#38 Re: Nuevo Nuevo Juego Literario Ronda IX 2009
Hola, por acá denuevo, hace rato que andaba con ganas de participar pero por cuestiones de tiempo no se me daba... aprovechando que estoy de vaciones forzadas me dí el gusto.
La verdad me costó bastante encontrarle el rumbo a las frases y el ritmo a la escritura (hace como un año de la ultima vez) pero creo que llegué a un buen resultado.
Nada mejor que un recuerdo.
Habían pasado a buscarme por casa José, mi hermano mayor, y Julia, la menor. Me tocó el asiento de atrás e ignorado por conductor y acompañante, no me quedaba otra que mirar por la ventana. El viaje resultaba más largo de lo que esperaba. Concentrado en el paisaje desértico, no pude evitar pensar en miles de litros de agua que en la ciudad afloran de cañerías rotas recorriendo el pavimento hasta morir en una alcantarilla sin sentido, mientras aquí la tierra se agrietaba rogando por tan solo una gota.
Luego de un largo peregrinar finalmente habíamos llegado a casa del abuelo, la cual, a la distancia parecía una mansión embrujada, y de cerca también. Los años de existir se reflejaban en su ajada puerta, apenas sostenida por oxidadas bisagras. Al abrirla, impetuosos torrenciales de tiempos pretéritos nos abordaron sin permiso y, como toda bofetada, hizo que ninguno de los presentes pudiéramos evitar las lágrimas.
La noche nos emboscó temprano, pero no nos iríamos sin algo que pudiera decirnos que había sucedido con el abuelo. Los muebles aun estaban en el orden de antaño, acumulando tierra de siglos. Comencé alumbrando con la luz de mi encendedor, pero luego de quemarme varias veces, decidí ir a la cocina en busca de velas. Encontré una sobre la mesa pero con una sola no era suficiente, busqué entonces en el aparador y, como ayer, encontré un paquete cerrado junto a una caja de fósforos.
Luego de partir el tesoro y comentar con mis hermanos lo raro que era todo esto, por decisión unánime decidimos recorrer la casa todos juntos. Encontramos nuestra vieja habitación de vacaciones tal cual la dejamos hace más de 40 años. En ella, José, mi hermano mayor, encontró una vieja espada de madera y mientras me tocaba el hombro, dijo con solemnidad:
- Con la sangre azul que corre por mis venas, con toda la autoridad y divinidad que ello representa, lo nombro Caballero del castillo olvidado…
Reímos como niños, olvidando lo tenebroso que era todo. Había comenzado a buscar la mía suponiendo que no debería de estar muy lejos, cuando un grito de Julia nos devolvió a la realidad. La encontramos frente a la puerta del dormitorio siguiente, el del abuelo, sentada apoyando su espalda contra la pared del pasillo.
Al ver que estaba bien y que no había más ruido que su sollozo, decidí averiguar qué la había asustado. Entre lentamente con mi vela tendida hacia adelante como escudo. Lo primero que encontré fue un milpiés caminando con sus incontables patas, igual a algún número par; presumiendo su monarquía sobre el cuerpo, creyéndose dueño de todo lo que pisa. Así de accesible es la soberbia. Pero fue cuando me acerqué con el zapato en la mano para ajusticiar al infame que me di cuenta que no era eso lo que la había asustado, sino encontrar a mi abuelo acostado, con la misma ropa, igual como lo despedimos el verano aquel.
Editado por Dr.Merengue - 28.10.2009 13:21 hs.