Con diez al almacen

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      • 11/06/09
    #1 Con diez al almacen
    -Qué difícil es la vida-dije entre suspiros, momentos antes de abrir la puerta para salir a enfrentarme con la realidad. Podrá sonar ridículo, pero es que no podido dormir en toda la noche pensando en los diferentes desarrollos de la situación que, en unos instantes, tendría que afrontar. Analicé exhaustivamente cada detalle; planee diálogos, miradas, movimientos de boca e incluso lugares a recorrer dentro del almacén. Aun así no lograba la seguridad necesaria .Diez pesos y algunas monedas de diez centavos descansaban en el bolsillo izquierdo de mi pantalón.
    Me relaje un poco al pensar que, de alguna manera, era lógico que me sintiera así y que quizá no era el único con estos sentimientos.
    Entre al lugar, me seque los pies en el trapo de piso que estaba desparramado a unos veinte centímetros de la puerta.-Buen día.-dije estirando la a un poco más de lo habitual. Solamente respondió a mi saludo María, mientras cortaba un poco de fiambre; creo que era salame Milán.
    El resto murmuro algo muy bajo que no alcancé a distinguir, seguramente ellos tampoco sabían que estaban diciendo. Había tres personas delante de mí. Tito, que estaba siendo atendido y que me sorprendió al verlo comprar algo que no fuera cigarrillos, pues siempre que lo veía en el almacén era para comprar cigarrillos. Un niño pequeño que seguramente sería rápidamente atendido dado que generalmente los niños de esta edad no compran mucho, aunque a veces demoran en la decisión .Esto me preocupo un poco. Hacia un costado, y mientras charlaba con Darío, se ubicaba Florencia. Una señora que habla mucho pero siempre compra poco.
    El panorama era alentador aunque imaginable, era lunes a las nueve de la mañana. Había elegido ese horario únicamente porque es el único en que no concurre mucha gente. Odio esos momentos, me pongo muy nervioso. La atención estaba dispuesta de la siguiente manera: María atiende, corre para todos lados, charla con los atendidos, hace bromas. Siempre está contenta, he llegado a pensar que es una buena mujer, pero incluso las buenas mujeres pueden llegar a ponerlo a uno muy incomodo. En una esquina, cerca de la puerta de entrada y sentado de manera inamovible esta Darío (el gordo Darío para los conocidos) que se dedicaba únicamente a cobrar. Darío es un tipo muy extraño, a veces se queda largas horas con la boca abierta mirando el televisor que tiene en frente. Creo que últimamente ha perdido audición y los reflejos los tiene destrozados. Decir que trabaja es una ofensa para el trabajador. Pero es entendible ,que más podría hacer con tantos kilos en cima.
    Parado allí el tiempo comenzó a ralentizarse ,las nueve y tres minutos decía el reloj digital colocado en un estante justo detrás de María.-¿algo más?-pregunto maría .-Mmmm no-respondió en medio de dudas aquel viejo bonachón. Entonces se dirigió hacia Darío para pagarle. Mientras tito revisaba su billetera, el gordo le decía el precio pero siempre hablando lento y con una calma que asusta. Fue entonces que surgió el primer inconveniente.-Ah!-exclamo tito ,era evidente que se había acordado de algo-cigarrillos-.Era también evidente que no se iría sin comprar cigarrillos. –Aumentaron, acordate Darío que aumentaron-grito María mientras limpiaba el mostrador de los residuos del salame Milán. Darío giro lentamente la cabeza sin hacer ningún gesto, y entonces aquel viejo que a la vez de bonachón es también cascarrabias se puso a gritar como loco; maldijo al gobierno, a las tabacaleras, al capitalismo y a todo lo que se le cruzara por la mente. Incluso su propia madre fue víctima omnisciente de aquel discurso. Su cara comenzó a ponerse azul y golpeaba el pie izquierdo contra el suelo a la vez que gritaba. -Calmate tito es una joda-.Darío meneo la cabeza de lado a lado, tito bajo diez cambios en un segundo, maría reía a carcajadas. Mis nervios aumentaban gradualmente .El viejo había recuperado su color de piel, pagó y antes de irse dejo una reflexión que sería tema de charla en los siguientes instantes-parece que no va a parar de llover.-y se marcho , de alguna manera lo envidiaba, era libre.
    María seguía riéndose. He llegado a la conclusión que la excitación que a menudo demuestra tiene un enlace directo con la falta de amor que recibe de parte de su esposo. El niño estaba absorto, jamás entendió lo que estaba pasando.-Que necesitas nene-Y el nene sin decir una palabra saco del bolsillo una lista ,confeccionada seguramente por su madre ,la cual estaba doblada en mil partes .La letra era grande, pero por lo que alcance a ver era mucho. Un NO! eterno sacudió mi cabeza. María le pidió la lista pero Florencia que estaba hablando de la lluvia interrumpió –No, me comento la madre de este pequeñín que está aprendiendo a leer. Sería bueno que dejemos que la lea el mismo.-Entonces aquel primer NO! Se extendió aun más. Florencia y Darío retomaron la charla sobre el tiempo; qué el tiempo está loco, que ya no es lo que era antes y cosas así. El pequeño comenzó a leer;-Ggg-r-asa- vavava-cun-a-El pobre leía horriblemente y además era tartamudo .Se perdía así un promedio de cuatro minutos por cada cosa que pedía. El reloj delataba las diez menos cinco, horario que empieza a ser peligroso, y todavía faltaba la charlatana de Florencia. Extrañamente tuve una actitud de participación, yo que desde aquel –buen día-no había pronunciado palabra alguna y que solo había reído falsamente con la broma de María a tito, comencé a leer la lista en voz alta .Todo se agilizo, incluso le alcancé unas servilletas desde el estante más alto para ahorrar el tiempo que María tardaría en traer la escalera. El niño se fue, no sin antes responder a la pregunta de Florencia por la madre.-Esta mejor-y se fue corriendo dado que comenzaba a llover con más intensidad. La vieja charlatana comento que la madre tenía cáncer y que el niño tendría que quedarse, supuestamente, con su abuela. Todo esto dicho en un tono de sumo misterio. Tenía esta mujer una capacidad asombrosa para captar la atención de cualquiera que la escuchara. Incluso yo me vi tentando.-Quien sigue?-.Señale a Florencia con la cabeza .-No, atendelo a él, no tengo apuro.-Al fin una-pensé, pero en ese momento entraron cuatro personas mas. No me hubiera preocupado por eso si no fuera porque entre ellas estaba Mayra. No hay en este lugar mujer más bella. Mis nervios aumentaron, comencé a sudar, sentí vergüenza por el propio sudor y sudaba aun más. Quizá todas estas alteraciones eran en vano, puesto que aquella muchacha seguramente ni siquiera sabía mi nombre. Necesitaba diez pesos de queso, pero pediría ocho por que María siempre corta de mas. De esta manera no correría el riesgo del ridículo. Cuándo estaba dispuesto a hacer mi pedido, Florencia dejo el tema del cáncer y tal vez relacionándolo con la muerte hablo del suicidio de José Mercado, ocurrido el día anterior. Entró más gente .Florencia parecía haber esperado toda la mañana ese momento, era la noticia de la semana y ella tenía todos los detalles. Todos prestaron atención; sacaron conclusiones, se lamentaron, y todo quedo en la nada. Seguía entrando gente.
    Llego entonces mi turno, había unas veinte personas en el lugar. El gordo miraba la televisión y y el resto hablaba de diferentes temas. Se habían formado pequeños grupos de tres o cuatro personas, más no. Todo iba encaminado, nadie prestaría atención a lo que pediría, pero entonces a María se le cayó algo, creo que era un frasco. Todos voltearon sus cabezas hacia donde yo estaba.-No importa después lo levanto-dijo María levantando suavemente los hombros.-¿Que necesitabas?-.-Queso-respondí en seco.-Queso o mozzarella?-insistió .-No, queso- volví a responder.-¿Cuánto?-Todo estaba relativamente en silencio. Solo se escuchaba el murmullo de un par de personas. -ocho, ocho pesos-Entonces María tomo su gigantesco cuchillo y se dispuso a cortar el queso. Ahora todo dependía de ella. Dejó el trozo cortado delante mío y se fue corriendo hacia dentro de la casa respondiendo al llamado de su pequeño hijo. Aquéllos segundos en que María fue y volvió se hicieron eternos. Quedé perplejo mirando el trozo de queso, qué por cierto parecía mucho más grande que ocho pesos, pero tenía para sostener hasta dos pesos de diferencia. Ésta reflexión me tranquilizo, aunque se vio opacada por la tensión que me provocaba el estar siendo observado por la mayoría de los clientes. María volvió apurada y sin demasiadas vueltas expulsó al aire un despreocupado –son doce pesos-Sentí que me desvanecía, no pude pronunciar palabra, mis manos temblaban a sobremanera; sólo atine a salir corriendo, a mi paso volteé unas latas de atún, empuje varias personas incluso a Mayra. Me resbale en el barro, luego me perdí en la lluvia.
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    5 comentarios / 451 Visitas

