Terminamos en Abril, y como reza el dicho: Abril lluvias mil.
Una tarde lluviosa, Un café en el centro de la ciudad, Llegó a la cita empapado y con un beso de hielo se sentó frente al café que le había pedido y me dijo secamente: ¿que es lo que quieres?
Yo ya había dejado mis armas, Lo miré como solía mirarle hace años y le dije: Lo hemos vuelto a hacer…
Y era cierto. A pesar de todo el amor de el uno por el otro siempre al final sacábamos lo peor de nosotros al estar juntos, después de años y años de terminar y volver, nos habíamos vuelto expertos en tocar esos botones de desespero, en saber cuales llagas arden más.
Él entendió a que me refería y buscó mi mano sobre la mesa entregando su línea de defensa, suspiró un poco y hablamos con el corazón en la garganta y un incendio en las entrañas durante un par de horas.
Era nuestra despedida llena de besos de ternura, de ver que no podíamos intentarlo una vez más pues corríamos el riesgo de destrozarnos.
Salimos del café tomados de la mano y caminando sin rumbo por las plazas y parques que ya conocíamos en pareja, devolviendo nuestros pasos sobre el suelo mojado, pareciera que el cielo lloraba por nosotros con esa leve llovizna que cala los huesos y refresca el alma.
De pronto empezó a llover con más fuerza, pero no teníamos intenciones de correr, así que caminamos bajo la lluvia, entre besos y abrazos de despedida, sabiendo que ya no podríamos abrir más heridas ni generar más dolores.
Nuestros pasos nos llevaron a su edificio como autómatas para refugiarnos de la lluvia, a la entrada nos miramos y aunque inicialmente los dos rechazamos la idea de entrar juntos, la lluvia nos empujó dentro.
- Quítate esa ropa mojada y te presto algo mientras se seca- dijo.
Me fui a cambiar al baño, como si no conociéramos nuestra desnudez palmo a palmo, él se cambió en su habitación, y salimos los dos llevando nuestras ropas mojadas y cargando la frustración de haber fracasado una vez más.
Pusimos la ropa en la secadora y preparamos un té caliente, llegando al sofá nos encontramos de frente y una vez más nos abrazamos, pero esta vez las manos acariciaban un poco más, volvían a recorrer la espalda, los brazos, la cara, pero aún las yemas de los dedos dolían al hacerlo. En un momento algo cambió, se alejó un poco de mi y su mirada era diferente… encendida, parecía una invitación, una propuesta, la luz de una idea…como si me dijera: salgamos por la puerta grande, demostrémosle al cruel destino que se mofa de nosotros que podemos salir de esto felices así mañana no nos veamos, no le permitamos a la vida guardar un frío y triste recuerdo de este momento; teníamos un día mas, un espacio de venganza, la lluvia nos cubriría la espalda…
… y me gustó la idea.
Mi mirada también se transformó, y dando un paso atrás para dar inicio al juego saboreé mis labios, él dio un paso adelante y nos convertimos en cazador y presa, sin tocarnos nos buscábamos, danzábamos al ritmo del cortejo, mirándonos y esperándonos, deseándonos, sintiendo nuestra respiración acelerarse, nuestros cuerpos subir de temperatura.
Cada vez que nuestros cuerpos se encontraban las prendas volaban violentamente quedando en cualquier lugar del piso, las bocas y las manos hacían del cuerpo del otro un festín; ni siquiera logramos llegar a la habitación, la pasión nos inundó a la mitad del camino con nuestras bocas luchando, apoyados en una pared dejándonos caer, disfrutando del roce de nuestros cuerpos llegamos a la alfombra.
