#1 Adolescentes y el sexo en casa de los padres
Hay una interesante nota en el Clarín digital de hoy 4/8/2003 sobre el sexo de adolescentes en casa de los padres.
http://www.clarin.com/diario/hoy/s-02415.htm
La nota:
http://www.clarin.com/diario/hoy/s-02415.htm
La nota:
Los adolescentes y su vida sexual en la casa de los padres
Una nueva costumbre de los jóvenes es hacer el amor en el hogar familiar. Los padres se debaten entre autorizar o prohibir. Opiniones a favor y en contra.
Andrea Rabolini. DE LA REDACCION DE CLARIN.
Ni buenos ni malos. ¿Incorregibles? La madre no sabe qué hacer. El padre tampoco. Algunos callan. Otros hablan. Los chicos disfrutan. ¿Hay que callar o hablar? ¿Hay que dejar hacer o reprimir?
Una encuesta realizada en Capital y Gran Buenos Aires por la consultora D'Alessio Irol sobre 200 jóvenes de entre 18 y 21 años arrojó que 6 de cada 10 chicos mantienen relaciones sexuales en la casa de los padres.
¿Qué actitud deberían tener los padres cuando sus hijos quieren vivir su sexualidad puertas adentro, en ese cuarto con ositos de peluche y pegado a su lecho nupcial?
Otro estudio reciente con 840 jóvenes, del Centro de Población (CENEP) de Buenos Aires, afirma que la edad promedio del debut sexual de los varones son los 16 años. Y otro relevamiento hecho entre 900 mujeres por el Centro Latinoamericano de Salud y Mujer sostiene que "las mujeres argentinas también empiezan su vida sexual a los 16. Un 42% de los varones se inicia con personas con las que tiene algún vínculo y sólo un 4% debutó con una trabajadora sexual.
"Este escaneo sociológico permite ponderar la magnitud e importancia del fenómeno" —apuntan los expertos. Los argumentos a favor y en contra dividen hoy las aguas. Están los padres permisivos y cautivos del mote "progre" que no quieren repetir los férreos esquemas heredados, los "atemorizados" que adhieren a la teoría del mal menor escudándose en la violencia callejera y las malas compañías y los "economicistas" que se apoyan en la imposibilidad de sostener con recursos una sexualidad al viejo estilo.
Gladys Caruza tiene 52 años, es abogada y madre de Yamel, de 24 años, y Abalen, de 22. "A mí el tema nunca me molestó. Todo lo contrario. Creo que es una posición sana contra la hipocresía. No sé si está bien o mal, pero yo vengo de una generación y de una familia muy tradicionalista en la que se pensaba en el qué dirán y no en lo que a uno le pasaba." Trato que mis hijos no sean hipócritas", continúa. "El amor es muy lindo y tener relaciones es parte de eso. No lo veo como algo pecaminoso. Veo a mis hijos enamorados y estoy a favor de su intimidad".
En general, según los especialistas, la prohibición los expulsa a la casa del otro novio, mientras que el permiso los instala en plan luna de miel y sin ánimo de cambiar de status, mudarse, comprometerse o llevar adelante una relación duradera. Estos adolescentes, sobre todo de clase media y alta, son representantes de una nueva generación más simple, directa y menos hipócrita.
La psicóloga Adriana Schwartz opina que "aquí no está en juego la virtud de una familia". Que los chicos se queden a dormir es, a su entender, "una decisión que debe ser consensuada atendiendo a cada caso sin generalizar", aunque subraya la necesidad de respetar el derecho a la intimidad. Un adolescente respetado es un adulto respetuoso", dice. Y agrega "lo que puede funcionar para algunos puede ser muy perjudicial para otros, como por ejemplo si el chico es inmaduro y necesita límites."
Para la licenciada en psicología Haydée Toronchick "la gente se confunde y muchas veces termina permitiendo más cosas que las que soporta". Una cosa es un hijo de veintipico con una pareja estable y otra es la situación de un hijo de 16 o 17 años que trae a su parejita, que cambia a la semana. No es lo mismo. No todo tiene que ser tan fácil. No todo tiene que estar permitido. La casa es de los padres no de los hijos. Si no, se corre el riesgo de que el chico no se vaya nunca, atentando contra su crecimiento. Así, los chicos se acostumbran a no hacer ningún esfuerzo para lograr sus deseos".
