#1 ¿Es normal mi vulva?
¿Es normal mi vulva?
Suele repetirse con cierta frecuencia que las mujeres ignoran cómo es su vulva porque no se la han visto nunca.
Bueno, eso puede que fuera cierto hace tiempo, pero en la actualidad rara es la que no ha contemplado sus genitales reflejados en un espejo o al lavarse (por cierto: ¿es que antes las mujeres se lavaban los genitales sin mirarlos?). Puede decirse que hoy la mayoría los conocen muy bien y tienen bien situado su clítoris.
Llamar a cada cosa por su nombre
Otra cosa bien distinta es que sepas llamar a cada cosa por su nombre (los chicos tampoco están muy al tanto de ello)..., y que aún te estés reponiendo del susto que pudo ocasionarte la contemplación de tantos pliegues por primera vez.
Lo que sí resulta cierto es que aún en nuestros días, muchas se preguntan si lo que tienen ahí abajo es normal o deforme. Por eso quizás convenga decir algunas cosas al respecto.
Labios mayores
La parte externa de la vulva está formada por los labios mayores que están cubiertos de vello a partir de la pubertad en su cara visible. Esos pelos tienen el mismo color que el del resto del cuerpo. Así, las pelirrojas también lo son ahí, y las rubias, rubias, y las morenas, morenas...
Los labios mayores pueden cerrar la vulva en su línea media, pero es frecuente que estén ligeramente entreabiertos mostrando parte del interior.
Dentro de la normalidad, existe una gran variedad entre los labios mayores de unas y otras. Así, los hay gruesos o finos; abultados o aplastados; de color oscuro o claro; cubiertos por abundantes pelos o sólo por unos pocos; con pelos fuertes y ensortijados o ralos y sedosos; un vello ampliamente extendido por las ingles y la cara interna de los muslos o apenas sobrepasando los labios propiamente dichos; circunscrito a los genitales o extendido hacia el ano y rodeándolo...
En fin. Una variedad enorme entre las que estarás representada tú misma sin duda alguna. Y todas, repito, son normales.
Labios menores
Al abrir los labios mayores quedan al descubierto los labios menores (también llamados ninfas) que siempre están húmedos. Su forma también es de lo más variada, dentro de la normalidad: pueden ser pequeños o grandes; con bordes lisos o festoneados; recogidos o colgantes (a veces sobresalen fuera de los labios mayores, como las formaciones carnosas rojas colgantes que tienen los gallos bajo el pico); oscuros o sonrosados; iguales entre sí (las menos veces) o desiguales; con forma simétrica o asimétrica; más amplios por la parte de delante, o por la central, o por la posterior...
Vamos, que lo normal entre los labios menores es su diversidad, de una mujer a otra o en la misma mujer. Y ninguna de esas formas variadas son deformaciones ocasionadas por la masturbación; creencia con la que crecen muchas chicas sufriendo inútilmente por ello.Forma parte de la naturaleza femenina que exista esa variedad de colores, formas y tamaños.
Las mujeres son muy sensibles a este tema. Un comentario despectivo sobre sus labios menores puede resultar demoledor y tener consecuencias de largo alcance; llegando a afectar, incluso, la vida sexual de su portadora, por temor a que se los vea su pareja. Cuidado, pues, con lo que se dice de ellos.
La vagina
Los labios menores custodian entre ambos algunas estructuras interesantes. En su confluencia inferior está situada la entrada a la vagina, que no suele verse como un enorme agujero negro (imagen que aparece en no pocos libros), sino como una especie de hendidura que apenas se diferencia del resto de la mucosa.
Su diámetro es variable en condiciones normales, y tiende a ensancharse tras sucesivos partos, lo que hace que muchas mujeres sientan que el pene de sus parejas no les llena como antes después de tener varios hijos.
El himen no suele desaparecer del todo con las relaciones sexuales. Siempre quedan restos hasta el primer parto
El himen
Si a la altura de la vagina coges los labios menores y tiras de ellos hacia afuera y a los lados, quizás puedas ver el himen (no es fácil), otro repliegue mucoso indistinguible del resto que tiene formas muy diversas, dentro de la normalidad y cubre parcialmente la entrada a la vagina.
