La noche de los Lápices- A treinta años

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    #1 La noche de los Lápices- A treinta años

    A treinta años de esa noche
    Con diversos actos, se recordarán hoy los treinta años de La Noche de los Lápices, cuando la dictadura secuestró a siete estudiantes de La Plata. El gobierno bonaerense hará un acto mañana a las 11 en el ex centro clandestino de detención Pozo de Banfield, del que participará el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Edgardo Binstock, además de sobrevivientes, familiares, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. En tanto, la Multisectorial Chau Pozo hará un acampe en el mismo lugar a partir de hoy, que culminará mañana a las 13 con una marcha desde la estación de Banfield al Pozo. Por su parte, una de las sobrevivientes de los secuestros en septiembre de 1976, Emilce Moler, presentará el documental Los irrecuperables: historias de militancia y represión, en la escuela media 3. La acompañará la directora de Educación, Adriana Puiggrós; la monja Martha Pelloni y representantes de la Comisión provincial por la Memoria.

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    53 comentarios / 20456 Visitas

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    15/09/2006
    #2 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    Una versión jurásica de La Noche de los Lápices irrumpió en “Wikipedia”
    En la enciclopedia virtual colectiva apareció una definición que decía que el secuestro y la desaparición de los estudiantes de La Plata “es un invento” de “terroristas”. Al final el texto fue modificado.

    La enciclopedia virtual Wikipedia permite a los usuarios modificar las entradas y escribir sus definiciones.Una definición de diccionario jurásica se coló ayer por unas horas en la enciclopedia virtual Wikipedia, que permite a los usuarios modificar las entradas, aunque con un relativo control de los editores del sitio web. La incursión tuvo la sutileza de un intruso que intenta caminar de puntillas, usando botas de militar: “La Noche de los Lápices fue un invento creado por las organizaciones terroristas que reclutaban jóvenes estudiantes secundarios y universitarios para llevar a cabo sus delitos de lesa humanidad”, señaló la entrada, que luego fue corregida: el nuevo artículo indica que se trató del secuestro y desaparición de un grupo de estudiantes de La Plata, el 16 de septiembre de 1976. “Hay que estar atentos a estas provocaciones”, sostuvo el gobernador Felipe Solá.

    Wikipedia es uno de los intentos más populares de democratizar la información. Fue fundada por los estadounidenses Jimmy Wales y Larry Sanger en 2001 y creció hasta alcanzar más de tres millones de artículos en varios idiomas. Ya tiene en oferta un wikidiccionario, un wikimaterial escolar y hasta una wikicolección de frases célebres. La página web permite a los usuarios modificar la información y publicar sus propios artículos. Wikipedia suele relevar el contenido, aunque aclara que “no han sido necesariamente revisados por expertos profesionales”. Hace tres años se coló otra entrada sobre el presidente Néstor Kirchner en la que se lo acusaba de ser un “montonero resentido” y un “mocoso imberbe”. En esa oportunidad, la entrada se modificó unas sesenta veces, hasta que fue bloqueada.

    Esta vez se entrometió una versión precámbrica de La Noche de los Lápices, en la víspera de los actos que recordarán el secuestro de los siete estudiantes. “Lamentablemente, no es la verdad de lo que ocurrió”, se despachó el autor, que incorporó además una lista de “los terroristas implicados” que son, en realidad, las víctimas del secuestro. El wikidinosaurio también acusó a uno de los sobrevivientes del grupo de estudiantes, Pablo Díaz, de “haber vivido con los dividendos que esta fábula le ha aportado, aunque sea un conocido terrorista”. “Fue entrenado en las Brigadas del Café de Nicaragua en técnicas terroristas, manejo de armas, explosivos, etc. Ningún estudiante que pide el boleto estudiantil tiene que tener esos conocimientos”, dijo.

    La primera respuesta provino del propio foro de discusión de Wikipedia. “¡¡Quien escribió esta entrada, además de fascista, malintencionado y negador es muy bruto!!”, bramó un lector. “La Noche de los Lápices ocurrió en 1976 y las Brigadas del Café recién comenzaron en 1980, después de que la revolución sandinista derrocara el 19 de julio de 1979 al dictador (Anastasio) Somoza. Si Pablo Díaz participó de ellas, fue justamente por haber sobrevivido”, explicó. La incursión castrense en la enciclopedia de software libre fue corregida una docena de veces hasta que la enciclopedia la bloqueó. En tanto, la Defensora del Pueblo porteña, Alicia Pierini, adelantó que hará una presentación judicial contra la enciclopedia “por la falta de control sobre los contenidos”.


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    Testimonio de Pablo Díaz

    Señor Díaz, usted ha conocido a mucha gente que tiene habeas corpus entablado a su favor cuyo paradero se desconoce definitivamente. Entonces, lo hemos convocado para que usted, a partir de la causa Falcone, nos de los datos que recuerde.omo así también en otras causas que después puedo dar por escrito y confeccionar el acta con el secretario. No puedo comenzar mi relato con respecto a mi caso porque se entrecruza permanentemente con María Claudia Falcone.

    Yo soy detenido, secuestrado en mi casa el 21 de septiembre a las 4 de la mañana por un grupo de tareas dependiente de distintas fuerzas de seguridad. Estaba inspeccionando por gente dependiente de la policía de la Provincia de Buenos Aires o del Ejército Argentino.
    Después daré pormenorizadamente los datos de quienes fueron los responsables de entrar a la casa uno por uno. Las circunstancias en las que se da el ingreso a la casa son que estacionan tres coches en la puerta de casa, no pueden abrir el portón porque era de una contextura muy gruesa por lo que deciden tocar timbre.

    Mi hermano estaba durmiendo en mi pieza. Inmediatamente me despertó. Yo comprendí la situación rápidamente por los hechos que se venían sucediendo en la ciudad de La Plata a partir de fines de agosto que era el secuestro sistemático de estudiantes secundarios.
    Yo tenía conocimiento que a partir del 4 de septiembre habían sido secuestrados Víctor Treviño, de 17 años de edad, Fernando Gutiérrez de 17 años, Mercado, otro compañero de 17 años que eran de distintos colegios. Víctor continúa en calidad de desaparecido. Estoy hablando del año 1976.
    Luego por los hechos sucedidos el 17 de septiembre donde varios amigos de los distintos colegios de La Plata habían sido secuestrados por distintos operativos en sus casas.
    En el caso María Claudia Falcone de 16 años, Horacio Ungaro de 17 años, Francisco López Montaner de 16 años, Daniel Racero de 17 años, como así también, a partir del 17 de septiembre, otros estudiantes secundarios, Emilse Moller, Patricia Mirando.
    Estos hechos los charlé en su momento con mi padre, por lo cual me sentía bastante preocupado. Con otro grupo de estudiantes secundarios habíamos ido a distintas casas y los padres nos decían que no nos preocupáramos, que los chicos estaban bien, por lo cual, en determinado momento, fuimos a la comisaría a ver si podían estar detenidos legalmente.
    DR. SCHIFFRIN.- Eran muchachos que por un lado habían desaparecido y por otro los padres decían que estaban bien?
    SR. DIAZ.- Lo que pasaba era que no daban información real sobre lo sucedido. Lo único que entendimos era que algo había pasado, y los padres manejaban la situación como creían que correspondía. Tengan en cuenta que era una circunstancia muy difícil.
    Cuando ellos llegaron comprendí que cuando estaba sucediendo el operativo era a mí a quien venían a buscar por el hecho de que había compañeros de las escuelas secundarias que estábamos en los distintos centros de estudiantes y que militábamos en la Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ya habían sido secuestrados, por lo que comprendí que cuando llegaron era para mí. Yo le dije esto a mi hermano, le dije que me venían a buscar a mí. En ese momento baja mi hermano y les abre la puerta. Ellos entran tirando todas las cosas, y a medida que iban llegando mis hermanos, -somos una familia constituida por siete hermanos-, los hacían tirar al piso, lo mismo que a mis padres, que se encontraban en la casa en ese momento.
    Cuando yo estoy bajando las escaleras me señalan. Estos hombres estaban vestidos con bombachas del Ejército Argentino y camisas de civil. Tenían pasamontañas, y solo uno estaba a cara descubierta. A este luego lo identifico como jefe del operativo, el comisario Héctor Vides, que es quien me señaló y me tiró al piso inmediatamente,
    Cuando me tiran al piso es cuando me comienzan a preguntar por las armas. Yo les dije que no tenía nada y que por favor no le hagan nada a mi familia.

    Inmediatamente los hombres se dispersan por toda la casa. Estamos segundos en esa situación, creo que no alcanza a ser un minuto. Me ponen un pullover en la cabeza y se dicen entre ellos "nos vamos". Luego yo me entero por mis familiares que también habían generado un robo en mi casa. Se habían llevado todas las alhajas de mi madre y robado ropa de los distintos armarios de mis hermanos. Eso fue denunciado en la Comisaría II de la ciudad de La Plata a las 6 de la mañana.
    Denunciaron que habían entrado personas a secuestrarme conjuntamente con el hecho de que se había generado un robo.
    Luego de esto me tiran en la parte trasera de un auto. Los distintos represores se tiran arriba mío, posan sus piernas sobre mis espaldas y nos vamos. Llegamos luego a un lugar después de andar un tiempo bastante prolongado. Nosotros vivíamos en 10 entre 40 y 41, número 435 de La Plata, y llegamos a la casona de una estancia, una casa grande, sobre la cual después hago el reconocimiento posterior en la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, reconociendo el lugar como Campo de Arana. Es un lugar que pertenece ediliciamente al Ejército Argentino, donde ahora se encuentra el Regimiento 7° de Infantería de la ciudad de La Plata.
    En ese momento, como les dije, era una estancia abandonada perteneciente al Ejército. Llegamos y me bajan violentamente, dejándome parado.
    DR. SCHIFFRIN.- Normalmente, los otros testigos, identifican a Arana con un destacamento policial preexistente. Era otro o había dos?
    SR. DIAZ.- No era Cuatrerismo. Era el lugar donde ahora se encuentra el Reconocimiento que yo hago en la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, junto con otros testigos, era que ese lugar se había utilizado por las fuerzas conjuntas de las cuales estamos hablando., y el lugar pertenecía al Ejército Argentino. Ahora se puede llegar a corroborar, en ese lugar, el traslado del Regimiento 7 de Infantería. Los campos eran del Ejército Argentino.
    DR. SCHIFFRIN.- Un policía que declaró imputado no procesado informó que se trataba de un destacamento policial. El estaba como oficial de la guardia ya que era policía. A ese destacamento se lo rebautizó con el nombre de Puesto Patria. Esto lo digo para llegar a confrontar.
    SR. DIAZ.- Es muy importante conocer el hecho de que allí se encuentre la infantería, en este momento. Quiero destacar las distintas muertes sucedidas en el campo de Arana donde, a través de distintos testimonios, puede llegar a saberse que allí están enterradas distintas personas. Me dejaron tirado casi más de 24 horas contra la pared. Cuando ya me encontraba en un período de cansancio y las piernas me temblaban, pasaban y me golpeaban. Me pegaban en la cabeza. Me golpeaban la nariz, produciéndome distintas heridas. No querían que me tirara al piso para que no encuentre un estado de descanso. Luego de un período de 24 ó 26 horas, me sacaron y me llevaban a un cuarto donde no podía descansar.
    Allí soy puesto en un catre, con las manos atadas con alambres y los pies con tela. Tenía un pullover sobre el rostro. Aproximadamente entre dos personas , me desnudaron. Al acostarme apareció una tercera persona, que era la que comandaba el interrogatorio. Me preguntaban qué participación había tenido en algunas organizaciones políticas secundarias, la unión de estudiantes secundarios o la juventud guevarista.
    También me preguntaban sobre la participación en los movimientos secundarios con respecto a los centros de estudiantes. Cuando les decía que no había tenido participación, enseguida me daban corriente eléctrica, con picana, en distintas partes del cuerpo como en los genitales y también en las heridas.
    Luego de la sesión, cuando no aguantaba más y gritaba, la víctima tiende a cerrar los puños por la tensión de la corriente. Ellos me decían que si tenía algo para decir con respecto al nombre del otro chico, que abriera las manos y ellos iban a parar la tortura. Inmediatamente, abría las manos, pero no podía decir nada en función de que tenía los labios quemados. Entonces ellos seguían con la picana.Seguían con la sesión. No sé si aproximadamente fueron minutos o segundos.
    Sin poder caminar terminaba la sesión y me llevaban arrastrándome sin vestir, sólo con el pantalón y sin ropa interior, a una pieza en la cual aproximadamente yo calculo debíamos estar cerca de 11 a 14 personas. Ahí yo inmediatamente pido agua. Uno de los chicos que estaba ahí me dice que no pida agua, porque la característica es que al tomar agua, luego de esas sesiones, el estómago se contrae, y la definición era que uno "reventaba como un sapo".
    Le había pasado a un compañero: le habían dado agua, y nunca más había vuelto a esa pieza, luego de una gran convulsión en su propio estómago. Hay un hecho anecdótico. Cuando era trasladado a la primera sesión de tortura, uno de los represores que me llevaba me dice que me iban a dar la máquina de la verdad. Yo pensaba, irónicamente o graciosamente, que esa máquina era como en las películas, porque uno podía llegar a tener un tensor que marcaba si uno mentía, por lo cual reclamaba que me llevaran a esa máquina. Cuando llego al cuarto y comento esto, los demás compañeros me decían que les había sucedido a todos: todos habían creído lo mismo. Los guardias se jactaban de esa máquina de la verdad. "Ustedes pidieron ", decían.
    Ahí me entero, porque inmediatamente empezamos a tratar de comunicarnos, quiénes estaban. Allí conozco a Walter Docters, que está en carácter de liberado. Estaba Gustavo Callotti, en carácter de liberado. Estaba Marlene Kegler Krug, que era una ciudadana alemana, que a su vez tenía nacionalidad paraguaya, estudiante de Medicina.
    Cuando estaba en la sesión de tortura, nosotros escuchábamos los gritos que se producían. En un momento dado hay un silencio, y los guardias empiezan a decir que "se les había quedado". Se empezaron a jactar, y decían que "la tiraran a los perros". Era generalmente el que comandaba ese campo. Otro represor dijo: "Entiérrenla en el fondo". El caso es que Marlene no volvió más.
    Nosotros no volvimos a escuchar los gritos de la tortura de Marlene, por lo cual pudo haber sido el destino final los fondos del propio campo. Otro de los compañeros que estaba en ese campo era Ernesto Canga, de la localidad de City Bell, un obrero de Peugeot. Estaba José María Schunk, a quien le decían "Carozo". Me había contado cuando lo secuestran de su casa, en 12 y 60.

