MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2 - Página 2
Primer 123412 ... Último

MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2

      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    #11 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2


    ¿Sueles criticar a alguna persona a sus espaldas? ¿Reirte de ella, ponerle verde, ridiculizarla?




      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    09/04/2011
    #12 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2


    CONFERENCIAS CUARESMALES

    Hoy:SALIDA DE EMERGENCIA.

    El tema de hoy es una de las cosas más interesantes que podéis oír en la vida. De las cosas más prácticas. Es una de las cosas que más os vais a alegrar de haber oído. Porque os voy a enseñar lo que hay que hacer en la hora de la muerte, cuando no tenemos al lado un sacerdote que nos perdone; y cómo tenemos que pedir a Dios perdón para poder salvarnos. Porque lo más seguro es que en la hora de la muerte no tengamos al lado un sacerdote.

    Nuestros abuelos solían morirse en la cama con el párroco al lado. Les daban la Extremaunción. Bien asistidos espiritualmente. Pero hoy la gente, ¿cómo se muere? En la carretera, en una cuneta. La gente muere en un quirófano: en una clínica donde no hay capellán, o si hay capellán es muy raro que se confiesen todos los que entran en el quirófano. Lo más seguro es que a la hora de la muerte no tengamos al lado un sacerdote.

    ¿Y qué hay que hacer en esos momentos para que Dios nos perdone y podamos salvarnos? Pues ya estáis pensado: un acto de contrición. Muy bien. Lo malo es que muchas veces no hay tiempo de rezarlo porque es un accidente rápido, instantáneo. No hay tiempo de rezar el «Señor mío Jesucristo» entero. Por eso os voy a enseñar un acto de contrición de tres palabras; rápido de decir y fácil de recordar. Por eso creo que esto es de las cosas más interesantes que podéis oír en la vida.

    ***

    Voy a empezar hablando de la misericordia de Dios.

    Dios es infinitamente misericordioso. La Biblia tiene palabras preciosas sobre lo que es la misericordia de Dios. Os habéis fijado cuando sopla viento norte, ¡qué azul está el cielo! ¡qué brillante! ¡qué resplandeciente! Dice la Biblia: «Como el viento norte borra las nubes del cielo, así mi misericordia borra los pecados de tu alma». La misericordia de Dios deja tu alma limpia, resplandeciente, preciosa, «Como el viento norte borra la nubes del cielo, así mi misericordia borra los pecados de tu alma». Precioso.

    Dice la Biblia: «Yo cogeré tus pecados y los lanzaré al fondo del mar» para que nunca más vuelvan a salir a flote. Nunca más. Lo que Dios perdona, lo perdona del todo, para siempre; nunca más se vuelve a acordar de lo que te ha perdonado. Porque así es la misericordia de Dios. Lo perdona todo y del todo. Todos los pecados que podamos cometer, de la mayor gravedad que puedan ser, los perdona y para siempre, y nunca más se vuelve a acordar de lo que perdonó. Nunca más te lo vuelve a echar en cara. Ésta es la infinita misericordia de Dios.

    ***

    Pero esta misericordia de Dios maravillosa hay que armonizarla con la justicia. Y Dios que es infinitamente misericordioso y que perdona todo y del todo, Dios no te perdona un solo pecado como no le pidas perdón. Es condición indispensable para que Dios te perdone que pidas perdón. Y como no pidas perdón, Dios no te puede perdonar. Aunque sea infinitamente misericordioso. Necesita que tú le pidas perdón. Como no pongas esta condición Dios no puede perdonarte. Sería una monstruosidad que Dios no puede hacer: perdonar a quien no quiere pedir perdón. Dios no puede hacer eso.

    Dios es justo y es infinitamente misericordioso. Como es infinitamente misericordioso, quiere perdonarte. Como es infinitamente justo, no puede perdonarte como no le pidas perdón.

    Mirad, suponeos que cualquiera de vosotras, ya casadas, tiene un niño. Y un día el niño te levanta la mano. Cuando llega tu marido y se entera que el niño te ha levantado la mano monta en cólera. Entonces tu marido llama al niño:

    -¡Pepito!
    Y viene Pepito. Cuando Pepito ve la cara de su padre, y ve lo que se le viene encima, se echa a llorar, pide perdón, promete que no lo va a hacer más y que va a ser bueno. Entonces este padre de familia, tu marido, que no disfruta castigando al niño, porque ningún padre disfruta castigando a su hijo, sino que lo que quiere es que el hijo se corrija y que sea bueno, cuando el padre ve que el niño se arrepiente, promete enmienda, pide perdón, y va a ser bueno, lo perdona. Correcto.

    -Anda niño, vete. Te perdono. Pero que no me entere yo que le vuelves a levantar la mano a tu madre. Porque como esto se repita, vas a ver lo que te ganas.

    Pero suponeos que cuando este hombre llama a su hijo para reprenderle porque le ha levantado la mano a su madre, este niño en lugar de pedir perdón y arrepentirse, se pone gallo, se encabrita:
    -Me sale de las narices. Y te vas a la «m».

    Ahora, este padre de familia, ante el niño que le ha levantado la mano a su madre, y en lugar de arrepentirse y pedir perdón se pone gallo, se encabrita y manda a su padre a la m...., y ahora el padre:
    -Bueno, hijo, te perdonaré; porque te pones de una manera..., te perdonaré.

    ¡Cómo va a ser esto! Del tortazo que le pega lo tumba. Y el tortazo le duele al padre más que al niño. Ningún padre disfruta castigando al niño. ¡Pero cómo el padre va a perdonar a un niño que ha cometido una falta grave, y en lugar de pedir perdón se pone gallo, se encabrita y le manda a la «m»! ¿Lo va a perdonar?

    Pues ese es Dios. Dios está deseando perdonar; pero está esperando que pidamos perdón. Porque como no pidamos perdón, Dios no puede perdonar. Mirad, yo me he hecho sacerdote para perdonar pecados. Mi gran ilusión es perdonar pecados. Es lo más grande que puedo hacer. El mayor servicio que yo puedo hacer a mi prójimo es perdonarle pecados. Estoy deseando perdonar pecados. Pero si viene un hombre a confesarse, a decirme que ha calumniado, yo le digo que hay que reparar el daño injusto cometido.

    -Ah, no. Eso no. Eso no lo hago yo. Yo no puedo ver a esa persona.

    Pues yo no puedo perdonar. Estoy deseando perdonar, que para eso me he hecho sacerdote: para perdonar pecados. Es el mayor servicio que puedo hacer a mi prójimo. Pero si le pido que repare, y él puede, y no quiere, yo no puedo perdonar. Y estoy deseando perdonar. pero no puedo. Me falta la condición de que este hombre repare el daño ocasionado, cuando pueda hacerlo. Si es que no puede hacerlo, eso ya es distinto. Pero si él puede reparar, y no le da la gana , yo no le puedo perdonar. Y estoy deseando perdonar. Falta una condición indispensable.

    ***

    Dios es infinitamente misericordioso, pero al mismo tiempo es infinitamente justo. Precisamente por eso el infierno es eterno. A veces se nos ocurren montones de dificultades contra el infierno. Dificultades contra la Santísima Trinidad, jamás. Que un hombre diga:

    -¿Por qué en Dios hay tres Personas? A mí me parece que tiene que haber cinco.

    Eso no lo oyes nunca. Pero dificultades contra el infierno,... ¡montones! Porque el infierno hace pupa. Muchos están interesados en que no haya infierno, y quieren autoconvencerse de que no hay infierno. Pues todas mis dificultades contra el infierno están de más, frente a la afirmación de Cristo-Dios.

    Hay infierno. Primero porque es dogma de fe, porque lo ha dicho Cristo-Dios. ¡Punto! Pero además es razonable. Tiene que haber un infierno eterno. Porque como uno no pida perdón antes de morir, no pedirá perdón después de morir. Al otro lado de la muerte ni los del cielo pueden pecar -por eso el cielo es eterno-, ni los del infierno pueden arrepentirse -por eso el infierno es eterno-.

    El que no pide perdón antes de morir, no puede pedir perdón después de morir. Como Dios no puede perdonar mientras no pidamos perdón, el que no pide perdón antes de morir, eternamente sin pedir perdón, y Dios eternamente sin perdonar. No porque a Dios le falte misericordia, sino porque al pecador le falta la condición indispensable de pedir perdón. Si yo pido perdón, Dios me perdona de mil amores; pero como yo no pida perdón, Dios no puede perdonar. Sería una monstruosidad, que Dios no puede hacer. lnfierno eterno para el que no pida perdón antes de morir. Él eternamente sin pedir perdón, y Dios eternamente sin perdonar.


    ***

    Y que no diga la gente que Dios condena. Dios no condena a nadie. Nos condenamos nosotros. Somos nosotros los que elegimos el infierno. ¡Qué más quisiera Dios que nos salváramos! Para que nos salvemos ha dado su vida en la cruz. ¡Qué más quisiera Dios que todos nos salvemos! Somos nosotros los que rechazamos a Cristo y elegimos el infierno. Nadie se va al infierno si no quiere. Nadie. Todo el que se condena es porque él elige el infierno.

    Nadie peca si no quiere. Nadie peca sin querer. Todo el que peca es porque quiere pecar. Por lo tanto, el que se condena es porque él quiere condenarse. Ha pecado porque ha querido, y no ha pedido perdón porque no ha querido. Él ha elegido el infierno. Por eso que no me digan que Dios condena. Dios no condena a nadie. Nos condenamos nosotros solitos. Es como el mal estudiante.

    -Es que a mí el profesor me suspende.
    Oye, el profesor no te ha suspendido, te suspendes tú. Como tú no sabes, el profesor declara que no sabes. Si tú supieras, el profesor declararía que sabes. Te suspendes tú. Si tú estudias y sabes, el día del examen el profesor declara que sabes; y si no sabes, declara que no sabes. Tú eres quien te apruebas o te suspendes. No el profesor, si es justo. Lo mismo Dios. Si haces buenas obras, vas al cielo. Si cometes pecados, y no pides perdón, al infierno. Pero soy yo el que elijo el cielo o quien elijo el infierno. En el cielo se entra a empujones.

    ***

    Entonces, como yo tengo que pedir perdón, Dios me da el modo de que yo alcance el perdón. Y, ¿cuál es el modo ése? La confesión. Dios hace la confesión para perdonar. Dios instituye el sacramento del perdón, de la confesión. Es uno de los mayores beneficios que Dios ha hecho a la Humanidad. Decidme quién podría salvarse si no hubiera confesión. Sólo podría salvarse el que a lo largo de toda su vida jamás faltó a su conciencia. Y, ¿dónde está ése? A lo largo de la vida, unos antes y otros después, unos en una cosa y otros en otra, ¡qué fácil es que a lo largo de una vida todos hayamos faltado a nuestra conciencia! Y Dios, que es infinitamente misericordioso, nos da el modo de que podamos alcanzar el perdón.

    Dios podría haber dicho:
    -Ahí tienes una vida. Ahí tienes una libertad. Usa bien de tu libertad. Si usas bien, gloria eterna. Si usas mal, infierno eterno.
    Podría haber dicho esto, y estaba en su derecho. Y no nos hacía ningún agravio. «Usa bien de tu libertad y te doy la gloria, pero si usas mal, te doy el infierno».

    Pero no. Él dice:
    -Ahí tienes una vida. Ahí tienes una libertad. Usa bien de la libertad y te doy la gloria eterna. Y si usas mal, pídeme perdón, que te perdono y también te doy la gloria eterna.

    ¿Puede ser Dios más bueno? ¿Puede poner la cosa más fácil? Nos da el modo de alcanzar el perdón de los pecados, si hemos usado mal de la libertad. Y ese modo es la confesión. Instituye la confesión. ¡El gran beneficio de la confesión!

