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Una hora.

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Buenas a todos!!! Cómo la idea es empezar el 2009 escribiendo con todo, ya comenzamos ...

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    #1 Una hora.
    Buenas a todos!!!

    Cómo la idea es empezar el 2009 escribiendo con todo, ya comenzamos con un nuevo formato. Bajo la etiqueda de consignas vamos a trabajar de un modo un poco diferente como lo venimos haciendo hasta ahora.

    Hemos trabajado con varios EJERCICIOS. En estos se planteaba un punto (casi siempre teórico) que buscaba que el usuario pudiese explotar determinado elemento o técnica de la escritura. Como resultado, se solía publicar un texto, un fragmento, apuntando a ese objetivo.

    Las CONSIGNAS van a ser un poco diferentes. Se trata de disparadores de la escritura. Voy a estar dando con cierta periodicidad, algún concepto argumental y/o estructural que habrá que desarrollar en el texto. En este caso hay que escribir un texto completo, mayormente cuento (aunque también podrá ser poesía, a gusto del usuario). No hay límites de páginas ni nada. Estaría bueno también que los demás usuarios dejen sus comentarios sobre lo publicado.

    Las CONSIGNAS son abiertas, se pueden utilizar en todo momento, pero irán avanzando a lo largo del tiempo, con esa cierta regularidad que menciono (podría decir quincenal, pero quiero evaluar la respuesta, más ahora en vacaciones).

    Bueno, entonces pasamos a la primer...

    CONSIGNA: Contar una historia que se desarrolle EN EL LAPSO DE UNA HORA.

    La idea es hacerlo sin trucos, sin flashback, sin vueltas...simplemente una historia de una hora. Pero bueno, como esto es un disparador, se aceptan variantes.

    Gente, espero que les guste la propuesta...a escribir!!!
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  • #2 Re: Una hora.

    Hice el cuento recién con la consigna que me pareció muy interesante... pero no puedo subirlo. Bha puedo, pero todo mal configurado. Un bajón, ojalá algún día pueda arreglar esto. =(
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  • #3 Re: Una hora.

    Si querés pasámelo por mail y te lo edito! (hoy no creo porque estoy con fiebre y voy a dejar la compu)
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  • #4 Re: Una hora.

    ¡Muy interesante propuesta! Probablemente mañana escriba algo.
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  • #5 Re: Una hora.

    Inesperadamente dulce


    Pasaría por mí a las once. Sólo para elevar mi ego, elegí mi mejor vestuario; quería impactarlo. Las relaciones frustradas dejan tragos amargos y a veces suena interesante volver a conquistar. Y surtió efecto: cuándo me vio salir hacia su auto, enfundada en un vestido rojo, con el cabello suelto y un par de aretes colgantes, perdió la respiración.
    Nunca fui una mujer coqueta ni seductora, pero aquella noche lo ameritaba.

    -Te dije que estás preciosa, ¿no? -su comentario me sacó de mis pensamientos.
    -Ah, muchas gracias, pero no es gran cosa.

    -Lo es. Debo decirte que hacía tiempo no me dejaba perplejo una belleza así -me miró y sonrió.

    ¿Por qué tenía que hablarme tan dulcemente? No pude responder nada. Había jurado no enamorarme de nuevo.


    Entrelacé mis manos sobre la falda y sin esperármelo, acarició mi cabello.
    Levanté un poco los ojos y me topé con una mirada cálida. Nunca me había percatado de sus ojos color miel, y ahora, frente a los míos, no me dejaban pensar en otra cosa.
    Alargó su mano hacia mi rostro y me lo acercó al suyo.
    El corazón quería salirse de mi pecho y los sentidos no me respondían. Quise moverme, pero algo me lo impedía.
    Cerré los ojos y su aroma me invadió. Envuelta en el perfume suave de su piel sentí su tibio aliento rozando mi boca, y sin aviso previo, me besó.
    Primero con un beso suave, tímido, pero los que vinieron despúes se hicieron mucho mas intensos.
    Mi cerebro me pedía a gritos que haga algo, pero mi cuerpo parecía no escucharlo.