    Como los del operativo fueron a otra casa, cuando se quedó solo, porque los represores, los partícipes del grupo de tareas, fueron a otra casa a buscar a otra víctima, se desató las manos que tenía atadas con una tela en su espalda, se bajó del auto y corre.
    Justo uno de los represores sale de la casa donde estaban haciendo el operativo y ve que él corre. Empieza a correr, se suben a los coches y él cuenta que en 12 y 60 pudo subirse al micro de la línea 6 y que cuando sube le pide al chofer que arranque, pero nunca arrancó.
    Suben los represores y se van hacia el fondo. Empieza a gritar, lo bajan del micro y lo vuelven a detener y lo llevan al campo de Arana. Esto me lo contó el propio José María sobre lo que le había pasado. El veía, luego de un día o dos de estar, que él ya no tenía posibilidades por haber cometido lo que él llamaba "este error". Porque se habían enfurecido muchísimo por el hecho de que se hubiera querido fugar.
    Las sesiones de tortura eran muy prolongadas para él. Luego me vuelven a buscar, me llevan a un cuarto donde me dicen que hay un tal coronel que me quería hacer unas preguntas. En ese momento me habían sacado el pullover y me habían puesto una venda de tela roja con la que, con las luces, cuando me enfocaban en la sala de interrogatorio podía ver figuras.
    Esta persona era mayor de edad, un hombre grande, vestido completamente de uniforme del ejército. Estaba sentado delante de mí. Los represores le llamaban coronel y él me interrogaba- yo parado- sobre cuál había sido mi participación en el Centro de Estudiantes.
    Yo le empiezo a contar. Me dice: "no, contame desde la primaria". Le hago todo el relato y en un momento me pregunta qué pensaba yo de las idas a las villas miseria. Esto tiene correlación con un hecho: un día hay una inspección o lo que ellos llamaban una inspección. Nosotros estábamos todos torturados, y entran unos guardias que nos dicen: "arréglense que vienen a hacer una inspección los coroneles.
    Era ridículo porque no podíamos hacer nada por nuestros propios medios, pero cuando entra esta inspección, hay un ruido de movimiento de muchos hombres, siento que por la espalda me dan con un borceguí y a un hombre de voz gruesa, que era el que comandaba la inspección, le digo: señor, ¿dónde estoy? Y ellos me dicen: diríjase como coronel.
    Y él me dice: qué carajo tenían que hacer ustedes yendo a las villas si teníamos todo en nuestras casas.Preguntaba por qué hacíamos eso,.
    La característica es que esta persona se diferenciaba mucho en el lenguaje con respecto a los que permanentemente nos torturaban o eran represores directos. Era más ideológico. Tenía una característica: nos retaba porque habíamos ido a determinados barrios carenciados o nos preocupábamos por lo que socialmente no éramos y nos decía los grupos de chicos que estábamos ahí.
    Pero volviendo al interrogatorio, después hay una particularidad, el me dice: "Callate. A ver, traigan a fulano de tal para ver qué dice sobre Pablo.