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      • 05/07/10
    06/09/2010
    #2 Re: Con diez al almacen

    ¡Queee bueeno que bueno que bueno que bueeeeeno! Justo era lo que necesitaba hoy, una sonrisa enorme, tanto como la que nos has regalado retrocesor.
    De DIEZ tu cuento.

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      • 11/06/09
    06/09/2010
    #3 Re: Con diez al almacen

    Que bueno que te haya gustado atara. Gracias por comentar..!

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      • 09/05/07
    06/09/2010
    #4 Re: Con diez al almacen

    Jejeje, yo en esos casos suelo avisar: "mirá que tengo nueve pesos con noventa centavos", pero igual me resultaron muy divertidos todos los pormenores de la espera; muy bien contados.

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    07/09/2010
    #5 Re: Con diez al almacen

    Un buen relato, bien contado, sin muchos artificios. Mientras lo leía pensé que el personaje principal podía ser un ladrón preparando un atraco, pero el conocimiento de la clientela habitual redujo esa posibilidad... el final es divertido, felicitaciones.

    Adjunto dejo el cuento en pdf, le hice un par de correcciones, un verbo haber que faltaba, algunos nombres estaban en minúsculas, algunos espacios entre el punto y el texto previo o siguiente que faltaba o sobraba, detalles muy menores ante una obrita tan bien lograda. Felicitaciones

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      • 11/06/09
    07/09/2010
    #6 Re: Con diez al almacen

    Gracias Ana por leerme y comentarme..
    Atonau gracias por comentar y sobretodo por tomarte el trabajo de las
    correcciones .Agradecido absolutamente.!

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