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El fin del mundo.

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Renatita y Ger, gracias! cómo me hicieron sentir en carne propia una revolución de sentimientos...muy ...8

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    The Spectre escribió hace 1 mes
     
  • #71 Re: El fin del mundo.

    Renatita y Ger, gracias! cómo me hicieron sentir en carne propia una revolución de sentimientos...muy bello muy propio de ser humano...
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  • #72 Re: El fin del mundo.

    Mariapato, me alegro con tu comentario, eso es lo bueno de las letras, generan sensaciones.

    Eduardo: sensaciones...
    Me gustaría escuchar esas letras acompañados de tu música. Creo que tus palabras resumen un poco todo lo que hemos escrito en esta consigna, de una u otra forma, tus palabras resumen el presente, el futuro!
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  • #73 Re: El fin del mundo.

    Hola Eduardo: cuando escribiste esto estabas muy bajoneado ¿no?
    Bueno el tema no daba para alegrías. Me gustó lo que escribiste,es una síntesis de lo que mas o menos sentimos todos.No comenté ante porque estoy muy atrasada con las lecturas
    Nos seguimos leyendo
    Saludos
    Ángela
    Editado por rossiangela - 05.11.2009 09:33 hs. | Motivo: Mensajes unidos automáticamente
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  • #74 Re: El fin del mundo.

    El peregrino y el ánfora divina

    Abel Fair Humatta era la última cosa viva sobre la tierra; un viejo al que le quedaban sólo vestigios de apariencia humana: alto, encorvado, con la piel pegada a los huesos y los labios carcomidos hasta dejar libres los dientes debido a la sequía y la enfermedad; casi un cadáver atravesando el interminable desierto con el objetivo de llegar a la Ciudad Unida.

    Abel fue el superviviente de la última colonia de hombres que hubo. Poco duró ésta tras el vaciamiento de los mares y los calores fustigantes; el sol, produciendo temperaturas que superaban los setenta grados, originaba temblores continuamente y devastaba la poca estabilidad del suelo en que se vivía. Entre ellos, entre los de la última urbe, reconocían que la supervivencia inútil a la que aspiraban, sólo era un pretexto para no vaciar la tierra del todo; incluso, con tal certeza de extinción, los hombres soñaban con un milagro. Pero Abel sabía que le quedaba poco, que ya era el último, indiscutiblemente, y no había remedio para aquello.
    A falta de animales y de vegetación, todavía cargaba en su morral con algunos restos de carne salada que había obtenido de sus congéneres muertos. El hambre hacía de las suyas, sí, pero la sed era peor: al no existir ningún tipo de verde, las lluvias se espaciaban peligrosamente, incluso en lapsos de años, por lo que Abel debía cavar profundo y sorber el barro o la arena. Hacía ya largos años que se tenía conciencia de que la humanidad transitaba un corto camino hacia su extinción.

    En algún tiempo se intentó revertir el violento golpe natural y, aunque fue en vano, hasta las últimas almas continuaron la empresa de salvación. El hombre, quien creó todo lo que Abel ahora veía muerto, era capaz de hallar luz hasta en los rincones más inverosímiles de su razón, y sólo por permanecer.

    Las pequeñas ciudades satélite en torno a la Ciudad Unida, eran un reguero de cadáveres secos y anónimos. Abel había visitado cada una de estas ciudadelas, con su bolso a cuestas y con esa paciencia de inmortal que lo caracterizaba, inducida tal vez por el hecho de sentirse último. Durante su peregrinar vio cómo las edificaciones se derrumbaban con frecuencia, resquebrajadas por el fuego y la ausencia de mantenimiento. Primero se manifestaban con un temblor; el suelo murmuraba la alerta. Luego, tras la sordina grave en la arena, se levantaba una nube de polvo que anunciaba el fin del acto. Tras un último movimiento de escombros, otra vez el silencio. Todo quieto; el mundo quieto y callado.