    Llama a los Apóstoles y les dice:
    -A quienes vosotros perdonéis, yo les perdono; a quienes vosotros no perdonéis, yo tampoco.
    Dios delega en los Apóstoles el perdón. ¿Que lo podía haber hecho de otra forma? Por supuesto. Pero lo ha hecho así. Dios perdona por medio del sacerdote. Dios lo ha hecho así.

    Y ahora dice otro:
    -¿Por qué tengo que decir mis pecados a un sacerdote? Yo pido perdón a mi aire. Yo me confieso directamente con Dios.

    No vale. Porque el modo de perdonar de Dios no lo eliges tú, lo elige Él. Y si Él ha dispuesto darte el perdón por la confesión, tienes que confesarte para que Dios te perdone. Y si yo pido a Dios perdón a mi aire, no vale. El modo no lo elijo yo, lo elige Él. Las condiciones las pone Él. Dios ha querido que nos confesemos por medio del sacerdote. Y además, si Dios lo ha hecho así es porque está bien hecho. ¿O es que nosotros vamos a enmendarle la plana a Dios? ¿Vamos a saber mejor que Dios cómo tiene que ser el perdón? Cuando Dios ha hecho la confesión con un hombre, es porque debe ser con un hombre.

    Voy a poner un ejemplo: Dios podía haber hecho la confesión con un muro, con un muro de piedra, como hacen los judíos. Los judíos van al Muro de las Lamentaciones y allí sueltan el trapo, delante del muro. Dios podía haber hecho la confesión con un muro. ¿Por qué la hace con un hombre? Porque el muro es de piedra. El muro no oye. El muro no entiende. El muro no contesta. El muro no consuela. El muro no tranquiliza. El muro no anima. El muro no alienta. El muro no orienta.

    Y el pecador montones de veces necesita que le consuelen, que le tranquilicen, que le animen, que le orienten. Y Dios, que sabe que el pecador necesita que lo tranquilicen, y lo consuelen, y lo animen, y lo orienten, hace la confesión, no con un muro de piedra, que ni oye, ni entiende, ni contesta, ni consuela, ni tranquiliza, ni anima, ni nada; sino con un hombre. ¡Cuántas veces los confesores tenemos que consolar, y tranquilizar, y animar, y orientar! Y Dios que lo sabe, hace la confesión, no con un muro de piedra, sino con un hombre que oye, y entiende, y contesta, y consuela, y tranquiliza. ¡Qué bien hace las cosas Dios! No queramos enmendar la plana a Dios. Dios sabe hacer muy bien las cosas.

    ***

    Tiene gracia que ahora viene Freud y me inventa la confesión clínica. ¿Qué es el psicoanálisis? Una confesión. ¿Qué se hace con el psicoanalista? Pues contarle todo, todo, hasta los sueños. En la confesión no hay que contar los sueños. Y con una diferencia. Yo no sé si el psicoanalista curará o no curará. Desde luego cobra. Y además no perdona. Y el sacerdote, después de oír las confidencias de la persona, primero gratis (jamás nadie ha pagado por ir a confesarse) y además perdona. Por eso da una tranquilidad que no puede dar el psicoanalista. Algunos quieren sustituir la confesión por el psicoanálisis, pero nunca puede ser lo mismo. El psicoanálisis tendrá su campo. Pero no queramos sustituir una cosa por otra. La confesión es insustituible. Por eso Dios ha hecho la confesión.

    ***

    Y este gran beneficio de la confesión, que nos perdona todo y del todo, no puede ser más fácil. ¿Qué se me pide para confesarme? ¿Qué se me pide para perdonarme los pecados en la confesión? No se me pide un doctorado, no se trata de que saque una licenciatura, ni siquiera que sepa leer o escribir. ¿Qué se me pide? SINCERIDAD. ¿Se puede pedir menos? Sinceridad.

    Que yo diga la verdad. Lo que tengo dentro. Y si yo digo la verdad se me perdonan los pecados. ¡No se me pide más! ¿Se puede pedir menos? Lo único que Dios quiere para perdonarme es que yo reconozca sinceramente mis pecados. ¿Ha podido hacer Dios la confesión más fácil de lo que es?

    Mirad, yo me he inventado una parábola. Lo mismo que hacía Jesucristo. Cuando Jesucristo iba por el campo y hablaba a los labradores se inventa la parábola de la semilla del sembrador. La semilla que cae en buena tierra, la que cae entre piedras, la que cae entre zarzas. Cuando Cristo habla a los pescadores se inventa la parábola de la red que saca del mar peces grandes y pequeños, buenos y malos, etc.

    Yo me he inventado una parábola de gran actualidad. Nos ha tocado vivir este tiempo del crédito, de las ventas a plazos. Yo no sé quién ha inventado eso de «compre hoy y pague mañana».¡Fenómeno! Pero, ¿qué pasa? Que todo el mundo tiene un televisor que no ha pagado, una moto o un coche que no ha pagado, un frigorífico que no ha pagado, un piso que no ha pagado, cosas que no ha pagado. Y a fin de mes vienen las letras. Y aunque cada una es un papelito muy fino, pero el montón de letras le aplastan a uno.

    Suponeos que un día en un Banco sale un anuncio que dice: «El Banco Tal, en atención a sus clientes y amigos pagará las deudas de todo el que lo solicite» ¡La que se arma en la ciudad! ¡Todo el mundo a la cola!

    -¿Usted cuánto debe?
    -30.000 pesetas.
    -Tranquilo, el Banco paga.
    Otro.
    -¿Usted cuánto debe?
    -300.000 pesetas.
    -Tranquilo, el Banco paga.

    Cuando se entera la gente que basta con decirle las trampas al de la ventanilla y el Banco paga, todos a la cola. El Banco paga y yo quedo limpio. ¡Fenómeno! Y llega el listillo:

    -¿Y yo por qué tengo que decir mis trampas al de la ventanilla? ¿Al de la ventanilla qué le importan mis trampas.? Mis trampas son cosa mía. Yo no se las digo al de la ventanilla.

    Es imbécil. ¿Por no decir sus trampas al de la ventanilla se queda con sus trampas? Es idiota. ¡Que !e diga sus trampas al de la ventanilla, que paga el Banco y se queda limpio! Pues esto es la confesión. Así de fácil. Sin embargo algunos tienen alergia a la confesión. ¿Qué te piden? Que digas tus pecados y quedas limpio. No se te pide más. Que digas de verdad tus pecados. Y no te piden más. Y viene el listillo:

    -¿Yo por qué tengo que decirle mis pecados al cura? Mis pecados son cosa mía. Y al cura, ¿qué le importa? Mis pecados no se los digo al cura.

    ¡Idiota! Por no decirle al sacerdote tus pecados, ¿te quedas con los pecados? Dime tú si puede ser más fácil la confesión. Lo único que te piden es que digas tus pecados. Dime tú si puede ser más fácil. Pues nada, el listillo de turno:

    -Pues yo no me confieso, porque mis pecados son cosa mía.

    ***

    Y qué hay que decirle al confesor: los pecados mortales. Los veniales no hace falta. Los veniales conviene decirlos. Es como cuando vas al dentista y tienes una muela destrozada. Se lo dices para que te la quite. Pero además si tienes un puntito negro, también se lo dices para que te lo arregle. Le dices lo grave y lo leve. No vaya a ser que empeore. Lo mismo en la confesión: lo grave, indispensable: lo leve, conviene. No es indispensable, pero conviene.

    Y ¿qué es pecado mortal ? Que la cosa sea grave. Que al hacerla, yo sepa que es grave. Que yo quiera hacer aquello que sé que es grave. Si falta alguna de las tres condiciones no es grave.

    Materia grave: yo al hacerlo sé que es grave y yo quiero hacer aquello que sé que es grave. Es pecado mortal, y tengo que decirlo en la confesión con número aproximado y circunstancias agravantes.

    Número aproximado: porque si son tres ya sé que son tres; pero si son ochenta y cuatro, es difícil saber que son ochenta y cuatro. Dices ochenta o cien.

    Y circunstancias agravantes: no es lo mismo robarle a un ciego que vende cupones en la esquina que robar en unos grandes almacenes. Las dos cosas son pecado. En los dos casos hay que restituir. Pero es más grave robarle a un pobre ciego que vive de eso, que en unos grandes almacenes.

    ***

    Todo esto hay que decirlo en la confesión, y con verdad. Que si se me olvida algo, pues nada: pecado olvidado, pecado perdonado. Basta decirlo en la próxima confesión.

    -Yo no me confieso, porque como voy a caer otra vez en lo mismo, ¿para qué me voy a confesar? Yo sé que no me voy a corregir. Siempre me estoy confesando de lo mismo.

    Me acuerdo de un chiste. Iba un borracho dando tumbos por la calle, pasa por un charco, resbala y se cae sentado en el charco. Y allí se queda sentado en el charco, en remojo. Pasa un amigo y le dice:

    - ¿Qué haces sentado en el charco?
    - Pues que me he resbalado y me he caído.
    - Pero muchacho, levántate.
    - ¿Y si me resbalo otra vez?

    Por si se resbala otra vez se queda en el charco, en remojo.

    Pues te levantas, y si te resbalas otra vez, te vuelves a levantar. Pero no te vas a quedar en el charco por si acaso resbalas otra vez. Lo mismo digo de la confesión. Ya sabemos que a veces no somos capaces de corregirnos de una cosa para toda la vida. Basta tener buena voluntad, tratar de remediarlo, procurar superarme, y si vuelvo a resbalar, me vuelvo a levantar. Nadie está seguro de que nunca más volverá a pecar.

    -Bueno, padre, es que a mí la confesión me cuesta mucho trabajo. A mí me da vergüenza confesarme.

    Bueno, ya sabemos que en la confesión no se va a contar hazañas, se va a contar miserias, y eso nunca es agradable. Pero hay que superar esa dificultad, porque el beneficio de la confesión merece la pena.

    ***

    Quiero insistir en una cosa que es muy importante: no hay secreto en el mundo como el secreto de la confesión. No hay. Los secretos de las grandes potencias, antes o después, caen en manos del espionaje enemigo. Jamás un sacerdote puede decir un pecado de un penitente oído en confesión, aunque le cueste la vida. Sería un pecado tan grande que sólo lo puede perdonar el Papa.

    Voy a contar tres casos.

    Pero fijaos lo que he dicho: oído en confesión. Porque si voy por la calle y veo que uno le pega una puñalada a otro, y yo digo. «Ése es el asesino. Lo he visto yo». Lo puedo decir, aunque sea sacerdote. Si oigo un pecado en confesión y lo digo sin decir quién es, no falto al secreto. Yo he confesado centenares de miles de veces por toda España. Yo puedo decir: «Una vez oí en confesión...» ¿Dónde? ¿Cuándo? Y otro caso es que tenga permiso del penitente.

    Os voy a contar una cosa que es muy bonita. No era pecado, podía decirlo, pero yo de la confesión sólo digo si pasé frío o pasé calor. A veces paso mucho frío en invierno. Y a veces en verano enorme calor encajonado horas y horas. Para ser fiel al sigilo, lo que no puedo decir es el pecado de un pecador oído en confesión. Lo que no es pecado puedo decirlo. Esto podía decirlo, porque no es pecado; pero como no me gusta decir nada de lo que oigo en confesión, pedí permiso.

    Estaba confesando a una niña de primera confesión, y no me acuerdo lo que le dije, que la niña me dijo una cosa preciosa y me gustó tanto que pensé sería bonito contarlo por ahí. Le dije a la niña si me daba permiso para contarlo. Me lo dio y lo puedo contar. Mirad qué cosa tan bonita. Esta niña iba en un autobús urbano y un hombre soltó una blasfemia. La niña, de primera comunión, le dice:

    -Oiga hombre, no blasfeme usted
    El hombre se vuelve y le dice:
    -Niña cállate. A ti qué te importa.
    Y le contesta la niña:
    -No me va a importar, ¡si Dios es mi Padre!

