Un matrimonio hortelano y su hija, sentados alrededor de la mesa camilla al calor del brasero, hacen proyectos sobre la nueva cosecha que han plantado. Y así… en sus deliberaciones veremos cómo piensan que será el beneficio del año.
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“Las Aceitunas”
Una familia de pueblo,
el hombre trabajador,
que en el campo se desloma
de darle al azadón.

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Mujer de ideas claras
enérgica, fuerte y mandona,
le pregunta si ha plantado
todas las plantas precisas
para el día de mañana
tener un gran olivar,
que de cuidarlas con mimo
como nueces cogerán,
del fruto maduro, cuando lo este,
dentro de cuenta años,

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¿Y no serán muchos años...?
¿Le saldrá el cálculo bien...?
¡Pero bueno, eso no importa!
Ella sueña con el precio
y la ganancia que habrá
y dispone quien las coge,
quien las acarreará,
quien es… el que las venderá,
y la suerte saborea…
y las manos ya se frota
porque llenará el bolsón
de ricas piezas de oro
y algún que otro doblón,
porque de todo el contorno
¡Las suyas!... Las mejor son.

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El marido pone en duda
y discrepa de su juicio,
le hace recapacitar,
y por no dar a torcer,
ninguno en sus razones,
la pobre hija sentada,
recibe los coscorrones.
Alarmada por las voces,
acude una vecina
en auxilio de la chica,
y pide una explicación,
del porque de la paliza.
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El marido la informa
de los planes que han formado,
y la vecina responde.
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¡Que se han adelantado!
que es de necios discutir
cuando para conseguir
todo lo que han urdido,
el tiempo debe pasar.
¿Por qué discutir por ello
sin saber que pasará
y al cabo de tantos años
saber si eso se verá?

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Y la moraleja es:


“Para comer el pan blando


antes lo has de cocer”

crisfajardo

¡¡¡Y amigos que lo leeis
quereis dejar por favor
¡una que otra opinión¡
asi el escritor sabrar
¡en que debe mejar¡
y... si si ó no... gusto
gracias mil a todos doy.