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El fin del mundo.

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Ger, que bueno lo que escribiste! Creo que sería lo que todo padre (en sentido ...2

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    The Spectre escribió hace 1 mes
     
  • #11 Re: El fin del mundo.

    Ger, que bueno lo que escribiste! Creo que sería lo que todo padre (en sentido de mentor, o más bien creador) expresaría al ver que su creación se ve destruída. Y lo peor es la batalla entre los seres que la habitan, seres o no en realidad. La guerra despiadada entre los hombres ( entes imperfectos) o bien la lucha en vano entre agujeros y hombres; y digo en vano porque gana el mismo siempre.
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  • #12 Re: El fin del mundo.

    Final para una historia sin fin

    Luego de larguísimos debates, la OMS, junto con la ONU y otras siglas no menos destacadas, determinaron que, definitivamente, había llegado la vieja profecía para hacerse ley: no habría más agua para nadie. Si bien hacia el 2067 quedaban aún algunos residuos de hielos en los polos antárticos, duraron pocos años y en su mayoría sirvieron para abastecer a las Grandes Casas del mundo (funcionarios, mandatarios, entre otros –arios). Así, el 3 de julio de 2096, se declaró el Estado de Emergencia Mundial: el agua se acababa inexorablemente. A esto, China presentó un plan de filtración salina para los mares que resultó efectivo durante los primeros meses (y para los cuatro países que tenían acceso a tal tecnología), hasta que comenzaron a resucitar las viejas pandemias como el cólera, el tifus, entre otras de nombres extensos y temibles. Conclusión: “agua que no es de beber, déjala correr”, pensaron con una desgarradora desesperación. Como se podrá imaginar, el calentamiento global no era el peor de los problemas para aquel entonces; o sea, con temperaturas de cincuenta y siete grados en invierno, lo peor era el agua que no había para combatirlas. No había remedio, pero así y todo Rusia planteó la posibilidad de traer agua de la luna; EEUU supuso que sería más práctico irse a vivir a la luna, y otros no opinaban porque así les iba mejor. Fueron muchas las propuestas, pero ninguna sirvió; y en vistas de la absoluta desesperanza y del silencio de todas las cúpulas terrestres, fue cuando Cuba, potencia mundial indiscutible, dictaminó que se aplicaría el “Apagón de Gracia” sobre todos los habitantes de América. Asimismo China, la potencia del otro lado, hizo acopio de las ideas occidentales y también lo pondría en práctica sobre todo Eurasia. El Apagón consistía ni más ni menos que en el fusilamiento inmediato e indiscriminado de todo ser vivo. En octubre de 2098 empezó la gran barrida de los pueblos y ciudades de toda América; poco a poco, aunque ruidosamente, el mundo iba aquietándose hacia su descanso final.