    El hombre se puso colorado, y cuando paró el autobús se bajó en la primera parada. No pudo soportar el bochorno de que le hubiera llamado la atención aquella criatura. No me digáis que esto no es bonito. Esto lo oí confesando, y era tan bonito que me gusta contarlo por ahí. Por eso pedí permiso a la niña.

    Pero a no ser con permiso del penitente, los pecados oídos en confesión, ¡aunque me maten! no los puedo decir. A San Juan Nepomuceno, patrono de los confesores, lo representan con un candado en la boca. Murió por guardar el secreto de la confesión. Era confesor de la reina de Bohemia. El rey Wenceslao tenía celos de la reina, y quería que el confesor le contara los pecados de la reina. El confesor se niega. El rey Wenceslao lo martiriza. Y San Juan Nepomuceno muere mártir del secreto de la confesión por no revelar los pecados de la reina.

    Yo hablé con el Padre Einaldi, misionero de la China comunista de Mao. Él no pudo hablar porque se cortó la lengua por guardar el secreto de la confesión. Yo, sinceramente, opino que no tenía por qué haber hecho eso; porque Dios nos da a todos fuerzas para cumplir nuestra obligación. Dios nunca pide nada superior a nuestras fuerzas. Nos da la fuerza que necesitamos para cumplir con nuestra obligación. Pero él no lo pensó, o fue inspiración de Dios. El hecho es que lo estaban martirizando en la China comunista de Mao Tse Tung. El temió revelar algo de confesión, tiró de la lengua, cogió una cuchilla de afeitar, ¡zas! Y no tiene lengua, tiene un muñón.

    Yo he hablado con él. Él no podía hablar. Y ha escrito un libro titulado «Yo me corté la lengua», donde cuenta la historia. Nos conocimos en Córdoba. Yo le firmé mi libro y él me firmó el suyo. Nos intercambiamos los libros.

    Otro caso, que no sé si visteis en televisión. Una de las películas más bonitas que yo recuerdo. Se llama «Yo confieso». El protagonista es Montgomery Clift. Es de las poquísimas veces que yo he visto un sacerdote en las películas como Dios manda. Porque cada vez que me sacan un cura en una película es un auténtico mamarracho. Lo hacen a propósito para reírse de los curas, para desprestigiar a la Iglesia. Sacan cada cura que uno dice:
    -¡Esto no es un cura! Un cura no habla así. Un cura no reacciona así. Un cura no procede así. Casi siempre que sacan curas en una película son mamarrachos. Poquísimas veces sacan en las películas un cura o una monja como Dios manda. Van a reírse, a desprestigiar a la Iglesia y a atacar a la religión.

    Pero en este caso, Montgomery Clift representa un cura normal, como debía de ser. Él hace de párroco. El sacristán comete un crimen, se confiesa con el párroco, y entonces el párroco queda atado, sometido al sigilo. Después el sacristán esconde el arma en la sacristía. Mancha las ropas del sacerdote de sangre. Viene la policía y, claro, todo acusa al párroco. El párroco dice:
    -Soy inocente.
    -¿Y esta ropa manchada de sangre?
    El párroco sabía quién era el asesino, pero no podía decirlo.
    -Yo soy inocente.
    Después, no me acuerdo por qué, está el asesino rodeado de la policía, y aparece el párroco. En ese momento el asesino que se ve acorralado por la policía y al párroco con la policía, piensa que el párroco le ha denunciado. Y entonces dice el asesino:

    -Ah, ¿ya le has dicho a la policía que yo soy el asesino? ¿No? ¡Y después habláis del secreto de la confesión! ¡Qué cuento de secreto de la confesión! ¡Menuda comedia tenéis montada! ¡Tiempo te ha faltado para decirle a la policía que yo soy el asesino!

    Y el asesino públicamente se confiesa asesino.
    La policía, que no sabía nada porque el párroco no había dicho nada, se entera por el asesino que el párroco es inocente. Película muy bien hecha y muy bien representada.

    Bien, pues este hombre esta dispuesto a ser condenado. Lo único que dice: «Yo soy inocente». Y sabía quién era el asesino. Esto es una película, pero hay un caso histórico. Hay un libro que se llama «Una víctima del secreto de la confesión», que es muy similar. En Francia, un sacristán comete un asesinato, se confiesa con el párroco, condenan al párroco, lo mandan a África a un campo de trabajos forzados, y el asesino queda libre. El asesino no puede vivir de remordimiento y un día va a la policía y se confiesa él culpable. Mandan el aviso al campo de trabajos forzados de que liberen al sacerdote inocente. Y cuando llega el aviso, el sacerdote ha muerto ya. ¡Ha muerto víctima del secreto de la confesión! Él sabe quién es el asesino, y está cumpliendo una condena siendo inocente, por guardar el secreto de la confesión. Muere víctima del secreto de la confesión. Hay casos muy bonitos de sacerdotes que han muerto por guardar el secreto de la confesión.

    ***

    Todo esto, del gran beneficio de la confesión y de lo fácil que es confesarse. ¿Y si a la hora de la muerte no tengo al lado un sacerdote que me perdone? Para eso está el acto de contrición.

    Tengo dos anécdotas muy bonitas que no quisiera dejar en el tintero. Hace unos años daba yo conferencias en Madrid en el Ministerio de Marina. Estaban el ministro, un montón de almirantes, todo el personal del Ministerio, y yo les hablo de esto. Al final se me acerca un almirante y me dice:

    -Padre, cuando yo era oficial en el «Juan Sebastián de Elcano», y el comandante del barco era el Almirante Moreno, entonces Capitán de Fragata, que después fue Ministro de Marina, en alta mar se nos echó a morir un marinero. El marinero empezó a dar voces pidiendo un sacerdote. No había ningún cura a bordo, porque en tiempo de la República no había capellanes en los barcos de la Armada.
    -Pues que venga el comandante que quiero confesarme con él.
    Llega el comandante y le dice:
    -Mira, muchacho, yo no soy sacerdote, yo no puedo confesarte; pero mira, vamos a hacer juntos un acto de contrición, que Dios te perdona seguro, aunque no haya sacerdote.
    Hacen el acto de contrición, el marinero se muere y se salva; porque ha hecho un acto de contrición.

    Otro caso. Una chica, una adolescente, una colegiala.
    Ocurrió en Loyola, donde los jesuitas tenemos la Casa donde nació San Ignacio, entre Azpeitia y Azcoitia. Por allí pasa el río Urola. Al lado del Urola, el ferrocarril del Urola y la carretera. Uno de esos temporales que vienen de vez en cuando. Unas lluvias tremendas. Se desborda el Urola. lnvade la carretera, y un autobús que iba por la carretera se ve entorpecido por el agua. Se para. Se moja el motor y no puede andar. El agua va subiendo.
    El autobús empieza a perder la estabilidad.

    Total, que la corriente va a arrollar al autobús y se van a ahogar todos. Y una colegiala de quinto curso se pone en pie en el pasillo del autobús y dice a todos:

    -Como nos vamos a morir, lo que tenemos que hacer es un acto de contrición.
    Aquella chiquilla inicia un acto de contrición. Todo el autobús hace un acto de contrición. A los pocos minutos la corriente arrolla al autobús y se ahogan todos menos dos muchachos que se tiran por una ventanilla. Son los que han contado lo que pasó.

    Pues hace quince días estaba yo dando conferencias en Madrid a los padres de familia del colegio que los jesuitas tenemos en Chamartín. Cuento yo esto, y al terminar viene una señora que se llama Mª. Jesús Ruiz de Ojeda, y me dice:
    -Padre, esa chica era amiga mía. Era de mi clase. Se llamaba Chon Ázcue de Pablo.
    Una muchacha que sabe que cuando no hay sacerdote hay que hacer un acto de contrición. ¡Perfecto!

    ***

    En qué consiste la esencia del acto de contrición. Para que sea acto de contrición es fundamental que yo pida perdón a Dios por amor. ¡No basta el temor! Temor al infierno tiene todo el mundo. Nadie es tan tonto que quiera irse al infierno. Todos tenemos miedo al infierno. Eso lo tiene cualquiera. Pero el temor al infierno es egoísta. Yo me arrepiento porque no quiero condenarme.

    Lo perfecto es que yo me arrepienta por amor de Dios. «Me pesa de haberte ofendido porque eres mi Padre. Me he portado mal contigo y tú no te mereces eso». Esto es lo perfecto. Ésa es la contrición.

    Si yo me arrepiento por contrición, Dios me perdona aunque no haya sacerdote. Ya me confesaré después cuando pueda. Pero si me muero en el trance, Dios me perdona. ¡Si me arrepiento por contrición! Si me arrepiento sólo por atrición, no. Porque eso es imperfecto. Es verdad que yo puedo tener las dos cosas. Yo puedo tener atrición, miedo al infierno: y además, que el motivo de mi perdón sea el amor. Eso es lo que hay que hacer. Pedir perdón por amor.

    Y esta expresión de pedir perdón por amor, la puedo decir con cualquier fórmula. «Señor, te quiero con toda mi alma». «Me pesa haberte ofendido porque eres mi Padre». Perdóname Dios mío». Como te salga.

    Una de las fórmulas es el «Señor mío Jesucristo», que es la fórmula del catecismo. Yo en mi libro «Para salvarte» he copiado una poesía, que para mí es la más bonita en lengua castellana. Primero, porque es un soneto. Es una estructura perfecta. Pero además, por el contenido. Es un acto de contrición. Es la poesía más bonita que hay en la lengua castellana.

    «No me mueve, mi Dios, para quererte,
    el cielo que me tienes prometido;
    ni me mueve el infierno tan temido,
    para dejar por eso de ofenderte.

    Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
    clavado en una cruz y escarnecido,
    muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
    muévenme tus afrentas y tu muerte.

    Muéveme, en fin, tu Amor y en tal manera
    que aunque no hubiera cielo yo te amara
    y aunque no hubiera infierno te temiera.

    No me tienes que dar porque te quiera,
    porque aunque lo que espero no esperara,
    lo mismo que te quiero te quisiera».

    Esto es precioso. Acto de contrición. Yo amo a Dios. Claro que temo el infierno. Claro que espero el cielo. Pero sobre todo el Amor de Dios. Esto es el acto de contrición.

    ***

    Problemas. Primero, que mucha gente no sabe el «Señor mío Jesucristo». Las mujeres, como se confiesan por la rejilla y no se les ve la cara, yo no sé qué es lo que dicen al darles la absolución. Pero los hombres, que vienen por delante, se ve que no lo saben. Montones de hombres que vienen a confesarse, al decirles: mientras le doy la absolución, rece el «Señor mío Jesucristo», empiezan:

    -Señor mío Jesucristo, bla, bla, bla, ...Amén.
    Montones de veces veo que no lo saben.
    Otros se atrancan y empiezan:
    -Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador ,... Creador, ... Creador,...Y dan marcha atrás. Y empiezan de nuevo. Y toman impulso, saltan el obstáculo, y siguen con el Credo:
    -Creador del Cielo y de la Tierra.

    ¡Una catástrofe! No saben el «Señor mío Jesucristo». Montones, que no lo saben. Por eso yo enseño un acto de contrición en tres palabras. Fácil de aprender y rápido de decir. Porque hay veces que no hay tiempo.

    Por ejemplo: daba yo conferencias en Madrid en un cuartel de paracaidistas. Al final, en el coloquio, se me acerca un muchacho y me dice:

    -Padre, si llego a saber esto el día que no se me abrió el paracaídas...
    Los demás decían:
    -Padre, el miedo que pasó éste. Estaba blanco como la pared. De miedo se lo hizo encima.

