…… había dejado atrás la esperanza de que ella volviera a estar entre mis manos, su cuerpo, cual danzante roció matinal sobre las sierras que antaño albergaron el amor oculto y sonoro entre los ecos de las rocas talladas por manos rupestres.
Cerca de donde estaba, un roble hacia de amparo, en el abrazo del sol de la mañana, y decidí tomar el lugar como refugio para mi alma cansada.
Hoy cumplía mis primeros 30 años, en la soledad de las sierras de Córdoba, me encontraba caminando sin más que un morral, y algunas pertenencias únicas, el sol del verano había dejado mi piel morena, oscura y con su clásico brillo de aquellos que no somos ni color nieve, ni azabache vivo.
Tome el reparo del Roble anciano, y dormite…….
En una oleada de sueños, uno recurrente se hizo presente, fue como sentir el calor surgiendo en mi, expulsado al exterior en un recuerdo bello y doloroso, tibio, húmedo, y con una gota de amor en cada segundo.......
Era de día, el sol refulgente abrazaba nuestros cuerpos al lado de un arroyo, el agua cristalina, el verde de un sauce, las aves volando, y ella a mi lado.
No pude evitarlo, como si fuera un depredador, me lance sobre su lado, y bese la comisura formada por sus labios, me replico con la fuerza de un agravio en los míos.
Mis manos lentamente acariciaron su cuello, delgado, suave y largo que se ocultaba bajo sus cabellos negros, como crin indomable al viento. Con besos baje lentamente, recorriendo el sendero de su espalda, su ropa rendida a mis designios se deslizo lentamente, conjuntamente mis manos tocaban su pecho aun cubierto, protegido de mi roce, cuidado de mis labios, prohibido a mi premura.
Su cuerpo se contorneo, y su piel al instante tersa y tímida, acalorada salía de su cuerpo, el sol nos envidiaba, mientras de reojo miraba a la luna.
Sus manos, como tímidas ardillas sobre el césped, comenzaron a acercarse a mi cuerpo, acariciaron mi espalda, y se deslizaron hasta mi cintura.
Con delicadeza, retire su blusa, el blanco era como parte de su piel, ella quedo al desnudo, sus pechos, suaves como la seda, y tiernos que si te quedas en ellos, dormitas sin pesadillas, simplemente un agravio a mi vista, una suntuosa provocación a mis instintos……
Yo quería salir, quería ser parte de ella, quería sentir su piel en mí, y no pude contener mi furia….
La recosté sobre la yerba, sus ojos grises, me miraban cautivamente, y sin entender, de la caricia a la brusquedad, y recorri nuevamente su cuello, mi boca siguió y al llegar a sus pechos, me encontré con aquel roce suave , mi boca los beso, dulce, y fuerte jugando con mi lengua lentamente y al mírala, una luz se había formado en el gris, supe, que estaba haciendo lo correcto.
Quise detenerme, ante el miedo de su reacción, yo era gentil, no un animal, era un caballero, no una bestia sin modales, pero ella, había sido contaminada por mi lujuria.
Su mano se poso sobre mí, acaricio mi cuerpo, y la rigidez se hizo presente, mis músculos se tensaron, el corazón acelerado, y ella comenzó a besarme, mi camisa había desaparecido hacia tiempo, y ahora ella iba bajando lentamente, con la humedad de sus labios, dejando un sendero en mi pecho, cual rio de lava sobre la colina de un volcán, y llego hasta el, con prontitud, lo tomo en sus manos, y lo sostuvo con amor, mientras acariciaba sus piernas, preparándose para recibirme.
Me recosté sobre ella, y comencé a besar su pierna, ella me acariciaba con amor, en ese momento comencé acercarme, mis manos temblorosas ante la respuesta iban en busca de aquello que nunca había tenido, pero tendría, aquel regalo que ella me daría, aquel permiso de por vida; en ese momento, sentí el calor inmaculado, una corriente tenue sobre mi; no pude evitarlo, y sus labios, estaban sobre mi besándome, era como si una nube acariciara esa parte de mi, era como si estuviera en otro mundo, todo había desaparecido, era parte del pasado, todo era irreal, no podía controlarme, ella me tenia, me había dominado, había hecho de mi su títere, su marioneta, era suyo.
Mis manos se apresuraron, sobre el contorno de su pierna, en lo más suave de su ser lentamente fue acariciado, aquel lugar, tan ansiado era real, era mío, ella aun seguía besandome, la miraba, lo disfrutaba, su boca se apropiaba de mi, su lengua danzaba cual llama al viento, con movimientos exactos, con aquel amor incontrolable, y negué al cielo, a dios, y a astros, solo ella era mi diosa, solo ella; para compensarla empecé a besarla...
De su boca emitió un gemido apagado por sus propios besos; ella sabía a miel, a una dulce miel campestre, un delicado sabor, y su cuerpo entero temblaba al juego de mi boca y mis manos en sí, sus gemidos se hicieron más altos, mas fuertes, más duros, mi cuerpo también los sentía, en ese momento, todo su cuerpo tembló, y quedo allí, mientras la besaba, era como un escalofrió que la recorría, lentamente, y grotescamente.
Sin detenerse me beso, y con más fuerza, y sus manos jugaron en mi, comencé a sentir una explosión interna, el aire se hizo denso, y mi respiración se entrecorto, cada minuto estaba más duro, la mire con temor, y ella sonrió….
Un brusco trepitar, me despertó de mi sueño………Morfeo, una vez más has jugado con este tu mas afable siervo.