Hola a todos!!
Hace mucho que no posteo en la comunidad, y he decidido volver a hacerlo; aunque ya estoy cansado de la política, que se vuelve demasiado agobiante y fuera de contexto, tal vez para mi por mi teoricismo. Aunque esto no descarta que vuelva a postear sobre estas temáticas.
Les presento a continuación un Trabajo Práctico de mi autoría que tuve que realizar para la Cátedra de Psicología Evolutiva II, en la Facultad de Ciencias Humanas de la UNICEN, donde estudio Ciencias de la Educación. Dicho trabajo fué rechazado (no desaprobado, porque lo presenté como un borrador) por la profesora por no incluír a los autores de la bibliografía de la cátedra y por no "reflejar mis propios pensamientos", al utilizar demasiadas citas textuales (la consigna consistía en realizar un concepto propio de Ciclo Vital).

El Ciclo Vital es la Vida misma entendida como proceso, como objeto de estudio y no como realidad. Lo más importante es saber la vida; pues, siguiendo a Gustavo Flaubert, “La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla”; la vida es, y siendo es como se la debe conocer.
“La Vida es una enfermedad de transmisión sexual”
La vida es sufrimiento, y sufrimos desde la cristalización de nuestra energía vital universal (Ki), desde que SOMOS. Como escribió Neil Simon, “Quien puede ir por la vida sin sentir dolor quizá no haya nacido todavía”. Buda Gautama explicó el origen de éste sufrir: “Esta, oh monjes, es la Noble Verdad del Origen del Sufrimiento. Es el deseo que produce nuevos renacimientos, que acompañado con placer y pasión encuentra siempre nuevo deleite, ahora aquí, ahora allí. Es decir, el deseo por los placeres sensuales, el deseo por la existencia y el deseo por la no-existencia.” (Buda Gautama; Dhammacakkappavattana-Sutta, El discurso de la puesta en movimiento de la rueda de la doctrina).
Vivimos, o somos, en una lucha interna entre el apego y la mortificación ascética, que es el motor de la existencia. Desde que nacemos estamos inmersos es ésta antinomia existencial, siempre desplazándonos hacia alguno de éstos apegos. Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida.
El proceso de construcción de la razón, en la infancia, que finaliza con la entrada en la adolescencia, se ve caracterizado por lo que Bourdieu llamaría “la imposición de un habitus arbitrario”, que nos marca los límites del deseo. Allí no hay lucha (así pareciera), pues tampoco hay razón todavía.
En la adolescencia nos convertimos en seres racionales, y por ende, naturalmente libres. Esta libertad y ésta razón crítica, sumadas a las nuevas transformaciones somáticas, a la rebelión y a la muerte de la idolatría paternal, y el actual culto al sexo impuesto por la Gestalt Cultural moderna, abren el camino para la etapa más dura de la existencia terrena: la lucha placer-mortificación in extremis.
El resto de la vida constituirá un constante ir y venir.
Pero, ¿cuál es el objetivo natural de la vida de todos los seres sintientes?; Juan Diego González dice que “la vida es una constante búsqueda de felicidad”; yo no creo que sea mas que una circunstancia, un hito entre lo mundano y lo trascendental, donde se unen éstos factores. Pero, de todas formas, considero que el objetivo de todos los seres sintientes es alcanzar la felicidad, el problema es que los contextos socio-culturales nos desvían del camino correcto hacia ella; ya sea hacia el deseo del placer o al de la mortificación, en todo caso, al sufrimiento. Como dice Mohandas Karamchand Gandhi, “la vida es como una rosa, cargada de espinas”. Carlos Fisas agrega que “la vida se ha de tomar con amor y con humor. Con amor para comprenderla y con humor para soportarla”.
A pesar del costo de la vida, ¿Has notado lo popular que es?; ¿Por qué esto es así? Considero que la esperanza es un punto central para todos los seres, porque nos permite luchar para lograr el objetivo para el que nacimos: la felicidad. Stephen Hawkings afirma que “cuando empezamos a crecer aprendemos que la vida no es justa. Cada uno desde el lugar en que se encuentre debe hacer lo mejor posible”. Es ésta una visión realista, que nos coloca a nosotros como los transformadores de nuestro existir, como aquellos que pueden cambiar la dicha que nos atormenta por la vía hacia la felicidad. Como dice García Márquez, “los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”; en la vida sufrimos, pero encontramos las posibilidades de redención. Henry Van Dyke escribió “alégrate de la vida porque te da la oportunidad de amar y trabajar y jugar y mirar a las estrellas”.
Existe un proverbio de la escuela Zen que dice que “todo lo que vivimos es digno de ser vivido”. Lo único que nos pertenece (y a lo que debemos remitirnos) son nuestras acciones, buenas o malas, ligadas al placer o al ascetismo; lo que vivimos es el resultado de éstas. Transformando nuestras acciones, con esperanza de felicidad, concebimos una vida nueva que observa los milagros mismos de la existencia: “Vive tu vida como si subieras una montaña. De vez en cuando mira hacia tu alrededor y admira las cosas bellas en el camino. Sube despacio, firme y disfruta cada momento hasta llegar a la cumbre” (Harold V. Merchert). A éste sentido Buda Gautama expresó: “Si pudiéramos ver con claridad el milagro que es una flor, toda nuestra vida cambiaría”.
Pero, ¿Cuál es el sentido de nuestra vida?
“Cuando un hombre planta árboles bajo los cuales sabe muy bien que nunca se sentará, ha empezado a descubrir el significado de la vida” (Elton Trueblood).
Está el dicho popular que dice que hay tres cosas que se tienen que hacer en la vida: plantar un árbol, tener un hijo, y escribir un libro. Dar vida, dar amor y dar sabiduría.
Mohandas Karamchand Gandhi dijo que “la vida es una aspiración a la perfección, al cumplimiento de sí mismo”, ésta perfección es la felicidad; y, como dice Armando Fuentes Aguirre, “felíz el hombre a quien al final de la vida no le queda sino lo que ha dado a los demás”.
S.S. el XIV Dalai Lama afirma que “el amor es el centro de la vida humana”, “Desde que nacemos, dependemos de la bondad y protección de nuestros padres. Más adelante en la vida, cuando nos oprime la enfermedad y la vejez, volveremos a depender del altruismo de los demás, y ya que al inicio y al final de nuestra vida, necesitamos de la bondad del prójimo, ¿cómo es posible que en el transcurso de ella no seamos igualmente generosos?”. Y el venerable líder tibetano continúa diciendo: “No tiene sentido estar apegado exclusivamente a esta vida, ya que por muy larga que sea, no podemos vivir más de determinada cantidad de años. Por eso no importa cuánta riqueza o recursos acumulemos en esta vida. En ese momento no nos servirán de nada [...] Para el momento de la partida de ésta vida deberíamos haber cultivado en forma intensa los valores del espíritu. La humanidad, la entrega, el servicio y la compasión. La muerte nos iguala a todos. Es la misma para un hombre rico que para un animal salvaje.”
“Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta” (Mark Twain)