    Los paracaidistas llevan dos paracaídas: uno de pecho, de apertura manual, para casos de emergencia; y otro de espalda de apertura automática. Tiene una cinta con un gancho, un mosquetón, que se engancha en un cable que va por el fuselaje, por el cuerpo del avión. Cuando llega el momento de saltar -ellos no dicen «tirarse» en paracaídas, eso lo decimos los profanos; los profesionales dicen saltar-, se lanzan al aire, el mosquetón tira de la cinta, abre el paracaídas automáticamente y el paracaidista cae. Ese muchacho tenía el mosquetón roto, o estaba mal enganchado, el caso es que estaba suelto y él no lo sabía. Llega el momento de saltar. Sale uno, sale otro, le toca a él y se lanza al aire. Pero como estaba suelto, caía como una piedra. Cuando el hombre mira para arriba y ve a sus compañeros bajando tranquilos; mira para abajo, y ve la tierra que se le viene encima, acude al paracaídas de pecho, que para eso está.

    Pero con el nerviosismo tiraba mal. Y cada tirón que fallaba, caía como una piedra. Total, que quiso Dios que cuando faltaban pocos metros para el suelo, tira bien, se abre el paracaídas y cae de pie. ¡Blanco, blanquísimo! Sin detergente. ¡De miedo! Total, que me decía el chico:

    -Si aquel día empiezo yo el «Señor mío Jesucristo», antes de terminarlo estoy en el suelo. Y si me atranco, usted me dirá.

    Por eso este acto de contrición en tres palabras es fenomenal: «Dios mío, perdóname». ¿Por qué «Dios mío, perdóname» es un acto de contrición? Porque acabo de decir que el acto de contrición es pedir perdón por amor. Y, ¿por qué pido perdón por amor al decir «Dios mío, perdóname»? ¿Dónde está el amor? En el «mío». El «mío» es amoroso. El posesivo «mío» es amoroso. Cuando una madre le dice a su niño:«vida mía», «tesoro mío», «cielo mío», decimos, «¡cómo lo quiere! ¿Por qué? Porque dice «cielo mío».

    Si una madre dice a su niño: «cielo de Constantinopla». Eso no es amor. Será geografía o meteorología, pero amor no. ¿Y por qué «cielo de Constantinopla» no es amor y «cielo mío» sí es amor? Porque el posesivo «mío» es amoroso. Cada vez que digo «Dios mío» es un acto de amor. Porque el «mío» es amoroso. Decir «Dios mío, perdóname», es pedir perdón porque lo amo. Acto de contrición.

    ***

    Por eso esto es fenomenal para momentos de peligro, y también cuando vamos a confesarnos. Si nos sale el «Señor mío Jesucristo», muy bien. Pero si no nos sale, decir «Dios mío, perdóname». Ya hace muchos años que cuando viene un hombre a confesarse, prescindo de si se sabe el «Señor mío Jesucristo», le digo:

    -Mientras le bendigo y le perdono diga usted con toda el alma: «Dios mío, perdóname».
    ¡Y le echan un corazón!
    Yo pienso:
    - ¡Esto sí que vale!

    Y no como mucha gente que reza el acto de contrición como una cinta magnetofónica. La cinta no se entera de lo que dice. Habla, y no se entera de lo que dice. Muchos rezan como una cinta magnetofónica. No se enteran de lo que dicen. Lo importante es que pongas corazón en lo que dices.

    ***

    Estás pensando:
    -¡Ah, ya sé! El día que yo me vaya a morir digo esto y ya está.

    Si te mueres la semana que viene, Dios no lo quiera, ya te acordarás. Digo «Dios no lo quiera» porque una vez estaba yo dando unas conferencias en Murcia, en la Academia General del Aire, a los Caballeros Cadetes de Aviación, y antes de irme yo de San Javier, un muchacho que me había oído esto, se estrelló en una moto contra un coche y se dejó los sesos en el coche. Y los compañeros me decían:

    -Padre, éste le había oído lo de «Dios mío, perdóname».
    Y yo les decía:
    -Pues mira, si lo ha dicho se ha salvado. Porque un «Señor mío Jesucristo» seguro que no ha tenido tiempo; pero el «Dios mío, perdóname», sí. Se dice en un segundo. Si lo ha dicho se ha salvado. Me lo había oído aquella misma semana.

    Pero si te mueres dentro de cincuenta años, ¿cómo te vas a acordar? Por mucho que te guste, ¿te vas a acordar dentro de cincuenta años? Sí, si me haces caso. ¿Qué tienes que hacer? Decirlo todas las noches. ¡Todas las noches! Primero, tus tres Avemarías, que son prenda de salvación eterna. Segundo, un breve examen de conciencia: «¿Cómo me he portado? ¿He hecho alguna tontería?» Y después, tres veces «Dios mío, perdóname».

    Si lo haces todos los días, te acordarás la semana que viene, y el mes que viene, y el año que viene, y dentro de cincuenta años. ¡Si lo haces todos los días! Pero por mucho que te guste, si no lo vuelves a repetir, dentro de cincuenta años, ¿te vas a acordar? Si quieres acordarte, todos los días antes de acostarte. Porque además tiene la ventaja de que si te mueres esta noche, te salvas. Ya te confesarás después, cuando te toque; pero si dices al acostarte «Dios mío, perdóname» te salvas. Porque puedes morirte por la noche.

    -Padre, ¡qué tremendista!

    No, son cosas que pasan. Estaba yo en Barcelona para una conferencia, en el Círculo Ecuestre: Diagonal esquina a Balmes. Me llevan en coche. Leo en una esquina: «Calle Capitán Arenas». Pregunté si era allí donde se había hundido una casa alta. Y me dijeron que sí. A las tres de la madrugada hay una explosión de gas, la casa se hunde y todos muertos. Todos los vecinos muertos por una explosión de gas a las tres de la madrugada. ¡Hombre!, esto no pasa todos los días, pero lo mismo que pasó en la calle Capitán Arenas de Barcelona, puede pasar en cualquier sitio. Por la noche una explosión de gas, se hunde la casa y mueren todos. Pues los que hicieron el acto de contrición antes de dormirse se han salvado. Esto es muy práctico. Además, no sólo para vosotros sino para ayudar a bien morir a otras personas.

    Hoy tenemos el peligro de que dejamos morir a las personas como perros. La televisión ha paganizado la muerte porque estamos hartos de ver muertos en las películas. ¡Cuántos muertos habremos visto en las películas de indios, policíacas, reportajes de guerras. ¡Cuántos muertos habremos visto en las películas! ¿Recordáis alguna vez que alguien se preocupe de que tienen alma? Lo más que se acuerdan es del médico y de la ambulancia; pero del sacerdote y de ayudar a bien morir nadie se acuerda. Y en la vida real repetimos lo que vemos en las películas, y dejamos morir a las personas como perros. Si veo morir un perro no tengo que preocuparme de su alma. Pero si es una persona humana no basta acordarte del médico y de la ambulancia, y no de sacerdote.


    Estaba yo dando conferencias en Gijón, hablaba en ENSIDESA, la siderúrgica de Avilés, a 20.000 obreros que hay allí. El domingo fui a comer a Somió, a la Universidad Laboral que tenemos allí los jesuitas. Al volver, venía a las cuatro de la tarde en autobús, y un muchacho en una moto, tomó una curva muy fuerte, chocó contra un coche y cayó. Me bajo del autobús, salgo corriendo hacia el muchacho -yo iba de sotana- y vieron que un cura iba corriendo hacia ellos. Si hubiera ido de paisano no me hubieran reconocido, pero con la sotana se me veía venir, ¿no? Pues salí corriendo, y ya los del coche se llevaban al muchacho. Tuve que dar un grito.

    Los otros pararon, dejaron al chico, me eché al suelo y le dije al oído: «Dios mío, perdóname. Dios mío, perdóname» y ya está. Nada, un minuto. Le doy la absolución «sub conditione», y ya está. Pero a esto voy: ven venir un cura, y a nadie se le ocurre que el cura tiene algo que hacer. Se lo llevan a la Casa de Socorro. ¡Primero el cura, hombre! ¡Primero el cura!, que es lo más importante. Después el médico hará lo que pueda. Que a lo peor no puede hacer nada, pero el cura sí. Tenemos que preocuparnos de la gente que muere y ayudarla a bien morir. Aunque parezcan muertos, que el oído es lo último que se pierde. Parece muerto y oye. Yo llevo en mi coche los óleos. Habré dado los óleos, quince o veinte veces. ¡Hay tantos accidentes! Yo que soy sacerdote, y puedo dar la absolución y puedo dar la extremaunción, primero digo al oído: «Dios mío, perdóname». Porque si lo oye y pide perdón, esto vale más que todas las bendiciones que yo le dé. Porque por muchas bendiciones que reciba, si él no pide perdón, no sirven de nada. Y para ayudar a pedir perdón no hace falta ser sacerdote, lo hace cualquiera.

    Ahora voy a contar casos.

    Hablaba yo en un cine de Belmonte, por Cuenca. Le hablaba de esto a la juventud. Después, a los cinco años, iba yo de Madrid a Alicante, y me paré a comer en Las Pedroñeras que está cerca de Belmonte. Entro en un sitio y había un grupo de chicos y chicas en la barra. Yo no me fijé, saludé, me senté en una mesa, y una chica del grupo se me acerca a mi mesa y me pregunta si había estado en Belmonte. Le dije que sí. Y me contó que se acordaba de lo del «Dios mío, perdóname».

    -¡Qué alegría! ¿Te acuerdas todavía, después de cinco años?
    -Padre, como usted nos dijo que se lo dijéramos a los moribundos al oído, porque el oído es lo último que se pierde, una vez vi un accidente y había dos hombres en la carretera que parecían muertos. Y aunque me temblaban las piernas de nerviosismo, me puse de rodillas en el suelo y le dije al oído a cada uno: «Dios mío, perdóname; Dios mío, perdóname; Dios mío, perdóname».

    -Pues mira chica -le dije- , si han oído y lo han aceptado, se han salvado gracias a ti. Y nadie en la vida les ha dado nada que valga más que lo que tú les has dado. Ayudarles a que salven su alma. Nadie le ha dado algo que valga más. Si lo han oído y lo han aceptado, gracias a ti, se han salvado.

    Esto lo puede hacer cualquiera. Un pariente, o un vecino, o un amigo, o un desconocido en la carretera. ¡Ayudarle a bien morir! ¡Que son personas! ¡No son perros! Si nos encontramos un perro en la carretera no tenemos que parar para asistirle. Pero a una persona sí. Que tiene alma. El perro no tiene alma. La persona tiene alma, y no podemos dejarnos llevar de este paganismo de la sociedad moderna, que deja morir a las personas como perros.

    Que tenemos alma. Y el oído es lo último que se pierde. Daba yo conferencias en Guadalupe (Extremadura). Hablaba a la juventud en un cine. Pero todas las mañanas me mandaban un «jeep» y me subían a un picacho donde había un destacamento de militares. Yo les hablaba a los soldados y les hablaba de esto. Y al final me dice un muchacho, que me acuerdo hasta de su nombre, porque se llamaba como el campeón de tenis, Santana. Un muchacho canario. Y me dice:

    -Padre, eso me pasó a mí. Tuve un accidente de moto. Me quedé como muerto en la carretera. Me ven en el suelo, me cachean, me sacan la documentación, Y yo oigo que dicen: «Está muerto. Está muerto. Hay que avisar a su padre. Está muerto».
    -Y yo no estaba muerto. Yo lo oía todo. Pero yo no podía mover un dedo. Yo no podía hablar. Pero me enteraba de todo.