No es cierto que el himen duela y sangre en la primera relación sexual, necesariamente. Muchas chicas fuertemente excitadas (y húmedas) no han sentido dolor alguno en la penetración y no han sangrado. En muchas ocasiones, el dolor y sangrado en el primer coito nada tienen que ver con el himen sino con el vaginismo, una contracción dolorosa del músculo exterior de la vagina que impide la entrada del pene. Si a pesar de ello se fuerza la penetración (cosa que ante “había que hacer” para “consumar” el matrimonio), entonces sí que duele y puede ocasionar desgarros vaginales que sangren.
Por la misma razón, tampoco es cierto que el himen se rompa por montar en bicicleta, por un golpe genital (aunque..., también depende de qué golpe), por hacer deporte, etc. Estas no son más que mentiras piadosas elaboradas para explicar que es frecuente que la chica ni sienta molestias, ni sangre en sus primeras relaciones sexuales. ¡Algo había que inventarse para evitar problemas en una época donde el honor familiar se situaba en la entrepierna de sus mujeres... y el conocimiento sexual se basaba, más que nada, en mitos!
El himen no suele desaparecer del todo con las relaciones sexuales. Siempre quedan restos hasta el primer parto.
El clítoris
En la confluencia superior de los labios menores está la joya de la corona de la sexualidad femenina: el clítoris. Un órgano fálico con dos largas raíces que se ensartan en los huesos de la pelvis, en el interior del cuerpo de la mujer. De él, sólo vemos su glande, cubierto por un repliegue de los labios menores conocido como prepucio (del clítoris). Otros repliegues de los labios menores, más sutiles, se insertan en la parte baja del glande constituyendo lo que se conoce como el frenillo (del clítoris).
El clítoris está formado por dos cilindros esponjosos que se llenan de sangre, durante la excitación, y lo ponen erecto. Está abundantísimamente inervado y es eróticamente muy sensible: el gatillo para disparar el orgasmo femenino. Aunque su tamaño preocupa menos a las chicas que el de sus pechos o el de sus labios menores, no está de más señalar que es muy variable dentro de la normalidad. Y no tiene nada que ver con su capacidad para desencadenar el orgasmo. Cualquiera puede hacerlo, sea chico o grande.
El clítoris puede alcanzar hasta 2 y 3 cms de longitud
Existen clítoris grandes, que al entrar en erección, alcanzan tamaños de hasta dos y tres centímetros de longitud; algunas de sus portadoras aprenden a masturbarse frotándolo con el dedo índice y el pulgar como si fueran un minipene. Lo entiendes ¿no?
Por encima del prepucio, entre la confluencia de los labios mayores, es posible palpar el cuerpo del clítoris, sobre todo cuando está en erección, como un cilindro duro enterrado bajo la piel.
Por cierto, chico: si en un encuentro sexual tu chica está ya muy excitada, vas a hacerle sexo oral y no ves su clítoris..., no te preocupes: no le falta nada. Es que durante la excitación, el clítoris en erección no se propulsa hacia fuera, como hace el pene, sino que se eleva hacia arriba y se esconde bajo el prepucio. Actúa allí y pregúntale a ella cómo va la cosa.
Entre el clítoris y la entrada de la vagina se sitúa el meato urinario, el agujerito por donde las chicas orinan.
Creo que cualquier lectora se encontrará identificada con alguna de las variaciones que aquí se han comentado. Tranquila, pues, porque eres normal.
Por cierto. La vulva limpia tiene un olor natural característico en absoluto repulsivo. No intentéis conseguir que huela a nada..., porque no es normal que el cuerpo sea inodoro. Así que nada de extraños desodorantes o jabones especiales para erradicarlo, porque pueden matar la flora autóctona e infectar la vulva con bacterias oportunistas... ¡y entonces sabrás lo que es olor y otras molestias más serias!
A veces, el mal olor o la irritación procede del descuidado lavado del prepucio del clítoris, por acumulación del esmegma (sustancia con consistencia de rayadura de queso).
Tamaños normales del clítoris en reposo (diámetro transversal del glande)
Clítoris pequeños: 1-2 milímetros (lo tienen el 5% de las mujeres).
Clítoris medianos: 3-6 milímetros (lo tienen el 75% de las mujeres).
Clítoris grandes: 7-14 milímetros (lo tienen el 20% de las mujeres).
* Datos extraídos del libro “Un encuentro con el placer. La masturbación femenina”.
Jesús Ramos.
Editorial Espasa-Calpe.
Madrid. 2002.