    Cuando se da una serie de circunstancias, yo no pude ver si traían a alguien para preguntarle sobre mí. Y le decían que no pasa nada y que estaba en el colegio secundario. Inmediatamente lo interrumpen y dicen: "ya vamos a ver qué vamos a hacer con su vida, sigan dándole el escarmiento".
    Es entonces cuando me llevan a la sesión de tortura. Me sacan el pantalón, me vuelven a atar y con la particularidad que me torturaban sin preguntarme, y en un momento dado me ponen un almohadón en la boca. Siento un pinchazo tapado con el olor de la carne quemada y la modalidad es que me daban por primera vez picana en los pectorales, después me levantan violentamente y me ponen en un tacho con agua la cabeza, me la sumergen. Me arrastran a la pieza o cuarto que compartía con otro compañero. Allí me atan las manos a las espaldas y a medida que pasaban las horas tenía un gran dolor en los dedos del pie y cuando me toco me doy cuenta que sangraba porque me faltaba la uña de uno de los dedos del pie.
    Ellos se jactaban de que me habían aplicado la tenaza. Después, en uno de los momentos yo pedí ir al baño y cuando soy trasladado al baño, uno de los represores que me llevaba, amaga a violarme, me toca la parte de la cintura y me dice: "qué lindas tripas que tenés" y me tira contra la pared. Yo empiezo a gritar y me dice: "son todos lo mismo" y me devuelve al cuarto sin dejarme ir al baño.
    La particularidad era que uno se va acostumbrando a donde está y determinadas cosas a las que tiene temor en un momento determinado las va tomando con terrible normalidad y hasta se anima, luego de las sesiones de tortura, a preguntar y seguir hablando como si nada hubiera pasado.
    A los dos o tres días me entero de que había estado mucha gente detenida y que ese campo se caracterizaba por tortura continua y no nos dejaban ni un minuto la posibilidad de descansar.
    Otra de las detenidas con las que tuve la oportunidad de hablar fue con Angela López Martín, que era profesora de geografía del Colegio Nacional y nosotros tal vez nos recostábamos mucho sobre lo que ella nos podía decir. Nos habíamos enterado de que ella había estado con su compañero Osvaldo Buceto, que no vio ahí, sino que lo encontró en el Pozo de Banfield, otro campo de concentración. Angela había sido muy torturada y estaba deteriorada y muy dañada.
    La particularidad es que no había compañero que no hubiera sido violado en las sesiones de tortura. A los tres días aproximadamente- yo había estado ahí desde las 4 de la madrugada del 21 de septiembre- soy sacado para un simulacro de fusilamiento. La característica era que venía uno de los represores al cual no habíamos escuchado nunca.
    Nos decía que era un cura, que era capellán del Ejército, que venía a confesarnos porque íbamos a ser fusilados. Nos pide que le digamos, si queremos a solas, todo lo que habíamos hecho, que íbamos a ir más puros al Cielo, que teníamos esa posibilidad. Generalmente lo que nos pasaba era que entrábamos en un estado de histeria y de nervios porque no queríamos ser asesinados.
    La particularidad era que los más chicos pedíamos a nuestras madres. Somos sacados y pasamos por un descampado. Escuchábamos muchos ladridos de perros. Nos ponían con los perros que supuestamente ellos traían atados, nos hacían oler. Nosotros los sentíamos y después nos llevaban. En el descampado nuestras espaldas daban a una pared o un muro y tocábamos tierra con nuestros pies.
    Volvía a pasar el que se decía capellán del Ejército que constantemente daba un sermón. En el caso mío particular, el Padre Nuestro, hasta que cargaban las armas y esta voz decía: "tiren".
    Nosotros sentíamos los disparos. En el momento en que tiran uno de los compañeros que estaba como víctima del simulacro hizo una consigna: "viva los montoneros", que fue mezclada con nuestros gritos de "no", "mamá", "papá". Lo que uno sentía particularmente era que lo habían matado. Uno estaba esperando a ver cómo era la muerte, si era dolorosa, si los agujeros estaban en el cuerpo.
    Esto era un segundo, pero es muy prolongado ese segundo. Uno dice: "ya está, ya pasó, por fin".
    Pero cuando sucede esta consigna inmediatamente le dicen: "vos, hijo de puta" y se ve que lo tiran al piso y que disparan. Se siente a la persona agonizar, vuelven a disparar y vuelven a decir "llévenlo".
    Nosotros en ese momento estábamos tirados en el piso y no podíamos aguantar de pie. En mi caso particular me oriné cosa que le había pasado a otros compañeros como así también diferentes descomposturas. Somos arrastrados al calabozo, al cuarto. Después tengo la próxima sesión de tortura donde luego de 6 días, una noche hubo un movimiento de camiones o micros y dicen "vamos, que hay que vaciar la casa que viene el otro grupo y estos ya estuvieron mucho".
    Nos tapaban bien el rostro con pullóveres- en este caso no utilizaban vendas de tela- y nos tiraban al piso de un micro y nos pisaban con sus pies. Nosotros íbamos en el piso, éramos muchos y creo que era el vaciamiento de la casa. Calculábamos que había cerca de 30 personas que habíamos sido de tránsito, pasados por ese campo. Luego de un prolongado andar siento que se abre un portón y dicen hacele juego de luces.
    Nos dicen vamos, y nos empiezan a bajar pero la particularidad es que nos iban pegando hasta trasladarnos al tercer piso.
    Yo estaba muy deteriorado y mientras subía las escaleras me resbalé y mi represor me agarró de los pelos mientras decía no le tires que no da más y luego somos puestos en celdas individuales. Nadie hablaba y esa primer noche sentíamos el ruido de la puerta que se cerraba.
    Soy sacado y llevado a otra celda que tenía 5 centímetros de agua y dejado ahí por horas, desnudo. Hacía mucho frío- era fines del mes de septiembre- por lo cual yo pedía que me sacaran y una voz de al lado me decía "esperá, no grites". Esa voz era la de Néstor Silva, que posteriormente me cuenta que cuando había estado detenido en el mismo campo de Arana, había escuchado mi voz.
    El estaba junto con su novia Norma Beatriz Delmisier. La particularidad de Néstor Silva es que ellos habían sido detenidos en Melchor Romero, en una estancia del padre.
    Después de haberme liberado, ya en 1984 me encontré con el padre de Néstor Silva quien fue Ministro de Economía de la provincia de San Luis en la época de Martínez de Hoz. Néstor Silva me contó que lo iba a venir a buscar de ultima. Después hay un hecho que voy a relatar más tarde, el padre de Néstor Silva con un capitán del Ejército venido de San Luis. Fue al campo de Arana a buscarlo y tenía una grabación que la presentó a la Comisión Nacional de Personas.
    Fue testigo de la grabación en la cual discutió con Etchecolatz y con Camps el tema de su hijo, y que Camps le dijo que se lo iba a matar por el sólo hecho de no haberlo disciplinado a las órdenes de él.
    Néstor, volviendo al relato, me decía: todos estuvimos ahí. Soportá golpeándo la pared. Hablamos con golpes de la "a "a la "z".
    Yo me entretuve casi todo el día que me tocó estar de turno en ese calabozo, porque la "a" era un golpe, la "b" eran dos golpes y así sucesivamente. Y Néstor siempre buscaba palabras más difíciles con las últimas letras del abecedario para que yo me entretuviera.
    Luego, soy sacado. Fui llevado con muchos escalofríos. Ya temblaba y tenía las manos atadas a la espalda. Soy trasladado a celdas de adelante y allí empezamos a poder comunicarnos verbalmente.
    Me encontré sobre mis espaldas con una pared de 15 centímetros que me separaban, en el otro lado del pasillo se encontraba María Claudia Falcone, así también como Osvaldo Buseto, Alicia Carminatti con su padre, Víctor Alberto Carminati, cuya particularidad era que habíamos ido a buscar a Jorge, el hermano de Alicia y el hijo de Víctor.
    En el secuestro no lo habían encontrado y se los habían llevado a ellos como rehenes hasta que se presentaran el hermano y el hijo.
    Ellos compartieron con nosotros los tres meses de cautiverio en el Pozo de Banfield. Después le voy a acercar a la Cámara el testimonio de Alicia Carminati dado en la Secretaría de Derechos Humanos, porque refuerza el tema de los nacimientos que yo voy a relatar.
    Porque la característica del Pozo de Banfield es que éramos la mayoría adolescentes y la mayoría de las compañeras en estado avanzado de embarazo. Nosotros fuimos testigos de dos nacimientos en el propio Pozo. Y ella refuerza y cuenta estos nacimientos también.
    Después, estaba Gabriela Carriquiriborde, cuyo parto fue uno de los que me tocó presenciar. Yo estuve al cuidado de ella en la celda. Después, estaba María Clara Ciochini, que se encuentra desaparecida; Claudio De Hacha, que se encuentra desaparecido, la nombrada Norma Beatriz Delmisier, que está en carácter de desaparecida, Ernesto Canga, que está en carácter de desaparecido, Francisco López Montaner, que está en carácter de desaparecido; Estela Maris Montesino de Ogando, que está en carácter de desaparecida y que también fue otra de las que dio a luz a su hijo en el período en que nosotros estuvimos en el Pozo de Banfield.
    Después, estaba Cristina Navaja de Santucho. Luego voy a relatar cuando ella es trasladada a ese pozo porque es muy significativo. Ella también estaba embarazada y cuando yo me fui de ese Pozo de Banfield ya estaba en fecha para parir
    .Después estaba José María Noviedo que sido trasladado conmigo, Graciela Perna, que estaba en carácter de desaparecida, Daniel Alberto Rasero, en igual carácter. Cuando tengo la posibilidad de hablar, que me llama Osvaldo y me dice ¿quién está al lado?, hablá, no tengas miedo. Entonces le digo soy Pablo Díaz. Ahí los chicos que nos conocíamos de la secundaria me dijeron: Pablo, somos nosotros, estamos nosotros.
    Comenzamos a tener diálogos, me cuentan por todas las torturas que habían pasado e inmediatamente se van sucediendo los días y las características del Pozo de Banfield es que no nos abrían las celdas, la primer semana estuvimos sin comer nada. Nosotros nos jactábamos porque todos habíamos visto la película Papillon y hacíamos bromas entre nosotros de que si veíamos un bicho lo comiéramos, eso nos decían los más grandes, para poder subsistir, que hagamos ejercicios, nos movíamos.
    Los que pudimos recuperar alguna ropa interior, estábamos en ropa interior, yo tenía un calzoncillo de los llamados boxer, que después quedó en harapos en esos tres meses, prácticamente terminé con telas.
    Dormíamos en el piso y hacíamos nuestras propias necesidades en el piso. Por una semana no nos abrieron la celda, con lo cual el olor era muy profundo
    Luego de una semana, cuando nos abrieron, nos dieron comida, nos sacaron al pasillo, nos trataban de asquerosos por lo que habíamos hecho en la celda, nos decían que íbamos a tener un castigo.
    Recuerdo que uno de los problemas de las chicas eran los períodos de menstruación, por lo cual los guardias se jactaban de que los que estábamos con ellas en las celdas nos sacáramos la ropa interior y se la diéramos a ellas como trapo para sus propias necesidades y si no les daban trapos, ellas se quejaban porque estaban sucios, ellos les decían que se arreglen como puedan, que no tenían porqué cuidarnos, que ese no era un hotel.
    Luego en el pasillo nos trajeron un bols, nos daban la comida una sola vez por día y muy grasienta y nos daban a todos bols, y en un momento, determinado dice un guardia, quién quiere más? Nosotros varios dijimos yo,yo,yo y en un momento dado dice, de quién era el bols verde? Daniel Racero y yo dijimos nuestro, nos habíamos equivocado por supuesto. No veíamos, veíamos por debajo, en ese momento seguíamos con una tela en los ojos. Esto nos llevó a una gran represión, fuimos muy golpeados. Y la particularidad era que después de esa golpiza nos sacaron desnudos a los baños. Nos pusieron todos juntos, mujeres, hombres, todos desnudos. Nosotros mirábamos para abajo y tratábamos de preguntarnos cómo estábamos. Nos veíamos muy deteriorados. Cuando yo vuelvo, uno que se dice médico, y que yo reconozco como el médico Bergés. Jorge Antonio Bergés.
    El permanentemente estaba en el Pozo de Banfield, y específicamente hacia la mantención de las embarazadas. El cuidaba permanentemente a las embarazadas. Ellas eran para él como algo privilegiado, una joya, a las que teníamos que cuidar. El tenía sumo interés en que tuvieran familia. Le decía a los guardias que no se llegaran a sobrepasar con ellas. Hay una frase de Bergés que dice "con ellas, no". "Si tienen ganas, agárrense a las chicas".
    Recuerdo que cuando volvíamos del baño, a las chicas las dejaron últimas y las empezaron a manosear, especialmente a María Clara Ciocchini. A ella le agarró un ataque de nervios y cuando volvió a la celda se empezó a dar la cabeza contra la pared. Pedía que la maten.
    Nosotros empezamos a gritarle que no se golpeara, que se calmara, que parara. Esa era la característica de lo que le tenía que pasar a los compañeros.
    Luego Bergés, a los pocos días me abre la celda, me saca y me puso con Osvaldo Bucetto, que estaba herido. Tenía tres tiros, dos en las piernas y uno en el estómago. Me contó que lo habían agarrado en 7 y 54.
    Tenía una cita con un compañero, y cuando lo ve venir, este le grita "corré" pero ya estaba rodeado. El intenta correr pero no sabía para dónde. Lo agarran, lo meten en el baúl de un auto y lo llevan al Campo de Arana primero e inmediatamente al Hospital Naval de Río Santiago. Ahí es operado, y la particularidad con él era que era el único que no se encontraba vendado.
    Estaba a cara descubierta. El decía que el haber pasado por el Hospital Naval de Río Santiago le había significado la muerte. Era un hombre de mucha experiencia, de mucha constancia ideológica y de mucha experiencia en comparación con nosotros. En el Hospital de Río Santiago había sido operado por médicos del mismo Hospital.
    Previamente había tenido un paso por el BIM3. Luego de esa operación estaba a cargo de marinos del BIM3, donde en un momento hubo un coronel que se apellidaba Campoamor y que posteriormente supe que era el Jefe de Inteligencia del área 113.
    Luego voy a relatar un poco más de esta persona, que continuamente se hacía llamar como coronel Vargas. Esto me lo contó Osvaldo.
    Bergés me dio un balde con un trapo de piso y me dijo que cuando cerrara la puerta le sacara la venda, lo desatara y lo limpiara. Me dijo nada más que eso. Cuando procedí a hacer eso, Osvaldo me impresionó mucho ya que tenía en el estómago el final de la cicatriz con puntos, donde se le había generado una bola con pus. Me impresionó mucho. El se reía y me decía que estaba bien. Me largué a llorar. Le dije: qué es esto Osvaldo?. El me calmó. Me decía que le hiciéramos bromas a todos. El me decía que yo hiciera como que lo estaba limpiando mientras él gritaba.
    Entonces los demás me decían que era lo que yo estaba haciendo,. Esto era muy característico de Osvaldo. El modificaba nuestro estado de ánimo. Luego de esa oportunidad, al otro día, quizás pasaron horas, sucedió otra particularidad. Estábamos en el tercer piso.Teníamos una pequeña rendija sobre el techo, en la terraza.
    En los primeros días de octubre podíamos ver, si nos levantábamos, una luz. A mediados del mes de octubre se nos modificó nuestro estado físico.
    Norma Lisier, una compañera nuestra, hizo una estrella con un pedazo de piedra en su celda. Como hubo una requisa la vieron y llamaron al jefe.
    Afuera del pasillo había un teléfono. Hablaron con el jefe Wolk, comisario del área metropolitana. El pozo de Banfield estaba a su cargo. Le decía "El Patón". A otro le decían La Chanca y su nombre era Arana, era el segundo jefe del área metropolitana de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
    Nos ponían algodones en los ojos, arriba cinta adhesiva y nos ataban las manos. Nos ponían una soga al cuello con las manos atrás de manera que si tirábamos las manos hacia abajo nos ahorcábamos nosotros mismos.
    Desde octubre, en que me sacaron del campo, nos tuvieron en esas condiciones. A medida que transcurrían los días, como empezaba a hacer mucho calor, se empezaba a derretir la goma de la cinta adhesiva que cubría el algodón. La picazón en los ojos era terrible. Los ojos empezaron a llagarse.
    Había un olor que no salía de los ojos ya que nos encontrábamos en un estado de deterioro total. Estaban podridos. Empezamos a tener grandes dolores de brazos. Teníamos las marcas de la soga al cuello y ya no nos podíamos desatar. No podíamos tirar para desatarnos. Con esa soga no nos podíamos desatar. Dormíamos en esas condiciones. Nos tirábamos al piso.
    A mediados de octubre ya no podíamos hacer ejercicios. Lo que nosotros hablábamos eran las expectativas de salir. Hay un hecho sobre noviembre, diciembre. Nos sacan para bañarnos. Yo tengo la posibilidad, porque nos cierran las puertas, de verla a Graciela Pernas, con la que había quedado en el baño. Ella ya estaba sobre sus costados- al igual que nosotros- en carne, de dormir en el piso. Siempre me acuerdo de Graciela porque el 9 de diciembre era su cumpleaños. Ella pidió a los guardias poder festejar ese cumpleaños. Lo único que nos trajeron fue un vasito de agua y a Graciela una barrita de chocolate, eso significó para nosotros la torta.
    De ahí en más, el estado depresivo era total para nosotros. En octubre, noviembre, creíamos que estábamos muertos. María Clara y otros compañeras y compañeros intentaron el suicidio. Un compañero en el baño había agarrado una piedra en punta ( no quiero decir quién).
    El médico Bergés vino un día y me dice: "Bueno, las chicas ya están por tener". Estábamos sobre diciembre. Me pone en la celda con Gabriela Carriquiriborde. Yo ya no me podía sostener en pie. Me trasladan. Me dice: "Cuando empiecen con dolores golpeen las puertas".
    Yo la tenía a Gabriela. Después Claudia estuvo al cuidado de Cristina Navajas de Santucho. Alicia Carminatti estuvo al cuidado de Stella Maris Montesano de Ogando. Le pido a Gabriela y las compañeras que me digan cómo eran los trabajos de parto y qué era lo que tenía que hacer. Estaba muy asustado. Me dicen que cuando empiecen las contracciones trate de desatar. "No puedo". "Tratá de poner la mano sobre el pulso de Gaby". Gaby estaba sobre un colchón muy finito -era un beneficio que ella tenía-, con muchos trapitos al lado. Estaba desnuda. Gaby me calmaba a mí. En el momento en que ella empezó con los dolores me agarró la mano. Me dice: "Pablo: me viene! Ya está". Yo le grito a los chicos: "Alicia, Graciela: Gaby va a tener". Me dice: "Fijate las contracciones. Tomale el pulso". No hice nada, me tiré. No sé como me desaté. Me tiro contra la puerta. "Golpeen la puerta". Empezamos a golpear fuerte.
    Llamados a los guardias. Gaby me dice: "Lo quiero tener, lo quiero tener". Cuando vino la guardia, abre mi celda y me dice: tenela, tenela, ya viene. Se empiezan a gritar entre ellos, entran de repente lo que yo llamo una chapa y me empujan a mí contra el fondo de la pequeña celda y me dicen "ponete contra la pared". Me puse contra la pared, se ve que la agarran a Gaby, la ponen arriba de la chapa y se la llevan. Cuando se la están llevando, entre los gritos bajando las escaleras se cae la chapa y Gaby grita y entre ellos empiezan a gritar. Hay todo un movimiento.
    Nosotros quedamos muy tensos. A las horas escuchamos el llanto del bebé. Nosotros empezamos a decirnos "nació! Escuchá". Los chicos se ponían contentos. Gritábamos. Cuando volvieron a subir los guardias nos confirman que había estado todo bien, que no nos preocupáramos, que había nacido un varón y ella y el bebé los iban a llevar a una chacra donde iban a estar bien. Luego vino el parto de Estela Maris Montesano de Ogando. El tema era que estaba el marido, Jorge Ogando, en otra celda, y fue el mismo procedimiento. Estela empieza a gritar. Alicia nos dice a todos que golpeemos la celda. Nosotros golpeamos la celda, a Estela la vienen a buscar en la misma chapa- o en otra, pero en una chapa al fin. Ahora, con el tema de Estela Maris Montesano, nosotros volvemos a escuchar el llanto del bebé, nos vuelven a decir lo mismo, pero a los diez días a Estela Maris Montesano de Ogando la vuelven a subir a la celda, la vuelven a poner con Alicia Carminatti, Alicia le pregunta a Estela, y Estela nos cuenta que la habían llevado a una sala precaria en la que había tenido el parto.