    Felipe Núñez acababa de enterrar a su mujer y a su hijo en el patio trasero, a Melinda y a Lucas, justo al lado de los preciosos malvones silvestres. “¡Qué pureza la de aquel jardín! ¡Qué despliegue de colores tan primitivos y maravillosos!”, solían admirar los vecinos. En especial la longevísima Renata, la vecina de junto, quien de joven supo conocer los jardines públicos; o plazas, como les decían. Pero como es sabido, la vegetación comenzó a desaparecer a mediados de siglo hasta transformarse en una preciosa rareza; tanto que quien tuviera verde en su propia casa debía considerarse especial, y ocultarlo bien si no quería pagar los derechos de Paisaje y Antigüedad.
    Felipe se sentó en una silla pequeña detrás de la ventana balcón que daba al patio; desde allí, apoyando el mentón sobre la pala, contempló los montículos de tierra. Ahora deseaba estar con ellos; habría sido así si él no se hubiera dignado a ir en busca de agua aquella tarde. Contaban con una pequeña suma de dinero que alcanzaba para comprar medio litro en los galpones del mercado negro. Con el sol abrasándole la nuca, aquella tarde Felipe corrió por los techos hasta el lugar indicado y, con una fatal corazonada, descubrió que ya no habría más agua para nadie: el tinglado había sido saqueado e incinerado. Mientras tanto, aquel mismo día, había llegado la Armada Americana a la capital Argentina. Felipe no lo tuvo en cuenta lo suficiente como para prevenir y esconder a su familia, y ahora se lamentaba por ello. No dejó escapar una lágrima, porque se juró a sí mismo que no tenía, que en su cuerpo no había más que sangre y huesos. Además, la triste impotencia lo había dejado varado en la inacción absoluta.
    A lo lejos oyó el grito de la vieja Renata, su vecina admiradora; podía imaginar su rostro curtido siendo destrozado por el láser de las armas. La Armada rondaba el barrio; igualmente Felipe se tranquilizó al deducir que no volverían a entrar a su casa. Como un salto en la memoria, se le vino a la mente el programa de televisión “¡Muerto estás!”, que era dirigido por el nieto del mítico Marcelo Tinelli, Leonardo. Nunca pudo creer que se permitiera el suicidio televisado. Pero por suerte Leonardo pasó a mejor vida, así como el resto de la televisión mundial. Sólo quedó el canal de emergencias emitiendo un eterno consejo sobre cómo no desperdiciar el agua. “Tiernamente espeluznante”, pensó Felipe, quien ahora pensaba en lo que haría durante el resto de su corta y condenada vida. Le hubiera gustado acribillar a la Armada entera, uno por uno verlos caer; pero, ¿a qué llegaría? Al fin y al cabo, el gran problema era el agua y la Armada terminaría cayendo sola. “No, es ridículo”, pensó. Entonces esperó a la noche y se vistió con ropa liviana, tomó una foto de Melinda y una de Lucas y salió por el techo agazapado como un animal. Trepó de cornisa en cornisa hasta llegar al límite del vallado láser que separaba la ciudad del campo. Con una artimaña de espejos se escabulló livianamente y salió de la metrópoli escondiéndose entre las negruzcas piedras de lo que en otros años fueron tiernas hierbas campestres.
    Era impactante ver la ciudad desde lejos, toda ella precariamente iluminada y rodeada por la electricidad violácea de los láseres, casi encapsulada, mientras que el resto de lo que había fuera se resumía a un eterno baldío, yermo y oscuro. Para Felipe, aquella última mirada era una forma de despedida; luego, ya decidido, comenzó el exilio. No transitaría por la ruta que unía las Siete Ciudades de Argentina, porque supuso que lo encontrarían a la primera; tomó por los caminos interiores, poblados de bandidos y fieras. Llegaría a City Gesell, con suerte, hacia el amanecer. Ahora que lo pensaba, quedarse hubiera sido un suicidio sin sentido, por lo que arriesgarse al escape y la supervivencia consistía de una lógica abrumadora.
    Caminó durante treinta y dos horas, parando cada largos intervalos. Bebió agua del rocío de las plantas y se alimentó de aves y zorros. Llegó a City Gesell con el sol ardiendo en el cenit. Caminó entre las calles numeradas esquivando cadáveres, muchos de ellos en un avanzado estado de descomposición; la Armada ya había visitado las costas, era evidente. El silencio era desgarrador. Un silencio similar al peligro.
    Llegó hasta la costa y se detuvo a contemplar apoyado en una baranda de la rambla. Allá a lo lejos podía verse los restos de un navío ladeado sobre la arena, más fantasmagórico que real; más allá, un velero con el asta partida y caída hacia delante; y, lejos, hacia el Oeste, lo más impactante y grandioso que Felipe vio en su vida: un Big Boening 5000, el famoso avión para diez mil pasajeros que se había construido durante la Tercera Guerra Mundial, antes de la Reforma. Ahí estaba la gran bestia, quebraba, parcialmente hundida en la arena húmeda, con la cola aún echando humo. Y ahí estaba Felipe, contemplando los últimos actos del gran desastre; no podía creer que ya no existieran hielos ni grandes cantidades de agua bebible, teniendo ahí un mar inabarcable. Auque, vale aclarar que ver el mar con aquella cantidad de agua, a cualquier hombre de principios de siglo XXI le hubiera provocado una tristeza poco menos que fatal. Para llegar hasta la primera marea salada, partiendo desde la rambla, debía tener por lo menos una hora y media de caminata. No obstante, así lo hizo.
    Ya podía ver cómo el sol se enrojecía con el atardecer; parecía explotar en el horizonte ahora que la capa de ozono tergiversaba los colores del cielo. No podía creer la maravilla de estar con los pies dentro del agua. Sonrío y miró al cielo; sintió que los ojos se le secaban como piedras. Luego se acuclilló y bebió a tragos desesperados; el agua salada, así como entró, salió. Felipe vomitó enteramente lo que había comido y bebido hasta entonces. “Tenían razón. Maldito mar, maldito calor”, pensó al tiempo que revolvía el interior de los pequeños bolsillos de su short. Sacó las fotos de su familia y las contempló con la cabeza ligeramente inclinada, como examinándolos, como haciendo fuerza por recordar quiénes eran. Ellos siempre habían deseado conocer el mar; pero como sólo era accesible para los funcionarios y demás, nunca habían tenido la posibilidad. Entonces Felipe, que a lo lejos aún podía oír algunas bombas y derrumbes, decidió que era tiempo de morir, y que lo haría allí, donde el porqué de todas las muertes, donde el porqué del gran final. Ya con total serenidad, se recostó sobre la pequeña marea tibia y apretó las fotos una en cada puño, con fuerza, mientras cerraba los ojos, ya pesados por el sueño, el cansancio y la tristeza.
    Su final no fue tan inmediato porque el agua apenas le llegaba a las mejillas, por lo que ni siquiera alcanzaba para acabar con su existencia. Cuando se dio cuenta de esto, como si un temblor lejanamente contenido se hiciera manifiesto, explotó en un llanto parecido a un grito constante, así, con la cara al cielo y el agua cubriéndole los oídos en una sinfonía de caverna, lloró como ningún otro hombre hubiera podido, con todo el peso de la humanidad. Lloró por la certeza de ser uno de los últimos hombres que pisaría la tierra jamás, con un indecible sentimiento de extinción; se angustió por la muerte como consumación del todo, por la impotencia de lo irreversible, por la soledad de la piedra girando en el cosmos y los astros alumbrando la nada; se lamentó por la irresponsabilidad y la soberbia de que la naturaleza sólo estaba para servirnos; por los hijos de puta que destruyeron todo a lo largo de tanto tiempo. Lloró por Melinda y por Lucas, lloró por todas las madres y los padres y los hijos, y por Dios, que también se moría con ellos. Lloró, y los soldados de la Armada que aún quedaban con vida y aguantaban los espejismos de la sed, oyeron su agonía, allá, mar adentro. Y nadie podrá saber jamás si fue que se hizo tarde y la marea alcanzó a subir lo suficiente como para ahogarlo, o si sus lágrimas tuvieron algo que ver; pero eso sí, Felipe Núñez tuvo su propio fin del mundo, su propia consumación universal, y vaya extraña dicha la de él, porque fue el único hombre que en tiempos de absoluta sequía, acabó su vida ahogándose.
    Editado por D.Vitrubio - 22.10.2009 11:28 hs.
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  • #13 Re: El fin del mundo.

