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Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

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Gracias por leer mi cuento, prehistórica! Esa frase a mí también me hace un poco ...8

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    Ana Alonso escribió hace 7 meses
     
    #1 Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009
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  • #71 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Gracias por leer mi cuento, prehistórica! Esa frase a mí también me hace un poco de ruido; me quedé pensando en ella bastante tiempo antes de postear el cuento, pero como el pretérito imperfecto siempre se utiliza con el condicional, decidí que debía ser así. La verad que todavía no lo tengo claro. También podría ser: "decidieran que hacer con él". No sé, a veces me desoriento.
    En cuanto al desarrollo, Cris lo leyó y también me dijo que tendría que ampliar más el contexto, y si no estuviera tan haragana seguramente lo haría, porque estoy de acuerdo en que faltan datos sobre ese mundo de los seres "armados".

    Bueno, de nuevo gracias por comentar mi cuento.

    Un abrazo.
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  • #72 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Cortocircuito

    Ese martes, Marcela no entendía la actitud de su jefe. La saludó desde lejos, levantando la mano, cuando habitualmente, al llegar, la abrazaba y halagaba expresando la atracción que sentía por ella. Marcela disfrutaba de esos mimos aunque no lo dejaba avanzar porque él estaba casado.

    Desesperado, se sentó detrás del escritorio y preguntó si hubo llamados. No despegaba la vista del teléfono.

    Todo había comenzado el día anterior, cuando estaba hablando con un cliente y la comunicación se cortó. El teléfono volvió a sonar, y cuando Abel atendió, escuchó una voz dulce y angelical que hablaba con entusiasmo:

    —...mañana tengo la entrevista, parece que es un buen trabajo, ¡ojalá tenga suerte!

    Abel no quiso interrumpir.

    —¿Ma? ¿Me escuchás?

    No pudo esconderse más. Tragó saliva, impostó la voz y habló:

    —Hola... yo soy Abel, parece que nuestra línea se ligó y quiero aprovechar para felicitarte...

    —¿Qué? ¿Estuvo escuchando todo? Disculpe, voy a cortar.

    —¡No, no! Espere...

    El tono acalló el fugaz encuentro. Abel colgó el auricular con exagerada lentitud. El aparato volvió a sonar.

    —¡Má! No sabés lo que pasó, estaba hablando con vos y de repente se ligó; un señor con voz de locutor...

    —Gracias por el halago —Abel modulaba cada palabra—. Tu voz también es bonita.

    —¿Otra vez? ¡Yo marqué el número de mi mamá! ¿Cómo es que atiende usted?

    —Quizá es un problema de la compañía de teléfonos. Podríamos reclamar juntos, ¿no?

    En lugar de respuesta, volvió el tono.

    —¡Hooola! ¿Por qué siempre me cortás?

    Ese lunes estuvo pendiente del teléfono durante toda la tarde, pero los llamados fueron los habituales, clientes y proveedores.

    Por eso, temprano en la mañana del martes, Abel pidió a Marcela que no atendiera el teléfono, él se ocuparía.

    El objetivo era conseguir su teléfono o alguna cita. Ensayó varios argumentos y casi se le escapa uno al escuchar la voz femenina de su mujer. Más tarde, sucedió.

    —¡Hola mamá! ¡Conseguí el trabajo! No sabés qué bueno...

    Abel interrumpió.

    —¡Te felicito! Seguramente te irá muy bien.

    Varios segundos separaron la respuesta.

    —Bueno... gracias.

    Al ataque, Abel continuó:

    —¿Cómo te llamás?

    Ella respondió «Cecilia». Tenía veinticuatro años, era contadora y ese era su primer trabajo. Abel se mostró comprensivo e interesado, le ofreció ayuda y hasta trabajo. Había preparado el terreno para la propuesta concreta.

    —¿Qué te parece si nos juntamos a almorzar?

