#56 Re: Nuevo Nuevo Juego Literario Ronda IX 2009
Origami
Aqui Mismo era una ciudad con cielo, casitas bajas y mucha siesta; de niños con la sangre azul y pies ligeros, como todos aquellos que frecuentan las nubes entre cuentos y juegos.
Un entretenimiento que gustaba mucho era el de sentarse sobre el cordón de la vereda a jugar con el hilito de agua, que a falta de lluvias, provenía del llanto de tías solteras; en tal continuado de gotas paseantes, los niños se divertían flotando fantasías en papel. Así, el minúsculo remanso, se transformaba en impetuosos torrenciales de tiempos pretéritos, recreación de épicas batallas ganadas por los buenos; y la piel de la vereda se hacia paisaje de costas distantes y patria añorada.
Pero en Aquí Mismo ya se venía frecuentando una preocupación, y esta era que el cauce del agua de las veredas estaba creciendo en estatura; y, ¡no era cuestión que cuando la gente se siente a tomar mate afuera se mojen los buñuelos! Pero era verdad: había mucha agua, menos vereda y apenas algo de calle; producto de que las tías solteras estaban llorando más de lo normal. Pobres almitas, en las que la soledad germinaba chueca y cuyos retoños de los años de existir se reflejaban en miradas tristes, consecuencias de la pena y su monarquía sobre el cuerpo; que en los ojos se hace llanto, pasando por las pupilas, mejillas, mentón, hasta morir en la alcantarilla y transmigrar en mar como souvenir de la melancolía ajena.
Alguna solución se requería, y los Aquí Mismoseños no eran gente de brazos cruzados, como sus vecinos de Acá Cerca o de manos en la cintura, rasgo de los de Allá Más Lejos; entonces, se decidió en asamblea de gente grande (y algunos petisos), armarse en plan de conseguirles novios a las tías solteras. Pero había un problema: en Aquí Mismo no había pretendientes, y tendrían que salir a buscarlos afuera; con el agravante de que anteriormente, en la época en que ganó las elecciones el partido de Los De Afuera Son De Palo, se canjearon las rutas por un monumento al ombligo que florea en la única plaza del pueblo (porque así de accesible es la Soberbia, a la que se llega mejor a través de un camino cortado).
Entonces, se convocó a los niños para que entre plieges de Origami elaboren Heraldos de papel, mensajeros de amor en espera; y asi, por una siesta hubo huelga de payangas, y rayuelas reportándose en secciones de objetos perdidos. Todos los niños, alegres, empezaron a salpicar el cielo de hojitas con forma de gorriones que migraron hacia otras ciudades, y a la vez, desde estos lugares comenzaron a llegar señores de rigurosa gomina y ramo de crisantemos en mano; y así, la felicidad retornó a las tías solteras, el océano se volvió calle, y como en Aquí Mismo la alegría era igual a un numero par y una sola no era suficiente: para cada niño hubo merienda, de afecto de madre, mate cocido y pan con manteca.
Editado por escupime - 04.11.2009 11:11 hs.