    En el caso de Estela, habían venido a buscar a una compañera que yo no recuerdo, pero hay otros testimonios, en el caso de Alicia, que estaba sobre el pasillo y dice que era una estudiante de medicina llamada Pujol. Yo recuerdo que a esta compañera la vinieron a buscar y la llevaron para que colabore en el parto. Estela nos cuenta que la tuvieron atada en el momento del parto y que en un momento la desatan pero nunca le sacan la venda, que había un hombre que dominaba todo el parto, aparentemente era médico, por lo que sabía, que tuvo un varón, que le preguntaron a ella cómo quería que se llamara y ella dijo "Martín". "Bueno, se va a llamar Martín", le dicen ellos.
    La trasladan a una cama, la dejan atada.Le vuelven a traer al bebé con ropita, pero al muy poco tiempo se lo sacan. A ella la dejan atada. Cuando Estela sube, ya con una infección en el útero, el médico Bergés nunca más aparece.
    Nadie viene a ver la infección que ella tenía. El hecho era que Estela había traído el cordón umbilical del bebé con ella. Y en una oportunidad, cuando nos sacan a comer,. Nos vuelven a poner sobre los pasillos y Estela le hace llegar a Jorge, su compañero el cordón umbilical que se lo pasan compañero por compañero. Llegamos a mitad de diciembre, casi sobre fines de diciembre de 1976, y una noche hay un movimiento muy grande en el Pozo de Banfield, vienen los guardias y nos dicen "júntense, salgan", nos agarran, nos tiran y me ponen con José María Novielo.
    A María Claudia Falcone la ponen con María Claudia Ciochini. Nos juntan y nos amenazan continuamente diciendo que lo que íbamos a escuchar y ver no podíamos hacer nada. Nos quedamos todos callados.
    Había mucho movimiento, y de repente empiezan a subir muchos movimientos en los escalones, gente que venía gritando, gente a la que le venían pegando y tiraron gente y gente.
    Cuando los encierran, estaban muy golpeados, ellos nos vuelven a gritar de la puerta: "ustedes no tomen ningún contacto que ellos son pesados". Cuando se van, luego de unas horas, Osvaldo le preguntó a los nuevos quiénes era.
    Eran aproximadamente ocho o nueve nuevos. Cristina Navaja de Santucho, Manuela Santucho, y me quedó el nombre porque era uno de los que había sido el máximo dirigente de una organización guerrillera en el país y había sido muerto el 19 de Julio. Lo había visto en los diarios de 1976
    .Entonces, ella que estaba cerca, al lado de la celda de María Clara, pero pegada a Claudia Falcone, nos cuenta que estaba embarazada y que venía de una casa que habían levantado por las proximidades de las fiestas. Hacía rato que estaban en esa casa y sin vendas.
    Navidad era a los dos días de llegados. La particularidad era que alguien que supuestamente era la compañera de Cristina le preguntaba permanentemente sobre su estado de embarazo. L otro día, cuando viene Bergés a verla, la sacan a Claudia y la ponen con Cristina Navaja de Santucho y les dicen que ya saben lo que tiene que hacer en un parto.
    Muy rápidamente viene el 25 de diciembre, que es Navidad, nosotros nos enterábamos de ello porque sentíamos bombas de estruendo. Esa noche en particular tengo una larga conversación con Claudia y me reiteraba que no podía hacer una vida digna cuando podamos salir, si es que podíamos porque había sido violada y ya se estaba yendo porque tenía muchos problemas de salud. Tenía mucha tos. Por ahí teníamos infectados los pulmones, con neumonía y pedimos pero nadie nos daba nada. Y esa noche recordamos mucho a nuestras familias, a todos en particular. Volvieron a sucederse las escenas de una gran depresión.
    Hicimos un brindis como pudimos y llegamos al 28 de diciembre de 1976, en el cual se da la particularidad de que vienen unos guardias, me sacan, me llevan a un primer piso, me trasladan entre dos, me dejan sobre una silla, y uno de los guardias se refiere a que hay un mayor del Ejército que tiene algo que decirme. Cuando le digo "señor" me golpea un guardia de atrás y me dice: "te dije que es un mayor". Le digo "mayor, donde estoy?". Y me dice: "se decidió que vas a vivir, al final. Vengo a decirte que te pasamos al PEN". Yo le digo, "que es eso?" y me dice "Esto lo decidió el general".
    Yo después de mucho tiempo pienso en que fecha del decreto del Poder Ejecutivo Nacional es del 28 de diciembre, y en mi caso está firmada por el general Videla.
    En ese momento el supuesto mayor que después se da la particularidad de que una vez que se decidió mi libertad, en la Unidad 9 de La Plata, el 12 de noviembre de 1980, yo tengo una entrevista con un mayor Pena de la Décima Brigada con asiento en La Plata, y él me dice: "una vez nos vimos y yo te llevé buenas noticias". Después voy a contar el relato de esta entrevista que me hace antes de salir. El se queja a los guardias y dice "no le puedo sacar una foto así. Sáquenle las vendas que tiene". Supuestamente vino un médico y se quejó de que yo reapareciera, y dijo "éste no da mas, ya está, es para tirarlo".
    Yo quedo a solas con él, sentado sobre una silla con respaldo. El agarra la venda y la tira y yo grito y me dice "no son machos ustedes?". A mi me quedan los algodones pegados a los ojos, y él lo que hace es atarme a la silla.
    Cuando me ata a la silla me dice "vamos a ver cómo gritás" y me pone alcohol en los ojos. Yo grito. El me saca el algodón de los ojos.
    El pelo lo tenía largo y no se me podía sacar una foto ya que estaba lleno de goma; la barba la tenía larga. Pesaba 37 kilogramos. Escucho que un mayor dice "hay que sacarlo rápido antes de que aparezca llévenlo".
    Vuelvo a la celda y allí me habían puesto una tela sobre los ojos y la espalda y me sacan la soga del cuello y la marca de ella me queda por mucho tiempo,. Les empiezo a decir a los chicos que me habían pasado al PEN. Uno de ellos me dice que así me legalizaban y que quedaría en libertad. Entre esas alegrías, pasamos momentos muy tristes porque lo dicho significaba que los chicos se quedaban y sobre la noche nos vinieron a buscar a mí y a José María Novielo.
    Yo pido al guardia ver a Claudia, le pido por favor que acceda. En ese momento Claudia empieza a gritar que sí y el me dice "bueno" y me lleva a la celda de Claudia y me dice que sea rápido. Ella estaba con Cristina Navaja de Santucho y se corre a un costado. Siempre la particularidad era que el guardia nos tenía que llevar y así me agarra de atrás, Claudia me deja y se corre y le sacan la venda de los ojos, le dolía por el mismo estado que tenía yo.
    Ella me pide que vaya a la casa de la madre y me da la dirección y me manifiesta que le diga que está bien. Yo le digo que iba a salir y que nos vamos a encontrar afuera y ella me dice que había sido violada por delante y por atrás. Y que nunca iba a poder ser mujer.
    Me pidió que todos los 31 de diciembre levante la copa por ellos- por todos los desaparecidos- por todos los que estaban ahí aunque nunca utilizó la palabra desaparecidos. Cuando me vienen a buscar todos los chicos Claudio Horacio, Panchito me empiezan a saludar y yo les digo que van a salir. Es la última vez que los veo y a mi me trasladan con José María Novielo en algo que nosotros comunmente llamamos baúl de un Citroen, ya que alcanzamos a reconocer el auto.
    Esto es lo último que tenemos, pero a ustedes los vienen a sacar urgente de acá. Y luego de un andar bastante prolongado, vuelven a hacer el juego de luces y entramos a un taller mecánico, porque había mucho olor a grasa y un coche en una fosa. Ahí nos sacan.
    Entre ellos se dicen: estos vienen con carpetas, así que reaparecen. Nunca nos sacaron las vendas. Nos ataban las manos a la espalda.
    Así nos llevaron al tercer piso, que era la Brigada de Investigaciones de Quilmes, el llamado Pozo de Quilmes. Allí me enteré de que había habido detenidos que habían estado en el campo de Arana y que luego habían sido liberados incluso gente que nombré antes como Gustavo Caloti, Patricia Miranda, Emilse Moller, Nora Ungaro. Con la particularidad de que días antes de que yo llegara, esto era el 28 de diciembre de 1976 ya casi 29, hacía dos días que lo habían sacado a Víctor Treviño, que había estado en el Pozo de Quilmes.
    Con una característica: lo habían hecho bañar, lo habían perfumado y lo habían vestido bien. Y lo habían sacado a las cuatro de la tarde. Vector continúa en carácter de desaparecido hasta el día de hoy. Tiempo después, por trabajo de investigación, siempre presumimos que había sido sacado para un simulacro de fusilamiento, de esos que aparecían como que había un enfrentamiento con fuerzas de seguridad.
    Eso da carácter de novedad sobre el Equipo Argentino Forense, que se ha caracterizado por trabajos de esa naturaleza. La particularidad en este lugar es que las celdas tienen una ventana a la que podíamos acercarnos y ver la luz. Durante los tres meses que habíamos estado en el Pozo de Banfield nunca habíamos tenido contacto con la luz. Ahí nos empezaron a dar comida ya una vez por día. Y la particularidad es que podíamos comer mucho pan.
    Nos decían que comiéramos todo el pan que quisiéramos. A fines de enero, luego de estar un mes en el Pozo de Quilmes, un día me vienen a buscar y soy trasladado con José María Noviedo a la comisaría Tercera de Valentín Alsina de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en Lanús, donde teníamos el paso de unas horas, un día, en el cual no nos querían recibir, porque en el trayecto nos sacaron las vendas y nosotros seguíamos con el pelo largo, muy llagados, muy flacos y sin poder sostenernos de pie.
    Por eso nos decían: ustedes ya están legalizados, sáquense todo. Nosotros les decimos que no y entonces ellos mismos nos sacan. Ya íbamos en una camioneta del Ejército, en una Foro F-100.Cuando nos sacaron las vendas el reflejo nuestro fue no mirarlos. Seguimos con las cabezas bajas.
    Pero en la comisaría Tercera de Valentín Alsina no nos querían recibir, se quejaban del estado que teníamos nosotros. Por lo tanto, cuando hay conversaciones con el Comisario de la Tercera de Valentín Alsina, dice se los llevan ya a donde los tienen que llevar. El mismo día, horas después, somos trasladados a la Unidad 9 de La Plata.
    Ahí estuve acompañado de un oficial del Ejército que dijo :"este va a enfermería y sigue unos días incomunicado". Yo aparecí el 2 de febrero en la Unidad 9 de La Plata, pero recién mi familia se enteró de que estoy en ese lugar cerca del 28 de febrero de 1977.
    En ese período estoy en la enfermería, me sacan al sol, me cortan el pelo, me tratan de curar los ojos, me tratan de curar las marcas y cuando viene la primer visita con mis hermanos y mi madre, yo le digo a mi hermana: "por favor andá a la casa de María Claudia Falcone y decile a Claudia que estoy bien en la cárcel". Porque yo había averiguado que los chicos se habían ido a la cárcel y que Claudia no estaba en la cárcel de mujeres por lo cual mi esperanza era que a ellos los habían dejado en las puertas de sus casas como decían a veces que nos podían dejar.
    La siguiente visita mi hermana me dice que había ido a la casa de Claudia , que había estado con la madre y que Claudia no había aparecido nunca más.
    Así me encuentro con los desaparecidos. Después hay hechos muy característicos. Vuelvo a hablar de Claudia a fines de l979 yo empecé a tener visitas del coronel Campoamor que me interrogaba en la oficina del Director de la Unidad 9, Dupuy. En uno de los interrogatorios Campoamor me preguntaba qué es lo que recordaba, cómo estaba, en qué pensábamos.
    Nosotros habíamos notado que era particularidad del Primer Cuerpo de hacer esas visitas a los que posiblemente podían llegar a salir en libertad. Campoamor me decía, te acordás del Coronel Vargas? Le digo que no, acordate me dijo y se fue. Después posteriormente, cuando le pregunté por los chicos, me dijo: "te voy a decir la verdad, fueron fusilados en la primer semana de enero", ojalá algún día tenga la posibilidad de un careo con Sánchez Toranzo, después me dijo "bueno, pero eso ya pasó, vas a salir".
    Sánchez Toranzo era el enlace entre el Ministro del Interior y el Primer Cuerpo del Ejército y con Institutos Penales, tanto de la Provincia como Federal. El 12 de noviembre de 1980 tengo la visita en la misma oficina del Director Dupuy, del mayor Pena de la Décima Brigada de Investigaciones. El Mayor Pena en esos momentos saca una carpeta de un portafolios y me dice "leela". Yo me sorprendo porque la carpeta era rosa y tenía una inscripción negra que decía "subversivo". Yo abro la carpeta y había una nota que decía que yo había sido detenido en la ciudad de La Plata el 28 de diciembre, en la calle, repartiendo panfletos subversivos.
    Había una particularidad: había una firma mía. Ahí fue cuando recordé que en el momento en que me estaban interrogando alguien me llevó la mano y me hizo firmar un papel en blanco. Por otros detenidos supe que te hacían firmar eso cuando te iban a trasladar. Yo reconozco que era mi firma, estirada, no normal, en un garabato. Le dije que no había sido detenido el 28 de diciembre en la calle y el mayor me decía "ya sé". "Lo que pasa es que estamos ordenando.
    Todo esto es un quilombo. No te preocupés". Otro hecho significativo es que cuando mi madre se entrevista con Suarez Mason, en el año 78, por lo que ella me comentó, tiene en sus manos la misma carpeta que yo vi y que me mostró el mayor Pena.Cuando se cita a mi madre Suárez Mason le dice que yo había sido detenido el 28 de diciembre repartiendo panfletos subversivos. Mi madre le dice que no, que había sido secuestrado de mi casa y que me habían llevado el 21 de setiembre de 1976.
    Le dijo que nos habían robado y que no se habían llevado de mi casa armas ni panfletos. El le dice a mi madre: "vamos a ponernos de acuerdo, señora. Su hijo fue detenido el 28 de diciembre con panfletos subversivos de una organización guerrillera"" Mi madre se pone tozuda y le dice que no, momento en que Suárez Mason se levanta, golpea la mesa y le dice: "si usted no reconoce esto, se va inmediatamente de acá".
    Mi madre después de esto, tuvo un gran temor y tuvo un ataque de nervios muy grande. Creía que esta actitud por parte de ella podría haber significado mi muerte. Nosotros hemos pedido un careo entre Suárez Mason y mi madre en el juicio de los excomandantes y no tuvimos respuesta. Con referencia a la carpeta que me mostraron, interpreto que estaba en el mismo papel que Suárez Mason había tenido entre sus manos.
    Hay otro hecho, y es que cuando yo doy vuelta la hoja de mi declaración aparece una planilla en la que constan los datos personales. Son las planillas presentadas por Nelba Falcone. Luego, en la Cámara Federal, en el juicio a las juntas de los comandantes, tengo la posibilidad de tener las planillas en las manos y compruebo que las planillas de los chicos desaparecidos eran las mismas planillas que yo había visto en esa carpeta.
    Hubo investigaciones posteriores que me permití hacer por haber sido partícipe de organismos pertenecientes a derechos humanos.
    Había un suboficial Valdéz que cumplía órdenes desde el 75 al 77 bajo el comando del coronel Campoamor, en el área de inteligencia 113 de La Plata. El decía que estas planillas para las consultas tenían dos finalidades. Por un lado, estaban los secuestrados detenidos que tenían esas planillas.
    Estos estaban en el primer grupo que pasaban a ser girados al Ministerio del Interior de la Nación. Por otra parte, los que tenían las planillas con una línea negra, pasaban a ser girados al Batallón 601 de Inteligencia de la calle Viamonte en la Capital Federal para ser archivado en ese expediente. La firma de esa planilla le correspondía al coronel Campoamor que estuvo en el área de inteligencia 113 .
    El nexo del área de inteligencia 113 con los Coti, organizados por Miguel Angel Etchecolatz, en el área de inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, era el comisario Alfredo Fernández. Este era el enlace entre el círculo de Etchecolatz y el Batallón 601.
    Si se hiciera una pericia sobre las dos personas, existiría un reconocimiento de las firmas de las planillas que demuestra el traslado final de las personas. Soy puesto en libertad el 19 de noviembre de 1980.
    El mayor Pena me amenazó diciéndome que no contara nada de lo ocurrido, ni que me acuerde de ningún nombre. Con posterioridad, en la cárcel, ocurre un hecho por el cual soy operado, dentro de la Unidad Numero 9 de La Plata. Allí me operan de tres hernias simultáneas, producto de las torturas.
    Sobre una solicitud de ser operado en un establecimiento en condiciones, público, el coronel Sánchez Toranzo me negó esa posibilidad ya que decía que era un peligro. Me operó un médico del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, el doctor Favole, quien cumplía su profesión en el Instituto Médico Platense de La Plata.
    En un momento dado me dijo que yo mismo me sacara los puntos.Lo hice con una Gillette otorgada por él quien me dijo: "Si te querés cortar, cortate".
    Sobre el grupo de tareas participante del secuestro de mi persona y de María Claudia quiero hacer sobre la base de testimonios y de trabajos de investigación la nómina de personas que estuvo presente, ya sea porque las vi, escuché o escuché hablar de ellas, en su momento, bajo mi responsabilidad mediata e inmediata, sobre los hechos sobre mi persona y Claudia, quiero hacer mención de uno por uno. Arana, alias La Chancha, comisario Inspector , segundo jefe del área metropolitana de la provincia de Buenos Aires. Astolfi, alias "El Cura", que terminó siendo miembro del Ministerio del Interior de la Nación, área Inteligencia, integrante del Regimiento 7 de Infantería, asignado a la Brigada de Investigaciones de La Plata de la Policía de la Provincia. Baldasarre, alias "Capitán Pali", parapolicial. La característica es que siempre vestía uniforme de capitán del Ejército y dependía directamente de Camps,. De lo cual se jactaba. Jorge Antonio Bergés, oficial principal de la Policía de la Provincia, médico, asignado al cuidado de las detenidas embarazadas, era por palabras de Stella Maris Montesano de Ogando , el que se llevaba a los bebés nacidos en cautiverio en el Pozo de Banfield. Carlos Ricardo Campoamor, alias "Coronel Vargas", teniente coronel del Ejército, jefe de Inteligencia, con asiento en La Plata, del estado mayor de Camps. Juan Ramón Camps, coronel, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Estando en el campo de Arana hay un hecho que quiero significarlo. Cuando traían pateando a una persona de edad, le dicen: "A vos, judío , te vamos a hacer jabón porque el general no quiere a los judíos". A esa persona luego la sacan a torturar.Era un hombre muy mayor de edad y tenía problemas cardíacos.
    Yo hablo que supuestamente se pudo haber quedado porque en un momento dado no volvió de esa tortura. No tuvimos posibilidad de verlo más. Siempre que lo sacaban le decían: "Ahora, judío, vas a conocer lo que es Auschwitz". Siempre le decían que "el general no te quiere". Yo siempre lo relacioné por tener esa intuición de víctima- que ese general que no lo quería podía tratarse de Juan Ramón Camps, Miguel Angel Etchecolatz, comisario general, director de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que fue quien organizó los comandos de operaciones tácticas de investigaciones.
    De él dependía el Grupo de Tareas 1, que tenía una radio de acción en La Plata, Berisso y Ensenada. Un represor, a través de su testimonio, dijo que Etchecolatz fue quien en persona le pidió al Comisario Alfredo Fernández que haga un estudio pormenorizado de los estudiantes secundarios de La Plata.
    Una vez, la Cámara Federal, en los juicios a los ex comandantes, tuve oportunidad de saber y de ver que había una nota en la que Alfredo Fernández hizo un memorandum a Etchecolatz, en el que detallaba la peligrosidad de los estudiantes secundarios de La Plata, Berisso y Ensenada.