    Aunque parezcan muertos, decirles al oído: «Dios mío, perdóname». Que el oído es lo último que se pierde, y si lo oyen y lo aceptan, se salvan. Y nadie en la vida les ha dado nada que valga más que el que le ayuda a que pida perdón para que salve su alma. Ojalá ayudes a bien morir a muchas personas. El día que te encuentres con ellos en el cielo, verás cómo te lo agradecen. Y sentirás la felicidad de haber colaborado a la salvación de otros.
      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    10/04/2011
    #13 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2


    Hay cientos, miles de mártires en la Iglesia Católica. Murieron con inmensa esperanza (algunos cantando y sonriendo) y siempre perdonando a sus enemigos, como hizo Nuestro Señor Jesucristo. Pero nunca había visto una foto de uno de ellos en el momento de su muerte gloriosa y hermosa, porque no hay nada más hermoso que el sacrificio por Amor. El sacerdote mexicano Miguel Pro, víctima de la persecución religiosa en México a principios de siglo XX, fue beatificado por Juan Pablo II en 1988. No veamos en su muerte algo triste, trágico y repelente, sino edificante y alegre, porque la muerte en los brazos de Cristo y llena de amor a los enemigos, es el comienzo de la vida y de la felicidad eterna para todos. Es lo querrá que sintamos el Beato Miguel Pro desde el Cielo.





    El Padre Miguel Pro rezando antes de ser fusilado. Dijo en voz alta: "Señor, tú sabes que soy inocente. Perdono de corazón a mis enemigos".

    El padre Miguel Pro, momentos antes de ser fusilado, extendió sus brazos en cruz. Tenía un rosario en una mano y un Crucifijo en la otra. Exclamó: "Dios tenga compasión de ustedes. Que Dios les bendiga.¡Viva Cristo Rey!".
    Spoiler




    Aprendamos de nuestros mártires a perdonar a los que nos ofenden y hacen daño, y a pedir a Dios la gracia de tener la valentía de proclamar la Verdad para ayudar a nuestros hermanos sin renegar nunca de Cristo, aunque sea a costa de nuestra sangre, todo por Amor. Santos mártires, rogad por nosotros.
    Biografía: http://www.corazones.org/santos/miguel_pro.htm
      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    11/04/2011
    #14 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2






    Ya queda menos. En Agosto tenemos en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud, con el Papa y jóvenes de todos los países del mundo. Cada vez se celebra en un país, la última fue en Sidney (Australia) en 2008


    ¡Y ahora toca en España!


    Recuerdos entrañables del Papa Juan Pablo II en España (será beatificado dentro de tres domingos):

    DIEGO TORRES CANTA COLOR DE ESPERANZA CON EL PAPA


    ¡NO TE RINDAS!


    ¡VALE LA PENA!


    NIÑA PASTORI CANTA EL AVE MARÍA CON EL PAPA


      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    12/04/2011
    #15 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2


    Todos somos una mariposa, gusanitos, bichos... cuando tenemos las alas recogidas, pero maravillosos al volar. La religión es la única que nos enseña a desplegar las alas de verdad. ¿Te atreves a ver tu propia historia y la mía y la de todos en la metáfora cinematográfica de la superación personal de un hombre discapacitado? Una historia todavía por hacerse en muchos de nosotros. Pasen, señores, pasen al Circo de las Mariposas, y quédense para siempre convertidos en hombres y mujeres nuevos.


    EL CIRCO DE LAS MARIPOSAS, corto dirigido por Eduardo Verástegui, convertido recientemente a la Fe Católica.




      • 8,920
      • mensajes
      • miembro desde
      • 02/05/04
    • Por el Amor de Dios!
    13/04/2011
    #16 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2
    Cita Escrito por Pumbyto Ver mensaje
    Continuamos con la segunda parte de este hilo, ya que ya ha alcanzado los 500 mensajes y es conveniente abrir otro. El anterior puede leerse en:
    MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos)

    ¡41067 visitas! ¡Gracias a todos por hacer posible este espacio de paz y espiritualidad!

    Te saludo y felicito por este gran logro hermano Pumbyto.
    Realmente este tema que has mantenido vivo y actualizado durante tanto tiempo es un soplo de aire fresco para este foro.
    Te felicito por tu profunda Fe y Espiritualidad, y por la forma clara en que presentas aquí los temas. Continua así, yo y muchos otros te siguen con admiración y respeto.

    Que El Señor te acompañe Hermano
      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    14/04/2011
    #17 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2

    Muchas gracias, JX_AZ Que Nuestra Madre te proteja a ti y a tu familia.



    Hace un tiempo pusimos una entrevista de Eduardo Verástegui, el actor y director del corto que pusimos el otro día y de la famosa película "Bella". Pero hace unas semanas Televisión Española le ha entrevistado y dice nuevas cosas muy interesantes. Es muy edificante el testimonio de este hombre que se convirtió de una vida de pecado, centrada en ligar, en lo sexual, en el éxito vano de la fama, y de repente por un comentario de una profesora de inglés empezó a valorar la fe, la castidad, el ayudar a los demás, el orar, la paz, el sentido de la vida, el amor a Dios y al prójimo.




      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    15/04/2011
    #18 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2




    CHARLAS CUARESMALES


    Hoy: EL MISTERIO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE MEXICANA.


    El estudio de los ojos de la Virgen de Guadalupe mexicana confirma que la imagen no es obra humana, sino que es de origen sobrenatural.
    (Conferencia pronunciada en la Caja de Ahorros de Toledo)

    Como mi vídeo de la Sábana Santa ha tenido tanta difusión, pensé hacer algo de la Virgen. Se me ha ocurrido que el misterio de los ojos de la Virgen de Guadalupe mexicana, me daba ocasión de hacer algo parecido a la Sábana Santa: ciencia y fe. Son dos hechos que no tienen explicación científica natural. Si los estudios de la NASA americana han descubierto en la Sábana Santa la imagen grabada a fuego de Jesucristo, el estudio de los ojos de la Virgen de Guadalupe mexicana confirma que la imagen no es obra humana, sino que es de origen sobrenatural.

    ***

    Empecemos por la historia.

    En diciembre de 1531 la Virgen se aparece varias veces al indio Juan Diego en el Monte Tepeyac, de sólo cuarenta metros de altura, hoy en la actual capital de México, Distrito Federal. Le pide que quiere allí un templo en el llano. Que se lo diga al Obispo. Y le añade: «Como Madre, allí mostraré mi clemencia amorosa para todos los que soliciten mi amparo. Y oiré sus lágrimas y sus ruegos para darles consuelo y alivio. Porque soy vuestra Madre compasiva».

    Fray Juan de Zumárraga, primer Obispo de México, de la Orden Franciscana, recibe amablemente al indio. Pero le dice que necesita una prueba para estar seguro de que lo que le dice es verdad. Como señal, la Virgen le dice al indio que suba a la colina, coja unas rosas y se las lleve al Obispo. Era diciembre. Juan Diego no lo dudó. Allí estaban las rosas. Las recogió en la tilma y se las llevó al Obispo como señal de que Ella quería allí un templo. La tilma, era el nombre en «náhuatl», la lengua que hablaba Juan Diego, del poncho o capa que utilizaban los indios pobres mexicanos, anudada al hombro.

    Cuando Juan Diego está delante del Obispo y suelta la tilma donde llevaba las rosas, éstas cayeron al suelo. Como no era tiempo de rosas, el Obispo comprendió que la señal era verdadera. En la tilma apareció estampada la imagen de la Virgen. Esto ocurrió el 12 de diciembre de 1531.El Obispo emocionado, tomó en sus manos la tilma de Juan Diego y la colocó en su oratorio. Después la trasladó a la Iglesia Mayor de la ciudad para que fuera venerada por la multitud devota.

    Esta tilma o ayate con la imagen de la Virgen fue llevada después a una ermita que se construyó en el Monte Tepeyac. Esta ermita provisional de paja y adobe se construyó en dos semanas. El 26 de diciembre de 1531 una solemne procesión, con el Obispo y todas las autoridades, trasladaba la tilma de Juan Diego al pequeño santuario que acogió la reliquia hasta 1557. El segundo Obispo de México, Don Alonso de Montúfar, dominico, construyó otra ermita que estuvo en servicio hasta 1622. Después se han ido sucediendo siete templos, hasta la actual basílica que se dedicó el 11 de febrero de 1976 con una capacidad para diez mil personas.

    ***


    Cuando la Virgen se apareció en el Tepeyac en el mes de diciembre de 1531, hacía sólo diez años que México había sido conquistado por Hernán Cortés, con sus quinientos soldados. Aquel año de 1519, lo que hoy es la República Mexicana, estaba habitada por trescientas tribus, enemigas entre sí, y dominadas por los aztecas. Entonces esta zona estaba prácticamente deshabitada. Al erigirse la ermita, fueron aumentando alrededor las edificaciones.

    El pueblo de Guadalupe aparece por primera vez en un Acta del Ayuntamiento de México el 3 de diciembre de 1563. El 24 de junio de 1751 se le da rango de Villa (como Madrid), por cédula real, con escudo de armas, donde aparece Juan Diego con la tilma enseñando la imagen grabada en ella. El 12 de febrero de 1828 fe elevada por decreto a la categoría de ciudad, y en 1931 fue absorbida por el monstruo del Distrito Federal, y disminuida a Delegación.

    ***

    La ciudad de México en 1531 se llamaba Tenochtitlán. Era la capital del Imperio Azteca y estaba rodeada de lagos. El Monte Tepeyac está junto al lago salado Texcoco. Maderas próximas a este lago salado no han durado más de cien años. El mismo hierro se pudre. La tilma de Juan Diego tiene ya más de cuatrocientos cincuenta años, y se conserva en perfecto estado. Se han hecho pruebas con tejidos de fibra de maguey, como la tilma de Juan Diego, y se ha visto que a los veinte años el tejido se descompone por putrefacción. Es inexplicable que la tilma de Juan Diego haya durado cuatrocientos cincuenta años.

    La imagen, que tiene metro y medio de estatura, está hoy protegida por un cristal, pero durante 116 años, hasta 1647, estuvo sometida al polvo, a la humedad, al salitre del próximo lago Texcoco, a los excrementos de moscas e insectos, al humo de centenares de velas votivas, al contacto de los dedos, medallas, cruces, rosarios, anillos, pulseras y toda clase de objetos. Razón de sobra para que estuviera enormemente deteriorada, y no es así.

    La imagen está tan fresca y el colorido es tan brillante como si se acabara de pintar. El que la imagen estuviera deteriorada después de estos avatares no le quitaría verosimilitud a las apariciones, si éstas se prueban por distintas razones, pero el que haya superado tantos avatares es una confirmación. Es más, Carlos María Bustamante certifica que en 1791, estando unos trabajadores limpiando el marco de plata, se les derramó un frasco de ácido nítrico que recorrió el cuadro de arriba a abajo. Lo natural es que hubiera destrozado el lienzo. Pues sólo hay una leve mancha que casi no se ve. Sobre este hecho se conserva el expediente original en el archivo de la Basílica de Guadalupe.

    ***


    Cuando estuve en México, para documentarme sobre este vídeo, asistí en el Salón del INDOSOC (Colonia Guadalupe Inn.) de México D.F. a una conferencia de la Sra. Margarita Zubiría de Martínez Parente, miembro del Centro de Estudios Guadalupanos, y le oí decir que la tilma de Juan Diego está colocada sobre una placa metálica, cuya temperatura oscila alrededor de los quince grados centígrados, mientras que la tilma se mantiene constantemente a treinta y seis grados y medio, que es la temperatura de un cuerpo humano sano.

    ***

    Entre los prodigios de la Virgen de Guadalupe llama la atención el ocurrido el 14 de noviembre de 1921, a las 10:30 de la mañana, cuando Luciano Pérez Carpio subió «devoto» al altar y colocó a los pies de la Virgen de Guadalupe un enorme ramo de flores en el que escondida llevaba una poderosa bomba.