    Como si viera todo desde afuera, vi hundiendo mi mano en su cabello y dejándome llevar por el ritmo de sus besos. Miles de cosas pasaban a galope por mi cabeza: recomendaciones, miedos, juramentos. Pero ya no quería detenerme. Y él tampoco.

    No tenía que ser así. ¿Qué me sucedía? Sólo quería pasar una noche agradable, pero sin esperarlo, comenzaba a sentir la imperiosa necesidad de amarlo.

    Dejó de besarme y fue como caer de un séptimo piso. No quería desprenderme de él. Estiré mis brazos sin darme cuenta como una chiquilla y, para mi sorpresa, sonriendo me estrechó haciéndome un lugarcito a su lado.

    -Mark...yo... este.. -comencé sin saber bien que quería decir.

    -Shh, no digas nada -silenció poniendo un dedo en mis labios.
    Estaba completamente idiotizada. Hubiera deseado que el mismo mundo se veniera abajo en ese instante para poder recobrar la cordura.

    -¿Querés tomar algo en mi casa, en vez de ir a un bar? -pregunté.
    Debí haber estado completamente demente para preguntar tal cosa. Un ser extraño se había apoderado de mí y no me dejaba razonar.

    En el ascensor me besó apasionadamente. Si tenía alguna oportunidad de reaccionar, era ésa.
    Subimos entrelazados y a partir de allí abandoné la tarea de resistirme; sólo quería entregarme mansamente al placer que comenzaba justito con la medianoche.
    Editado por Fleurr - 05.01.2009 19:19 hs.
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  • #6 Re: Una hora.

    ¡Qué linda historia! Y queda muy claro que se describe solo una hora. Me recuerda, en cierta forma lejana, a "Maravillosa esta noche".

    Tengo algunas dudas: ¿era la primera vez que salían o ya tenían algo? El punto de inflexión es que ella, de una posición inicial de que nada va a pasar termina sumisa primero y llevando la iniciativa después. En ese marco quizá convenga acentuar más su posición inicial, que solo le interesaba aumentar su ego (o sea, no le interesaba que pase algo con él). Así, el cambio que se produce inicialmente (su sumisión por enamoramiento) sorprende, y el final, con ella tomando el toro por las astas, aún más. Acá creo que es "viniera" hubiera deseado que el mismo mundo se venga abajo
    Y estas palabras repiten el sonido: Entramos entrelazados
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  • #7 Re: Una hora.

    Gracias por leerlo Wal!Si coincido en lo que me decís, es cierto. Ni buen pueda edito, y tratare de pulir eso que yo tambien lo noto ahora. Gracias!Beso.
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  • #8 Re: Una hora.

    Mitre y Medrano

    El reloj marcó las 23, cerró el libro de Chopra que estaba leyendo, ni se preocupó por marcar la hoja, se puso de pie, tomó el saco y salió.
    Mientras bajaba en el ascensor revisó los bolsillos interiores y corroboró que no se había olvidado nada. Ya en la vereda le hizo señas al primer taxi.
    - Mitre y Medrano por favor.
    Durante el trayecto, un mensaje de texto en su celular le avisó que ya los estaban esperando.
    El auto de alquiler se detuvo, le dio un billete de 20 pesos y ni esperó el vuelto, se bajó presuroso.
    En la esquina estaba él esperándolo, entre sombras y con poca luz, lo saludó:
    - ¿Que haces fierita, vos te das con tu pibe? les traje para los dos el paco.
    - ¡Y yo te traje la parca!
    Bang, Bang, dos tiros bastaron, guardó el arma, dio media vuelta y caminó sin que nadie lo detenga hasta Rivadavia, allí se subió al primer taxi.
    De regreso en su casa, depositó la 9 en el cajón de su escritorio, y mientras observaba el portarretrato con la foto de Gastón, el viejo reloj daba la duodécima campanada, anunciando el comienzo del nuevo día.