    gracias por sus comentarios, Renatita, Angela y Anita. Coincido con Angela, los dos primeros son textos de diferente estilo, lo que enriquece la lectura de esta consigna, muy bien Renatita. (me falta leer el de Dani que lo hago apenas cuelgue este post) Anita me alegra que te haya gustado y si, esa óptica que indicas, el de padre creador dolido, fue la idea.
    -----Agregado el 21/10/2009 a las 08 : 19 : 18-----
    Que buen relato de ciencia ficción Dani, me gustó bastante, está perfecto, quizá por gusto personal hubiese jugado un poco con imágenes de resto de barcos, buques, fragatas, galeones, aviones, en ese desértico y espeluznante mar
    Editado por ger757 - 21.10.2009 20:19 hs. | Motivo: Mensajes unidos automáticamente
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  • #14 Re: El fin del mundo.

    Ger, ¡sos un capo! Qué buena idea eso de agregarle avistamiento medio fantasmagóricos, ¿no? Restos de navíos y cosas por el estilo. Me encantó, y en cuanto vuelva (ahora estoy yéndome al taller) lo edito y le agrego algo. Muchísimas gracias por leerlo y por el comentario. Ya pronto leeré el tuyo y el de Renatita.
    Ta luego.
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  • #15 Re: El fin del mundo.

    Dales, vaya tranquilo, avisá cuando edites así releo
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  • #16 Re: El fin del mundo.