    La respuesta fue el sonido del auricular ahogando la horquilla. Fue la primera vez que Marcela escuchó gritar a su jefe, aun con la puerta de su oficina cerrada.

    Lleno de bronca, se propuso encontrarla: consiguió un listado de las llamadas entrantes; identificó el teléfono de la dama; marcó el número y esperó impaciente oir su voz.

    «El número solicitado no corresponde a un usuario en servicio».

    —¡Noooo! ¡No puede seeeeeeer!

    Abel caminaba alrededor del escritorio intentando encontrar una respuesta coherente cuando lo sorprendió el teléfono.

    —Hola... ¿es Abel?

    Él se apoyó sobre el escritorio y con emoción adolescente, dijo «sí».

    —Fui irrespetuosa al colgarle, pero usted entenderá, no nos conocemos...

    —Por supuesto, Cecilia. Sólo quiero que hablemos mirándonos a los ojos.

    —No sé...

    —Podés elegir el lugar en el que te sientas más segura.

    —Ok, ¿que le parece el bar de la plaza San Martín, a las doce?

    —¡Por supuesto! Ahí estaré. Tengo un traje gris.

    —Yo voy con un solero floreado.

    Diez minutos antes de las doce, Abel estaba sentado, buscando un vestido floreado, o un solero, o cualquier cosa que indicara que Cecilia se acercaba. A la una de la tarde, muerto de frío, volvió a la oficina. Con los codos en el escritorio sostuvo su cabeza un largo rato mientras se lamentaba haber sido tan ingenuo. El teléfono sonó.

    —¡Muy bonito! ¡Dejar plantada a una dama!

    —¿Qué? ¡Pero si estuve esperándote más de una hora!

    —Yo estuve desde antes de las doce, usted no vino. Cuando comenzó a llover, me fui.

    —¿Lluvia? ¿A qué plaza fuiste?

    —A la plaza San Martín, en el bar que está frente a la municipalidad.

    —Pero ahi ya no funciona más la municipalidad, hace años.

    —¿Cómo que no? Yo hice trámites allí.

    —Bueno, como sea, ¿vamos de nuevo?

    —Sí, pero más tarde porque ahora está lloviendo.

    —¡Acá no llueve! Pero bueno..., quedamos para las cinco entonces.

    Abel fue al bar y consultó al mozo: ninguna mujer sola estuvo al mediodía por allí. Esperó y cuando los faroles de la plaza se encendieron, totalmente frustrado, volvió a la oficina con la intención de tomar su abrigo, su portafolios y volver a casa antes de que su mujer se preocupara por la demora.

    Luego de apagar las luces y mientras cerraba la puerta con llave, escuchó el teléfono. Era ella nuevamente. Quería seguir jugando con él. ¿Qué excusa pondría ahora? Esta vez sería él quien le cortaría, después de decirle unas cuántas cosas. Entró urgente y estiró el cuerpo para atender a tiempo. Comenzó a los gritos.

    —¿Y ahora qué pasó?

    —¿Abel? ¿Estás bien? Estaba preocupada porque no llegabas —su mujer, sorprendida, intentaba tranquilizarlo.

    —Ahhh... que bueno oírte, amor. Tuve un día terrible, ya voy para casa...
    Abel, abatido y silencioso, cenaba con la mirada perdida en algún lugar del tiempo, de las comunicaciones, de la confianza, del engaño.

    —¿Sabés? Hoy vi algo raro al mediodía, cuando iba al banco y crucé plaza San Martín.

    Abel levantó la mirada y le consultó, mientras sus manos comenzaban a transpirar, qué había visto.

    —¿Te acordás el edificio donde antes estaba la municipalidad? Bueno, lo abrieron nuevamente, ahi se realizan los trámites ahora. Y como nosotros necesitamos tramitar el...

    Abel dejó de escuchar. Por un momento dudó sobre si estaba con su mujer o con Cecilia, si estaba hablando con Marcela o si su vida era solo una confusión de los cables del destino.