    HORUS
    2009
    Editado por HO®US - 03.01.2009 14:45 hs.
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  • #9 Re: Una hora.

    Horus:

    Me gustó mucho el cuento, fuerte, intenso hasta el final. Real sin dudas, crudo, y no es dificil imaginar que así sucede tantas veces.

    Esta frase: Mientras bajaba en el ascensor revisó los bolsillos interiores, corroboró que no se había olvidado nada.
    Me parece que debería ir un "Y" o un punto y coma en vez de la coma.

    Y esta otra: Durante el trayecto, un mensaje de texto en su celular, le avisó que ya los estaban esperando.
    La coma que va despúes de celular creo que no va.

    Muy buen relato, corto, presiso y con una idea que cierra por todos lados a pesar de su brevedad. ¡Muy bueno!
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  • #10 Re: Una hora.

    En Buenos Aires, sólo el tiempo es puntual

    Salí de la oficina maldiciendo; el horario de visitas era de cinco a siete y mi reloj marcaba las seis menos diez. Me había atrasado y todo por una discusión con un estúpido novato de la sección de contaduría. Ya va a conocer mis influencias ese mocoso inútil. Por lo pronto, si quería llegar a tiempo al hospital, debía apurarme.
    Caminé dos cuadras hasta el estacionamiento a toda velocidad; sentí que mis piernas volaban sobre el asfalto caliente. Mientras andaba, me quité la corbata y el saco. El calor que hacía, era agobiante.
    Llegando a la entrada del garaje, un hombre vestido con harapos y con un tarrito colgando del pecho estaba parado en medio de la vereda; con un gesto lastimero, me rogó que le diera una limosna. Fingiendo no haberlo visto intenté hacerme a un lado, pero él se movió al mismo tiempo, bloqueándome. Me moví hacia el otro, pero sucedió lo mismo. Calculé que si no sacaba una moneda del saco, nos quedaríamos jugando al espejo durante el resto del día. Hurgué en mis bolsillos y no encontré ningún círculo metálico; sólo un billete de diez. Miré a Belgrano con una pena tan grande como la alegría que habrá sentido el vagabundo al estrujarlo en su mano.
    -¡Gracias, señor! ¡Dios lo bendiga a usted! –dijo con la voz ajada.
    -De nada, caballero, disfrútelos y no se los beba –respondí de mala gana.
    Entré al estacionamiento y fui directamente a la ventanilla. Sobre el acrílico azul, un cartelito escrito en lápiz, rezaba: ¡Enseguida vuelvo!
    Con una abrumadora sensación de estar siendo tomado por tonto, comencé a golpear la ventanilla. De la otra punta del estacionamiento se oyó la voz del encargado:
    -Señor, si dice “enseguida vuelvo”, es porque estoy ocupado –gritó, como gritan las madres cuando el nene se come el postre reservado para el día siguiente. El tipo estaba acuclillado junto a lo que parecía una cañería destrozada.
    -Disculpe, es que estoy muy apurado. ¿Me podría dar las llaves por favor? –supliqué.
    El hombre no respondió, pero pude escuchar su bufido a una diametral distancia. Se levantó con toda la pachorra del mundo y lentamente –¡muy lentamente!- avanzó hacia donde estaba yo. Miré mi reloj: seis y cinco pasadas. Calculé unos veinticinco minutos de viaje hasta el Durand, diez minutos más con algún hipotético retraso y me quedaban veinte para hacer una breve pero eficaz visita a Helena. Le había prometido pasar, y si no lo hacía, me lo reprocharía hasta el día en que los ángeles bajaran a buscarme.
    -¿Coche?
    -Mondeo gris, el del fondo –contesté rápidamente. Es gracioso, pero uno cuando está apurado, habla apurado; como si eso implicara un ahorro temporal.
    El hombre me miró con aburrimiento por encima de los lentes.
    -Acompáñeme, tengo que mover uno que está adelante.