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    15/09/2006
    #3 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    terepint, ¿podés editar el testimonio de Pablo Díaz separándolo por párrafos? Así es más fácil de leer.

    Sobre la presentación judicial de la boluda de Alicia Pierini contra Wikipedia, lo pasé al tópico San Wikipedia ya que acá no correspondía.

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    15/09/2006
    #4 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    Era de por sí muy largo y, lo tuve que editar dos veces cortándolo, por sugerencia de la administración. Si no, lo haría con gusto.

    Saludos.

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    16/09/2006
    #5 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    Zor, ¿quedó mejor?


    Saludos

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    16/09/2006
    #6 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    Acá está. Pero antes una cosa. Le deseo la muerte a todos los que participaron en el terrorismo de Estado, a todos los que encubrieron, a todos los que lo apoyaron, y a todos los que hoy en día lo reivindican o dicen que fue necesario.

    ¡Muerte a todos ustedes, soretes inhumanos!


    Testimonio de Pablo Díaz


    Señor Díaz, usted ha conocido a mucha gente que tiene habeas corpus entablado a su favor cuyo paradero se desconoce definitivamente. Entonces, lo hemos convocado para que usted, a partir de la causa Falcone, nos de los datos que recuerde como así también en otras causas que después puedo dar por escrito y confeccionar el acta con el secretario.

    No puedo comenzar mi relato con respecto a mi caso porque se entrecruza permanentemente con María Claudia Falcone.

    Yo soy detenido, secuestrado en mi casa el 21 de septiembre a las 4 de la mañana por un grupo de tareas dependiente de distintas fuerzas de seguridad. Estaba inspeccionando por gente dependiente de la policía de la Provincia de Buenos Aires o del Ejército Argentino.

    Después daré pormenorizadamente los datos de quienes fueron los responsables de entrar a la casa uno por uno. Las circunstancias en las que se da el ingreso a la casa son que estacionan tres coches en la puerta de casa, no pueden abrir el portón porque era de una contextura muy gruesa por lo que deciden tocar timbre.

    Mi hermano estaba durmiendo en mi pieza. Inmediatamente me despertó. Yo comprendí la situación rápidamente por los hechos que se venían sucediendo en la ciudad de La Plata a partir de fines de agosto que era el secuestro sistemático de estudiantes secundarios.

    Yo tenía conocimiento que a partir del 4 de septiembre habían sido secuestrados Víctor Treviño, de 17 años de edad, Fernando Gutiérrez de 17 años, Mercado, otro compañero de 17 años que eran de distintos colegios. Víctor continúa en calidad de desaparecido. Estoy hablando del año 1976.

    Luego por los hechos sucedidos el 17 de septiembre donde varios amigos de los distintos colegios de La Plata habían sido secuestrados por distintos operativos en sus casas.

    En el caso María Claudia Falcone de 16 años, Horacio Ungaro de 17 años, Francisco López Montaner de 16 años, Daniel Racero de 17 años, como así también, a partir del 17 de septiembre, otros estudiantes secundarios, Emilse Moller, Patricia Mirando.

    Estos hechos los charlé en su momento con mi padre, por lo cual me sentía bastante preocupado. Con otro grupo de estudiantes secundarios habíamos ido a distintas casas y los padres nos decían que no nos preocupáramos, que los chicos estaban bien, por lo cual, en determinado momento, fuimos a la comisaría a ver si podían estar detenidos legalmente.

    DR. SCHIFFRIN.- Eran muchachos que por un lado habían desaparecido y por otro los padres decían que estaban bien?

    SR. DIAZ.- Lo que pasaba era que no daban información real sobre lo sucedido. Lo único que entendimos era que algo había pasado, y los padres manejaban la situación como creían que correspondía. Tengan en cuenta que era una circunstancia muy difícil.

    Cuando ellos llegaron comprendí que cuando estaba sucediendo el operativo era a mí a quien venían a buscar por el hecho de que había compañeros de las escuelas secundarias que estábamos en los distintos centros de estudiantes y que militábamos en la Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ya habían sido secuestrados, por lo que comprendí que cuando llegaron era para mí. Yo le dije esto a mi hermano, le dije que me venían a buscar a mí. En ese momento baja mi hermano y les abre la puerta. Ellos entran tirando todas las cosas, y a medida que iban llegando mis hermanos, -somos una familia constituida por siete hermanos-, los hacían tirar al piso, lo mismo que a mis padres, que se encontraban en la casa en ese momento.

    Cuando yo estoy bajando las escaleras me señalan. Estos hombres estaban vestidos con bombachas del Ejército Argentino y camisas de civil. Tenían pasamontañas, y solo uno estaba a cara descubierta. A este luego lo identifico como jefe del operativo, el comisario Héctor Vides, que es quien me señaló y me tiró al piso inmediatamente. Cuando me tiran al piso es cuando me comienzan a preguntar por las armas. Yo les dije que no tenía nada y que por favor no le hagan nada a mi familia.

    Inmediatamente los hombres se dispersan por toda la casa. Estamos segundos en esa situación, creo que no alcanza a ser un minuto. Me ponen un pullover en la cabeza y se dicen entre ellos "nos vamos". Luego yo me entero por mis familiares que también habían generado un robo en mi casa. Se habían llevado todas las alhajas de mi madre y robado ropa de los distintos armarios de mis hermanos. Eso fue denunciado en la Comisaría II de la ciudad de La Plata a las 6 de la mañana.
    Denunciaron que habían entrado personas a secuestrarme conjuntamente con el hecho de que se había generado un robo.

    Luego de esto me tiran en la parte trasera de un auto. Los distintos represores se tiran arriba mío, posan sus piernas sobre mis espaldas y nos vamos. Llegamos luego a un lugar después de andar un tiempo bastante prolongado. Nosotros vivíamos en 10 entre 40 y 41, número 435 de La Plata, y llegamos a la casona de una estancia, una casa grande, sobre la cual después hago el reconocimiento posterior en la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, reconociendo el lugar como Campo de Arana. Es un lugar que pertenece ediliciamente al Ejército Argentino, donde ahora se encuentra el Regimiento 7° de Infantería de la ciudad de La Plata.

    En ese momento, como les dije, era una estancia abandonada perteneciente al Ejército. Llegamos y me bajan violentamente, dejándome parado.

    DR. SCHIFFRIN.- Normalmente, los otros testigos, identifican a Arana con un destacamento policial preexistente. Era otro o había dos?

    SR. DIAZ.- No era Cuatrerismo. Era el lugar donde ahora se encuentra el Reconocimiento que yo hago en la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, junto con otros testigos, era que ese lugar se había utilizado por las fuerzas conjuntas de las cuales estamos hablando., y el lugar pertenecía al Ejército Argentino. Ahora se puede llegar a corroborar, en ese lugar, el traslado del Regimiento 7 de Infantería. Los campos eran del Ejército Argentino.

    DR. SCHIFFRIN.- Un policía que declaró imputado no procesado informó que se trataba de un destacamento policial. El estaba como oficial de la guardia ya que era policía. A ese destacamento se lo rebautizó con el nombre de Puesto Patria. Esto lo digo para llegar a confrontar.

    SR. DIAZ.- Es muy importante conocer el hecho de que allí se encuentre la infantería, en este momento. Quiero destacar las distintas muertes sucedidas en el campo de Arana donde, a través de distintos testimonios, puede llegar a saberse que allí están enterradas distintas personas. Me dejaron tirado casi más de 24 horas contra la pared. Cuando ya me encontraba en un período de cansancio y las piernas me temblaban, pasaban y me golpeaban. Me pegaban en la cabeza. Me golpeaban la nariz, produciéndome distintas heridas. No querían que me tirara al piso para que no encuentre un estado de descanso. Luego de un período de 24 ó 26 horas, me sacaron y me llevaban a un cuarto donde no podía descansar.

    Allí soy puesto en un catre, con las manos atadas con alambres y los pies con tela. Tenía un pullover sobre el rostro. Aproximadamente entre dos personas , me desnudaron. Al acostarme apareció una tercera persona, que era la que comandaba el interrogatorio. Me preguntaban qué participación había tenido en algunas organizaciones políticas secundarias, la unión de estudiantes secundarios o la juventud guevarista.

    También me preguntaban sobre la participación en los movimientos secundarios con respecto a los centros de estudiantes. Cuando les decía que no había tenido participación, enseguida me daban corriente eléctrica, con picana, en distintas partes del cuerpo como en los genitales y también en las heridas.

    Luego de la sesión, cuando no aguantaba más y gritaba, la víctima tiende a cerrar los puños por la tensión de la corriente. Ellos me decían que si tenía algo para decir con respecto al nombre del otro chico, que abriera las manos y ellos iban a parar la tortura. Inmediatamente, abría las manos, pero no podía decir nada en función de que tenía los labios quemados. Entonces ellos seguían con la picana. Seguían con la sesión. No sé si aproximadamente fueron minutos o segundos.

    Sin poder caminar terminaba la sesión y me llevaban arrastrándome sin vestir, sólo con el pantalón y sin ropa interior, a una pieza en la cual aproximadamente yo calculo debíamos estar cerca de 11 a 14 personas. Ahí yo inmediatamente pido agua. Uno de los chicos que estaba ahí me dice que no pida agua, porque la característica es que al tomar agua, luego de esas sesiones, el estómago se contrae, y la definición era que uno "reventaba como un sapo".

    Le había pasado a un compañero: le habían dado agua, y nunca más había vuelto a esa pieza, luego de una gran convulsión en su propio estómago. Hay un hecho anecdótico. Cuando era trasladado a la primera sesión de tortura, uno de los represores que me llevaba me dice que me iban a dar la máquina de la verdad. Yo pensaba, irónicamente o graciosamente, que esa máquina era como en las películas, porque uno podía llegar a tener un tensor que marcaba si uno mentía, por lo cual reclamaba que me llevaran a esa máquina. Cuando llego al cuarto y comento esto, los demás compañeros me decían que les había sucedido a todos: todos habían creído lo mismo. Los guardias se jactaban de esa máquina de la verdad. "Ustedes pidieron ", decían.

    Ahí me entero, porque inmediatamente empezamos a tratar de comunicarnos, quiénes estaban. Allí conozco a Walter Docters, que está en carácter de liberado. Estaba Gustavo Callotti, en carácter de liberado. Estaba Marlene Kegler Krug, que era una ciudadana alemana, que a su vez tenía nacionalidad paraguaya, estudiante de Medicina.

    Cuando estaba en la sesión de tortura, nosotros escuchábamos los gritos que se producían. En un momento dado hay un silencio, y los guardias empiezan a decir que "se les había quedado". Se empezaron a jactar, y decían que "la tiraran a los perros". Era generalmente el que comandaba ese campo. Otro represor dijo: "Entiérrenla en el fondo". El caso es que Marlene no volvió más.
    Nosotros no volvimos a escuchar los gritos de la tortura de Marlene, por lo cual pudo haber sido el destino final los fondos del propio campo. Otro de los compañeros que estaba en ese campo era Ernesto Canga, de la localidad de City Bell, un obrero de Peugeot. Estaba José María Schunk, a quien le decían "Carozo". Me había contado cuando lo secuestran de su casa, en 12 y 60.

    Como los del operativo fueron a otra casa, cuando se quedó solo, porque los represores, los partícipes del grupo de tareas, fueron a otra casa a buscar a otra víctima, se desató las manos que tenía atadas con una tela en su espalda, se bajó del auto y corre.

    Justo uno de los represores sale de la casa donde estaban haciendo el operativo y ve que él corre. Empieza a correr, se suben a los coches y él cuenta que en 12 y 60 pudo subirse al micro de la línea 6 y que cuando sube le pide al chofer que arranque, pero nunca arrancó.

    Suben los represores y se van hacia el fondo. Empieza a gritar, lo bajan del micro y lo vuelven a detener y lo llevan al campo de Arana. Esto me lo contó el propio José María sobre lo que le había pasado. El veía, luego de un día o dos de estar, que él ya no tenía posibilidades por haber cometido lo que él llamaba "este error". Porque se habían enfurecido muchísimo por el hecho de que se hubiera querido fugar.

    Las sesiones de tortura eran muy prolongadas para él. Luego me vuelven a buscar, me llevan a un cuarto donde me dicen que hay un tal coronel que me quería hacer unas preguntas. En ese momento me habían sacado el pullover y me habían puesto una venda de tela roja con la que, con las luces, cuando me enfocaban en la sala de interrogatorio podía ver figuras.

    Esta persona era mayor de edad, un hombre grande, vestido completamente de uniforme del ejército. Estaba sentado delante de mí. Los represores le llamaban coronel y él me interrogaba- yo parado- sobre cuál había sido mi participación en el Centro de Estudiantes.

    Yo le empiezo a contar. Me dice: "no, contame desde la primaria". Le hago todo el relato y en un momento me pregunta qué pensaba yo de las idas a las villas miseria. Esto tiene correlación con un hecho: un día hay una inspección o lo que ellos llamaban una inspección. Nosotros estábamos todos torturados, y entran unos guardias que nos dicen: "arréglense que vienen a hacer una inspección los coroneles.

    Era ridículo porque no podíamos hacer nada por nuestros propios medios, pero cuando entra esta inspección, hay un ruido de movimiento de muchos hombres, siento que por la espalda me dan con un borceguí y a un hombre de voz gruesa, que era el que comandaba la inspección, le digo: señor, ¿dónde estoy? Y ellos me dicen: diríjase como coronel.

    Y él me dice: qué carajo tenían que hacer ustedes yendo a las villas si teníamos todo en nuestras casas. Preguntaba por qué hacíamos eso.

    La característica es que esta persona se diferenciaba mucho en el lenguaje con respecto a los que permanentemente nos torturaban o eran represores directos. Era más ideológico. Tenía una característica: nos retaba porque habíamos ido a determinados barrios carenciados o nos preocupábamos por lo que socialmente no éramos y nos decía los grupos de chicos que estábamos ahí.

    Pero volviendo al interrogatorio, después hay una particularidad, el me dice: "Callate. A ver, traigan a fulano de tal para ver qué dice sobre Pablo.

    Cuando se da una serie de circunstancias, yo no pude ver si traían a alguien para preguntarle sobre mí. Y le decían que no pasa nada y que estaba en el colegio secundario. Inmediatamente lo interrumpen y dicen: "ya vamos a ver qué vamos a hacer con su vida, sigan dándole el escarmiento".