Terra Mujer / Jesús Ramos. Sexólogo
Fuente: http://mujer.terra.es/common/imprimi...fm?id=MU210803
Suele repetirse con cierta frecuencia que las mujeres ignoran cómo es su vulva porque no se la han visto nunca.
Bueno, eso puede que fuera cierto hace tiempo, pero en la actualidad rara es la que no ha contemplado sus genitales reflejados en un espejo o al lavarse (por cierto: ¿es que antes las mujeres se lavaban los genitales sin mirarlos?). Puede decirse que hoy la mayoría los conocen muy bien y tienen bien situado su clítoris.
Llamar a cada cosa por su nombre
Otra cosa bien distinta es que sepas llamar a cada cosa por su nombre (los chicos tampoco están muy al tanto de ello)..., y que aún te estés reponiendo del susto que pudo ocasionarte la contemplación de tantos pliegues por primera vez.
Lo que sí resulta cierto es que aún en nuestros días, muchas se preguntan si lo que tienen ahí abajo es normal o deforme. Por eso quizás convenga decir algunas cosas al respecto.
Labios mayores
La parte externa de la vulva está formada por los labios mayores que están cubiertos de vello a partir de la pubertad en su cara visible. Esos pelos tienen el mismo color que el del resto del cuerpo. Así, las pelirrojas también lo son ahí, y las rubias, rubias, y las morenas, morenas...
Los labios mayores pueden cerrar la vulva en su línea media, pero es frecuente que estén ligeramente entreabiertos mostrando parte del interior.
Dentro de la normalidad, existe una gran variedad entre los labios mayores de unas y otras. Así, los hay gruesos o finos; abultados o aplastados; de color oscuro o claro; cubiertos por abundantes pelos o sólo por unos pocos; con pelos fuertes y ensortijados o ralos y sedosos; un vello ampliamente extendido por las ingles y la cara interna de los muslos o apenas sobrepasando los labios propiamente dichos; circunscrito a los genitales o extendido hacia el ano y rodeándolo...
En fin. Una variedad enorme entre las que estarás representada tú misma sin duda alguna. Y todas, repito, son normales.
Labios menores
Al abrir los labios mayores quedan al descubierto los labios menores (también llamados ninfas) que siempre están húmedos. Su forma también es de lo más variada, dentro de la normalidad: pueden ser pequeños o grandes; con bordes lisos o festoneados; recogidos o colgantes (a veces sobresalen fuera de los labios mayores, como las formaciones carnosas rojas colgantes que tienen los gallos bajo el pico); oscuros o sonrosados; iguales entre sí (las menos veces) o desiguales; con forma simétrica o asimétrica; más amplios por la parte de delante, o por la central, o por la posterior...
Vamos, que lo normal entre los labios menores es su diversidad, de una mujer a otra o en la misma mujer. Y ninguna de esas formas variadas son deformaciones ocasionadas por la masturbación; creencia con la que crecen muchas chicas sufriendo inútilmente por ello.Forma parte de la naturaleza femenina que exista esa variedad de colores, formas y tamaños.
Las mujeres son muy sensibles a este tema. Un comentario despectivo sobre sus labios menores puede resultar demoledor y tener consecuencias de largo alcance; llegando a afectar, incluso, la vida sexual de su portadora, por temor a que se los vea su pareja. Cuidado, pues, con lo que se dice de ellos.
La vagina
Los labios menores custodian entre ambos algunas estructuras interesantes. En su confluencia inferior está situada la entrada a la vagina, que no suele verse como un enorme agujero negro (imagen que aparece en no pocos libros), sino como una especie de hendidura que apenas se diferencia del resto de la mucosa.
Su diámetro es variable en condiciones normales, y tiende a ensancharse tras sucesivos partos, lo que hace que muchas mujeres sientan que el pene de sus parejas no les llena como antes después de tener varios hijos.
El himen no suele desaparecer del todo con las relaciones sexuales. Siempre quedan restos hasta el primer parto
El himen
Si a la altura de la vagina coges los labios menores y tiras de ellos hacia afuera y a los lados, quizás puedas ver el himen (no es fácil), otro repliegue mucoso indistinguible del resto que tiene formas muy diversas, dentro de la normalidad y cubre parcialmente la entrada a la vagina.