    Una noche caliente de agosto, Abel yacía sobre una roca en medio de la soledad desértica. El silencio era perturbador; lo único que se podía escuchar en aquel tiempo eran los derrumbes y el viento bullente. En ese momento recordó que de niño había oído el canto de un gorrión; supuso que en la condición en que se encontraba ahora, el canto podría llegar a romperle los tímpanos.
    Abel miraba la luna amarilla en lo alto (la única fuente de luz que existía después de que los calores destruyeran todo productor de luz artificial existente). Haciendo un esfuerzo respiraba brevemente, entre silbidos; pensó, como cada noche, que posiblemente esa sería la última. Mientras observaba el tránsito de una gruesa nube cubriendo la luna, oyó que algo rodaba a su espalda. Con pereza se incorporó y giró lentamente, y al pie de la roca vio un ánfora parada en la arena. Antes de recogerla miró en derredor y sólo encontró vacío. A pocos kilómetros estaba la gran ciudad, quieta y oscura, a la cual se dirigía con el fin de hurgar entre la muerte en busca de comida. Sabía que no resistiría mucho más, pero cada vez que imaginaba el planeta vacío, una fuerza lo empujaba a sobrevivir.

    Al ánfora era de un material extraño, mezcla de bronce, hierro y un género rojizo indefinible; contaba con una solidez y un peso enormes. Le costó alzarla y depositarla sobre la roca. La examinó minuciosamente y, al no encontrarle nada más interesante, la olvidó y se durmió hasta el amanecer.

    —Abel, tu paciencia es fácilmente confundible con la soberbia... El hombre ha muerto y todavía sigues caminando. ¿En busca de qué, Abel?, ¿acaso no es claro lo que sucede?

    El anciano oyó claramente estas palabras, pero no supo si en la realidad o en el sueño; el ánfora oscilaba sobre la arena, lejos de donde él la había dejado, entonces entendió que las palabras provenían de allí. Abel, que había pasado años sin hablar y sin oír, abrió la boca seca e intentó articular:

    —¿Quén erejs?

    Su mandíbula dejó escapar un sonido óseo.


    —Una gracia antes de la última hora. Serás el único testigo de la consumación, mi querido Abel... mi soberbio y querido Abel.

    Abel recogió la vasija y la sopesó en su mano. Había algo dentro. Sin vacilar, y para evitar creerse loco, la golpeó contra la roca y el Dios salió.

    —¡¿Qué es ujsted?! –exclamó horrorizado. Retrocedió tambaleándose.

    La enorme criatura blanca le explicó que Él era la fuente divina, el caos, el quinto elemento, el ápeiron de Anaximandro, el orden del Todo; le contó que era tiempo de que el cielo acabara, como ya había sucedido anteriormente, en otras muertes del universo, incluso en mano de otros Dioses ya muertos. “Todo es un ciclo que debe renovarse, Abel, y así fue siempre. Ahora mi labor consiste en recomenzar la existencia”, contó. El anciano retrocedió, mezclándose en su interior sentimientos de inferioridad y de rabia; ¿había soportado tanto sufrimiento para que al final viniera Él y lo diera todo por terminado?, ¿había buscado tan pacientemente la aguja en el pajar para que ese granjero viniera a encender la yesca tan despóticamente? Abel enfureció, y el rostro se le contrajo en una expresión horrenda.

    —¡¡Ilusión, eso erejjjs!! ¡Ujna criatura inventada! –graznó Abel con impotencia.

    Entonces, sin mediar palabra, el Dios sonrió con altivez, sopló y apagó el cielo entero; ya lo único que quedaba de universo era el desierto mundial en el que estaban de pie. La negrura se hizo absoluta, claustrofóbica.

    —¿Quieres terminarlo ahora, Abel? –consultó con amabilidad–. Cierra los oj...

    Abel dio media vuelta y se alejó caminando en la oscuridad del desierto, ya sin cielo ni estrellas ni nada sobre su cabeza. La criatura divina se molestó visiblemente.

    —¿Darle la espalda a un Dios?, ¿qué clase de patraña es esa? En fin, hombre, esto ha terminado –dijo.

    Abel giró y lo increpó.