    Es entonces cuando me llevan a la sesión de tortura. Me sacan el pantalón, me vuelven a atar y con la particularidad que me torturaban sin preguntarme, y en un momento dado me ponen un almohadón en la boca. Siento un pinchazo tapado con el olor de la carne quemada y la modalidad es que me daban por primera vez picana en los pectorales, después me levantan violentamente y me ponen en un tacho con agua la cabeza, me la sumergen. Me arrastran a la pieza o cuarto que compartía con otro compañero. Allí me atan las manos a las espaldas y a medida que pasaban las horas tenía un gran dolor en los dedos del pie y cuando me toco me doy cuenta que sangraba porque me faltaba la uña de uno de los dedos del pie.

    Ellos se jactaban de que me habían aplicado la tenaza. Después, en uno de los momentos yo pedí ir al baño y cuando soy trasladado al baño, uno de los represores que me llevaba, amaga a violarme, me toca la parte de la cintura y me dice: "qué lindas tripas que tenés" y me tira contra la pared. Yo empiezo a gritar y me dice: "son todos lo mismo" y me devuelve al cuarto sin dejarme ir al baño.
    La particularidad era que uno se va acostumbrando a donde está y determinadas cosas a las que tiene temor en un momento determinado las va tomando con terrible normalidad y hasta se anima, luego de las sesiones de tortura, a preguntar y seguir hablando como si nada hubiera pasado.
    A los dos o tres días me entero de que había estado mucha gente detenida y que ese campo se caracterizaba por tortura continua y no nos dejaban ni un minuto la posibilidad de descansar.

    Otra de las detenidas con las que tuve la oportunidad de hablar fue con Angela López Martín, que era profesora de geografía del Colegio Nacional y nosotros tal vez nos recostábamos mucho sobre lo que ella nos podía decir. Nos habíamos enterado de que ella había estado con su compañero Osvaldo Buceto, que no vio ahí, sino que lo encontró en el Pozo de Banfield, otro campo de concentración. Angela había sido muy torturada y estaba deteriorada y muy dañada.

    La particularidad es que no había compañero que no hubiera sido violado en las sesiones de tortura. A los tres días aproximadamente- yo había estado ahí desde las 4 de la madrugada del 21 de septiembre- soy sacado para un simulacro de fusilamiento. La característica era que venía uno de los represores al cual no habíamos escuchado nunca.

    Nos decía que era un cura, que era capellán del Ejército, que venía a confesarnos porque íbamos a ser fusilados. Nos pide que le digamos, si queremos a solas, todo lo que habíamos hecho, que íbamos a ir más puros al Cielo, que teníamos esa posibilidad. Generalmente lo que nos pasaba era que entrábamos en un estado de histeria y de nervios porque no queríamos ser asesinados.

    La particularidad era que los más chicos pedíamos a nuestras madres. Somos sacados y pasamos por un descampado. Escuchábamos muchos ladridos de perros. Nos ponían con los perros que supuestamente ellos traían atados, nos hacían oler. Nosotros los sentíamos y después nos llevaban. En el descampado nuestras espaldas daban a una pared o un muro y tocábamos tierra con nuestros pies.

    Volvía a pasar el que se decía capellán del Ejército que constantemente daba un sermón. En el caso mío particular, el Padre Nuestro, hasta que cargaban las armas y esta voz decía: "tiren".
    Nosotros sentíamos los disparos. En el momento en que tiran uno de los compañeros que estaba como víctima del simulacro hizo una consigna: "viva los montoneros", que fue mezclada con nuestros gritos de "no", "mamá", "papá". Lo que uno sentía particularmente era que lo habían matado. Uno estaba esperando a ver cómo era la muerte, si era dolorosa, si los agujeros estaban en el cuerpo.

    Esto era un segundo, pero es muy prolongado ese segundo. Uno dice: "ya está, ya pasó, por fin".
    Pero cuando sucede esta consigna inmediatamente le dicen: "vos, hijo de puta" y se ve que lo tiran al piso y que disparan. Se siente a la persona agonizar, vuelven a disparar y vuelven a decir "llévenlo".

    Nosotros en ese momento estábamos tirados en el piso y no podíamos aguantar de pie. En mi caso particular me oriné cosa que le había pasado a otros compañeros como así también diferentes descomposturas. Somos arrastrados al calabozo, al cuarto. Después tengo la próxima sesión de tortura donde luego de 6 días, una noche hubo un movimiento de camiones o micros y dicen "vamos, que hay que vaciar la casa que viene el otro grupo y estos ya estuvieron mucho".

    Nos tapaban bien el rostro con pullóveres- en este caso no utilizaban vendas de tela- y nos tiraban al piso de un micro y nos pisaban con sus pies. Nosotros íbamos en el piso, éramos muchos y creo que era el vaciamiento de la casa. Calculábamos que había cerca de 30 personas que habíamos sido de tránsito, pasados por ese campo. Luego de un prolongado andar siento que se abre un portón y dicen hacele juego de luces.

    Nos dicen vamos, y nos empiezan a bajar pero la particularidad es que nos iban pegando hasta trasladarnos al tercer piso.

    Yo estaba muy deteriorado y mientras subía las escaleras me resbalé y mi represor me agarró de los pelos mientras decía no le tires que no da más y luego somos puestos en celdas individuales. Nadie hablaba y esa primer noche sentíamos el ruido de la puerta que se cerraba.

    Soy sacado y llevado a otra celda que tenía 5 centímetros de agua y dejado ahí por horas, desnudo. Hacía mucho frío- era fines del mes de septiembre- por lo cual yo pedía que me sacaran y una voz de al lado me decía "esperá, no grites". Esa voz era la de Néstor Silva, que posteriormente me cuenta que cuando había estado detenido en el mismo campo de Arana, había escuchado mi voz.
    El estaba junto con su novia Norma Beatriz Delmisier. La particularidad de Néstor Silva es que ellos habían sido detenidos en Melchor Romero, en una estancia del padre.

    Después de haberme liberado, ya en 1984 me encontré con el padre de Néstor Silva quien fue Ministro de Economía de la provincia de San Luis en la época de Martínez de Hoz. Néstor Silva me contó que lo iba a venir a buscar de ultima. Después hay un hecho que voy a relatar más tarde, el padre de Néstor Silva con un capitán del Ejército venido de San Luis. Fue al campo de Arana a buscarlo y tenía una grabación que la presentó a la Comisión Nacional de Personas.

    Fue testigo de la grabación en la cual discutió con Etchecolatz y con Camps el tema de su hijo, y que Camps le dijo que se lo iba a matar por el sólo hecho de no haberlo disciplinado a las órdenes de él.
    Néstor, volviendo al relato, me decía: todos estuvimos ahí. Soportá golpeándo la pared. Hablamos con golpes de la "a "a la "z".

    Yo me entretuve casi todo el día que me tocó estar de turno en ese calabozo, porque la "a" era un golpe, la "b" eran dos golpes y así sucesivamente. Y Néstor siempre buscaba palabras más difíciles con las últimas letras del abecedario para que yo me entretuviera.

    Luego, soy sacado. Fui llevado con muchos escalofríos. Ya temblaba y tenía las manos atadas a la espalda. Soy trasladado a celdas de adelante y allí empezamos a poder comunicarnos verbalmente.
    Me encontré sobre mis espaldas con una pared de 15 centímetros que me separaban, en el otro lado del pasillo se encontraba María Claudia Falcone, así también como Osvaldo Buseto, Alicia Carminatti con su padre, Víctor Alberto Carminati, cuya particularidad era que habíamos ido a buscar a Jorge, el hermano de Alicia y el hijo de Víctor.

    En el secuestro no lo habían encontrado y se los habían llevado a ellos como rehenes hasta que se presentaran el hermano y el hijo.

    Ellos compartieron con nosotros los tres meses de cautiverio en el Pozo de Banfield. Después le voy a acercar a la Cámara el testimonio de Alicia Carminati dado en la Secretaría de Derechos Humanos, porque refuerza el tema de los nacimientos que yo voy a relatar.

    Porque la característica del Pozo de Banfield es que éramos la mayoría adolescentes y la mayoría de las compañeras en estado avanzado de embarazo. Nosotros fuimos testigos de dos nacimientos en el propio Pozo. Y ella refuerza y cuenta estos nacimientos también.

    Después, estaba Gabriela Carriquiriborde, cuyo parto fue uno de los que me tocó presenciar. Yo estuve al cuidado de ella en la celda. Después, estaba María Clara Ciochini, que se encuentra desaparecida; Claudio De Hacha, que se encuentra desaparecido, la nombrada Norma Beatriz Delmisier, que está en carácter de desaparecida, Ernesto Canga, que está en carácter de desaparecido, Francisco López Montaner, que está en carácter de desaparecido; Estela Maris Montesino de Ogando, que está en carácter de desaparecida y que también fue otra de las que dio a luz a su hijo en el período en que nosotros estuvimos en el Pozo de Banfield.

    Después, estaba Cristina Navaja de Santucho. Luego voy a relatar cuando ella es trasladada a ese pozo porque es muy significativo. Ella también estaba embarazada y cuando yo me fui de ese Pozo de Banfield ya estaba en fecha para parir.

    Después estaba José María Noviedo que sido trasladado conmigo, Graciela Perna, que estaba en carácter de desaparecida, Daniel Alberto Rasero, en igual carácter. Cuando tengo la posibilidad de hablar, que me llama Osvaldo y me dice ¿quién está al lado?, hablá, no tengas miedo. Entonces le digo soy Pablo Díaz. Ahí los chicos que nos conocíamos de la secundaria me dijeron: Pablo, somos nosotros, estamos nosotros.

    Comenzamos a tener diálogos, me cuentan por todas las torturas que habían pasado e inmediatamente se van sucediendo los días y las características del Pozo de Banfield es que no nos abrían las celdas, la primer semana estuvimos sin comer nada. Nosotros nos jactábamos porque todos habíamos visto la película Papillon y hacíamos bromas entre nosotros de que si veíamos un bicho lo comiéramos, eso nos decían los más grandes, para poder subsistir, que hagamos ejercicios, nos movíamos.

    Los que pudimos recuperar alguna ropa interior, estábamos en ropa interior, yo tenía un calzoncillo de los llamados boxer, que después quedó en harapos en esos tres meses, prácticamente terminé con telas.

    Dormíamos en el piso y hacíamos nuestras propias necesidades en el piso. Por una semana no nos abrieron la celda, con lo cual el olor era muy profundo.

    Luego de una semana, cuando nos abrieron, nos dieron comida, nos sacaron al pasillo, nos trataban de asquerosos por lo que habíamos hecho en la celda, nos decían que íbamos a tener un castigo.
    Recuerdo que uno de los problemas de las chicas eran los períodos de menstruación, por lo cual los guardias se jactaban de que los que estábamos con ellas en las celdas nos sacáramos la ropa interior y se la diéramos a ellas como trapo para sus propias necesidades y si no les daban trapos, ellas se quejaban porque estaban sucios, ellos les decían que se arreglen como puedan, que no tenían porqué cuidarnos, que ese no era un hotel.

    Luego en el pasillo nos trajeron un bols, nos daban la comida una sola vez por día y muy grasienta y nos daban a todos bols, y en un momento, determinado dice un guardia, quién quiere más? Nosotros varios dijimos yo,yo,yo y en un momento dado dice, de quién era el bols verde? Daniel Racero y yo dijimos nuestro, nos habíamos equivocado por supuesto. No veíamos, veíamos por debajo, en ese momento seguíamos con una tela en los ojos. Esto nos llevó a una gran represión, fuimos muy golpeados. Y la particularidad era que después de esa golpiza nos sacaron desnudos a los baños. Nos pusieron todos juntos, mujeres, hombres, todos desnudos. Nosotros mirábamos para abajo y tratábamos de preguntarnos cómo estábamos. Nos veíamos muy deteriorados. Cuando yo vuelvo, uno que se dice médico, y que yo reconozco como el médico Bergés. Jorge Antonio Bergés.

    El permanentemente estaba en el Pozo de Banfield, y específicamente hacia la mantención de las embarazadas. El cuidaba permanentemente a las embarazadas. Ellas eran para él como algo privilegiado, una joya, a las que teníamos que cuidar. El tenía sumo interés en que tuvieran familia. Le decía a los guardias que no se llegaran a sobrepasar con ellas. Hay una frase de Bergés que dice "con ellas, no". "Si tienen ganas, agárrense a las chicas".

    Recuerdo que cuando volvíamos del baño, a las chicas las dejaron últimas y las empezaron a manosear, especialmente a María Clara Ciocchini. A ella le agarró un ataque de nervios y cuando volvió a la celda se empezó a dar la cabeza contra la pared. Pedía que la maten.

    Nosotros empezamos a gritarle que no se golpeara, que se calmara, que parara. Esa era la característica de lo que le tenía que pasar a los compañeros.

    Luego Bergés, a los pocos días me abre la celda, me saca y me puso con Osvaldo Bucetto, que estaba herido. Tenía tres tiros, dos en las piernas y uno en el estómago. Me contó que lo habían agarrado en 7 y 54.

    Tenía una cita con un compañero, y cuando lo ve venir, este le grita "corré" pero ya estaba rodeado. El intenta correr pero no sabía para dónde. Lo agarran, lo meten en el baúl de un auto y lo llevan al Campo de Arana primero e inmediatamente al Hospital Naval de Río Santiago. Ahí es operado, y la particularidad con él era que era el único que no se encontraba vendado.

    Estaba a cara descubierta. El decía que el haber pasado por el Hospital Naval de Río Santiago le había significado la muerte. Era un hombre de mucha experiencia, de mucha constancia ideológica y de mucha experiencia en comparación con nosotros. En el Hospital de Río Santiago había sido operado por médicos del mismo Hospital.

    Previamente había tenido un paso por el BIM3. Luego de esa operación estaba a cargo de marinos del BIM3, donde en un momento hubo un coronel que se apellidaba Campoamor y que posteriormente supe que era el Jefe de Inteligencia del área 113.

    Luego voy a relatar un poco más de esta persona, que continuamente se hacía llamar como coronel Vargas. Esto me lo contó Osvaldo.

    Bergés me dio un balde con un trapo de piso y me dijo que cuando cerrara la puerta le sacara la venda, lo desatara y lo limpiara. Me dijo nada más que eso. Cuando procedí a hacer eso, Osvaldo me impresionó mucho ya que tenía en el estómago el final de la cicatriz con puntos, donde se le había generado una bola con pus. Me impresionó mucho. El se reía y me decía que estaba bien. Me largué a llorar. Le dije: qué es esto Osvaldo?. El me calmó. Me decía que le hiciéramos bromas a todos. El me decía que yo hiciera como que lo estaba limpiando mientras él gritaba.

    Entonces los demás me decían que era lo que yo estaba haciendo,. Esto era muy característico de Osvaldo. El modificaba nuestro estado de ánimo. Luego de esa oportunidad, al otro día, quizás pasaron horas, sucedió otra particularidad. Estábamos en el tercer piso.Teníamos una pequeña rendija sobre el techo, en la terraza.