    El fin del mundo

    Una historia triste, dura y demasiado real. Está buena la naturalidad con la que está contado, en un lenguaje sencillo y simple; esto permite que el lector siga su lectura fluidamente vivenciando cada una de las dolorosas emociones que le toca vivir a esta mujer. El planteo de presentar el fin del mundo como la situación particular de una persona, es una mirada interesante. Hay algunas expresiones que suelen caer en lo fijo, en frases hechas, y eso estaría bueno cambiar para que el relato se vuelva más rico. Otro punto importante es cambiar los números por letras. Un lindo trabajo, que deja una sensación de abatimiento y tristeza.

    Absoluto testamento

    Me gustó la idea de una despedida de quien se considera que no tiene tiempo ni finitud. Rompe la lógica (si es que la tiene) y juega constantemente con esa dualidad entre el “todo” y la “nada”, lo que existió y ya no, lo que fue en un comienzo o lo que vendrá. Las imágenes están muy vívidas, generando en el lector la posibilidad de ir creando estos cuadros a medida que lee. Tuve algunos tropezones con la lectura, sobre todo en cuanto a construcciones de frases que quizás con una releída en voz alta puedas verlos (sino, decime y te digo cuales son, y luego vos decidís, obvio). Hay algunas partes cuando habla de los agujeros negros que, es una opinión, quizás suena redundante ya que lo mencionás muchas veces. El final está bueno: la despedida final plasmada en un testamento. ¡Buen trabajo!

    Final para una historia sin fin

    Está genial la idea planteada. El relato se lee de un tirón, enfrascado en las ansias de llegar al final y saber qué sucede. Me pareció un recurso efectivo y muy ideado el hecho de incluir al comienzo toda una explicación del contexto espacio temporal en que se desarrollará este fin del mundo. La historia espanta de tan real que es, porque todo lo que allí figura, sucederá tal cual. Por supuesto supiste darle un toque de gracia (bien negra) recalcando quienes serán los beneficiados (lo cual no es novedad: los mismos que fueron siempre). Luego viene un desarrollo complejo que se combina a la perfección con la historia de vida de un muchacho de la clase “peón” de Argentina. Encuentro miles de metáforas, lo cual no me sorprende porque en tus escritos siempre están, pero hay una que me llamó la atención: es la total indiferencia con que el protagonista recibe la noticia de la muerte de su mujer e hija; una resignación absoluta que refleja que no sólo el agua se agotó: se extinguió con ella las emociones, la esperanza, las pasiones, incluso el dolor. Así busca redimirse a través de la elección de su propia muerte, que juega una vez más con el sarcasmo de la vida, al decidir morir “ahogado” en un mundo sin agua. Excelente, para leer muchas veces.
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  • #17 Re: El fin del mundo.

    Flor, gracias por comentarme, my love; tu lógica para con mis relatos no deja de asombrarme. Uno mismo no termina de conocer sus propias intenciones. jaja

    Renata, con respecto al taller, dirijo uno acá en Tucumán, y está yendo bien, nos divertimos creando, leemos, hacemos análisis y escribimos mucho. El año pasado lo di en Buenos Aires, en un centro cultura en mi ex barrio, Mataderos.

    Dejo unos comentarios.


    Fin del mundo

    Bien, el relato tiene su carácter: tristón, duro, dramático, bien narrado. El único problema que encuentro es el siguiente: la lógica. O sea, a mi parecer, un relato funciona cuando se basa en una pequeña estructura lógica, ya dentro de una compleja trama de metáforas, ya dentro de una simple oración que exprese lo trivial o en una entramada novela eterna de ciencia ficción. En este caso, quien lea atentamente el texto, descubrirá que la mujer fallecida “escribió” esto desde el ¿paraíso? Más efectivo hubiese sido que estuviera narrada poco antes de su muerte, que siguiera un proceso pre-mortem; pero ya pos…
    El drama está bien llevado y, aunque no pueda decir que es un género que me guste, lo condujiste prolijamente. El drama en grandes cantidades (no lo digo por este relato, sino como opinión general) siempre me pareció tan asqueroso como la poesía de Becquer o Byron. En serio, el dramatismo excesivo, rosado, pimpollezco y húmedo le quita realismo a una historia, le roba la posibilidad de matices. Siempre es mejor esquivar los trenes con matices, digo, no mandarse de lleno a un cascote de trama rígida e insípida.
    En conclusión, está bueno. Lo demás fueron consejos.

    con 4 antecesores – En letras.
    a los 36 años – En letras.
    el mes de Abril – “abril”, con minúscula.
    No entendía adonde – “adónde”.
    tuvo que venir por mi – “mí”, con tilde.
    coda vez – “cada”.
    dejé 5 hijos – En letras.