    —¡Tu no erejs mi Diosss! Si la humanidad es lo que yo represento, entonces como humanidajd tengo la capacidad de inventarjte; ¿acaso, si yo muero, qué posibilidades hay de que existas? Sin hombre no hay Dios. No te reconozco como dejstino. No te temo; erejs mi sueño, el sueño de todos los hombres, un efecto de mi poca cordura. No tengo Dios o en todo caso yo soy el Dios que te creó con la fuerza de mis ilusiones.

    La criatura lo observó en silencio; suspiró, asintió y, en una blanca explosión pacífica, desapareció. En medio del desvanecimiento, dijo: “tal razón es la que da nacimiento a un Dios nuevo, Abel. Sea”.

    Abel, ya sin hacerse preguntas, en parte creyendo todo el suceso como una alucinación, un fuerte producto de su desesperanza, continuó avanzando en la prieta oscuridad. Avanzó en la sombra hasta llegar al límite de la Ciudad Unida. Ésta solo se distinguía por las siluetas edilicias y el débil murmullo de los cimientos vencidos.
    Abel se sentó al borde de una loma a contemplarla desde lo alto; el cuerpo le dolía, la cabeza le zumbaba horriblemente. Supo que sus fuerzas habían llegado al límite. Ahora tenía la certeza de que la muerte estaba cerrándole el paso definitivamente. Quieto, ya sin aire, flaco, olvidado, triste en su condición de raza, miraba la existencia que quedaba por desaparecer. Ya ni siquiera había luna; pero en el fondo creía que era él quien no podía verla, que todo se relacionaba con la declinación de sus sentidos. Los ojos le temblaban, húmedos por primera vez en tantos años; se observó las manos y vio caer en ellas una lágrima. Maravillado, la bebió; no con desesperación, sino más bien con cariño. Entonces, al ver el milagro brotar de sí, y al caer en al cuenta de que la noche se había hecho noche definitiva, y que el Dios al que atribuía a su mente le había dicho que los dioses también se destronaban, se le iluminó el alma con una última esperanza. Al fin y al cabo, si era la locura que había hecho mella en él lo suficiente, entonces le concedería lo que quisiera.
    Miró hacia la soledad yerma de la ciudad, al hueco que había dejado la vida allí, y luego echó un vistazo al cielo muerto, sin estrellas ni galaxias ni nada. Esbozó una sonrisa temblorosa, con esa poca humanidad que le quedaba, extendió los brazos y dijo:

    —Ábrase el cielo; hágase la luz...

    Y se hizo.


    Editado por D.Vitrubio - 16.11.2009 16:30 hs.
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  • #75 Re: El fin del mundo.

    Gente "Findelmundera", acabo de hacer una modificación a "El peregrino y el ánfora divina", espero que lo lean y den sus patadas u opiniones a secas :P

    Eduardo, no había leído las letras que posteaste anteriormente. Che, ¡están muy buenas! ¿Sos músico? Me huele a que sí. Yo lo soy: violero y "cantante" (muy entre comillas); es más, en Tuculandia doy clases de viola. Por casualidad, ¿te gusta Skape? Yo me lo perdí este año

    Saludos.
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  • #76 Re: El fin del mundo.

    Es un texto impecable. Confieso que lo leí muchas veces, y en cada una de ella pude meterme más en la historia. Sabés, amor, que no puedo decirte que no me tocó de un modo personal en el sentido de su argumento. La temática es dura; es aguda y filosa. Es una crítica sin rubores a la fe y a la esperanza de creer en un Dios y en su amparo hasta el final. De una manera que debo considerar, fabulosa, cortas el hilo de una manera tajante, desterrando toda idea de un Ser Superior y poniéndola en manos de un personaje que resalta la postura de un antropocentrismo absoluto. Me puso la piel de gallina. Me encantó la narración, me compré el personaje, disfruté de las descripciones y pude ver ese desierto espantoso, con esas ruinas y esa soledad. Realmente, considero un trabajo excelente en calidad y construcción; no coincido con el mensaje, pero es una concreción muy buena de este polémico tema que tantas veces hemos hablado, que en este caso de mantiene a un lado, para dar lugar a una historia que realmente cala hondo.