    En los primeros días de octubre podíamos ver, si nos levantábamos, una luz. A mediados del mes de octubre se nos modificó nuestro estado físico.

    Norma Lisier, una compañera nuestra, hizo una estrella con un pedazo de piedra en su celda. Como hubo una requisa la vieron y llamaron al jefe.

    Afuera del pasillo había un teléfono. Hablaron con el jefe Wolk, comisario del área metropolitana. El pozo de Banfield estaba a su cargo. Le decía "El Patón". A otro le decían La Chanca y su nombre era Arana, era el segundo jefe del área metropolitana de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
    Nos ponían algodones en los ojos, arriba cinta adhesiva y nos ataban las manos. Nos ponían una soga al cuello con las manos atrás de manera que si tirábamos las manos hacia abajo nos ahorcábamos nosotros mismos.

    Desde octubre, en que me sacaron del campo, nos tuvieron en esas condiciones. A medida que transcurrían los días, como empezaba a hacer mucho calor, se empezaba a derretir la goma de la cinta adhesiva que cubría el algodón. La picazón en los ojos era terrible. Los ojos empezaron a llagarse.

    Había un olor que no salía de los ojos ya que nos encontrábamos en un estado de deterioro total. Estaban podridos. Empezamos a tener grandes dolores de brazos. Teníamos las marcas de la soga al cuello y ya no nos podíamos desatar. No podíamos tirar para desatarnos. Con esa soga no nos podíamos desatar. Dormíamos en esas condiciones. Nos tirábamos al piso.

    A mediados de octubre ya no podíamos hacer ejercicios. Lo que nosotros hablábamos eran las expectativas de salir. Hay un hecho sobre noviembre, diciembre. Nos sacan para bañarnos. Yo tengo la posibilidad, porque nos cierran las puertas, de verla a Graciela Pernas, con la que había quedado en el baño. Ella ya estaba sobre sus costados- al igual que nosotros- en carne, de dormir en el piso. Siempre me acuerdo de Graciela porque el 9 de diciembre era su cumpleaños. Ella pidió a los guardias poder festejar ese cumpleaños. Lo único que nos trajeron fue un vasito de agua y a Graciela una barrita de chocolate, eso significó para nosotros la torta.

    De ahí en más, el estado depresivo era total para nosotros. En octubre, noviembre, creíamos que estábamos muertos. María Clara y otros compañeras y compañeros intentaron el suicidio. Un compañero en el baño había agarrado una piedra en punta ( no quiero decir quién).

    El médico Bergés vino un día y me dice: "Bueno, las chicas ya están por tener". Estábamos sobre diciembre. Me pone en la celda con Gabriela Carriquiriborde. Yo ya no me podía sostener en pie. Me trasladan. Me dice: "Cuando empiecen con dolores golpeen las puertas".

    Yo la tenía a Gabriela. Después Claudia estuvo al cuidado de Cristina Navajas de Santucho. Alicia Carminatti estuvo al cuidado de Stella Maris Montesano de Ogando. Le pido a Gabriela y las compañeras que me digan cómo eran los trabajos de parto y qué era lo que tenía que hacer. Estaba muy asustado. Me dicen que cuando empiecen las contracciones trate de desatar. "No puedo". "Tratá de poner la mano sobre el pulso de Gaby". Gaby estaba sobre un colchón muy finito -era un beneficio que ella tenía-, con muchos trapitos al lado. Estaba desnuda. Gaby me calmaba a mí. En el momento en que ella empezó con los dolores me agarró la mano. Me dice: "Pablo: me viene! Ya está". Yo le grito a los chicos: "Alicia, Graciela: Gaby va a tener". Me dice: "Fijate las contracciones. Tomale el pulso". No hice nada, me tiré. No sé como me desaté. Me tiro contra la puerta. "Golpeen la puerta". Empezamos a golpear fuerte.

    Llamados a los guardias. Gaby me dice: "Lo quiero tener, lo quiero tener". Cuando vino la guardia, abre mi celda y me dice: tenela, tenela, ya viene. Se empiezan a gritar entre ellos, entran de repente lo que yo llamo una chapa y me empujan a mí contra el fondo de la pequeña celda y me dicen "ponete contra la pared". Me puse contra la pared, se ve que la agarran a Gaby, la ponen arriba de la chapa y se la llevan. Cuando se la están llevando, entre los gritos bajando las escaleras se cae la chapa y Gaby grita y entre ellos empiezan a gritar. Hay todo un movimiento.

    Nosotros quedamos muy tensos. A las horas escuchamos el llanto del bebé. Nosotros empezamos a decirnos "nació! Escuchá". Los chicos se ponían contentos. Gritábamos. Cuando volvieron a subir los guardias nos confirman que había estado todo bien, que no nos preocupáramos, que había nacido un varón y ella y el bebé los iban a llevar a una chacra donde iban a estar bien. Luego vino el parto de Estela Maris Montesano de Ogando. El tema era que estaba el marido, Jorge Ogando, en otra celda, y fue el mismo procedimiento. Estela empieza a gritar. Alicia nos dice a todos que golpeemos la celda. Nosotros golpeamos la celda, a Estela la vienen a buscar en la misma chapa- o en otra, pero en una chapa al fin. Ahora, con el tema de Estela Maris Montesano, nosotros volvemos a escuchar el llanto del bebé, nos vuelven a decir lo mismo, pero a los diez días a Estela Maris Montesano de Ogando la vuelven a subir a la celda, la vuelven a poner con Alicia Carminatti, Alicia le pregunta a Estela, y Estela nos cuenta que la habían llevado a una sala precaria en la que había tenido el parto.

    En el caso de Estela, habían venido a buscar a una compañera que yo no recuerdo, pero hay otros testimonios, en el caso de Alicia, que estaba sobre el pasillo y dice que era una estudiante de medicina llamada Pujol. Yo recuerdo que a esta compañera la vinieron a buscar y la llevaron para que colabore en el parto. Estela nos cuenta que la tuvieron atada en el momento del parto y que en un momento la desatan pero nunca le sacan la venda, que había un hombre que dominaba todo el parto, aparentemente era médico, por lo que sabía, que tuvo un varón, que le preguntaron a ella cómo quería que se llamara y ella dijo "Martín". "Bueno, se va a llamar Martín", le dicen ellos.
    La trasladan a una cama, la dejan atada.Le vuelven a traer al bebé con ropita, pero al muy poco tiempo se lo sacan. A ella la dejan atada. Cuando Estela sube, ya con una infección en el útero, el médico Bergés nunca más aparece.

    Nadie viene a ver la infección que ella tenía. El hecho era que Estela había traído el cordón umbilical del bebé con ella. Y en una oportunidad, cuando nos sacan a comer,. Nos vuelven a poner sobre los pasillos y Estela le hace llegar a Jorge, su compañero el cordón umbilical que se lo pasan compañero por compañero. Llegamos a mitad de diciembre, casi sobre fines de diciembre de 1976, y una noche hay un movimiento muy grande en el Pozo de Banfield, vienen los guardias y nos dicen "júntense, salgan", nos agarran, nos tiran y me ponen con José María Novielo.

    A María Claudia Falcone la ponen con María Claudia Ciochini. Nos juntan y nos amenazan continuamente diciendo que lo que íbamos a escuchar y ver no podíamos hacer nada. Nos quedamos todos callados.

    Había mucho movimiento, y de repente empiezan a subir muchos movimientos en los escalones, gente que venía gritando, gente a la que le venían pegando y tiraron gente y gente.
    Cuando los encierran, estaban muy golpeados, ellos nos vuelven a gritar de la puerta: "ustedes no tomen ningún contacto que ellos son pesados". Cuando se van, luego de unas horas, Osvaldo le preguntó a los nuevos quiénes era.

    Eran aproximadamente ocho o nueve nuevos. Cristina Navaja de Santucho, Manuela Santucho, y me quedó el nombre porque era uno de los que había sido el máximo dirigente de una organización guerrillera en el país y había sido muerto el 19 de Julio. Lo había visto en los diarios de 1976.

    Entonces, ella que estaba cerca, al lado de la celda de María Clara, pero pegada a Claudia Falcone, nos cuenta que estaba embarazada y que venía de una casa que habían levantado por las proximidades de las fiestas. Hacía rato que estaban en esa casa y sin vendas.

    Navidad era a los dos días de llegados. La particularidad era que alguien que supuestamente era la compañera de Cristina le preguntaba permanentemente sobre su estado de embarazo. L otro día, cuando viene Bergés a verla, la sacan a Claudia y la ponen con Cristina Navaja de Santucho y les dicen que ya saben lo que tiene que hacer en un parto.

    Muy rápidamente viene el 25 de diciembre, que es Navidad, nosotros nos enterábamos de ello porque sentíamos bombas de estruendo. Esa noche en particular tengo una larga conversación con Claudia y me reiteraba que no podía hacer una vida digna cuando podamos salir, si es que podíamos porque había sido violada y ya se estaba yendo porque tenía muchos problemas de salud. Tenía mucha tos. Por ahí teníamos infectados los pulmones, con neumonía y pedimos pero nadie nos daba nada. Y esa noche recordamos mucho a nuestras familias, a todos en particular. Volvieron a sucederse las escenas de una gran depresión.

    Hicimos un brindis como pudimos y llegamos al 28 de diciembre de 1976, en el cual se da la particularidad de que vienen unos guardias, me sacan, me llevan a un primer piso, me trasladan entre dos, me dejan sobre una silla, y uno de los guardias se refiere a que hay un mayor del Ejército que tiene algo que decirme. Cuando le digo "señor" me golpea un guardia de atrás y me dice: "te dije que es un mayor". Le digo "mayor, donde estoy?". Y me dice: "se decidió que vas a vivir, al final. Vengo a decirte que te pasamos al PEN". Yo le digo, "que es eso?" y me dice "Esto lo decidió el general".

    Yo después de mucho tiempo pienso en que fecha del decreto del Poder Ejecutivo Nacional es del 28 de diciembre, y en mi caso está firmada por el general Videla.

    En ese momento el supuesto mayor que después se da la particularidad de que una vez que se decidió mi libertad, en la Unidad 9 de La Plata, el 12 de noviembre de 1980, yo tengo una entrevista con un mayor Pena de la Décima Brigada con asiento en La Plata, y él me dice: "una vez nos vimos y yo te llevé buenas noticias". Después voy a contar el relato de esta entrevista que me hace antes de salir. El se queja a los guardias y dice "no le puedo sacar una foto así. Sáquenle las vendas que tiene". Supuestamente vino un médico y se quejó de que yo reapareciera, y dijo "éste no da mas, ya está, es para tirarlo".

    Yo quedo a solas con él, sentado sobre una silla con respaldo. El agarra la venda y la tira y yo grito y me dice "no son machos ustedes?". A mi me quedan los algodones pegados a los ojos, y él lo que hace es atarme a la silla.

    Cuando me ata a la silla me dice "vamos a ver cómo gritás" y me pone alcohol en los ojos. Yo grito. El me saca el algodón de los ojos.

    El pelo lo tenía largo y no se me podía sacar una foto ya que estaba lleno de goma; la barba la tenía larga. Pesaba 37 kilogramos. Escucho que un mayor dice "hay que sacarlo rápido antes de que aparezca llévenlo".

    Vuelvo a la celda y allí me habían puesto una tela sobre los ojos y la espalda y me sacan la soga del cuello y la marca de ella me queda por mucho tiempo,. Les empiezo a decir a los chicos que me habían pasado al PEN. Uno de ellos me dice que así me legalizaban y que quedaría en libertad. Entre esas alegrías, pasamos momentos muy tristes porque lo dicho significaba que los chicos se quedaban y sobre la noche nos vinieron a buscar a mí y a José María Novielo.

    Yo pido al guardia ver a Claudia, le pido por favor que acceda. En ese momento Claudia empieza a gritar que sí y el me dice "bueno" y me lleva a la celda de Claudia y me dice que sea rápido. Ella estaba con Cristina Navaja de Santucho y se corre a un costado. Siempre la particularidad era que el guardia nos tenía que llevar y así me agarra de atrás, Claudia me deja y se corre y le sacan la venda de los ojos, le dolía por el mismo estado que tenía yo.

    Ella me pide que vaya a la casa de la madre y me da la dirección y me manifiesta que le diga que está bien. Yo le digo que iba a salir y que nos vamos a encontrar afuera y ella me dice que había sido violada por delante y por atrás. Y que nunca iba a poder ser mujer.

    Me pidió que todos los 31 de diciembre levante la copa por ellos- por todos los desaparecidos- por todos los que estaban ahí aunque nunca utilizó la palabra desaparecidos. Cuando me vienen a buscar todos los chicos Claudio Horacio, Panchito me empiezan a saludar y yo les digo que van a salir. Es la última vez que los veo y a mi me trasladan con José María Novielo en algo que nosotros comunmente llamamos baúl de un Citroen, ya que alcanzamos a reconocer el auto.

    Esto es lo último que tenemos, pero a ustedes los vienen a sacar urgente de acá. Y luego de un andar bastante prolongado, vuelven a hacer el juego de luces y entramos a un taller mecánico, porque había mucho olor a grasa y un coche en una fosa. Ahí nos sacan.

    Entre ellos se dicen: estos vienen con carpetas, así que reaparecen. Nunca nos sacaron las vendas. Nos ataban las manos a la espalda.

    Así nos llevaron al tercer piso, que era la Brigada de Investigaciones de Quilmes, el llamado Pozo de Quilmes. Allí me enteré de que había habido detenidos que habían estado en el campo de Arana y que luego habían sido liberados incluso gente que nombré antes como Gustavo Caloti, Patricia Miranda, Emilse Moller, Nora Ungaro. Con la particularidad de que días antes de que yo llegara, esto era el 28 de diciembre de 1976 ya casi 29, hacía dos días que lo habían sacado a Víctor Treviño, que había estado en el Pozo de Quilmes.

    Con una característica: lo habían hecho bañar, lo habían perfumado y lo habían vestido bien. Y lo habían sacado a las cuatro de la tarde. Vector continúa en carácter de desaparecido hasta el día de hoy. Tiempo después, por trabajo de investigación, siempre presumimos que había sido sacado para un simulacro de fusilamiento, de esos que aparecían como que había un enfrentamiento con fuerzas de seguridad.

