosas que se pueden decir como el ser.

Cuando los filósofos no son conscientes de los límites de la palabra para representar las cosas, se embarcan en imposibles. Definir qué es el hombre en palabras es una empresa tan imposible como querer representar una ecuación diferencial, musicalmente. No es posible traducir el sentido de un sistema representativo a otro.

Los grandes problemas que tienen las personas para entender qué es la intuición, parte del desconocimiento de que podemos sentir directamente el ser de las cosas, es más, que eso que sentimos es el ser de las cosas, pero como damos cuenta en palabras de ese ser, sólo piensan que existen esas palabras, no pueden dar el salto desde el mapa al territorio representado por ese mapa. Si buscan la intuición en las palabras, jamás podrían encontrarla.

Estas personas son las que dicen que cosas como el espíritu o el alma no existen, porque no es posible representarlas en palabras, no es posible definirlas; entonces, si no es posible definirlas, no existen. Pero, lo curioso es que si de algo tienen evidencia es de que existen y que son una esencia espiritual.

De lo único que tenemos evidencia es de que somos una esencia espiritual, de nuestra alma, aunque no podamos decir más nada acerca de ella. Los tontuelos que no poseen un alto poder de discriminación, un fuerte sentido de ellos mismos, se pierden en las palabras, porque no resuenan en ellos, sólo se guían por las relaciones lógicas, pero no ven ni sienten.

De la existencia del mundo sólo puede tener dudas un enfermo o un tarado, los problemas de Descartes, de Zenón, de los presocráticos, sólo son problemas verbales, nada más, constituyen una muestra de la imposibilidad del habla para representar el ser de las cosas. El máximo ejemplo lo constituye el problema del ser, porque las cosas tienen su ser, hasta as cosas que no existen, sin embargo, estos pensadores extrajeron el ser del ser. ¿Cómo representar el ser del ser? Es un imposible. Es como querer representar un triángulo de cuatro lados.

Sin embargo, estos imposibles tienen su valor, como en el caso del koan en el Zen: delatar la imposibilidad del habla para dar cuenta del ser de las cosas; y lograr desarrollar el sentido de uno mismo y del ser de las cosas. Así es como se agudiza, se refina nuestros sentidos para discriminar hasta la más mínima nota del ser de las cosas. Así es como un maestro Zen puede sintetizar en un haiku experiencias sumamente complejas, porque para poder sintetizar en un medio expresivo una complejidad infinita, es necesario haber refinado nuestro sentir en sumo grado.

De esta manera, mientras los seudofilósofos de Occidente se pierden en disquisiciones verbales y dialécticas, los Zenistas refinan el ser de ellos mismos, su sensibilidad para captar el ser directamente, ser conscientes de él.

Pero, ni los zenistas ni los filósofos, ni los místicos, son completamente conscientes de este problema. Bueno, esto fue visto por Weinttenteng (nunca recuerdo como se escribe su apellido). Hoy, los filósofos deben trabajar en estos problemas del habla y en la posibilidad de la filosofía como disciplina.


Creo que ha quedado bien claro cuál es la diferencia entre filosofía y ciencia. La ciencia es la encargada de establecer las relaciones causales entre los fenómenos, la filosofía es la encargada de determinar el ser de los fenómenos. Para esto es necesario conocer los problemas del habla, y no temer recurrir al medio expresivo que sea para aproximarse al ser de las cosas. También, hay que destacar, que un filósofo actúa como un artista en el sentido que su obra nace de su sensibilidad, es su punto de vista, es su visión del ser de las cosas.

La Representación

Continuando con la meditación en torno a la representación, hay que considerar que en la evolución de las colectividades y en la de las personas individuales, el proceso va desde la inconsciencia hasta la autoconciencia. Ya dije que la autoconciencia se va desarrollando a partir del dolor, de las restricciones, de las sanciones, de lo que no se puede hacer, del tabú.

La autonciencia implica el vernos como problema, pero para vernos como problema debemos representarnos de alguna manera. ¿Cómo representarnos? Ahí surge el Gran problema, pues si no podemos representarnos no podemos resolver nuestros problemas, es más, un problema surge de la forma en que tenemos de vernos y representarnos. Muchas veces un problema deja de serlo cuando cambiamos la forma que tenemos de verlo, que no es otra cosa que la forma que tenemos de representarlo.

Mucho se ha dicho en torno a lo que la inteligencia sea, en especial porque se asocia a la inteligencia la capacidad de resolver los problemas, por lo que una persona inteligente debería ser la más apta para resolver los problemas y la evidencia nos dice otra cosa: que personas sumamente inteligentes no son capaces de resolver los problemas de su vida. ¿Cómo entender esto? En realidad la inteligencia no es la capacidad para resolver prácticamente los problemas, es la capacidad de representación que tiene un sujeto. Que una persona sea muy inteligente, que pueda representarse las cosas con un grado infinito de definición, no implica que no se meta en problemas, o que pueda salir de ellos. Lo que ocurre es que un problema constituye una definición de situación. Sócrates murió tomando la cicuta, hay quien podría pensar que si fuera inteligente habría renegado de sus principios para salvar su vida, pero no lo hizo. La inteligencia no tiene nada que ver en lo que ocurrió.