    Nota: el día que el ser humano hable con números es porque ya será dueño de un razonamiento robótico, jejeje.

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    Absoluto testamento


    Muy interesante propuesta la del testamento del Dios. Me gusta el desarrollo y los planteamientos tan universalitas que hace. Es atractivo que vaya recorriendo las diferentes “creaciones”, es como un tour estelar. Me hubiera gustado, como adición de originalidad, que el Dios relatara un “fin del mundo”, pero de otro mundo, no humano, y así poder describir criaturas, mentes diferentes, costumbres extrañas, etc. Pero me gustó el cuento, desde ya.

    antes… antes de la Nada! – “antes…, ¡antes de la Nada!”
    no recuerdo cuando desperté – “cuándo”.
    a mi mismo – “mí”.
    tan infinitos años– Esta expresión me hace mucho ruido. Pondría “infinidad de años”, o algo así.
    Pero fallé… mis– “Pero fallé…, mis”.
    al punto de que estoy agotado– “al punto de estar agotado”.
    la dispersé por le manto– “el”.
    y sobre todo criaturas – “y, sobre todo, criaturas”.
    perfectas-imperfectas– El guión se usa para palabras compuestas. En casos de dualidad u opuestos se usa la raya diagonal: “perfectas/imperfectas”.
    para que sepan, de que– “para que sepan que”.
    que nunca) – Punto tras el paréntesis.
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  • #18 Re: El fin del mundo.

    Flor, marcame plis las frases, Dani, gracias, a la vuelta del negocio lo corrijo!
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  • #19 Re: El fin del mundo.

    Dany, gracias por tus comentarios. Sé que mis escritos son muy básicos, de hecho desde el ´97 que escribo pero nunca me formé. Estudié en una escuela técnica y ahí la literatura no abundaba. Me gustaría, obviamente, instruirme más pero no sé de donde sacar los recursos para esto.
    Leí tu escrito y me pareció genial! Me gustó muchisimo. El único error que encontré fue..."con le cabeza ligeramente inclinada", pero es un error de tipeo, lo demás impecable! ¡te felicito!
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  • #20 Re: El fin del mundo.

    Ger, tomé tus consejos y agregué algunas descripciones de barcos y aviones. También modifiqué alguna que otra oración y perfeccionés un par de descripciones que habían quedado algo vacías.

    Renata, mil gracias por el comentario, por la lectura y por la observación. Con respecto a los perfeccionamientos, me gustaría decirte algo: sólo se trata de leer. Mirá, yo escribo desde hace cinco años; pero leo desde que tengo diez años, y tengo 26 ahora. Preguntame un libro cualquiera y seguramente lo habré leído (es una forma de decir, claro). El tema es que, si no tenés un libro en la mano para que te guíe por dónde hay que ir, es como al cocinero darle una olla de papel. Te recomiendo lectura constante, todos los días un poquito. Si querés recomendaciones, tengo muchas para hacerte.
    En cuanto a otros aspectos no menos importantes; mirá, no sé si es que soy muy detallista y minucioso con algunas cosas (llegando a rozar lo hinchapelotas), pero me detuve también a investigas sobre estilos y sobre técnicas; me compré libros de linguística, entre otras cosas. Te recomiendo que te compres estos dos libros, porque todo escritor los tiene que tener: "Describir el escribir" y "La cocina de la escritura", ambos del gallego Daniel Cassany. Son imperdibles y te dejan la cabeza como un campo de golf.
    Otro punto, aunque no lo creas, lo sumó la música. Soy un amante nato del rock, pero mal, rock al palo, bardero, revolucionario y emotivo. Escuchar las letras de Los Redondos, Sumo, Divididos (las más limadas del rock), Serú Girán, Los abuelos, Calamaro, es como que me dejaron la cabeza preparadapara armar una metáfora efectiva ante todo; es difícil de explicar, es como si pudiera "ver" cómo de justa es una metáfora o una comparación en cada caso.
    Pero te vuelvo a repetir, es cuestión de internar varias cosas dentro de uno. Es un proceso interminable; yo lo sigo transitando, y seguiré porque me falta muchísimo que aprender y que ver.
    Espero que te haya servido mi punto de vista de la escritura.

    Saludos.
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