    Algunas sugerencias serían, hilando muy fino, porque realmente no encontré nada para corregir luego de tu modificación:

    Entre ellos, entre los últimos, reconocían que la supervivencia inútil de los últimos sólo fue un pretexto para no vaciar la tierra del todo;
    ¿Un pretexto de quien? ¿de ellos mismos? Debería ser así, dado que el tema es justamente el hecho de no existir ser superior.

    todo el golpe natural, y aunque fue en vano,
    sacaría el “todo”. ¿La coma no debería ir después del “y”?

    cadáveres secos e inidentificables
    cambiaría la palabra “inidentificables”. Quizás me suena un poco complicada luego de una palabra simple como “secos”.

    cómo las edificaciones se derrumbaban esporádicamente
    creo, si no me confundo, que esporádico no sería la palabra correcta. Ésta alude a situaciones que se producen con un lapso de tiempo de por medio, pero que efectivamente se volverán a producir. Si la edificación se derrumba, ya no volverá a derrumbarse de nuevo.

    supuso que en la condición en que se encontraba ahora, el canto podría llegar a romperle los tímpanos.
    Aquí, creo entender que la expresión “romperle los tímpanos” está usada como una metáfora, porque sino no se comprendería que el soporte el ruido de los derrumbes y no el del canto de un gorrión. ¿Es así, amor?

    Abel miraba la luna amarilla en lo alto (la única fuente de luz que existía después de que los calores destruyeran toda fuente de luz artificial), haciendo un esfuerzo
    Después de la aclaración entre paréntesis, pondría un punto aparte. Me gusta más, ya que comienza una nueva idea y separa dos acciones.

    contaba con una solidez y un peso enormes
    ¿la S no está de más?

    El anciano oyó claramente estas palabras, y no supo si en la realidad o en el sueño
    La reformularía sacando el “y”, por un “pero”: El anciano oyó claramente estas palabras, pero no supo si en la realidad o en el sueño.

    abrió la boca seca e intentó articular:
    —¿Quén erejs? –balbuceó con agotamiento
    .
    me parece innecesario volver a poner “balbuceó con agotamiento”, cuando ya arriba, antes del diálogo, estás anunciando que hablará el viejo. Lo quitaría, y dejaría la aclaración que sigue.

    La criatura lo observó en silencio; suspiró, sintió
    Queda un poco colgado el “sintió”. ¿Qué sintió?

    Una ultima cosita: no sé porqué, pero me parece que las palabras “Dios” “Él” etc, debería ir en minúsculas. Cuando se les pone mayúscula, es porque se está asimilando la idea de su superioridad, y por eso se los toma como nombres propios. Es una idea nomás.

    Buenísimo amor; la verdad, ahora que pude leerlo con detenimiento, un trabajo muy bien logrado.

    ¡Nos seguimos leyendo!
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  • #77 Re: El fin del mundo.

    Te pasaste con el comentario. ¡Excelente! Muchísimas gracias amor, porque me sirvió muchísimo. Entiendo que la temática sea un tanto dura, pero vos me entendés cómo se me diuficulta eso de la fe, para mí es un misterio más grande que para ustedes... Y la concepción del hombre como Dios del hombre, bueno, es algo que siempre tuve en la cabeza y gira en torno a muchas cosas que escribo.
    Gracias por la apreciación.


    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    Entre ellos, entre los últimos, reconocían que la supervivencia inútil de los últimos sólo fue un pretexto para no vaciar la tierra del todo;
    ¿Un pretexto de quien? ¿de ellos mismos? Debería ser así, dado que el tema es justamente el hecho de no existir ser superior.
    Claro que sí, se sobreentiende que habla del mismo sujeto, creo...

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    todo el golpe natural, y aunque fue en vano,
    sacaría el “todo”. ¿La coma no debería ir después del “y”?
    Hm, me parece que tenés razón acá; tal vez sería mejor sacarlo ese "todo", ¿no? Es como una sobrecontundencia.

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    cadáveres secos e inidentificables
    cambiaría la palabra “inidentificables”. Quizás me suena un poco complicada luego de una palabra simple como “secos”.
    ¿"irreconocibles" queda mejor? Aunque, ¿irreconocibles por quién, no? Si no hay nadie que deba reconocerlos. Claro, "inidentificables" peca del mismo sinsentido. Em (help), tal vez... ¿"anónimos"?

