#31 Re: Ensalada de Situaciones - Quinta ronda 2009
Tres leyendas para un mito
Miró la luna, que desperdigaba su luz a través de los árboles, y suspiró. El resto del grupo, en torno a la fogata, lo observaba con respetuosa expectación. El hombre, ahora seguro de querer contar la historia tal como decían que había sido, se aclaró la garganta y se arrimó un poco más al fuego.
—Os hablaré de tres leyendas vinculadas a nuestro viaje –empezó diciendo–, aunque, en principio, se trata de dos. Dos leyendas tan unidas una a la otra que es difícil conjeturar cuál da mejor explicación al nacimiento a “La Llave”, el instrumento por el cual un hombre podrá ver el principio de la creación y el origen del primero de los seres.
—En Irlanda, tras la batalla de los Clanes Rojos, existió un joven orfebre, Elijah, quien sentía curiosidad por la naturaleza de su origen; pero, una inquietud por encima de la media humana. Según dicen, sucedió en medio de uno de sus recorridos en busca de arcilla y rocas preciosas, mientras merodeaba por un lejano bosque en las laderas de Ashtarnión, cuando entró en una pequeña cueva y descubrió una luminosa veta de oro que nacía en la entrada y terminaba no muy lejos del punto más hondo. Cualquier persona que presenciara dicho milagro, inmediatamente pensaría en las riquezas que obtendría a cambio de aquel oro. Elijah no. Él, que por primera vez entraba en contacto con aquel metal, comenzó a preguntarse si el hombre no sería algo así como ese hilillo de oro: si, como la roca era capaz de parir tamaña belleza, lo que fuera capaz de crear al hombre fuera algo gigantesco y fuerte, pero a la vez mortal e imperfecto. Entonces, ahí su primera teoría: el hombre de carne nació de un dios de tierra.
—Entonces, la leyenda habla de un origen fantástico…
—No interrumpas, caballero. La leyenda habla de un mito fantástico, pero no lo suficientemente fantástico como para ser mentira. Ya veréis.
—Continúa, Señor.
Éste asintió y prosiguió:
—El joven, animado por su genio, extrajo grandes cantidades del rico mineral y lo llevó a su taller valiéndose de un burro de carga y dos canastos. Hubiera sido peligroso que la aldea se enterase de su tesoro, por lo que, en secreto, dedicó largos días a la fundición del oro y a su transformación. Ayudado por un habilidoso herrero amigo de su padre, el joven orfebre construyó lo que hoy se conoce como “El arma de la Verdad”: una espada con un filo tal que, dicen, podía cortar la roca maciza con un simple impulso del brazo; nunca existió espada más poderosa. Los Cruzados la han buscado junto con el Grial y Las Cenizas; pero, como ya sabemos, no dieron con ella… ni con ninguna otra cosa.
Elijah dedujo que el arma contenía un poder abrumador, aunque supuso que, naturalmente, más que causar destrozos no podía. Ahí entendió que a su grandeza le faltaba algo, y ese algo vivía en la cima de una inaccesible montaña al oeste de Inmostath, circundada de espinos venenosos y custodiada por aquellos viajeros difuntos que alguna vez intentaron ganar su cumbre. Nadie conocía al hechicero, pero juraban que existía y que era capaz de conceder cualquier deseo al forastero que lograra llegar hasta él.
Como imaginaréis, el muchacho no dudó un segundo en armar su equipo y salir en busca de su destino. Hacia la noche de aquel día, bajo una luna circundada por livianas nubes grises, envolvió la espada en un paño, ató a su espalda y partió en dirección a las colinas del Oeste, hacia Inmostath. Ciertos campesinos de las zonas aisladas de Irlanda, quienes fueron testigos de su aventura, contaron que el viaje del joven había sido duro y peligroso; pero que él se mostraba, a pesar de todo, íntegro y viril para afrontar lo que fuera que habría allí en la cima. Siguiendo la fría margen de un arroyo, luego de andar siete días y siete noches con el peso de la Verdad a sus espaldas, llegó a las laderas de la montaña. Lo que allí vio, y a lo que se enfrentó, forman parte de otra historia que no es tiempo de contar. Os diré que, luego de persistir valientemente y con el espíritu en alto, llegó por fin a la morada del hechicero… Y aquí el doblez de las leyendas: la naturaleza del mago. Éste, según las antiguas culturas, es un enviado del Dios Creador, y su misión es proteger a la humanidad de la sabiduría absoluta. Por eso que llamó a Elijah y a su espada antes de que el joven descubriera cómo llamar a la Verdad. Fue una trampa desde el principio. Y he aquí su final: el muchacho, al llegar y ver que el viejo hechicero intentaba hacerse con la espada, luchó, pero perdió ante el juego sucio del otro. Tras un hechizo fue convertido en piedra, en una piedra imposible de destruir, y clavada en él quedó la espada. El mago, al usar semejante brujería, dejó a su cuerpo libre de la inmortalidad. Y, si todo es tal cual las leyendas, ahora, caballeros, quien logre quitar la espada de la piedra no sólo redimirá al muchacho del hechizo, sino que vencerá a quien se hace llamar Merlín el mago, y tendrá el conocimiento absoluto a su disposición. Nos queda un día de camino, por lo que debemos guardar fuerzas y rezar para que todo vaya bien. Siempre en nombre de Inglaterra. ¡Qué viva el Rey!
—¡Que viva! —corearon.
Tras un rato, cuando ya el fuego se hacía polvo, uno de los caballeros se acercó al Arturo y le preguntó:
—Señor, ¿no eran, acaso, tres leyendas las que habíais mencionado? Porque sólo nos ha contado dos de ellas.
Arturo, con expresión noble y templada, mirando hacia la altura de la montaña, respondió:
—Nosotros somos la tercera, joven. Confiad en que, luego de mañana, la historia nos guardará en su recuerdo para siempre.
Editado por D.Vitrubio - 02.10.2009 18:06 hs.