Ahora bien, si para resolver un problema debemos poder representarlo bien, y el medio de representación no es correcto, o no lo dominamos bien, difícilmente podremos solucionarlo. Es lo que ocurre con las personas con problemas emocionales, la tensión no les permite alcanzar una correcta representación de sí mismos y la situación. Durante una terapia se pretende desarrollar la capacidad de autorepresentación del sujeto.

Originalmente un niño vive en un universo poco diferenciado, a partir del habla va diferenciando su mundo, pero para poder diferenciarlo bien se requiere de una gran capacidad para el habla. Los problemas de entendimiento son problemas de representación. Observando a las personas poco diferenciadas es posible ver que son incoherentes en el hablar, pero no por eso no pueden vivir, porque sienten la situación, u pueden guiarse por lo que sienten, aunque no puedan representar verbalmente lo que sienten.

Pero cuál es el problema máximo de una persona: que sus representaciones sean malas y que tome por real sus representaciones. A partir de ese momento está viviendo por algo irreal, por un error de la capacidad de representación.

Supongo que todos conocen los argumentos de Zenón de Elea contra el movimiento, pero el movimiento existe, ¿qué ocurre? Que Zenón no era capaz de representarse el movimiento, y los significantes que empleaba para representarlo tenían una imposibilidad para ello, entonces Zenón trasladó el problema de sus significantes a la realidad. Es como quien dice que el alma no existe, como no puede representarla, entonces declara que no existe, en lugar de decir que no es capaz de representarla.

Examinen a Parménides y su problema del SER, y de cómo llevo el tema del SER a verlo como un gigantesco bloque de piedra, porque debía tener un ladrillo en la cabeza. Si ven una flor en este momento pueden decir que la flor ES algo (y aquí decir qué ES). Lo mismo ocurre con una mesa, pero el SER de la mesa no es el mismo que el de la flor. Pero como se emplea la partícula ES al decir que la flor ES o la mesa ES, a Parménides se le ocurrió intentar descubrir qué ES ES, qué es SER. Como no era demasiado inteligente y quienes vivían en esa época no lo eran tampoco, tal vez por encontrarse en los comienzos de la toma de conciencia del hombre, no se percató de su error. No es posible pensar el SER del SER. Ni siquiera tiene sentido plantearse ese problema. La meditación sobre el SER que logró imaginar lo condujo a decir que el SER ES y el NO SER NO ES. Pero una flor puede ser ahora y no serlo más luego que el chancho del hermano de Parménides se la comió. Confundir los elementos de representación con la realidad que representan constituye un error de quienes no tienen mucha capacidad para pensar. Así definió un SER como algo finito (una especie de bloque de piedra) que existía desde siempre, porque si hubiera un tiempo en el cual no existía el SER implicaba que el NO SER existió. Lo mismo hacia el futuro. Claro, como nada en la realidad se parecía a ese SER, se negó de plano la realidad. Era un problema de la realidad el no poder adecuarse al SER.

Esto, que parece cómico, continúa ocurriendo hoy, con personas que no tienen buena capacidad de representación. Hay filósofos que siguen luchando con el tema del SER, como si tuvieran 2 años de edad filosófica. Pero en todas las áreas del saber existen problemas así, y todos los problemas parten de la confusión entre la representación y lo que ésta representa. Entonces, en la problemática se suman problemas de representación de segundo nivel, que consiste en no percibirse el hombre representando, no puede captar el proceso de representación, por lo que pasa de niveles sin percatarse.

El tonto es quien confunde la representación con lo representado, hay quienes sufren por representaciones.

Hoy, a los pensadores filosóficos les importa muy poco el tema del SER, sólo constituye un hecho histórico, hoy el pensador está más interesado en el habla y en las formas de representación, y en lograr las formas más potentes de representación.

Creo que otro problema a tener muy en cuenta es el de percibir lo individual, lo particular, a Juan, a Drago el perro, al té de la mañana, y en percibir lo general: el hombre, el perro, el té. Lo general parte por inducción de lo particular, y tiene gran valor, pero en personas de poco poder de discriminación se presenta como una patología, por ese motivo un terapeuta debe traer siempre las generalizaciones al piso. Cuando un paciente habla del hombre, el terapeuta le pregunta qué hombre, cuando habla de que los perros son malos, le pregunta qué perro en concreto es malo y qué le hizo. Poco a poco ese sujeto irá tomando conciencia de sí mismo y de los errores que comete al hablar, error que le lleva a vivir en un mundo de representaciones completamente equivocadas, al no saber cómo las formó.

Una vez que se ha desarrollado una gran sensibilidad a nosotros mismos, disponemos de la destreza artística de representarnos y representar cualquier cosa con gran precisión, y síntesis. La intuición nos guía en la elección de las notas más significativas para representar las distintas esencias y particularidades, como puede verse en este texto. Para sintetizar hay que poder captar una totalidad y elegir lo esencial de esa totalidad. Quiere decir que totalidades compuestas por infinitas notas se representan por un conjunto finito de ellas, por aquellas que mejor pueden representarla.