#285 Re: La mujer y el hombre muerto.
EL ANIVERSARIO
Una callecita de un barrio pacifico, casitas sencillas rodeadas de flores, veredas anchas y árboles añosos. Veredas que en las tardes luminosas del verano se llenan de chicos que juegan, mientras las madres se afanan en las tareas de la casa con un ojo puesto en la calle. A la hora de la siesta los gatos duermen a la sombra de los muros y bajo los árboles.
Con las primeras sombras de la noche comienza el retorno de los hombres a sus casas; los chicos entran; poco a poco las calles quedan desiertas y silenciosas. El silencio gana el barrio, solo interrumpido por el ladrido lejano de algún perro o el sonido apagado de un televisor.
De pronto la tranquilidad del atardecer de verano se ve sacudida por ruidos extraños y una serie de fuertes quejidos.
Los vecinos alarmados salen a la puerta de sus casas. Advierten que los lamentos vienen de la casita que está junto a la esquina. Allí viven Juan y Marcela, viejos vecinos del barrio. Corren hacia la casa. Golpean la puerta.
Todo está en silencio ahora.
Atemorizados, los más audaces se adelantan y entran a la cocina. Sentada ante la mesa, con una taza de café delante de ella y fumando con mirada ausente se encuentra Marcela.
Juan caído en el piso, junto a una silla volcada, se retuerce de dolor.
Los vecinos llaman a la policía y al servicio médico. Cuando llegan, Juan ya ha muerto. Marcela continua en la misma postura, ausente de todo. Junto a ella la pava y el mate que Juan estaba tomando.
Retiran el cuerpo de Juan y llevan a Marcela detenida. Ella se deja llevar, indiferente a todo. Cuando la dejan en una celda se acuesta en el camastro y se queda dormida.
Antes de dormirse piensa que es la primera vez en veinte años que duerme en una cama que no es la matrimonial y es la primera vez que duerme sola.
Una mueca, casi una sonrisa se le petrifica en el rostro.
A la mañana siguiente, ya han comprobado que Juan ha muerto envenenado y la llevan a Marcela para que declare: se levanta sin darse cuenta de donde está. Con rostro plácido acompaña a la mujer policía por los pasillos hasta la oficina. Se sienta. Acepta el cigarrillo que le ofrecen, le informan que su esposo ha muerto y le piden que explique lo que ha ocurrido.
Con voz monótona, inexpresiva comienza su relato:
- “Ayer cumplíamos veinte años de casados. En los cumpleaños solemos hacer balances. Desfilaron por mi mente los veinte años que había vivido y la manera en que los había vivido y decidí que no podría soportar otros veinte años repitiéndose todo, siempre, igual, de la misma manera, día tras día. En estos veinte años no precisaba oír ni ver a mi marido para saber lo que iba a hacer, lo que iba a decir, en cada momento, en todos los instantes.
Todo era así...
Llegaba puntualmente a las siete de la tarde. Dejaba sus cosas, se cambiaba, preparaba mate, yo me servía un café. Él prendía la radio, tomaba el diario, se sentaba. Empezaba el relato de sus problemas de trabajo, de sus pequeños percances cotidianos. Hasta las ocho; yo escuchaba, o hacía como que escuchaba. Después me levantaba a preparar la cena. El se sentaba frente a la tele, con el diario en la mano. A las nueve nos sentábamos a comer. En silencio, sólo las voces del televisor resonaban en la casa. En silencio nos íbamos a acostar.
Día tras día siempre lo mismo.
En esos veinte años, jamás me escuchó, jamás me preguntó como estaba, que quería o que me pasaba...
Era nuestro aniversario. Mezclé el veneno en la yerba. Le di una oportunidad. Esperé.
De haber hecho algo distinto a lo que hacía todos los días se hubiera salvado.
Pero no, vino y repitió todo exactamente igual. Yo ya no podía hacer nada.”
El comisario escuchó el relato en silencio. Después indicó que la llevaran nuevamente a la celda y pidió quedarse solo.
Quedó pensativo un rato.
Tomó el teléfono y marcó el número de su casa:
-“querida –dijo- estaba pensando... esta noche... porque no me venís a buscar y vamos a comer por ahí... decile a tu madre que se encargue de los chicos por un rato.
Hace mucho que no salimos a comer solos y que no te digo cuanto te quiero.
Además... me gustaría que me hablaras de vos, que me contaras, en fin, no sé. Un beso.
Cortó intranquilo la comunicación.
Ángela Rossi
-----Agregado el 10/8/2009 a las 07 : 23 : 55-----
Hola: Estuve leyendo los relatos que dejaron en este post y me parecieron todos muy buenos.
Me atrevo a dejar este cuento,espero sus comentarios
Saludos
Ángela
Editado por rossiangela - 10.08.2009 19:23 hs. | Motivo: Mensajes unidos automáticamente