#30 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009
LA ANCIANA
Son las cinco de la tarde y la temperatura no baja de los cuarenta grados, el camino es una senda polvorienta abierta en la tierra reseca y cuarteada, en el cielo azul no hay una sola nube que permita la sospecha de una lluvia aunque sea escasa. Hace semanas que recorro este camino para encontrarme con la anciana mataca que conocí accidentalmente en la feria del pueblo y que luego de conversar un rato aceptó hablarme de sus costumbres y creencias.
Hasta ahora los viajes no fueron muy productivos. La encuentro siempre sentada bajo el único palo borracho que se levanta en la tierra reseca, junto al rancho en que vive, poco más que una tapera. Su rostro, tan curtido como la tierra oculta su edad, su boca desdentada y su pelo trenzado, veteado de canas, contrasta con su cuerpo, fuerte y ágil.
Cuando llego me saluda y me convida con un mate que ya tiene preparado y después las dos permanecemos largo rato en silencio.Los primeros encuentros fueron así; a la anciana le brotaban los silencios como hojas secas que se desprendían al nacer, pero poco a poco me fui ganando su confianza y empezó a hablarme de su vida y sus creencias, ahora sincretizadas con el cristianismo (yo deseo saber en que creían y como vivían antes de que los blancos se intrusieran en su vida).
“Hasta hace unos años esto era todo monte, después talaron todo y la tierra se secó, la tierra ahora está enferma, lo mismo que el río donde ya no hay peces, por eso todos se fueron yendo, yo sigo aquí porque éste es mi lugar, no podría a vivir en otro lado. Mis hijos se fueron, pero vienen siempre que pueden a visitarme. Tengo buenos hijos, pero acá ya no podían vivir y tuvieron que partir”
Junto al rancho hay una larga hilera de cuencos y vasijas de barro que la mujer hace y después vende en el pueblo. Son muy bellas, le compro algunas y me marcho, quedamos en vernos hoy. Ya me quedan pocos días para terminar mi estadía en el Chaco salteño y quiero saber más sobre los matacos.
Llego hasta el rancho y repetimos la ceremonia del mate en silencio, ella me habló de sus hijos pero no de su marido y ante una pregunta retoma su relato.
“Cuando yo era joven el monte era tupido. El Icancho había formado todos los árboles, el primero el palo borracho, que es para nosotros símbolo de la abundancia.
Me casé y juntos construimos la casa. Él era un hombre fuerte y trabajaba como hachero. El río estaba entonces lleno de peces, había muchos dorados. Yo tejía y hacía los cacharros” me cuenta señalando las vasijas.
“Tuvimos diez hijos, a cinco se los llevó el Hombre enfermedad, se les metió adentro del cuerpo, así de chiquitos nomás…los otros cinco se criaron bien, fuertes… no, no había escuelas por acá entonces, después sí hubo. Vinieron unas monjas y ahí aprendieron a leer y escribir, pero no en nuestra lengua y entonces dejaron nuestras creencias.
Las monjas nos convencieron y los bautizamos, ya eran mozos y de a uno comenzaron a irse, hasta que nos quedamos como al principio, mi hombre y yo solos acá”
“Pero ya no había árboles, ni peces y a él también le entró el Hombre enfermedad y buscamos al chamán para que le ayudara, pero nos dijo que el hombre enfermedad que le había entrado era muy poderoso y que poco se podía hacer. Nos dejó unos brebajes para que no sufriera tanto y después de un tiempo el también me dejo. Pero como era un hombre bueno de su cuerpo salió el crespín que me canta desde la copa del árbol.”
En cada encuentro la mujer se mostraba más confiada. Los silencios seguían siendo largos pero de a poco me iba contando cosas de su gente
Anochecía ya cuando volvía para el pueblo. La luna llena y las estrellas brillaban como solo pueden brillar en los lugares desiertos y la mujer hablaba:
“Los hombres blancos solo nos han traído desgracias, son todos hijos de “Mozo” que fue criado por la hija de diablo quien les dio la astucia que tienen para dominarnos y hacernos perder nuestras creencias”. Por primera vez su voz se escucha entristecida.
“Dios, el dueño del agua creó a Tok´uaj para que nos protegiera, pero pese a toda su sabiduría la astucia del blanco es mas fuerte.
Nosotros venimos del Hombre –cuervo, que no quería estar solo y creó a los demás hombres: el transmitió la soledad, la sabiduría y la riqueza y nos enseño a comer el doca (tacsi) que es nuestro pan.”
“Pero todo eso se ha perdido ahora, solo nos queda el Hombre luna y su esposa, el lucero que la acompaña” me dice mirando esa luna increíble.
“Ahora ya no tenemos chamanes, se olvidaron los ritos y las magias que curaban las enfermedades y la medicina blanca no llega y cuando llega no nos cura. Tok´uaj no puede hacer nada: el dios cristiano es más poderoso” Una sonrisa triste arruga aún más su cara.
Es el último día que paso con la anciana, conozco un poco más de la historia de un lugar que ya no existe, del mundo perdido de los matacos, miro la tierra seca y la pienso cubierta de bosques y con los ríos llenos de peces y le pido permiso para abrazarla. Acepta y la siento incómoda, me separo y la saludos respetuosamente. Subo a la camioneta y emprendo el camino regreso por el sendero polvoriento, el polvo y la tristeza me van llenando el alma.
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* La historia de un lugar
* Le brotaban los silencios como hojas secas que se desprendían al nacer