#23 Re: Nuevo Nuevo Juego Literario Ronda IX 2009
Llegar a casa es cuestión de tiempo, y de mundos
Impetuosos torrenciales de tiempos pretéritos sobrevolaron la noche de aquel sábado. La luna en lo alto alumbraba al joven que huía por las calles de una ciudad vacía, de fachadas adustas y lóbregas. El muchacho, luego de varias horas andando, advirtió la presencia de un hombre a lo lejos; fumaba. Tembló al verlo; sintió que el corazón le mordía en el pecho pero, imponiendo su monarquía sobre el cuerpo, trotó en dirección al enigmático, esquivándole a las paredes de aquellas casas sin cortinaje, polvorientas y encumbradas. Unos inútiles faroles alumbraban vagamente el empedrado de la calle…
—¿Tiene nombre el “joven”? –preguntó Bruno, irónico y afiebrado.
—Sí, sí…, Maxi –respondió su hermano.
—Okey, seguí.
En el viejo, los años de existir se reflejaban en la rugosidad de sus expresiones. Maxi, con la sangre azul de miedo, se arrimó y…
—¿El viejo es…? –interrumpía nuevamente.
—¡Esperá a que termine la historia! –lo interceptó el otro.
—¡Bueno, no me grites! ¡Terminá, dale!
...le preguntó:
—¡¿Cómo puedo volver a la zona de Agronomía?!
El anciano frunció el rostro horriblemente y replicó:
—¿Algoromíaaa? –con voz de bisagra. Luego, en un ataque de locura, murmuró que el día corriente era igual a algún número par y que habría luna roja.
Maxi, en pánico, recordó cómo había llegado allí: esperaba el 47. Éste no llegaba y la lluvia crecía gradualmente. De pronto, como salido de un relámpago, aparece un extraño coche gris que reza: Línea 0, y trae el cartel de Agronomía. Maxi, sin dudarlo, sube, saca boleto, se sienta en el último asiento y espera. El colectivo toma una ruta insólita, viaja por calles remotas y oscuras. El cielo rosado por la tormenta se ensombrece más de a ratos. Todo va relativamente bien, hasta que el colectivo se rompe. Maxi baja y, en un confuso episodio, todos desaparecen y él queda varado en aquella ciudad sombría.
Desesperado ante el viejo, insistió:
—Señor, necesito volver a…
—Allá, jovenzuelo, ¿acaso usted es ciego? –señaló hacia donde brillaba el colectivo–. El cero siempre está disponible…
Maxi, desconcertado, corrió y subió al vehículo, sacó boleto y echó una última mirada a aquel escenario fantástico. Una sola no era suficiente, no; miró nuevamente y, rogando llegar a destino, se despidió de aquella fantasmagoría para siempre.
—¡Jodeme! –dijo Bruno– ¡¿Fin?! Yo quería verlo morir en una alcantarilla o algo peor…
—Bruno, dale, la historia es así…
—Claro, así de accesible es la soberbia en vos:”yo sé contar historias...”. ¡Andá!
El hermano, colérico, se paró bruscamente, revolvió un bolsillo del pantalón y le dejó el final del relato delante de sus ojos:
—Tomá, mocoso, los cuentos terminan donde deben terminar, ni antes ni después; igualmente, en esta historia no había desenlace para elegir –dijo, y salió del cuarto.
Bruno, ahora más afiebrado que antes, sollozó tras imaginar al viejo espectral fumando, y a los colectivos y pasajeros que desaparecen y a aquellas casonas sombrías… “Entonces, mi hermano…”, se dijo, inconcluso. Bruno no podía creer estar leyendo en el boleto: Línea 0.
Editado por D.Vitrubio - 02.11.2009 00:59 hs.