"Creo que hay que poner límites y evitar la promiscuidad", define. "Mi postura es muy formal, pero cada día creo más en la formalidad. Además, el hecho de que la iniciación sexual esté tan pegada a los padres, puede generar a futuro dificultades. El sexo debe ser el territorio de la intimidad y merece un lugar propio y cuidado", añade.
La contadora Adriana Carou es madre de dos hijos varones: Sebastián, de 21, y Javier, de 18. Ella reconoce que el tema le consumió varias noches de insomnio. "Qué hacer y cómo manejarme con las novias de los chicos no fue algo fácil para mí. Y, menos aún, cómo tener una postura en común con los otros padres", cuenta. "Ahora los dos están de novios y se quedan alternativamente en una casa u otra. Con todo lo que pasa en la calle, prefiero que se queden en casa".
Sin embargo, Schwartz alerta contra algunos de estos casos. "Tanta permisividad puede aludir a padres que no soportan la despedida de los hijos e intentan retrasarla dándoles todo lo que necesitan. Todo debe empezar y terminar dentro de la casa. Es importante que queden casilleros vacíos para facilitar el pasaje a la exogamia", señala.
Jorge Kalmar ronda los 56 años, es ingeniero químico y está divorciado. Es decir, pertenece al grupo considerado por los expertos como el más permeable a este tipo de relaciones. "Tengo un hijo de 23 que se queda a dormir en la casa de la novia y viceversa. A mí, francamente, me parece que está bien si se trata de una pareja estable, ya que la situación económica suele dificultar que sean independientes".
La socióloga Julia Rofé coincide con el impacto de la crisis en la vida de los adolescentes. "El desempleo, la precarización laboral y los bajos salarios dificultaron que los jóvenes llevaran adelante un proyecto personal", asegura. Es evidente que los valores de la familia han cambiado. Los jóvenes, por ejemplo, fueron socializados en un contexto donde las relaciones sexuales prematrimoniales se aceptan como naturales y los matrimonios "sin libreta" son moneda corriente. Pero estas nuevas reglas de juego no implican que los problemas, la represión y los conflictos hayan desaparecido. Como me sugirió un colega preocupado cuando su hija le anunció que su novio iba a dormir en su cuarto: "Yo acepto y comprendo pero...si después del primer novio hay más novios, ¿entonces, cómo sigue esta historia?"
Una nueva costumbre de los jóvenes es hacer el amor en el hogar familiar. Los padres se debaten entre autorizar o prohibir. Opiniones a favor y en contra.
Andrea Rabolini. DE LA REDACCION DE CLARIN.
Ni buenos ni malos. ¿Incorregibles? La madre no sabe qué hacer. El padre tampoco. Algunos callan. Otros hablan. Los chicos disfrutan. ¿Hay que callar o hablar? ¿Hay que dejar hacer o reprimir?
Una encuesta realizada en Capital y Gran Buenos Aires por la consultora D'Alessio Irol sobre 200 jóvenes de entre 18 y 21 años arrojó que 6 de cada 10 chicos mantienen relaciones sexuales en la casa de los padres.
¿Qué actitud deberían tener los padres cuando sus hijos quieren vivir su sexualidad puertas adentro, en ese cuarto con ositos de peluche y pegado a su lecho nupcial?
Otro estudio reciente con 840 jóvenes, del Centro de Población (CENEP) de Buenos Aires, afirma que la edad promedio del debut sexual de los varones son los 16 años. Y otro relevamiento hecho entre 900 mujeres por el Centro Latinoamericano de Salud y Mujer sostiene que "las mujeres argentinas también empiezan su vida sexual a los 16. Un 42% de los varones se inicia con personas con las que tiene algún vínculo y sólo un 4% debutó con una trabajadora sexual.
"Este escaneo sociológico permite ponderar la magnitud e importancia del fenómeno" —apuntan los expertos. Los argumentos a favor y en contra dividen hoy las aguas. Están los padres permisivos y cautivos del mote "progre" que no quieren repetir los férreos esquemas heredados, los "atemorizados" que adhieren a la teoría del mal menor escudándose en la violencia callejera y las malas compañías y los "economicistas" que se apoyan en la imposibilidad de sostener con recursos una sexualidad al viejo estilo.
