#50 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009
EL VEINTICUATRO
El veinticuatro era un pueblo en medio del campo a trescientos kilómetros de la ciudad más cercana. Digo “era” porque hoy ya no existe. Este pueblo —si se puede llamar así a un lugar con doscientos habitantes— estaba dividido por las vías del tren. Esta separación no solo era topográfica, sino que estaba grabada en el alma de sus habitantes: se era de éste lado de la vía, o del otro lado de la vía. No se conoce el origen de esta separatividad. Cada lado construyó su propia escuela, almacén y calle principal. Estaba el destacamento de policía de éste lado de la vía, que contaba con un solo oficial, al igual que el destacamento del otro lado de la vía. Así las cosas; las gentes de El veinticuatro vivían en separada armonía; que comenzó a romperse cuando la comisión vecinal de éste lado de la vía decidió construir una iglesia y se consiguieron un cura. Los vecinos del otro lado de la vía se reunieron para decidir qué harían al respecto; no podían permitir que los de éste lado tuvieran una iglesia y ellos nada. Varias propuestas se lanzaron; algunos proponían simplemente construir una iglesia igual con otro cura; otros querían algo más importante; como ser una catedral. Cada cual mantenía su postura hasta que Don Eusebio, el más viejo del otro lado de la vía con ciento veinticinco años, que hasta el momento se había mantenido en silencio propuso:
—¡Nosotros deberíamos tener un aiselgi! —Todos se quedaron callados mirándolo, era conocida su sabiduría y gozaba de gran respeto entre todos los vecinos del otro lado de la vía.
—¿Qué es un aiselgi Don Eusebio? —preguntó alguien.
—Un aiselgi es exactamente lo contrario de una iglesia; es un lugar donde se le rinde culto al Diablo.
—¿Y cómo conseguimos uno de esos? —preguntaron los vecinos a la vez sorprendidos y entusiasmados.
—¿Lleva algún cura también? —volaban las preguntas hasta que Eusebio levantó una mano para pedir silencio.
—Yo lo puedo conseguir, y viene con algo mejor que un cura: voy a traer al mismo Diablo —sentenció el anciano desprendiendo las exclamaciones de alegría de los vecinos, que disfrutaban por anticipado la envidia de los de éste lado de la vía.
Don Eusebio, aparentemente, se relacionaba con el diablo desde que tenía cincuenta años, momento en el que dejó de envejecer. Los vecinos, siguiendo instrucciones precisas, construyeron el aiselgi con los mejores materiales disponibles y maderas de gran calidad. El resultado final fue una estructura muy similar a una iglesia, pero sin ningún símbolo o inscripción que las distinguiera.
El día de la inauguración, los cien vecinos del otro lado de la vía se encontraban dentro del aiselgi, ansiosos por ver al Diablo en persona. Don Eusebio, orgulloso, dirigió la presentación desde el púlpito con un breve elogio al esfuerzo de los vecinos, y tras un «¡con ustedes: el Diablo!», éste hizo su entrada. Un silencio total se produjo entre los espectadores que miraban asombrados. El Diablo vestía pantalón y camisa negra, aparentaba unos sesenta años bien llevados con aproximadamente metro ochenta de estatura y un cuerpo atlético, su cabello y barba blanca estaban prolijamente cortados. Apoyó ambas manos en el púlpito y fijó sus intensos ojos azules en el atónito público.
—Buenos días —dijo el diablo con voz de barítono y una sonrisa de blancos dientes.
—Buenos días señor Diablo —dijo tímidamente uno de los vecinos mas audaces—, teníamos otra imagen de usted.
—Sí, ya lo sé —contestó sonriendo comprensivamente—, he sido víctima durante siglos de una campaña en mi contra; pero ésa es una cuestión de márketing a la que no le doy mayor importancia. Hoy, y durante los siguientes tres domingos —continuó con voz cada vez más potente—, voy a hablarles de la importancia de estar unidos, no sólo los del otro lado; sino también los de éste lado de la vía. Todo El veinticuatro debe funcionar como una unidad —los vecinos mudaron la expresión de sorpresa a la de decepción.
Durante toda la semana de lo único que se habló, en el otro lado de la vía, fue del extraño pedido del Diablo. Algunos recriminaban a Don Eusebio por la elección de alguien tan blando; pero la mayoría esperaba con ansias el domingo para escuchar algo nuevo.
Con grandes técnicas de oratoria, el Diablo instó durante los siguientes domingos a entablar relaciones con los de éste lado de la vía para lograr un “El veinticuatro” unido. Pero sus esfuerzos fueron estériles. Los tibios intentos de algunos por comunicarse con los otros vecinos, fueron apagados rápidamente por los más separatistas —que eran mayoría—. «Deberíamos haber traído a alguien de la iglesia, ¡ésos sí que sabrían cómo pelear con los de éste lado!» comentaban los más indignados.
Al fin llegó el último domingo. Estaban todos reunidos dentro del aiselgi, murmurando y discutiendo al mismo tiempo. Cuando el Diablo se presentó tras el púlpito, con una expresión seria que no había mostrado hasta el momento, impuso un respetuoso silencio. Miraba uno por uno a los ojos hasta que, con gravedad preguntó:
—¿Qué es lo que quieren, que desaparezcan los de éste lado de la vía? —luego de un momento de duda y confusión, uno de los vecinos tomó la palabra.
—No queremos que desaparezcan, queremos ser mejores que ellos, y que ellos lo sepan —todos asintieron apoyando ese comentario. El Diablo, que en ciertos temas era neutral sentenció:
—Lo que ustedes quieren no puede ser, y lo que yo quiero tampoco. Por lo tanto, en el transcurso de un mes, El veinticuatro dejará de existir.
El primero en irse del pueblo fue Don Eusebio. Poco a poco, los referentes de ambos lados de la vía por distintos motivos, se mudaron a la ciudad. Los pocos que se resistieron a abandonar el pueblo, murieron por causa naturales. A las cuatro semanas de la última reunión en el aiselgi, no quedaba ningún habitante en El veinticuatro. Hoy se puede leer un cartel al lado de las vías que dice: «El veinticuatro, un pueblo que se fue al diablo».
FIN
Situaciones:
4) En ciertas cosas el diablo siempre es neutral
10) La historia de un lugar
Editado por eltuko - 12.06.2009 19:40 hs. | Motivo: Faltaban las situaciones