    Los efectos de la explosión fueron aparatosos: destruyó las gradas de mármol del altar que sostenía la imagen, hizo volar por los aires los pesados candelabros, retorció un gran crucifijo de metal que todavía se exhibe en ese estado, convirtió en polvo jarrones, floreros y vidrios de casas cercanas a la basílica, y el cristal de un cuadro de San Juan colgado detrás de la Virgen de Guadalupe. Prodigiosamente la imagen de la Virgen de Guadalupe no recibió ni un rasguño. Más aún, quedó intacto el cristal que la protegía. Y entonces no había cristales antibala.

    ***

    El Dr. Phillip S. Callaghan, del equipo científico de la NASA americana, biofísico de la Universidad de Kansas (EE.UU.), investigador, científico y técnico en pintura, y el Profesor Jody Brant Smith, «Master of Arts», de la Universidad de Miami, Catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Pensacolla, examinaron la imagen con rayos infrarrojos. En su libro «La tilma de Juan Diego» exponen el estudio realizado, y distinguen las partes retocadas y los añadidos a la imagen de mano humana, hechos sobre el original. El padre Faustino Cervantes, especialista en temas guadalupanos y traductor del libro de Smith y Callaghan, dice que algunas de las cosas que ellos consideran añadidos pueden ser sólo «intensos retoques». Entre éstos pueden estar oro sobre los rayos y plata sobre la luna.

    Franyutti opina que la imagen tiene muchos añadidos. Pero si se eliminaran el ángel, la luna, etc., la imagen perdería la «proporción áurea» que es la expresión perfecta de la armonía estética, universalmente buscada en las obras de arte de Egipto, Grecia, Roma, Renacimiento, etc., y a la que responde perfectamente la imagen de la Virgen de Guadalupe según los estudios de Juan Homero Hernández. Además, las descripciones más antiguas de la imagen, como la de Antonio Valeriano, contemporáneo de los acontecimientos, en su «Nícan Mopóhua» presenta la imagen como está actualmente.

    ***

    La imagen está grabada sobre un tejido de ayate hecho con fibra de maguey, parecido a la pita, sin preparar. Es un tejido burdo. Incluso se ve a trasluz el movimiento de un brazo, como a través del enrejado de una celosía. Es transparente a pesar de lo grueso que es el hilo. Sus dimensiones son 104 x 170 centímetros, y está formada por dos partes unidas en el medio por una burda costura vertical, efectuada con un hilo de maguey. El pintor Miguel Cabrera dice en su libro «La maravilla Americana», que la imagen está también en el revés de la tilma. Es imposible que manos humanas hayan pintado esta imagen sobre este lienzo sin prepararlo previamente con aparejo, apresto o imprimación, como se dice técnicamente.

    El profesor Don Francisco Camps Ribera, de Barcelona, reconocido mundialmente como experto en técnicas pictóricas, que ha trabajado en las primeras pinacotecas de España, Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, EE.UU. y Canadá, después de examinar la tela, observó que no estaba preparada para pintar sobre ella. Y concluyó: «Ningún artista humano hubiera elegido para realizar su obra un lienzo de esta calidad sin preparación».

    Tanto los científicos americanos, Smith y Callaghan, que trabajaron en la NASA americana (aunque su estudio sobre la Virgen de Guadalupe lo realizaron a nivel particular), como el pintor Francisco Camps Ribera, en su dictamen elaborado en 1954, afirman que en la imagen de la Virgen de Guadalupe no hay huella de pincel.

    El Dr. D. Ricardo Kühn, Director del Departamento de Química de la Universidad de Heidelberg (Alemania), y Premio Nobel de Química, analizó las fibras del ayate de Juan Diego. Su dictamen, sin conocimiento de la procedencia de las fibras, fue que no existía colorante, ni animal, ni vegetal, ni mineral, ni sintético. Se trata de un colorante desconocido.

    Es curioso que irregularidades del lienzo, por los hilos desiguales, resaltan más los rasgos. Por ejemplo: un hilo más grueso de lo normal pone de relieve el labio superior; y otro, el párpado del ojo derecho.

    El Dr. Enrique Graue, oftalmólogo de fama internacional, director de un hospital oftalmológico en México, afirma: «Examiné los ojos con oftalmoscopio de alta potencia, y pude apreciar en ellos profundidad de ojo como al estar viendo un ojo vivo».

    En estos ojos aparece el efecto Púrkinje-Sánsom: se triplica la imagen en la córnea y en las dos caras del cristalino. Este efecto fue estudiado por el Dr. Púrkinje de Breslau y Sánsom de París, y en oftalmología se conoce por el fenómeno Púrkinje-Sánsom. Este fenómeno, exclusivo del ojo vivo, fue observado también en el ojo de la Virgen de Guadalupe, por el Dr. Rafael Torija con la ayuda de un oftalmoscopio. Él lo certifica con estas palabras: «Los ojos de la Virgen de Guadalupe dan la impresión de vitalidad».

    Lo mismo afirman los doctores Guillermo Silva Ribera, Ismael Ugalde, Jaime Palacio, etc. Desde el año 1950 los ojos de la Virgen de Guadalupe han sido examinados por una veintena de oftalmólogos.

    En 1951 D. Carlos Salinas descubrió un rostro humano en el ojo de la Virgen de Guadalupe. D. Carlos Salinas hizo un experimento fotografiando el ojo de su hija Teresa donde se reflejaba una imagen de la persona que tenía delante. Es exactamente lo que encontramos en el ojo de la Virgen de Guadalupe.

    Uno de los investigadores de los ojos de la Virgen de Guadalupe es el Dr. José Aste Tonsmann, peruano de nacimiento, doctor ingeniero, especialista en computadoras por la Universidad de Cornell, en Nueva York, y actualmente profesor de Investigación Operativa en la Universidad Iberoamericana de México, capital.

    Fue a México para trabajar en el Centro de Investigación para el proceso digital de imágenes enviadas por satélite para estudiar la contaminación del aire de la capital de México, que con sus veintidós millones de habitantes es una de las más contaminadas del mundo. Y al enterarse del misterio de los ojos de la Virgen de Guadalupe, esto le atrajo su atención. Cuando estuve en México para documentarme sobre este vídeo, el Dr. Aste tuvo la amabilidad de concederme una entrevista de dos horas en su propia casa. Además me invitó a una conferencia suya, sobre su investigación, que conservo grabada en vídeo.




    El Dr. Aste hizo lo mismo que el Sr. Salinas con unas fotografías, tomadas sin cristal, del ojo de la imagen de la Virgen. El procedimiento consiste en dividir el ojo en cuadrículas de un milímetro cuadrado, y cada cuadrito de éstos en 1.600 cuadrículas de 15 x 15 micrones, por medio de un escáner o microdensitómetro, que es un microscopio electrónico de barrido.

    Cada milímetro cuadrado del original queda fragmentado en 25.000 pequeñísimos cuadrados que se amplían 2.500 veces, con lo cual se captan detalles imposibles de captar con un microscopio convencional. El ojo humano capta alrededor de unos treinta tonos grises. Con el microdensitómetro se captan doscientos cincuenta y seis.

    Esto hizo con los ojos de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Y de esta manera descubrió en una córnea de siete milímetros, al parecer, la escena que la Virgen tenía delante, formada por un grupo de doce personas. Algunos atribuyen al Dr. Aste una interpretación subjetiva de las imágenes. Pero un especialista en análisis de «proceso digital de imágenes» interpreta estas figuras mejor que nosotros. Lo mismo que un médico interpreta una radiografía mejor que nosotros.

    El Dr. Aste ve en el ojo de la imagen la cabeza de un español, que fue la primera que descubrió D. Carlos Salinas. También ve el Dr. Aste al indio Juan Diego con un gorro. No es lógico que Juan Diego permaneciera cubierto delante del Obispo, pero tenía las manos ocupadas sujetando la tilma con las rosas, y no pudo quitarse el gorro. En el otro extremo se ve un indio sentado; probablemente algún enfermo o lisiado que fue a pedir socorro al Obispo. En medio se ve la cabeza de un anciano, que podría ser la del Obispo Zumárraga.

    La cara del obispo Zumárraga que el Dr. Aste descubre en el ojo de la Virgen se parece a la del obispo Zumárraga en un retrato suyo, pintado al óleo, pintado en 1548, el año que murió, que se hizo para el Hospital del Amor de Dios, que fue fundado por él, y que hoy se conserva en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en México, D.F. Este cuadro fue copiado por el célebre pintor guadalupano Miguel Cabrera, que empezó su carrera de pintor a los veinticuatro años y los cuadros de Guadalupe los empezó a pintar a los cuarenta y seis, es decir, después de veintidós años de pintor.

    Tal fue su profesionalismo, que resultó elegido para pintar la copia de la Virgen de Guadalupe que se mandaría oficialmente al Papa Benedicto XIV, y que llevó el padre Francisco López, de la Compañía de Jesús.


    En el grupo aparece la figura de una mujer negra. En un principio pareció ser un error. No era lógico encontrar negros en México en 1531; pero revisando la «Historia de la Iglesia en México», del padre jesuita Mariano Cuevas, se enteró que Zumárraga nombró en su testamento a su sirvienta negra. Es sorprendente que el Dr. Aste descubriera una negra en la escena sin tener conocimiento previo del testamento de Fray Juan de Zumárraga.

    Evidentemente que la identificación de las figuras del caballero español, Juan Diego, Zumárraga, etc. deberán ser comprobadas por ulteriores investigaciones, pero hay un hecho indudable: que las escenas gráficas que hay en estos ojos no pueden ser obra de mano humana.

    Las imágenes están en los dos ojos y con la conveniente inclinación. El hecho de que en los dos ojos aparezcan las mismas imágenes, excluye toda posibilidad de casualidad. Ni siquiera con la tecnología actual sería posible «pintar» las figuras «rescatadas» por la computadora en una córnea de siete milímetros.

    ***

    Los estudios científicos realizados en la Virgen de Guadalupe podían terminar con las siguientes conclusiones:

    1) Científicamente no se explica la conservación del ayate cuatrocientos cincuenta años, pues lo normal es que no dure más de veinte.
    2) Científicamente no se explica cómo no se ha deteriorado la imagen a los cuatrocientos cincuenta años, de los que ciento dieciséis estuvo sin cristal y sometida al contacto de toda clase de objetos.
    3) Científicamente no se explica cómo no se destruyó el ayate cuando le cayó ácido nítrico de arriba a abajo.
    4) Científicamente no se explica cómo el ayate no sufrió daño alguno cuando la explosión de la bomba del 14 de noviembre de 1921, que destrozó todo lo que había cerca.
    5) Científicamente no se explica la diferencia de temperatura entre el ayate y la placa metálica.
    6) Científicamente no se explica que esta imagen esté realizada en un lienzo de estas características sin preparación adecuada.
    7) Científicamente no se explica cómo es posible que en esta imagen no haya colorante ni animal, ni vegetal, ni mineral, ni sintético.
    8) Científicamente no se explica que el ojo de la imagen tenga las características de un ojo humano vivo con el efecto Púrkinje-Sánsom.
    9) Científicamente no se explica que en un ojo de siete milímetros aparezcan doce figuras humanas.

    Después de todo esto parece lógico concluir que esta imagen no es de origen humano, pues no tiene explicación científica natural. Es lógico pensar en una intervención sobrenatural. Como dijo Pío XII, esta imagen es obra de «pinceles que no son de acá abajo». Humanamente no hay explicación para los interrogantes que presenta.