    Eso da carácter de novedad sobre el Equipo Argentino Forense, que se ha caracterizado por trabajos de esa naturaleza. La particularidad en este lugar es que las celdas tienen una ventana a la que podíamos acercarnos y ver la luz. Durante los tres meses que habíamos estado en el Pozo de Banfield nunca habíamos tenido contacto con la luz. Ahí nos empezaron a dar comida ya una vez por día. Y la particularidad es que podíamos comer mucho pan.

    Nos decían que comiéramos todo el pan que quisiéramos. A fines de enero, luego de estar un mes en el Pozo de Quilmes, un día me vienen a buscar y soy trasladado con José María Noviedo a la comisaría Tercera de Valentín Alsina de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en Lanús, donde teníamos el paso de unas horas, un día, en el cual no nos querían recibir, porque en el trayecto nos sacaron las vendas y nosotros seguíamos con el pelo largo, muy llagados, muy flacos y sin poder sostenernos de pie.

    Por eso nos decían: ustedes ya están legalizados, sáquense todo. Nosotros les decimos que no y entonces ellos mismos nos sacan. Ya íbamos en una camioneta del Ejército, en una Foro F-100. Cuando nos sacaron las vendas el reflejo nuestro fue no mirarlos. Seguimos con las cabezas bajas.

    Pero en la comisaría Tercera de Valentín Alsina no nos querían recibir, se quejaban del estado que teníamos nosotros. Por lo tanto, cuando hay conversaciones con el Comisario de la Tercera de Valentín Alsina, dice se los llevan ya a donde los tienen que llevar. El mismo día, horas después, somos trasladados a la Unidad 9 de La Plata.

    Ahí estuve acompañado de un oficial del Ejército que dijo :"este va a enfermería y sigue unos días incomunicado". Yo aparecí el 2 de febrero en la Unidad 9 de La Plata, pero recién mi familia se enteró de que estoy en ese lugar cerca del 28 de febrero de 1977.

    En ese período estoy en la enfermería, me sacan al sol, me cortan el pelo, me tratan de curar los ojos, me tratan de curar las marcas y cuando viene la primer visita con mis hermanos y mi madre, yo le digo a mi hermana: "por favor andá a la casa de María Claudia Falcone y decile a Claudia que estoy bien en la cárcel". Porque yo había averiguado que los chicos se habían ido a la cárcel y que Claudia no estaba en la cárcel de mujeres por lo cual mi esperanza era que a ellos los habían dejado en las puertas de sus casas como decían a veces que nos podían dejar.

    La siguiente visita mi hermana me dice que había ido a la casa de Claudia , que había estado con la madre y que Claudia no había aparecido nunca más.

    Así me encuentro con los desaparecidos. Después hay hechos muy característicos. Vuelvo a hablar de Claudia a fines de l979 yo empecé a tener visitas del coronel Campoamor que me interrogaba en la oficina del Director de la Unidad 9, Dupuy. En uno de los interrogatorios Campoamor me preguntaba qué es lo que recordaba, cómo estaba, en qué pensábamos.

    Nosotros habíamos notado que era particularidad del Primer Cuerpo de hacer esas visitas a los que posiblemente podían llegar a salir en libertad. Campoamor me decía, te acordás del Coronel Vargas? Le digo que no, acordate me dijo y se fue. Después posteriormente, cuando le pregunté por los chicos, me dijo: "te voy a decir la verdad, fueron fusilados en la primer semana de enero", ojalá algún día tenga la posibilidad de un careo con Sánchez Toranzo, después me dijo "bueno, pero eso ya pasó, vas a salir".

    Sánchez Toranzo era el enlace entre el Ministro del Interior y el Primer Cuerpo del Ejército y con Institutos Penales, tanto de la Provincia como Federal. El 12 de noviembre de 1980 tengo la visita en la misma oficina del Director Dupuy, del mayor Pena de la Décima Brigada de Investigaciones. El Mayor Pena en esos momentos saca una carpeta de un portafolios y me dice "leela". Yo me sorprendo porque la carpeta era rosa y tenía una inscripción negra que decía "subversivo". Yo abro la carpeta y había una nota que decía que yo había sido detenido en la ciudad de La Plata el 28 de diciembre, en la calle, repartiendo panfletos subversivos.

    Había una particularidad: había una firma mía. Ahí fue cuando recordé que en el momento en que me estaban interrogando alguien me llevó la mano y me hizo firmar un papel en blanco. Por otros detenidos supe que te hacían firmar eso cuando te iban a trasladar. Yo reconozco que era mi firma, estirada, no normal, en un garabato. Le dije que no había sido detenido el 28 de diciembre en la calle y el mayor me decía "ya sé". "Lo que pasa es que estamos ordenando. Todo esto es un quilombo. No te preocupés". Otro hecho significativo es que cuando mi madre se entrevista con Suarez Mason, en el año 78, por lo que ella me comentó, tiene en sus manos la misma carpeta que yo vi y que me mostró el mayor Pena.Cuando se cita a mi madre Suárez Mason le dice que yo había sido detenido el 28 de diciembre repartiendo panfletos subversivos. Mi madre le dice que no, que había sido secuestrado de mi casa y que me habían llevado el 21 de setiembre de 1976.

    Le dijo que nos habían robado y que no se habían llevado de mi casa armas ni panfletos. El le dice a mi madre: "vamos a ponernos de acuerdo, señora. Su hijo fue detenido el 28 de diciembre con panfletos subversivos de una organización guerrillera"" Mi madre se pone tozuda y le dice que no, momento en que Suárez Mason se levanta, golpea la mesa y le dice: "si usted no reconoce esto, se va inmediatamente de acá".

    Mi madre después de esto, tuvo un gran temor y tuvo un ataque de nervios muy grande. Creía que esta actitud por parte de ella podría haber significado mi muerte. Nosotros hemos pedido un careo entre Suárez Mason y mi madre en el juicio de los excomandantes y no tuvimos respuesta. Con referencia a la carpeta que me mostraron, interpreto que estaba en el mismo papel que Suárez Mason había tenido entre sus manos.

    Hay otro hecho, y es que cuando yo doy vuelta la hoja de mi declaración aparece una planilla en la que constan los datos personales. Son las planillas presentadas por Nelba Falcone. Luego, en la Cámara Federal, en el juicio a las juntas de los comandantes, tengo la posibilidad de tener las planillas en las manos y compruebo que las planillas de los chicos desaparecidos eran las mismas planillas que yo había visto en esa carpeta.

    Hubo investigaciones posteriores que me permití hacer por haber sido partícipe de organismos pertenecientes a derechos humanos.

    Había un suboficial Valdéz que cumplía órdenes desde el 75 al 77 bajo el comando del coronel Campoamor, en el área de inteligencia 113 de La Plata. El decía que estas planillas para las consultas tenían dos finalidades. Por un lado, estaban los secuestrados detenidos que tenían esas planillas.

    Estos estaban en el primer grupo que pasaban a ser girados al Ministerio del Interior de la Nación. Por otra parte, los que tenían las planillas con una línea negra, pasaban a ser girados al Batallón 601 de Inteligencia de la calle Viamonte en la Capital Federal para ser archivado en ese expediente. La firma de esa planilla le correspondía al coronel Campoamor que estuvo en el área de inteligencia 113.

    El nexo del área de inteligencia 113 con los Coti, organizados por Miguel Angel Etchecolatz, en el área de inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, era el comisario Alfredo Fernández. Este era el enlace entre el círculo de Etchecolatz y el Batallón 601.

    Si se hiciera una pericia sobre las dos personas, existiría un reconocimiento de las firmas de las planillas que demuestra el traslado final de las personas. Soy puesto en libertad el 19 de noviembre de 1980.

    El mayor Pena me amenazó diciéndome que no contara nada de lo ocurrido, ni que me acuerde de ningún nombre. Con posterioridad, en la cárcel, ocurre un hecho por el cual soy operado, dentro de la Unidad Numero 9 de La Plata. Allí me operan de tres hernias simultáneas, producto de las torturas.
    Sobre una solicitud de ser operado en un establecimiento en condiciones, público, el coronel Sánchez Toranzo me negó esa posibilidad ya que decía que era un peligro. Me operó un médico del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, el doctor Favole, quien cumplía su profesión en el Instituto Médico Platense de La Plata.

    En un momento dado me dijo que yo mismo me sacara los puntos.Lo hice con una Gillette otorgada por él quien me dijo: "Si te querés cortar, cortate".

    Sobre el grupo de tareas participante del secuestro de mi persona y de María Claudia quiero hacer sobre la base de testimonios y de trabajos de investigación la nómina de personas que estuvo presente, ya sea porque las vi, escuché o escuché hablar de ellas, en su momento, bajo mi responsabilidad mediata e inmediata, sobre los hechos sobre mi persona y Claudia, quiero hacer mención de uno por uno. Arana, alias La Chancha, comisario Inspector , segundo jefe del área metropolitana de la provincia de Buenos Aires. Astolfi, alias "El Cura", que terminó siendo miembro del Ministerio del Interior de la Nación, área Inteligencia, integrante del Regimiento 7 de Infantería, asignado a la Brigada de Investigaciones de La Plata de la Policía de la Provincia. Baldasarre, alias "Capitán Pali", parapolicial. La característica es que siempre vestía uniforme de capitán del Ejército y dependía directamente de Camps,. De lo cual se jactaba. Jorge Antonio Bergés, oficial principal de la Policía de la Provincia, médico, asignado al cuidado de las detenidas embarazadas, era por palabras de Stella Maris Montesano de Ogando , el que se llevaba a los bebés nacidos en cautiverio en el Pozo de Banfield. Carlos Ricardo Campoamor, alias "Coronel Vargas", teniente coronel del Ejército, jefe de Inteligencia, con asiento en La Plata, del estado mayor de Camps. Juan Ramón Camps, coronel, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Estando en el campo de Arana hay un hecho que quiero significarlo. Cuando traían pateando a una persona de edad, le dicen: "A vos, judío , te vamos a hacer jabón porque el general no quiere a los judíos". A esa persona luego la sacan a torturar.Era un hombre muy mayor de edad y tenía problemas cardíacos.

    Yo hablo que supuestamente se pudo haber quedado porque en un momento dado no volvió de esa tortura. No tuvimos posibilidad de verlo más. Siempre que lo sacaban le decían: "Ahora, judío, vas a conocer lo que es Auschwitz". Siempre le decían que "el general no te quiere". Yo siempre lo relacioné por tener esa intuición de víctima- que ese general que no lo quería podía tratarse de Juan Ramón Camps, Miguel Angel Etchecolatz, comisario general, director de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que fue quien organizó los comandos de operaciones tácticas de investigaciones.

    De él dependía el Grupo de Tareas 1, que tenía una radio de acción en La Plata, Berisso y Ensenada. Un represor, a través de su testimonio, dijo que Etchecolatz fue quien en persona le pidió al Comisario Alfredo Fernández que haga un estudio pormenorizado de los estudiantes secundarios de La Plata.

    Una vez, la Cámara Federal, en los juicios a los ex comandantes, tuve oportunidad de saber y de ver que había una nota en la que Alfredo Fernández hizo un memorandum a Etchecolatz, en el que detallaba la peligrosidad de los estudiantes secundarios de La Plata, Berisso y Ensenada.

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    16/09/2006
    #7 Re: La noche de los Lápices- A treinta años
    Cita Escrito por zor_atreides
    Acá está. Pero antes una cosa. Le deseo la muerte a todos los que participaron en el terrorismo de Estado, a todos los que encubrieron, a todos los que lo apoyaron, y a todos los que hoy en día lo reivindican o dicen que fue necesario.

    ¡Muerte a todos ustedes, soretes inhumanos!
    No hay que desearles la muerte hay que ajusticiarlos. De la forma que sea necesaria.
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    17/09/2006
    #8 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    La verdad que coincido con Razion. Uno no puede andar esperando que la muerte natural haga justicia, porque si es por eso, todos vamos a ser ajusticiados algún día.

    Es verdaderamente lamentable que haya gente que se vayan a morir de viejos sin ser ajusticiados. Los dejaron llegar a viejos en libertad. Eso es irreparable, no tiene remedio.

    Después de lo ocurrido en los 70' no hay sociedad que pueda vivir en paz con semejante pasado. De los 80' en adelante la teoría de los dos demonios nos llevó a donde estamos: en el mismo punto en que estábamos.

    Aunque encanáramos ahora a Videla, Martínez de Hoz y etcétera ¿cuantos años podrían vivir en la cárcel estas personas como para dar un ejemplo histórico?. Muy poco.

    Necesariamente hay que extender la responsabilidad a todos los subalternos. Hay gente que participó directa o indirectamente de la represión y que tiene mas o menos sesenta años. Están en perfectas condiciones de poder purgar unos veinte o treinta años presos.

    Hay funcionarios civiles de la dictadura como Alberto Natale que todavía andan dando vueltas por ahí, paseando en BMW (no se registra que en su vida haya vivido de otra cosa que no sea la función pública) y encima queriendo dar lecciones de democracia. Personajes siniestros que usurparon cargos ilegalmente, sobre la sangre de nuestros compatriotas.

    Hay empresarios enriquecidos con prebendas, montones de gente que percibió salarios mal habidos con usurpación de cargos. ¿Cuánto de lo robado podría recuperarse si existiera la pena de confiscación de bienes por traición a la patria?.

    Hay personas que aún sin haber vivido esa época, reivindican el accionar de estos criminales abiertamente y sin temor alguno. Tenemos en nuestro Código Penal la figura de la apología del delito y nunca se empleó en la persecusión de aquellos que hacen el ditirambo de los enemigos de la democracia.

    Para vivir en paz, de aquellos monumentos de ignominia no debería quedar piedra sobre piedra. Hasta sus familias deberían rechazarlos y avergonzarse de ellos, tal como hizo la hija de Pretti, que en valiente actitud pidió cambiarse el apellido vergonzante que le dio su padre.

    Son algunos indicios buenos. Lamentablemente falta demasiado.

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    18/09/2006
    #9 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    Cada comisaría es un monumento a la represión, la deshumanización, la tortura y la muerte. Fuego...

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    19/09/2006
    #10 Re: La noche de los Lápices- A treinta años

    Me perdí entre tanta violencia verbal. Y después recordé que los que siguen ostentando el monopolio de la violencia son ellos. Que los que día a día nos llevan del naso por la vida son ellos. Que cada vez la aurora queda más lejos.
    Palabras jodidas se venden por todos lados,pero nadie sabe donde se encuentra un pedacito de acción. El día que el Senado, el Ramón Falcón y el regimiento de Patricios vuelen en pedazos estaremos viendo un cambio favorable y me devolverán la fe en la realidad. Mientras tanto, no da hacerse el jodido. En serio, no da.






    Repito lo de antes, estoy hecho teta, mañana reformulo un poco.

123 ... Último
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