Ensalada de situaciones
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La casa abandonada. Fuego. Papeles arrugados.
La casa es de dos plantas, muy alta, como lo son las construcciones viejas y de estilo señorial, tiene muchas habitaciones grandes y en su esplendor tenía detalles de dinteles, molduras ya caídos y sucios.
Las paredes externas que dan a la galería, el moho y la hiedra ya las habían cubierto. La lluvia y el poco sol que había allí por las mañanas no alcanzaba para secarlas, eso lo recuerdo claramente. Cuando jugábamos allí era frío y húmedo aunque era el lugar por donde percibíamos el olor a la comida por la proximidad con la cocina.
Misteriosamente los arcos rebajados de los cerramientos de las puertas y las columnas lisas tenían presencia, mostraron su fortaleza a pesar de los años. Faltaban muchas cosas picaportes, puertas, vidrios y alguna que otra pared rota a mazazo solo para hacer un hueco y poder entrar.
El recorrido con la gente de la inmobiliaria me causó tanto dolor, parecía revivir cada momento feliz de mi niñez, claro mi sonrisa abstraída duraba poco ya que la tristeza de la realidad era muy fuerte.
La casa fue abandonada hace treinta años, toda la familia decidió que era lo mejor, las pesadillas nos aterraban a todos después de lo sucedido allí con mi tío Juan, su despacho al frente de la casa fue cerrado el día que se lo llevaron. La abuela no lo soportó, murió al poco tiempo, mis otros tíos y nosotros nos resistíamos a creer lo que sucedía, pero si sonaba el teléfono, o alguien golpeaba más fuerte la aldaba de la puerta, el terror ya se apoderaba de diferentes maneras, mamá y papá tomaban un sobre con sus documentos y dinero, mis tíos corrían al patio de atrás, pasando sendos pórticos donde se disimulaba una pequeña puerta que fue usada durante mucho tiempo como puerta de servicio y ganaban la calle.
No salíamos solos por ningún motivo, y cuando regresábamos a la casa, teníamos códigos para que supieran que era alguno de la familia.
Solo de muy pocas personas nos pudimos despedir, casi nada nos llevamos, fue de un momento a otro, la señal nos la dio un socio del estudio jurídico de mi tío Juan, instantes antes que entraran a su casa para llevárselo a él también y sentir del otro lado de la línea su nombre a gritos, un disparo y mucho ruido de voces, ordenes, insultos y golpes. Silencio. Se cortó la comunicación.
Viajamos exiliados a Panamá, Venezuela, y España.
Este regreso mío, tiene el sabor de la búsqueda de la verdad, justicia y el cuerpo de mi tío Juan, fueron tantos los rumores, que lo vieron aquí, allá, tantas cosas sucedieron en el país, como en está casa abandonada, usurpada un tiempo, violentada, misterios, papeles arrugados por doquier, de lo que alguna vez fueron libros del Código Civil o Código Penal que el fuego no logró destruir.
Los vecinos en susurros contaron que hubo un incendio y que todos ayudaron a sofocarlo. Que la casa estuvo vigilada y con movimientos nocturnos, con gente extraña algunos uniformados otros no y a veces solo a veces la música era estridente, no había a quién quejarse.
Los asesores inmobiliarios, ya hicieron su trabajo, se restriegan las manos, hablan entre ellos, seguro piensan en hacer muchos dúplex pequeños y modernos, ganarán mucho dinero, eso a mi no me importa, me llevo de la casa el perfume de azahares del limonero añoso de cuatro estaciones.
Apuro la salida, no vuelvo la vista atrás.
Verónica
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Es un buen tema sobre el que habria que escribir siempre. para que no se olvide.
La lluvia y el poco sol....no alcanzaban para secarlas, fijate no congruente.
Expresa bien los sentimientos. Ya que te gustan los detalles podrias ponerle anaqueles etc, pero esta bien asi. Tiene partes impactantes.
saludos -
Si, la historia es impactante, y muy bien narrada, salvo por detalles de puntuación. Me recordó ese miedo que te hacía vivir con el dinero y el documento en el bolsillo, por cualquier cosa... Pero también me recordó la desconfianza con que nos mirábamos unos a otros los vecinos, una desconfianza que no deberíamos haber dejado que nos instalen. Pero tantas cosas no deberían haber pasado. Por suerte para algunos, los afectos sobreviven, y del exilio se vuelve. A los desaparecidos los seguimos y seguiremos llorando y también seguiremos reclamando justicia para ellos.
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Me deja esa sensación dura, seria.
Me pareció muy sólido tu relato, logra expresar tanta intensidad!
Lo que siente la persona, los recuerdos mezclados en el abandonado paisaje... muy buena.
Una cosa que me gustó especialmente, el olor a azahares de limonero, que es tan característico... me quedo con ese recuerdo.
Muy buen relato de una época para no olvidar.