    ***

    El relato de las apariciones se remonta a fechas muy próximas a éstas. Hay dos escritos en lengua azteca (náhuatl). El primero es uno breve del padre Juan González, capellán, confesor e intérprete del obispo Fray Juan de Zumárraga, que no entendía al indio Juan Diego. Esta breve narración conserva frases de Juan Diego al pie de la letra. Este relato lo entregó a Juan Tonaz, a quien el virrey Martín Enríquez mandó recoger los documentos relacionados con el hecho. Se escribió el año 1580. Está en el Museo Nacional de México (manuscrito 1.475), y ha sido traducido por el P. Mario Rojas (Guadalajara. Jalisco. 1977).

    Hay otro relato más extenso, también en «náhuatl», que se ha hecho tradicional, y que se debe a Antonio Valeriano, un indio muy culto y sobrino de Moctezuma, contemporáneo de las apariciones. Lo terminó en 1548, el mismo año que murieron Juan Diego y Zumárraga. Se llama «Nican Mopohua», por sus dos primeras palabras, que significan «aquí se narra». Fue traducido al castellano por el bachiller D. Luis Becerra Tanco, conocedor del idioma «náhuatl» y experto en la historiografía indígena. Titula esta traducción: « Felicidad de México».

    Luis Lasso de la Vega que fue capellán de Guadalupe durante diez años (1647-1657) y gran conocedor de la lengua «náhuatl» lo hizo imprimir en 1649. Antonio Valeriano nació en Atzcapotzalco el año 1516; fue alumno del Colegio de Santa Cruz en Santiago Tlatelolco, dirigido por los PP. franciscanos. De alumno pasó a maestro y rector, y luego llegó a ser gobernador durante treinta y dos años, desde enero de 1573 a agosto de 1605 en que murió.

    Gobernó con tal acierto y aceptación que mereció una carta de Felipe II haciéndole muchas mercedes. Fue un auténtico humanista que, además del castellano y el «náhuatl», su idioma propio, dominaba el latín mejor que los españoles, según dicen las crónicas. Este texto del «Nican Mopohua», también ha sido traducido al español por el P. Mario Rojas, que quizás sea hoy día el mejor conocedor del idioma «náhuatl», en frase del historiador de México, José Luis Guerrero. Con el P. Rojas estuve hablando yo en Puebla durante tres horas sobre la Virgen de Guadalupe.


    ***

    Las narraciones de las apariciones tienen una ingenuidad encantadora. En una de ellas cuanta Juan Diego que para asistir a su tío Juan Bernardino, que estaba moribundo, tomó otro camino para no encontrarse con la Señora en el lugar acostumbrado y no entretenerse, pues iba en busca de un sacerdote que lo confesara.

    Era el martes 12 de diciembre. Pero la Virgen le salió al paso y le dijo:
    - ¿Dónde vas, hijo mío? ¿Dónde vas por aquí?
    Y él, avergonzado, contestó:
    - ¿Cómo amaneciste Niña mía, muy amada? Dios te guarde. No te disgustes, pero es que voy con prisa a buscar un sacerdote que confiese a mi tío moribundo. Después volveré a cumplir tu encargo.
    Su tío Juan Bernardino era para él como un padre, pues vivía en su casa y era el único pariente que le quedaba vivo. Juan Bernardino fue curado por la Virgen de Guadalupe de la peste cocoliztli, que diezmaba la población. En el Parque Oriental del Monte Tepeyac hay un monumento de bronce a Juan Bernardino, con un libro, también de bronce, explicando el hecho. En el mismo Parque está un grupo escultórico en bronce, obra de Aurelio Mendoza, artista mexicano. La Virgen tiene cinco metros de altura y representa a la Virgen de Guadalupe, con los brazos abiertos, recibiendo la ofrenda del pueblo mexicano ofrecida por Fray Juan de Zumárraga.

    El padre jesuita Javier Escalada, asesor en la ornamentación de este Parque, expresa así el simbolismo de este monumento: «La tierra que pisas, peregrino, es sagrada; pues también la pisó María cuando en esta colina se apareció a Juan Diego. Sigue caminando con atento y gozoso corazón hasta encontrar la fuente que simboliza la ofrenda de México a la Virgen. De lo alto de la historia del Tepeyac brotan dos cascadas impetuosas, símbolo de la valiente raza azteca, y de la España misionera, que se unen mansamente a los pies de María, Madre y Forjadora de la Patria Mexicana».

    ***

    Juan Diego era un indio sencillo, que se mantenía del cultivo de la tierra. Nació en 1474 en Cuautitlán. Hay un monumento de bronce dedicado a Juan Diego de tres metros de altura en Cuautitlán, su ciudad natal, y en el mismo sitio donde nació. Este monumento se debe al P. Lauro López Beltrán, uno de los primeros especialistas en todo lo relacionado con la Virgen de Guadalupe, y con quien estuve yo hablando en México, desde la nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

    Cuautitlán es una de las ciudades más antiguos de América. Existía tres mil años antes de Cristo, como consta en el conocido Códice Vaticano no. 1, pag.335. Cuando la Virgen se le apareció a Juan Diego en el Tepeyac, en diciembre de 1531, algunos opinan que vivía en Tulpetlac, de donde era su esposa. Pero otros opinan que seguía viviendo en Cuautitlán, su ciudad natal, pues Fernando de Alva, escritor verídico y exacto, en opinión del bibliógrafo José Mariano Beristáin, en su «Nican Motecpana», de 1563, dice que Juan Diego dejó a su tío Juan Bernardino, curado por la Virgen de Guadalupe, al cuidado de la casa y de las tierras que había heredado de sus padres y abuelos, mientras él vivía en el Tepeyac al cuidado de la ermita de la Virgen. Lo mismo afirman los testigos de Cuautitlán en las «Informaciones Jurídicas Guadalupanas».

    María se le apareció en el Monte Tepeyac cuando Juan Diego iba de Cuautitlán a Tlatelolco, unas tres horas de camino, a ser catequizado por los franciscanos que allí tenían la Parroquia de Santiago y el Colegio de Santa Cruz. Fue convertido y bautizado con su mujer cuando tenía cincuenta años en 1524. Le pusieron por nombre Juan Diego. Su nombre indígena era Cuauhtlatohuac, que significa «El que habla como águila».

    Estaba casado con la india Malintzin que después de bautizada tomó el nombre de María Lucía, «de la misma calidad que su marido», dicen las crónicas. María Lucía murió en 1529, dos años antes de las apariciones. Juan Diego murió el 12 de junio de 1548 a los setenta y cuatro años. Cuando se le apareció la Virgen tenía cincuenta y siete. Juan Diego se caracterizó por su humildad, su castidad y su amor a la Eucaristía.
    El padre jesuita Francisco de Florencia, en su libro «La estrella del Norte de México», dice que Juan Diego tenía permiso para comulgar tres veces a la semana, lo cual era insólito en aquellos tiempos, pues ni siquiera las monjas y religiosos podían comulgar más de una vez a la semana. El Obispo Zumárraga le concedió tal privilegio en atención a sus virtudes. Hoy tenemos a Juan Diego en los altares.

    ***




    El Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, era oriundo de la villa de Durango, en Vizcaya. Como es lógico, en un principio no fue fácil para aceptar las apariciones; pero después quedó tan convencido, que él mismo trabajó con sus propias manos en la construcción de la primera ermita.

    Cuando se hizo el traslado de la tilma de Juan Diego a la primera ermita del Tepeyac, el 26 de diciembre de 1531, iban en la multitudinaria procesión el obispo Fray Juan de Zumárraga, descalzo, y Hernán Cortés con la cabeza descubierta. Todo esto lo cuenta el padre jesuita Javier Escalada, en su libro: «La Virgen de Tequatlasupe».

    El nombre de Guadalupe es una españolización del nombre azteca «Tequatlasupe», que a sí misma se dio la Virgen. Era muy difícil de pronunciar para los españoles, y a aquellos extremeños les sonaba a Guadalupe, su imagen querida. «Tequatlasupe» significa en azteca «la que aplasta la serpiente».

    Entonces en México había mucho culto al dios-serpiente al que se ofrecían sacrificios humanos. En el mismo cerro del Tepeyac se daba culto a Tonantzín, madre del dios-serpiente. María eligió este sitio para sustituir el culto idolátrico a Tonantzín por el culto legítimo a la Verdadera Madre del Verdadero Dios.



    ***

    Cuenta Motolinía en su «Historia de los indios de la Nueva España» (cap. IX), que Andrés de Tapia y Gonzalo de Umbría, contaron 136.000 calaveras humanas en el templo Teocali, sacrificadas al sanguinario dios Huitzilopoztli, el dios-serpiente, que era la personificación del demonio.

    El escritor y periodista, licenciado Nemesio Rodríguez Lois, autor de varios libros de Historia, en su obra «Forjadores de México», nos dice lo siguiente:

    «Huitzilopoztli -la deidad caníbal de Tenochtitlán- era tan insaciable que los humildes habitantes de sus dominios vivían en continuo sobresalto, temiendo que de un momento a otro cayera sobre ellos el filoso pedernal de los sacrificadores. Esta deidad, que tan espantado y embrutecido tenía al pueblo azteca, era de aspecto tan horroroso, que los españoles lo llamaron Huichilobos. Huitzilopoztli representaba al dios del mal».

    El historiador y jesuita, padre Mariano Cuevas, en su «Historia de la Iglesia en México» (tomo 1º, cap. III), dice que pasarían de 100.000 los seres humanos que cada año se sacrificaban al demonio-serpiente que se alimentaba de sangre humana. El ídolo Huitzilopoztli fue hecho pedazos por Hernán Cortés personalmente, con una barra de hierro, y en presencia de Moctezuma, según cuenta Andrés de Tapia, cronista de la conquista, y testigo presencial.

    ***

    Con la llegada de los españoles, los indios vieron con sorpresa y admiración derribados sus ídolos y ritos milenarios. La Virgen de Guadalupe significó para ellos el fin de los sacrificios humanos, repugnantes para el pueblo que temblaba ante la ferocidad de sus ídolos, pero a los que se sometía por temor. De ahí las conversiones en masa.

    Veían en la imagen símbolos que vencían a sus dioses. Detalles de la imagen eran muy significativos para los indígenas, que podían descifrar cosas que pasaban inadvertidas a los españoles. La imagen les hablaba a través de los signos. Era un pictograma, un códice, como un libro que les hablaba por la imagen. Los aztecas se expresaban por signos que representaban ideas y objetos. Esta imagen era una evangelización.

    El broche con la cruz indica que ella nos trae la joya de Cristo crucificado. Era la misma cruz que ellos veían en los estandartes de los españoles. El ceñidor era señal de embarazo, y a la altura que está lo da a entender claramente. Lo mismo que la caída del lazo con las puntas abiertas. El trébol de cuatro hojas es signo de plenitud, por eso simboliza a Dios. Al estar sobre el vientre de María quiere decir que Ella nos trae a Dios en su seno. Ella misma se presentó como la Madre del Verdadero Dios. Del Dios Autor de cielo y tierra, y que está en todas partes. La siempre Virgen María, Madre, no de los dioses falsos, en cuyo altar se derramaba sangre humana, sino del verdadero Dios.

    El ángel, hombre alado, simboliza a Juan Diego, cuyo nombre era Cuautlatohuac, que significa «el que habla como el águila». Llevaba la camisa que usaban los indios convertidos; pues antes, debajo de la tilma, sólo llevaban el taparrabos. Juan Diego es el ángel mensajero que nos trae a la Virgen de Guadalupe: la sostiene con sus brazos. El pueblo azteca adoraba al Sol, a la Luna y a las estrellas. La Virgen de Guadalupe oculta al sol (sus rayos aparecen por detrás), pisa la Luna, y las estrellas adornan su manto. Todos al servicio de María.

