#96 Re: La mujer y el hombre muerto.
Hola!!! bueno aquí estoy haciendo mi primer ejercicio! jeje... vamos a ver como se me da esto!, en realidad me cuesta bastante escribir algo corto porque normalmente me extiendo mucho, pero bueno... vamos a ver cmo sale!
Ejercicio
Palabras: 614
Si tan sólo pudiera…
La frase que tantas veces me he repetido. Una tras otra, diez veces al día, mil a la semana; durante tanto tiempo, que ya casi ni recuerdo cuando fue que la idea comenzó a hacer mella en mi cabeza.
Tal vez fue el sonido de un vaso al hacerse trizas contra el piso, o alguna canción en la radio que encendió dentro de mí la extraña pregunta, o quizás sólo se debió a un día soleado en medio del verano que me pareció más lúgubre de lo normal.
El hecho es que algo o alguien logró catapultar en mi ser la extraña sensación de querer sentirme Dios, de dejar a un lado la simpleza humana que nos caracteriza, para probar la delicia de tener el control sobre los demás.
¿Es locura, o simplemente necesidad de vivir? Siempre me he caracterizado por ser una persona cuerda, pero ahora siento que tal vez un poco de locura habita dentro de todos nosotros, la cuestión es dejarla salir. Y yo me he animado a ello.
Me levanto de aquel destartalado sillón, desteñido por el tiempo, y camino por la estancia casi como en trance. Nuevamente me acerco al cuerpo que descansa sobre el piso de la cocina y lo observo detenidamente.
Es tan espeluznantemente hermoso que casi me paraliza. Es como una escultura de mármol en el momento en que su autor se da cuenta de que la ha acabado y que aquella creación nunca será más perfecta que en ese momento. Así su cuerpo refleja la belleza de aquellos rasgos que alguna vez lograron enloquecerme.
Vuelvo lentamente al sillón y me dejo caer pesadamente sobre él. Viejos recuerdos se agolpan en mi mente y otra vez siento que voy a comenzar el viaje de mis cavilaciones.
La misma frase tantas veces repetida: Si tan sólo pudiera…
Si tan sólo pudiera hacerlo, tomar una vida y hacerla mía. ¿Qué sentirá el asesino cuando el último suspiro de su víctima escapa de sus labios?; ¿cuando ve cómo la vida se desvanece de aquellos ojos, dejándolos apagados como si la luz que en ellos viviera hubiera desaparecido?; ¿cuándo siente que tiene el poder de decidir, en ese último segundo entre la vida y la muerte, si se convierte en verdugo o en salvador?
La respuesta está allí ante mis ojos, en aquel cuerpo sin vida que ya nunca volverá a reír, hablar o sentir. Por fin he encontrado una respuesta a mi duda, lo que se siente al tomar control sobre la vida de una persona, sea amante, marido, amigo, o simplemente un desconocido.
De pronto mis manos llaman poderosamente mi atención. Hay algo en ellas que antes no estaba y las observo detenidamente, casi sin entender qué hacen teñidas de rojo. El corazón se me acelera y siento que mis ojos se llenan de lágrimas.
Me levanto de un salto y corro nuevamente hacia la cocina. El cuerpo sigue allí, pero ahora se encuentra rodeado de un río color sangre. La imagen cambia, aquel cuerpo no es más bello y la escena resulta aterradora.
Un grito ahogado intenta escapar de mi garganta, pero me ahogo ante las palabras que luchan por salir. Me dejo caer al piso, a mi lado descansa un cuchillo de cocina, de esos que a él tanto le gustaba usar cuando cocinaba. Lo tomo con la mano izquierda, aquella que aún tiene residuos de sangre y con un rápido movimiento me golpeo el estómago.
Apenas siento dolor cuando el cuchillo penetra rasgando mi piel, pero es recién cuando un líquido caliente recorre mis manos, cuando me doy cuenta de la cruel verdad y por fin me abandono a las sombras, sintiendo que por fin soy libre.