    Un intenso calor me abrasó el rostro. Asentí, desviando la mirada hacia la calle para putear en silencio.
    -Señor…
    -¡Qué! –escupí con mal genio. Al ver el rostro contraído del pobre tipo, me disculpe-: Perdone, ando nervioso, mi hermana está por dar a luz y ando con los cables cruzados…
    -Si, está bien, está bien… ¿Me va a pagar ahora o se lo fío? –ironizó sin darme ni cinco de bola.
    Metí violentamente la mano en el bolsillo interior del saco y extraje la billetera. Mientras lo hacía no despegué la vista de su cara anteojuda y desproporcionada.
    -¿Cuánto? –pregunté.
    -Treinta y dos; y, por favor, págueme con cambio porque no tengo.
    Billetes de cien, cuatro putos billetes de cien. Intenté que se apiadara de mí.
    -¿Se lo puedo pagar mañana?, vengo todos los días…
    Me cortó en seco, golpeando la ventanilla con el dedo sobre un cartelito que decía: “No se fía, por cábala.”
    -¡La puta madre! –exclamé. En ese momento recordé que en la guantera tenía algunos billetes sueltos. Con suerte me alcanzarían para pagar-. En el auto tengo la plata.
    Me acompañó a paso de tortuga, hasta el coche. En la parte trasera del garaje, había una humedad que pudría los huesos. ¡Es asqueroso como mantienen ese lugar! Sin perder tiempo, mientras el encargado ponía en marcha el Renault 12 que estaba pegado a la trompa de mi Mondeo, subí al coche y encendí el motor. Al iluminarse el estéreo, leí el destello fosforescente: 18:17. Estaba, prácticamente, hasta las pelotas.
    Los dos bocinazos del tipo del Renault me despabilaron y me pusieron en acción. Camino a la salida, le aboné con lo justo y, en menos de lo que moja el agua, estuve afuera.
    El tránsito en calle era un desastre. Colectivos, autos (pequeños, medianos, grandes, extragrandes), motos, bicicletas, repartidores en patineta. El semáforo cambió a verde después de una eternidad y pico. Avancé a paso de hombre hasta Cerrito y doblé a la derecha. Una vez que agarrara Rivadavia, estaba salvado; el resto del viaje se hacía solo.
    Cuando creí que todo se había resuelto: semáforo en Mitre. Di un golpe al volante y me recliné en la butaca. Cerré los ojos, respiré hondo y encendí la radio. Una locutora con voz sensual, informaba: “…son las seis y veinticuatro de la tarde en la ciudad de Buenos Aires; en el acceso oeste a capital, el tránsito es…” La apagué antes de que me brotara la ira. ¡Qué podrido estaba de esperar! Ni siquiera estando en auto uno se salva de los contratiempos. Miré el semáforo, y seguía en rojo. Avancé un poquito sobre la senda peatonal. En un segundo pasaría a amarillo. Avancé otro poco. Mi atención estaba clavada en los faroles del semáforo. Cuando intenté adelantarme unos centímetros más, el Focus que venía cruzando embistió contra la trompa del Mondeo, de perfil. Eso fue a las seis y veinticinco. La ambulancia llegó diez minutos después. Por suerte, tanto yo como la mujer del Focus, no sufrimos daños muy graves. La pierna derecha me dolía insufriblemente; pero, como un idiota, seguía pensando en que llegaría tarde para visitar a Helena.
    Los paramédicos me subieron a la ambulancia y me trasladaron al hospital más cercano: el Fernández. En ese momento me resigné y me libré a los caprichos de mi mala suerte. Durante el viaje, para distraerme, oí lo que conversaban el acompañante con el chofer:
    -Negro, siete menos diez; llegamos al hospital, me cambio y rajo, ¿eh? Hoy no hago extras porque mi jermu me mata. Le prometí que a las ocho en punto estaba en Ramos Mejía. Primero tengo que pasar por casa, darme una duchita rápida y vestime más o menos para una cena, viste. Esperemos que una hora me alcance para todo eso…
    Editado por D.Vitrubio - 06.01.2009 09:40 hs.
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