    ***


    Otro descubrimiento curiosísimo en la imagen de la Virgen de Guadalupe es la posición de las estrellas en el manto. Para los indios que las adoraban y las conocían debió ser muy significativo. El Dr. Hernández Illescas ha estudiado la posición de las estrellas en el altiplano de México durante el solsticio de invierno de 1531, año de las apariciones. Resulta que todas las estrellas del manto de la Virgen, corresponden a las principales estrellas de las constelaciones en aquellos días. Este estudio ha sido publicado por el Dr. Hernández Illescas en el libro «Las estrellas del manto de la Virgen de Guadalupe». Después de invitarme a comer, tuvo la amabilidad de enseñarme su telescopio del Observatorio «La Place», en México, D.F., con el que realizó sus observaciones en colaboración con el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional de México.

    La convergencia de hechos inexplicables en la imagen de la Virgen es tal, que nos llevan a pensar que su origen es de naturaleza sobrenatural.

    ***

    A pocos hombres debe tanto México como al obispo Fray Juan de Zumárraga. A él le deben los indios la más tenaz y más sensata defensa que culminó en las cédulas de Malinas, dadas por Carlos V. Él consiguió la primera imprenta que hubo en América, negoció la primera universidad americana, fundó el Hospital del Amor de Dios, trajo de España árboles frutales, semillas de lino y cáñamo, y hasta moriscos de Granada para enseñar a los indígenas el cultivo de la seda. Trajo bestias de carga para relevar a los indios, y artesanos que enseñasen a tejer telas, alfombras, tapicerías, etc. Como dice el historiador Alfonso Trueba, Zumárraga levantó asilos y hospitales, promocionó la cultura y abrió fuentes de trabajo. Su memoria debe ser bendecida por México.

    ***

    Fray Juan de Zumárraga escribió el proceso de los hechos relacionados con las apariciones. Éstos se encontraban en el archivo arzobispal de la Ciudad de México en 1601. Los tuvo en sus manos el Arzobispo de dicha ciudad, Fray García de Mendoza. Esto lo asegura el Licenciado Bartolomé García, informado autorizadamente por el Deán de la Catedral de México, D. Alonso Muñoz de la Torre.

    El proceso canónico sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe fue firmado el 16 de abril de 1666 por D. Francisco de Siles, Canónigo Lectoral de la Catedral Metropolitana de México. Este proceso consta de doscientas páginas, y está acompañado de una carta serenamente razonada del Cabildo al Pontífice Alejandro VII, entonces reinante.

    ***

    La devoción a la Virgen de Guadalupe perdura desde hace cuatrocientos cincuenta años y va en aumento. Incluso los opuestos al milagro del Tepeyac, no pueden negar el acontecimiento guadalupano. Guadalupe atrae al año diez millones de fieles. Es el templo más visitado después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Más que Lourdes y Fátima. Cuando estuve en México en diciembre de 1987, para grabar el vídeo sobre este tema, quedé impresionado ante la muchedumbre de mexicanos que vienen a la Basílica desde todos los puntos de México. Y muchos en plan de penitencia, a pedir protección con fervor y fe a su Virgen de Guadalupe. En la Basílica hay peregrinaciones continuas de pueblos, colegios, taxistas, obreros de esta fábrica y de la otra, etc. El día de la Virgen de Guadalupe se celebra misa en muchos centros de trabajo. Yo tuve la invitación de celebrar misa en una fábrica, y a continuación asistir a una comida de hermandad.

    La afluencia a la basílica el día de la fiesta es multitudinaria. El paso por delante de la Virgen es constante. Muchos cruzan la plaza de rodillas. Algunos pidiendo la salud. Otros en acción de gracias. Hay quien anda cuatro días. Casualmente me encontré con un grupo de universitarios que habían oído mi conferencia de la Sábana Santa en Cuernavaca. Un grupo de doscientos muchachos. Llegaron andando desde allí. Son setenta kilómetros. Dos días de camino. El héroe del grupo era un muchacho al que le faltaba una pierna, y venía apoyado en su muleta.

    Toda la noche del 11 al 12 de diciembre, la Basílica está llena de gente, mientras van pasando a cantarle a la Virgen toda clase de personas. Incluso algunos extranjeros, como un grupo de norteamericanos, a quienes grabé en mi vídeo. El día de la fiesta la explanada se llena de danzantes con sus trajes típicos.


    ***

    Juan Pablo II dijo a los pies de la Virgen de Guadalupe el 27 de enero de 1979:

    «¡Madre! Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado, y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe. Ayúdanos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del pueblo de Dios que nos ha sido encomendado. Te ofrecemos todo este pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México y de todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad tuya.

    Tú que has entrado tan adentro de los corazones de los fieles, vive como en tu casa en estos corazones. Sé una de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, misiones, diócesis y en todos los pueblos. Y hazlo por medio de la Iglesia Santa, la cual imitándote a ti, Madre, desea ser a su vez una buena madre, cuidar a las almas en todas sus necesidades, anunciando el Evangelio, administrando los Sacramentos, salvaguardando la vida de las familias mediante el sacramento del Matrimonio, reuniendo a todos en la comunidad eucarística por medio del Santo Sacramento del Altar, acompañándolos amorosamente desde la cuna hasta la entrada en la eternidad.

    ¡Madre! Despierta en las jóvenes generaciones la disponibilidad al exclusivo servicio de Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. ¡Madre! Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas para que en cada campo de la vida social, profesional, cultural y política, actúen de acuerdo con la verdad y la ley que tu Hijo ha traído a la Humanidad, para conducir a todos a la salvación eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida sobre la Tierra más humana, más digna del hombre».

    ***

    Termino con las palabras del Dr. Carlos Vejar:

    «Guadalupe vela por su pueblo. Está en todos los hogares, y es testigo de ilusiones sin fin, de ocultos deseos, de fervorosos trabajos. Se halla en el vehículo que transporta al mexicano, y cuida a un mismo tiempo al conductor y al pasaje.

    Se convierte en compañera infatigable que nos sigue a todas partes escondida entre los papeles de la cartera, o bien entre pañuelitos y barras de labios. Se hace poner en relieve en medallas que cuelgan del cuello de los hombres, mujeres y niños. Preside, con su presencia, capillas múltiples en todas las iglesias de México y aun en el extranjero, especialmente en nuestra Iberoamérica. Viaja igual en las ondas de la radio que en los canales de la televisión, y hasta en las confortables cabinas de los aviones o en los camarotes de los grandes trasatlánticos. Igual ensalzada en las gargantas cancioneras de mariachis, que en conferencias de letrados. Todo habla de Ella. Todo en México está integrado por su dulce espíritu, y cuanto de bueno tiene el mexicano gusta de atribuirlo a la suave sonrisa de la Virgen.

    Inspira trovas en los poetas, ensayos en los eruditos, elegías en los religiosos y bellas palabras en los enamorados. Es asistente forzosa a inauguraciones y bendiciones de casas, edificios, tiendas, oficinas, industrias y despachos. Cuida a los enfermos en innumerables camas de hospitales. Vigila en las estaciones la llegada y salida de los trenes. Sonríe a los obreros, y mira con amor al político que planea con afán la mejoría del pueblo.

    Posa incansablemente para los artistas de México. Se encuentra en colegios, institutos y universidades, presidiendo la educación de nuestros escolares. Se pinta en banderas y estandartes, y tremola en el aire vibrante de la Patria.

    En todas partes está nuestra Lupita. México entero se halla saturado de su imagen, de su presencia y de su amor. Todo México tiene que ver con la Guadalupe que da su nombre a personas, a villas y poblados, a tiendas, fábricas, haciendas, rancherías, granjas, colonias, teatros y hoteles. Es como si la Virgen de Guadalupe se hubiera convertido en substancia de la Patria».

    La Virgen de Guadalupe es un testimonio más de la actuación de Dios para fortalecer la fe en María, su Santísima Madre.

      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    16/04/2011
    #19 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2
      • 644
      • mensajes
      • miembro desde
      • 30/12/09
    17/04/2011
    #20 Re: MANANTIAL DE AMOR (Oración y meditación para católicos) - Parte 2



    La Pasión de Cristo según San Mateo. (Es el Evangelio de Domingo de Ramos. Hoy, en todo el mundo, jóvenes y viejos, adultos y niños, hombres y mujeres, de todas las edades, de todas las etnias, de todos los temperamentos, de todos los niveles de fe, en todos los idiomas del planeta, hemos escuchado con recogimiento y devoción estas palabras sobre Nuestro Señor):


    Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
    y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
    Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
    El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
    El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
    Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
    Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
    y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
    Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
    El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
    El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
    Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.
    Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman, esto es mi Cuerpo".
    Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: "Beban todos de ella,
    porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.
    Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre".
    Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.
    Entonces Jesús les dijo: "Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño.
    Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea".
    Pedro, tomando la palabra, le dijo: "Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás".
    Jesús le respondió: "Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces".
    Pedro le dijo: "Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré". Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
    Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: "Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar".
    Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.
    Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo".
    Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: "Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".
    Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: "¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora?
    Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
    Se alejó por segunda vez y suplicó: "Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad".
    Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.
    Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
    Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: "Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
    ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".
    Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
    El traidor les había dado esta señal: "Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo".
    Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: "Salud, Maestro", y lo besó.
    Jesús le dijo: "Amigo, ¡cumple tu cometido!". Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron.
    Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
    Jesús le dijo: "Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere.
    ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles.
    Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?".
    Y en ese momento dijo Jesús a la multitud: "¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron".
    Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
    Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
    Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.
    Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte;
    pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos
    que declararon: "Este hombre dijo: 'Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días'".
    El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?".
    Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: "Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".
    Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo".
    Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: "Ha blasfemado, ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia.
    ¿Qué les parece?". Ellos respondieron: "Merece la muerte".
    Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban,
    diciéndole: "Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó".
    Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el Galileo".
    Pero él lo negó delante de todos, diciendo: "No sé lo que quieres decir".
    Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí: "Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno".
    Y nuevamente Pedro negó con juramento: "Yo no conozco a ese hombre".
    Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: "Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona".
    Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo,
    y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: "Antes que cante el gallo, me negarás tres veces". Y saliendo, lloró amargamente.
    Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús.
    Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.
    Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
    diciendo: "He pecado, entregando sangre inocente". Ellos respondieron: "¿Qué nos importa? Es asunto tuyo".
    Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó.
    Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron: "No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre".
    Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado "del alfarero", para sepultar a los extranjeros.
    Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy "Campo de sangre".
    Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas.
    Con el dinero se compró el "Campo del alfarero", como el Señor me lo había ordenado.
    Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". El respondió: "Tú lo dices".
    Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.
    Pilato le dijo: "¿No oyes todo lo que declaran contra ti?".
    Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.
    En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo.
    Había entonces uno famoso, llamado Barrabás.
    Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: "¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?".
    El sabía bien que lo habían entregado por envidia.
    Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: "No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho".
    Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
    Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: "¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?". Ellos respondieron: "A Barrabás".
    Pilato continuó: "¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?". Todos respondieron: "¡Que sea crucificado!".
    El insistió: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Que sea crucificado!".
    Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: "Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes".
    Y todo el pueblo respondió: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos".
    Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
    Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él.
    Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo.
    Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: "Salud, rey de los judíos".
    Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza.
    Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
    Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz.
    Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa "lugar del Cráneo",
    le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo.
    Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;
    y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo.
    Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos".
    Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
    Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza,
    decían: "Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!".
    De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
    "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él.
    Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios".
    También lo insultaban los ladrones crucificados con él.
    Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región.
    Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: "Elí, Elí, lemá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".
    Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías".
    En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber.
    Pero los otros le decían: "Espera, veamos si Elías viene a salvarlo".
    Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
    Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron
    y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron
    y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.
    El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: "¡Verdaderamente, este era el Hijo de Dios!".
    Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.
    Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.
    Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús,
    y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran.
    Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
    y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.
    María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.
    A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato,
    diciéndole: "Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: 'A los tres días resucitaré'.
    Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: '¡Ha resucitado!'. Este último engaño sería peor que el primero".
    Pilato les respondió: "Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente".
    Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.



Primer 123412 ... Último