No es cierto que el himen duela y sangre en la primera relación sexual, necesariamente. Muchas chicas fuertemente excitadas (y húmedas) no han sentido dolor alguno en la penetración y no han sangrado. En muchas ocasiones, el dolor y sangrado en el primer coito nada tienen que ver con el himen sino con el vaginismo, una contracción dolorosa del músculo exterior de la vagina que impide la entrada del pene. Si a pesar de ello se fuerza la penetración (cosa que ante “había que hacer” para “consumar” el matrimonio), entonces sí que duele y puede ocasionar desgarros vaginales que sangren.
Por la misma razón, tampoco es cierto que el himen se rompa por montar en bicicleta, por un golpe genital (aunque..., también depende de qué golpe), por hacer deporte, etc. Estas no son más que mentiras piadosas elaboradas para explicar que es frecuente que la chica ni sienta molestias, ni sangre en sus primeras relaciones sexuales. ¡Algo había que inventarse para evitar problemas en una época donde el honor familiar se situaba en la entrepierna de sus mujeres... y el conocimiento sexual se basaba, más que nada, en mitos!
El himen no suele desaparecer del todo con las relaciones sexuales. Siempre quedan restos hasta el primer parto.
El clítoris
En la confluencia superior de los labios menores está la joya de la corona de la sexualidad femenina: el clítoris. Un órgano fálico con dos largas raíces que se ensartan en los huesos de la pelvis, en el interior del cuerpo de la mujer. De él, sólo vemos su glande, cubierto por un repliegue de los labios menores conocido como prepucio (del clítoris). Otros repliegues de los labios menores, más sutiles, se insertan en la parte baja del glande constituyendo lo que se conoce como el frenillo (del clítoris).
El clítoris está formado por dos cilindros esponjosos que se llenan de sangre, durante la excitación, y lo ponen erecto. Está abundantísimamente inervado y es eróticamente muy sensible: el gatillo para disparar el orgasmo femenino. Aunque su tamaño preocupa menos a las chicas que el de sus pechos o el de sus labios menores, no está de más señalar que es muy variable dentro de la normalidad. Y no tiene nada que ver con su capacidad para desencadenar el orgasmo. Cualquiera puede hacerlo, sea chico o grande.
El clítoris puede alcanzar hasta 2 y 3 cms de longitud
Existen clítoris grandes, que al entrar en erección, alcanzan tamaños de hasta dos y tres centímetros de longitud; algunas de sus portadoras aprenden a masturbarse frotándolo con el dedo índice y el pulgar como si fueran un minipene. Lo entiendes ¿no?
Por encima del prepucio, entre la confluencia de los labios mayores, es posible palpar el cuerpo del clítoris, sobre todo cuando está en erección, como un cilindro duro enterrado bajo la piel.
Por cierto, chico: si en un encuentro sexual tu chica está ya muy excitada, vas a hacerle sexo oral y no ves su clítoris..., no te preocupes: no le falta nada. Es que durante la excitación, el clítoris en erección no se propulsa hacia fuera, como hace el pene, sino que se eleva hacia arriba y se esconde bajo el prepucio. Actúa allí y pregúntale a ella cómo va la cosa.
Entre el clítoris y la entrada de la vagina se sitúa el meato urinario, el agujerito por donde las chicas orinan.
Creo que cualquier lectora se encontrará identificada con alguna de las variaciones que aquí se han comentado. Tranquila, pues, porque eres normal.
Por cierto. La vulva limpia tiene un olor natural característico en absoluto repulsivo. No intentéis conseguir que huela a nada..., porque no es normal que el cuerpo sea inodoro. Así que nada de extraños desodorantes o jabones especiales para erradicarlo, porque pueden matar la flora autóctona e infectar la vulva con bacterias oportunistas... ¡y entonces sabrás lo que es olor y otras molestias más serias!
A veces, el mal olor o la irritación procede del descuidado lavado del prepucio del clítoris, por acumulación del esmegma (sustancia con consistencia de rayadura de queso).
Tamaños normales del clítoris en reposo (diámetro transversal del glande)
Clítoris pequeños: 1-2 milímetros (lo tienen el 5% de las mujeres).
Clítoris medianos: 3-6 milímetros (lo tienen el 75% de las mujeres).
Clítoris grandes: 7-14 milímetros (lo tienen el 20% de las mujeres).
* Datos extraídos del libro “Un encuentro con el placer. La masturbación femenina”.
Jesús Ramos.
Editorial Espasa-Calpe.
Madrid. 2002.
Terra Mujer / Jesús Ramos. Sexólogo
Fuente: http://mujer.terra.es/common/imprimi...fm?id=MU210803
0