    Frases usadas:
    Miró impaciente hacia la nada, ésta le devolvió el gesto con el más cruel rostro del pasado.
    La llovizna hace brillar las baldosas
    Editado por Wallp - 14.06.2009 20:22 hs.
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  • #73 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Más sabe por viejo

    Francisco miró el portarretratos y suspiró; enarcó las cejas blancas y gruñó apreciativo mientras contemplaba el color amarillento y sepia del rostro de su madre. Mientras tanto, se oían ruidos provenientes de toda la casa. En el salón la gente estaba agolpada esperando a que el hombre bajara del altillo; en realidad, esperando a que (“pordiosanto”, decía Mabel) no se suicidara. Tal había sido la declaración de Francisco minutos antes, en plena celebración de su centenario. “Cumple cien años y se quiere matar, ¿qué mundo es este?, ¿adónde se vio semejante locura? ”, se mortificaba Mabel desde el pasillo; al instante alguien la silenció. Abajo, en el jardín delantero, había un gentío profiriendo halagos maravillosos que remitían a su antigüedad en el pueblo, su indispensabilidad, su manera tan particular de ser, sus históricos aportes, etc. El viejo se desternillaba de risa, solo allí arriba entre muebles viejos y telarañas. Abrió apenitas una ventana y asomó la cabeza.
    —¡No voy a bajar, manga de zalameros! Me van a… -paró para contener una carcajada-, Me van a sacar con las patas pa delante de acá. ¡Se los aseguro! –bramó con voz lozana.
    Abajo, la gente se revolvió como un hormiguero; alguno que otro se agarraba la cabeza. Nadie podría creer que el viejo poseyera semejante lucidez. “¿Dónde se vio semejante locura?”, habría dicho Mabel, su mucama. Francisco los miraba con cierta lástima; no podía evitarlo, los quería, a todos ellos, pero eran unos tontos incurables. Fuera de la muchedumbre lo ubicó al Ramón, el peoncito del mercado: estaba sentado en el cordón de la vereda mirando hacia la plaza, sin prestar atención a lo que estaba sucediendo en la casa de Francisco; así tenía que ser. El viejo asintió aprobativo. Pasó la mirada hacia el centro del patio y, otra vez con aire divertido, se volvió hacia el interior del altillo.
    —Vamos a ver… -murmuró mientras revolvía el interior de una caja de madera-. Debe andar por acá. Mamita, ¿adónde lo guardaste?
    Tras hurgar en el fondo de la caja descubrió, bajo una tela raída, un pequeño bulto envuelto en cartón. En él había una llave con un colgante y el preciado espejo de plata.
    —¡Ah!, sí, ¡yo sabía! –dijo.
    Desde el pasillo interior, golpeaban la puerta y pedían a gritos que terminara la locura. Francisco asintió bulón y siguió con sus asuntos.

    Aquella mañana abrió la carta que su madre le había dejado antes de morir. Ella le había dicho que, el día que cumpla cien años exactos, o sea, el veintitrés de noviembre de mil novecientos noventa y siete, debía abrir el sobre; nunca antes de aquella fecha. Y Francisco respetó el mandato, incluso teniendo en cuenta que las probabilidades de que llegara a vivir cien años, eran muy, muy bajas.
    Por lo que, al amanecer de aquel día, fue hasta la caja (“Prohibida, siempre prohibida para Francisquito. Son cosas de mamá”), la abrió y encontró el sobre, y en él las instrucciones: 1) Poner el espejo de plata para que reflejara la luz y formara un halo brillante sobre el pueblo; 2) Abrir el armario, buscar lo importante y saltar por la ventana más alta de la casa; 3) Reencuentro con mamá al este del Edén.