Gladys Caruza tiene 52 años, es abogada y madre de Yamel, de 24 años, y Abalen, de 22. "A mí el tema nunca me molestó. Todo lo contrario. Creo que es una posición sana contra la hipocresía. No sé si está bien o mal, pero yo vengo de una generación y de una familia muy tradicionalista en la que se pensaba en el qué dirán y no en lo que a uno le pasaba." Trato que mis hijos no sean hipócritas", continúa. "El amor es muy lindo y tener relaciones es parte de eso. No lo veo como algo pecaminoso. Veo a mis hijos enamorados y estoy a favor de su intimidad".
En general, según los especialistas, la prohibición los expulsa a la casa del otro novio, mientras que el permiso los instala en plan luna de miel y sin ánimo de cambiar de status, mudarse, comprometerse o llevar adelante una relación duradera. Estos adolescentes, sobre todo de clase media y alta, son representantes de una nueva generación más simple, directa y menos hipócrita.
La psicóloga Adriana Schwartz opina que "aquí no está en juego la virtud de una familia". Que los chicos se queden a dormir es, a su entender, "una decisión que debe ser consensuada atendiendo a cada caso sin generalizar", aunque subraya la necesidad de respetar el derecho a la intimidad. Un adolescente respetado es un adulto respetuoso", dice. Y agrega "lo que puede funcionar para algunos puede ser muy perjudicial para otros, como por ejemplo si el chico es inmaduro y necesita límites."
Para la licenciada en psicología Haydée Toronchick "la gente se confunde y muchas veces termina permitiendo más cosas que las que soporta". Una cosa es un hijo de veintipico con una pareja estable y otra es la situación de un hijo de 16 o 17 años que trae a su parejita, que cambia a la semana. No es lo mismo. No todo tiene que ser tan fácil. No todo tiene que estar permitido. La casa es de los padres no de los hijos. Si no, se corre el riesgo de que el chico no se vaya nunca, atentando contra su crecimiento. Así, los chicos se acostumbran a no hacer ningún esfuerzo para lograr sus deseos".
"Creo que hay que poner límites y evitar la promiscuidad", define. "Mi postura es muy formal, pero cada día creo más en la formalidad. Además, el hecho de que la iniciación sexual esté tan pegada a los padres, puede generar a futuro dificultades. El sexo debe ser el territorio de la intimidad y merece un lugar propio y cuidado", añade.
La contadora Adriana Carou es madre de dos hijos varones: Sebastián, de 21, y Javier, de 18. Ella reconoce que el tema le consumió varias noches de insomnio. "Qué hacer y cómo manejarme con las novias de los chicos no fue algo fácil para mí. Y, menos aún, cómo tener una postura en común con los otros padres", cuenta. "Ahora los dos están de novios y se quedan alternativamente en una casa u otra. Con todo lo que pasa en la calle, prefiero que se queden en casa".
Sin embargo, Schwartz alerta contra algunos de estos casos. "Tanta permisividad puede aludir a padres que no soportan la despedida de los hijos e intentan retrasarla dándoles todo lo que necesitan. Todo debe empezar y terminar dentro de la casa. Es importante que queden casilleros vacíos para facilitar el pasaje a la exogamia", señala.
Jorge Kalmar ronda los 56 años, es ingeniero químico y está divorciado. Es decir, pertenece al grupo considerado por los expertos como el más permeable a este tipo de relaciones. "Tengo un hijo de 23 que se queda a dormir en la casa de la novia y viceversa. A mí, francamente, me parece que está bien si se trata de una pareja estable, ya que la situación económica suele dificultar que sean independientes".
La socióloga Julia Rofé coincide con el impacto de la crisis en la vida de los adolescentes. "El desempleo, la precarización laboral y los bajos salarios dificultaron que los jóvenes llevaran adelante un proyecto personal", asegura. Es evidente que los valores de la familia han cambiado. Los jóvenes, por ejemplo, fueron socializados en un contexto donde las relaciones sexuales prematrimoniales se aceptan como naturales y los matrimonios "sin libreta" son moneda corriente. Pero estas nuevas reglas de juego no implican que los problemas, la represión y los conflictos hayan desaparecido. Como me sugirió un colega preocupado cuando su hija le anunció que su novio iba a dormir en su cuarto: "Yo acepto y comprendo pero...si después del primer novio hay más novios, ¿entonces, cómo sigue esta historia?"
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