Sabias manos deslizándose en los sexos, su boca besaba mi cuello, mordía mi piel, bajando despacio con una cadencia ansiosa por mis pechos como siempre dispuestos, firmes y excitados, mientras sus manos subían para hacer presión en mi espalda y así acercarnos mas. Un camino conocido sin vuelta atrás y mis piernas temblaban un poco al abrirse anticipando lo que venía. Como un maestro de la creación de expectativa bajó palmo a palmo y al llegar besó los alrededores, lamía suavemente uno a uno los pliegues de mi sexo aumentando mi deseo y redescubriendo el camino tantas veces andado y casi como por primera vez; recuerdo su lengua deslizándose suavemente los interior de los labios, un pequeño penetrar y la humedad que no se sabía que parte era de quién, la velocidad e intensidad aumentaron a cada segundo, sus dedos se unieron a la fiesta y al final no sabía si era él o yo quien se movía, placer frenético, ya no sabía que era dedo que era lengua ni quién era yo, y empecé a sentir los comienzos del orgasmo, la respiración acelerada… uno… dos… tres…; no recuerdo cuantas veces llegué al éxtasis, mas recuerdo que estaba perdida y entregada a lo que sentía, a una lengua experta y húmeda, a sus caricias y experimentos y a su suave violencia; El simple recuerdo de sus labios pasando, de su lengua probando me eriza la piel.
Tomé un respiro, ahora era yo quién quería saborear. Con los brazos aún temblorosos me senté y dándole un beso en la boca llena de sabor a mí, lo fui inclinando hacia atrás hasta quedar recostado totalmente sobre el piso… el juego se invierte, veo que lo desea tanto como yo, apoyo mi sexo en el suyo mientras lo beso en los labios, desciendo con leves mordidas en su pecho para volver a subir repentinamente y recorrer el mismo camino acercándome a su ombligo, su piel presiente mi aliento, la humedad de una boca sedienta y hambrienta, por un momento contemplo su virilidad, su erección apuntando al cielo que nos separa, la brillantez de su miembro me llama; su cuerpo tensionado esperando el contacto de mi lengua; beso sus piernas acercándome y mi lengua recorre en un subir interminable su sexo, todo se desliza, su miembro palpita entre mi mano y mis labios sienten el calor en la punta de su miembro, un beso muy húmedo y mi lengua juguetona lo hacen estremecer, quiero seguir jugando, pero sus ojos me piden el calor de mi boca en una súplica silente; miro sus ojos antes de empezar el festín, y mientras lo siento entrar en mi boca, recuerdo los gemidos, y sus manos tomar mi pelo para con morbosidad verme disfrutar.
Una vez más manos y labios, lengua e hilos de baba entremezclados en el ir y venir de las sensaciones, palpitares, calenturas, la respiración ahogada por un segundo mas de placer, está perdido, me encanta verlo retorcerse, ir y venir, vuelve la suave violencia con ansias de “entra un poco mas”, el ritmo se acelera, se profundiza, sabemos lo que viene… casi una convulsión, un grito ahogado, siento que invade mi boca, se derrama caliente en mi lengua, rueda un poco por las comisuras y siento sus latidos, su entrega total y ese gusto tan olvidado y a la vez tan conocido, saboreo su placer, sonrío sonrojada mientras su temblor disminuye y se entrega al descanso; apoyo mi cabeza al lado mientras acaricia mi pelo, consiento su pecho mientras vuelve a la vida.
Maldita alfombra… ya tenemos heridas de guerra, como si fuésemos niños pequeños… las rodillas y codos raspados; hasta ahí llegó el ponerme falda al menos en un par de semanas… ya no puedo decir: estaba jugando en la arenera.
Te propongo una ducha -le digo mientras me peino un poco- y luego podemos preparar algo de comer, te pegas?
Sonríe y me extiende la mano para que lo ayude a levantarse; caminamos hacia la ducha sonriendo y jugando, dándonos palmadas en la cola, mirándonos como cómplices.
El agua se calienta mientras nos miramos al espejo, el detrás mío acariciando mi cintura, mis pechos, dándome besos en el cuello y la nuca; el vapor nos empieza a rodear y me lleva de la mano a la ducha, bajo el agua nos relajamos, el agua abraza nuestra piel.
Un poco de jabón y nos hacemos esclavos el uno del otro, lavando y acariciando, el jabón hace que el tacto sea mas suave…