    Nada más, ni un “te quiero”, ni un “post data” que revelara algo. Gruñó, aunque se sentía feliz por el contacto con lo viejo; era como retroceder a la infancia.
    Tomó el espejo, que era un redondel perfecto, y lo instaló en una ranura del marco de la ventana. Desde el patio, los presentes habían comenzado a cantar el feliz cumpleaños a ver si así lo convencían:
    —¡¡Y que cuuumplas muuuchos máaas!! –cantaban.
    A Francisco le daba igual… había escuchado cien veces esa bobada.
    —¿Para qué muchos más? Ustedes porque son gorriones todavía –decía a media voz mientras se dirigía al placard de roble.
    Supuestamente, según la historia que le había contado su madre, el placard le había pertenecido a la abuela de Francisco; a Francisca, “Ica”, Romano, quien fue hija de un labrador griego de apellido Dedalópulus, descendiente de..., y la cadena no terminaba jamás. Francisco recordaba aquellas tardes en que su madre desglosaba el árbol familiar hasta llegar al nacimiento de Roma. Parte realidad, parte fantasía; eso suponía él hasta aquel día, cuando abrió por fin el mítico armario y vio las alas de quien fuera su supuesto antepasado mitológico: Dédalo. Al verlas lanzó un grito de júbilo; esto alteró al tumulto del otro lado: temían un infarto o algo por el estilo.
    Pasada una hora de silencio, se abrió la ventana del altillo. Desde abajo todos temían lo peor.
    —¡Va a saltar!
    —Se nos va Francisco…
    —Cien años y mirá qué determinación tan disparatada, che.
    Cuando el sol del atardecer cayó sobre el espejo de plata, una inmensa nube de luz anuló el pueblo entero. Los quejidos de la gente ahora eran anónimos para Francisco. Éste, con celeridad, se sentó al borde de la ventana y, tras una despedida a viva voz, saltó.

    A las pocas horas lo estaban velando. Mabel lloraba a moco tendido; mucha gente se sentía conmovida por aquella desgracia. Algunos decían que por lo menos había muerto feliz, que no había que ser dramáticos. Era un buen hombre, sólo que estaba un poco loco. Cuando registraron la casa no encontraron nada en el altillo, salvo la extraña carta de la madre, que leyeron en el velatorio sin mucho sentido. No supieron nunca cómo fue que se hizo aquella luz, ni nada; pero esas cosas terminaron por no importar. Sólo Ramón supo parte de la verdadera historia, porque fue el único que pudo ver el momento en que las alas salían despedidas por la ventana, atadas a la espalda de un hombre que reía burlón, divertido, y hacía señas obscenas a los presentes. Lo vio parecido a Francisco, sólo que un poco más transparente; llevaba consigo un portarretratos y un plato gris. Voló hacia el este.

    - - - -

    Situaciones:

    Un hombre muy viejo con unas alas enormes
    La imagen duro solo unos segundos, pero dejó grabada en los presentes, un enorme par de alas
    (algo así, no me las acuerdo textuales )
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  • #74 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Eltuko con el veinticuatro: Ajajaja, me suena a pueblo de mitad de carretera. En México abundan esos... Ok, la idea es fantástica y original, el diablo es muy buen diablo, la critica de a la religión esta ahí (mas bien diría lo que los humanos efectúan profesan religión). El argumento también es muy bueno; la historia es sencilla simple se lee de corrido y esta buena. La única cosa que me complica la lectura es la referencia a los de este y otro lado. A veces me confundí con eso. No se si seria mejor ponerles algún vocativo como izquierda derecha, norte, sur, o algo por el estilo para que no surjan confusiones digo...