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    cómo las edificaciones se derrumbaban esporádicamente
    creo, si no me confundo, que esporádico no sería la palabra correcta. Ésta alude a situaciones que se producen con un lapso de tiempo de por medio, pero que efectivamente se volverán a producir. Si la edificación se derrumba, ya no volverá a derrumbarse de nuevo.
    "esporádico" significa que se produce con poca frecuencia y en forma separada, espaciada. Acá no habla de la misma edificación destruyéndose una y otra vez, sino de otras distintas que esporádicamente, se desrrumban.

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    supuso que en la condición en que se encontraba ahora, el canto podría llegar a romperle los tímpanos.
    Aquí, creo entender que la expresión “romperle los tímpanos” está usada como una metáfora, porque sino no se comprendería que el soporte el ruido de los derrumbes y no el del canto de un gorrión. ¿Es así, amor?
    Por supuesto que es una metáfora, sino sería cómico; lo digo porque existe una grave diferencia entre el chillido de una ave y un derrumbe: el derrumbe produce sonidos graves, contundentes, pesados; en cambio, un ave silba, manda sonidos bien agudos en algunos casos.

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    Abel miraba la luna amarilla en lo alto (la única fuente de luz que existía después de que los calores destruyeran toda fuente de luz artificial), haciendo un esfuerzo
    Después de la aclaración entre paréntesis, pondría un punto aparte. Me gusta más, ya que comienza una nueva idea y separa dos acciones.
    Excelente, tomo este cambio porque es bien apropiado.

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    contaba con una solidez y un peso enormes
    ¿la S no está de más?
    Claro, se refiere a ambas cosas, no sólo al peso; dice: la solidez y el peso (ambos) eran enormes. Si dejás "enorme" estás asignándoselo sólo a "peso".

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    El anciano oyó claramente estas palabras, y no supo si en la realidad o en el sueño
    La reformularía sacando el “y”, por un “pero”: El anciano oyó claramente estas palabras, pero no supo si en la realidad o en el sueño.
    Me gusta más tu propuesta: coordinante adversativo; en lugar de la mía: coordinante copulativo.

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    abrió la boca seca e intentó articular:
    —¿Quén erejs? –balbuceó con agotamiento
    .
    me parece innecesario volver a poner “balbuceó con agotamiento”, cuando ya arriba, antes del diálogo, estás anunciando que hablará el viejo. Lo quitaría, y dejaría la aclaración que sigue.
    Definitivamente, debo emprolijar eso.

    Originalmente publicado por Fleurr Ver mensaje
    La criatura lo observó en silencio; suspiró, sintió
    Queda un poco colgado el “sintió”. ¿Qué sintió?
    ¡Me comí una letra! Es "asintió", jaja


    ¡SALUDITOS!

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  • #78 Re: El fin del mundo.

    Me alegra mucho que te sirvió Danicito. Aunque son detallecitos, porque el cuento en sí está muy bien estructurado y narrado.

    ¡Sigamos subiendo historias!
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  • #79 Re: El fin del mundo.

    Daniel, ¡excelente este relato del último hombre sobre el planeta! Las imágenes que nos mostras son de una potencia perturbadora. Pero no solo las imágenes. Las ideas que expresa el texto te obligan a enfrentarte con tus propios razonamientos y creencias. Es un placer leerte. Con respecto a mis letras te diré que las escribí esperando que algun día tengan música. Toqué en algunas banditas pero siempre haciendo entre un rock pesado y el heavy metal. Ahora ya hace muchos años que no hago nada de música.
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  • #80 Re: El fin del mundo.

    Eduardo: ¡No había leido tu texto! Volví un par de hojas y lo vi.

    Me gustó mucho, y tal cual lo dijiste y lo dijo Dani, merece una melodía. Frases duras y realistas reafirman una verdad que nadie quiere escuchar. Muy bien manejado el ritmo de las oraciones de forma tal que crean un impacto en el lector.
    Buen trabajo, te esperamos con más!
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