    Rossiangela con el hueco: hummm... bien... este... Ángela me tenías que presentar este relato en otro momento que en estos días historias como estas me dan lo mismo ya he leído, visto y escuchado suficientes del tipo como para poder ignorarlas. Empieza bien me gusta la escena en la que aparecen todos los niños como ratoncitos a su madriguera. Mira no se si es por el limite de mil palabras pero para que los niños se vena un poco mas creíbles sobre todo Mirella se necesita saber mas de ellos, sobre todo en el ámbito psicológico. Más esa chica que no me termina de convencer. Es un personaje que raya en lo ideal y suena poco creíble. Digo si su mamá le dad dinero y tiene casa es crueldad para los otros que comparten con ella. Que hable les puede ir mejor a todos! Sean los que sean los motivos Igual una madre que abandona la hija por una semana entera!!???!!
    Hay mucho que pensar en esa parte, digo solo en Mirella los demás son clásicos niños de la calle. Yo creo que como autora creaste un gran personaje y la situaste en un buen contexto, te digo lo demás a mi me suena a cuento repetido...

    D. Vitrubio con Necesidad de AStina: jajajaj el final esta muy bueno. Deberías de presentar la idea como guión de comercial... ajajaja.
    La historia esta simpatica pero ahora si te equivocaste!!! a menos que penativa: "Anabel, penativa, salió de la cocina y…" sea una palabra que no esta en mi diccionario jajaajaj. Aca hay otra: "a dejar la comida y no vamos con tu Papá…" jajaj nombre que errores es solamente tipeo...
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  • #75 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Para niños de todas las edades

    En aquel momento, casi todos habían encontrado la forma de vivir como si aún fuesen niños. Para algunos la vida era un juego que volvía a empezar día a día, donde no importaba tanto el resultado como permanecer entusiasmados en el entretenimiento. Otros tomaban de la niñez la búsqueda de protección y, los más descarados, usaban la picaresca infantil de culpar a los objetos y a los demás de sus propios errores e irresponsabilidades.

    Complicada era la situación de quienes se transformaban en niños dependientes, ya que los pocos mayores que no se habían convertido en jóvenes, no estaban dispuestos a contener, guiar y criar a niños que en realidad ya habían dejado de serlo.

    Fue así que surgió la figura de madre colectiva. Su función era la de contener, guiar e impartir justicia entre los niños hermanos de su barrio. En poco tiempo se sancionó la ley que reglamentó el nuevo método, incluyendo capacitación, seguimiento y directivas de todo tipo. Respaldados por un grupo de psicopedagogos, psicólogos y sociólogos aportados por el gobierno, el plan no tenía fisuras.

    La «Coordinadora de Madres Colectivas», que agrupaba a las madres de cada barrio del país, trabajaba a toda máquina. Producían nuevos cuentos aleccionadores que mantenían la paz y la tranquilidad entre los participantes y otorgaban premios a quienes cumplían su papel en la sociedad, tanto como adultos cuanto como niños.

    Quedaban fuera de estos planes las personas mayores, quienes ya no podían producir, y los adultos que decidieron hacerse cargo ellos mismos de su niño interior, dejándolo expresarse cada vez que quisiera, pero sin depender de otros en cada paso. Entonces, viejos e independientes se organizaron con el objetivo de mantener la tradición, la naturalidad en el paso del tiempo y rechazar los intentos de control del gobierno. Formaron el «Grupo por el Desarrollo Natural no Manipulado», o GENOMA.

    Era muy difícil oponerse al movimiento de la niñez permanente. Es que después de décadas de logarítmico crecimiento demográfico sobrevino la ausencia de nacimientos más grande de la historia. Toda la industria de entretenimientos y de productos para chicos, se había quedado sin clientes. Y lo que comenzó como una campaña publicitaria de una empresa se transformó, una vez obtenido el apoyo del gobierno, en el eje del funcionamiento de la sociedad.

    Conforme pasaban los años, el GENOMA fue presentado sus denuncias. Se enumeraron las empresas de entretenimientos que de estar en la bancarrota comenzaron a crecer más y más, de cómo las jugueterías fueron quedando en manos del gobierno para garantizar la mejor distribución de juegos específicos para adultos-niños hasta llegar al monopolio, y señalaban que no era casual el paulatino reemplazo de la Coordinadora de Madres Colectivas sobre instituciones tradicionales como la iglesia, los clubes y los partidos políticos.

    Pero el GENOMA tenía en sus principios e integrantes la semilla de su fracaso. Eran tan realistas en respetar el paso del tiempo que éste los fue devorando poco a poco.

    En la plaza principal, después del horario laboral, se veía a las personas jugando. Se corrían entre ellos, se hamacaban, simulaban caballos, sonreían, se ensuciaban sin sentir culpa por ello y a veces se lastimaban sin querer. Había trajes, mamelucos, polleras y vaqueros llenos de arena. Y en el ya desusado banco de la plaza, un viejo observaba. No podía creer la manipulación a la que todos se prestaban voluntaria y alegremente. Tan fácil como quitarle un dulce a un niño, la fuerza de trabajo era cambiada solamente por alegrías infantiles. Para impedir esa situación, él se había embarcado en la creación del grupo, siendo uno de sus fundadores.

    El viejo, conciente de que dentro suyo vivían el maduro, el adulto, el adolescente y el niño, y con el fuerte temor de que uno de ellos quisiera traicionar su naturalidad entregándose de brazos abiertos a madres falsas que con zanahorias de burro buscaban los beneficios del gobierno actual, quiso correr: no soportaba ese triste espectáculo. Pero los años pesaban tanto que el angustiante esfuerzo no fue gratuito. Mientras todos jugaban en la plaza, sólo el alma del viejo corrió, dejando atrás a su cuerpo. Murió así, uno de los últimos integrantes del GENOMA, logrando, al menos él, cumplir su objetivo: morir siendo viejo, independiente y libre. Quedó pendiente entonces, esa tarea, para el resto de la sociedad de grandes chicos.

    Frases
    sus pies caminaban solos
    cuando vio más allá de sus ojos entendió todo
    en ciertas cosas el diablo siempre es neutral
    Editado por Wallp - 14.06.2009 20:24 hs.
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  • #76 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Wallp, muy buena tu historia. Está impecable, el relato, la descripción de los personajes.
    Al principio pensé que la cosa pasaba por realidades paralelas, pero el fnal me sorprendió.
    Me gustó.

    DVitrubio: Cómo me gustó tu historia! Super tierno el personaje, realmente la tenía clara. Y hay joyas (aunque vos ya lo debés saber) intercaladas en el texto, como pasando inadvertidas...

    —¡¡Y que cuuumplas muuuchos máaas!! –cantaban.
    A Francisco le daba igual… había escuchado cien veces esa bobada.
    O este... “pordiosanto” que permite imaginarse al personaje de cuerpo entero.
    Muy bien narrado, queda super claro, es romántico del romanticismo que a mi me gusta, el que se tiene con la vida, con las emociones. Me encantó.

    (Al margen: pusiste "bulón" en vez de "burlón")
    Editado por prehistórica - 11.06.2009 10:01 hs.
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  • #77 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Hola Wallp.: me encantó tu historia, tan fantástica y tan real.Espero terminar mis días como tu viejo creador de GENOMA: vieja e independiente.
    Saludos
    Ángela
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  • #78 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Hola Wallp: fantástico el relato. A tu pobre personaje le deben de haber quedado todos los cables pelados.
    Saludos
    Ángela
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  • #79 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Hola Dani: no más elogios:me sorprendes tanto con cada cuento,que es un deleite leerte
    Saludos
    Ángela
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  • #80 Re: Ensalada de Situaciones - Tercera Ronda 2009

    Hola Evantar: gracias por haber leído el cuento. Lamento que te suene a repetido.Mientras yo siga viendo chicos,pidiendo y durmiendo en las calles voy a seguir escribiendo sobre eso,no puedo evitarlo,y la historia de Mirella es auténtica, real;es la única forma que tiene la madre para ganar el dinera que les permite vivir.
    Saludos
    Ángela
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